Review Californication: Dicks

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Es curioso. En una semana mi dramedia favorita ha pasado a convertirse en un producto casi de ciencia ficción. Un producto con sus universos paralelos y sus realidades alternativas, incluso creo haber distinguido algún dalek en los estudios de Santa Mónica Cop. No, tal vez no es eso exactamente, tal vez Charles Dickens ha resucitado y se ha llevado a Hank a pasear de la mano. “Mira, esto es lo que habría pasado de no conocer a la madre de tu hija”. No, no, tal vez sólo sea necesario que Duchovny se plante delante del espejo, vuelva a colocarse el traje, se desdoble, intente llegar al fondo del problema de Hank y archive el caso bien escondidito, en las entrañas del Edgar Hoover. Cuarto episodio de la última temporada de Californication, señores, un episodio donde lo que más ha brillado han sido los dientes de Hank Moody. Vamos a comentarlo.

Hay algo que a menudo se olvida, y es que Californication no es la narración de las peripecias de un escritor bajo los efectos del alcohol. Californication es la historia de Hank y Karen. La historia de Becca. La historia de una familia tan extravagante como falta de estabilidad. Una historia que nos ha conquistado lo suficiente como para llegar hasta aquí, para reír y llorar. Cuando la serie empezó a descafeinarse y a bajar el tono, cuando dejó de lado el sexo desenfrenado, las escenas que no querías ver acompañado y los juguetes sexuales, todo lo que nos quedó, la esencia, el corazón de esto, eran Hank y Karen. Eran Karen, Becca y Hank. Eran esas ganas de intentarlo y volver a fallar y seguir intentándolo después.

Hace mucho, mucho, mucho que acepté que esta serie no tendría un final feliz. Sin embargo, nunca he dudado de que fuera a terminar de la manera más adecuada y sobre todo, siendo fiel a lo que hemos estado viendo y viviendo con estos personajes durante los últimos siete años, que no son pocos. Digo esto porque lo que estamos viendo en esta temporada y que ha explotado principalmente en este último episodio, dista mucho de lo que esperábamos y de lo que, digamos, tendría sentido en una recta final. Seamos claros, a nadie le apetece ver después de siete temporadas a Hank construyendo otra familia. Puede (seguramente) que en un par de episodios todo se de la vuelta pero la sensación de vértigo queda ahí, acechando como un monstruo bajo la cama.

Hace tan sólo unos episodios el protagonista de esta serie bajó del autobús del rock y el desenfreno, dejando atrás a una musa para irse con otra. Otra, que no es ni más ni menos que la mujer que de manera intermitente ha estado con él los últimos veinte años de su vida. La madre de su hija y su eterna conexión con el mundo real. Karen Van Der Beek. Su principal meta frente a esa puerta roja era poner los pies en la tierra de una vez, darlo todo y dejarlo todo por hacer que funcionara, por conseguir que esa relación saliera adelante. Una meta que, dicho sea de paso, se ha esfumado como el genio de la lámpara. Ha aparecido Levon, sí, y me reitero en la idea de que su decisión de no mirar hacia otro lado es la correcta y demuestra cierta evolución por parte de Hank. Tampoco es que esté ejerciendo de padre en el sentido más estricto de la palabra, se ha convertido más bien en un amigo del chico, una figura adulta cercana, pero ya es más de lo que éste podría llegar a soñar.

El conflicto llega cuando volvemos a la posición cómoda y vemos de nuevo al de siempre, a ese que se deja llevar por el olor a mujer y las lenguas calientes. No es algo que nos guste, por muy divertida que sea la madre de ese hijo al que hasta hace un mes ni conocía, por mucho que su idea de juerga consista en terminar la noche en su propia clínica dental. Si ese es el plan de Hank Moody para enderezar las cosas, lo lleva claro.

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Levon, por otra parte, cuenta con la misma facilidad que su padre para meterse en problemas. La diferencia yace en el cómo. A su padre los sustos le llegan después del sexo y a él le llueven antes. No es de extrañar, tampoco, su cuelgue por Melanie no puede llegar muy lejos si actúa como un maniaco sexual a todas horas. Al menos el ser un imán para los conflictos no es lo único que ha heredado de la rama Moody. Un pene descomunal siempre es mejor que nada.

Que se lo digan a Runkle, que por si no tuviera suficiente con su frustración sexual, su eyaculación precoz y su matrimonio maldito, tampoco da una en el terreno profesional. Aunque ha sabido ganarse a Goldie, eso se lo concedemos. Incluso ha conseguido que lo respete, con vídeo de masturbación en la oficina incluído. ¿Y qué mejor manera de celebrarlo?

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No es ningún secreto que esta temporada me está pareciendo la más floja con diferencia y que el camino elegido me está resultando un tanto frustrante. ¿Y vosotros, estáis satisfechos con los derroteros que la serie está tomando?


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3 comentarios

  1. Amber

    Hace ya mucho tiempo que esta serie casi no vale nada. A mi la historia con Karen, perdonadme, pero me parece infumable. Cansina, agotadora… que ya está! A otra cosa! No funciona. Creo que el personaje de Karen se a desdibujado mucho, los guionistas parece que han querido volverla estúpida… Eso no quita que me parezca ya a estas alturas un insulto que haya otra madre e hijo… Quién vió esta serie y quién la ve!

  2. Posiblemente sea la más floja, pero me sigue entreteniendo y no me aburre nada. El hijo de Moody es lo mejor de la serie, sobretodo en el capítulo 5 que es sin duda alguna el mejor de lo que llevamos de temporada (que tampoco es decir mucho). Al menos tendremos un final de serie (ni malo ni bueno).

  3. Pues creo que vino a darle un poco de frescura al ya gastado estira y afloja de Hank y Karen.

    Creo igual que tú que al final habrá algo triste, no sé, siento que alguien va a morir y Hank se quedará solo para siempre.

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