Review Breakout Kings: Pilot

El domingo pasado debutó la desconocida Breakout Kings en la aún más desconocida cadena A&E. Nacía con el cartel de contener la receta de Prison Break, por aquello de que los creadores son los mismos (Matt Olmstead y Nick Santora) y porque T-Bag estará en algunos episodios, y con la posibilidad de lucir a sus dos policías protagonistas, expertos en esto de perseguir y detener a los delincuentes: Domenick Lombardozzi (The Wire) y Laz Alonso (The Unit, The Practice)). Y la verdad es que Breakout Kings cumple con lo esperado: tiene cositas de Prison Break y sus mejores personajes son los dos US Marshals que dirigen las operaciones. Pero hay más, claro, que ahora detallamos para los que han visto el episodio o para los que vayan a hacerlo pronto. ¿Comentamos el piloto?

Breakout Kings es una serie sobre la que FOX lanzó sus redes el año pasado y que finalmente rechazó. La recogió la cadena de cable A&E, que decidió estrenarla el pasado día 6 con resultados de audiencia muy positivos: 2,8 millones de espectadores y record histórico para un estreno.

Por si alguien todavía no sabe de qué hablamos, Breakout Kings se centra en un peculiar equipo de Marshals que recluta a varios convictos especialistas en alguna materia para atrapar a prisioneros fugados. Si aceptan y superan el desafío, su condena se reduce y son trasladados a una cárcel de mínima seguridad. Por el contrario, si sólo uno de ellos intenta escapar, todos son devueltos a sus cárceles de origen y la condena se dobla. O sea, un caramelito con envoltorio venenoso. Esta premisa es un punto de partida muy sólido, ya que la idea de malos trabajando para buenos choca y funciona, pero levantando la primera capa no tardamos en descubrir que se trata de una serie procedimental. De ahí que la cadena A&E la metiera en su garaje, pero también que muchos hayamos dado un paso atrás después de ver el piloto. No, no quiero entrar en un mundo de procedimentales.

Breakout Kings, decía, tiene dos pilares muy sólidos en su pareja protagonista, dos Marshals que realizan el mismo trabajo de forma totalmente opuesta. Charlie Duchamp (Laz Alonso) es el poli bueno, un profesional de esos que no se desvía del manual, que se ha pasado varios años detrás de un escritorio (no sabemos por qué) y que, como el gran Mahone de Prison Break (inevitables las comparaciones), es adicto a algunas pastillas. Antiguo marine, Duchamp se hace cargo de la operación por orden de sus superiores más que por querer trabajar al lado del que, en mi opinión, es el personaje más bien perfilado del piloto: Ray Zancanelli (Domenick Lombardozzi). Zancanelli es el tipo que encarceló a los convictos que colaboran y el ideólogo de esta operación, donde juega el papel de poli malo. O al menos, de poli rebelde que se aparta sin demasiados miramientos de los procedimientos habituales. No le tiembla el pulso para entrar en una casa sin una orden judicial y tampoco duda en apretar el gatillo en una situación de tensión. Refleja el ritmo rápido, a veces acelerado, de la serie, cargado de cruces dialécticos donde abunda el humor bastante afilado. Ellos dos, insisto, me han gustado mucho y me parecen una buena razón para volver la semana que viene. Si, el final del capítulo también.

Los nuevos Los nuevos “buenos”

Peor ha funcionado el dibujo de los convictos, aunque prometía bastante con esa presentación, al estilo The Italian Job o Snatch, en el que la cámara se detiene ante el protagonista y un rótulo nos explica quién es, a qué se dedica y, en este caso, cuál es su condena. La cámara se ha parado cuatro veces, aunque sólo nos interesan tres:

  • Shea Daniels (Malcolm Goodwin) es un tipo de la calle capaz de hacerse con el control de una banda sin recurrir a la violencia, inteligente, encantador y que luchará por reducir mes a mes su condena con el noble, aunque tópico, objetivo de reencontrarse con su pareja. Un personaje bastante insípido, ¿verdad?
  • Philly Rotchliffer (Nicole Steinwedell) es la típica femme fatale que se enrollaría con Hugh Hefner para sacarle la pasta. Experta rastreadora, Philly tampoco ha destacado en el piloto, donde ha mostrado que estaba algo oxidada en el arte de la seducción. Steinwedell será sustituida a partir del próximo episodio por Serinda Swan que, en mi modesta opinión, tiene más y mejores armas para desempeñar ese papel. Espero que nadie se enamore de ella porque me basta con la ración de amor que, pronostico, nos dará Shea cada semana.
  • Lloyd Lowery (Jimmi Simpson), el mejor de los tres (de muy largo), es un genio que por momentos recuerda al adorable Patrick Jane y por momentos al difuso Patoshik de Prison Break. Lowery es experto en analizar el comportamiento de los que están a su alrededor, pero algo me dice que es algo más malo para entender el suyo. Tiene un problema con el juego, una obsesión con su madre y una condena de 25 años por explicar. Simpson da en el clavo en su interpretación de niño prodigio incomprendido y, aunque el episodio ha servido para explotar sus recursos mejor que el de sus compañeros, no tengo ninguna duda de que será el tercer pilar de la serie. Otra razón para descargarse el 1×02.
El poli malo no es tan maloEl poli malo no es tan malo

A menos que nos expliquen las motivaciones de los convictos para seguir colaborando con los Marshals, nos va a costar hacer un ejercicio de empatía. Será necesario para no pensar que, lo más fácil y lógico en ese caso, es arriesgar su vida y salir corriendo. El riesgo es altísimo, pero la recompensa es el jackpot. Ese es otro de los puntos débiles del piloto, que en ningún momento hemos tenido la sensación de que alguno de ellos quisiera largarse. Y lo están deseando, de eso estoy seguro. En cualquier caso, el episodio piloto cumple y, según he leído, la serie se pone interesante con la llegada de estrellas invitadas como Mark Pellegrino, el famoso Jacob de Lost, o Robert Knepper, que interpretará durante cuatro episodios a uno de los personajes más carismáticos de su carrera, T-Bag. El hecho de que sean cuatro capítulos me obliga a pensar que la serie no será tan procedimental como insinúa el piloto, aunque no tengo demasiadas expectativas en este asunto.

Las comparaciones son odiosas, pero inevitables si te llamas Matt Olmstead o Nick Santora y, después de crear Prison Break, vuelves a jugar a policías y ladrones. A Breakout Kings le falta la tensión de Prison y le falta definir objetivos, como sí tenía Scofield. Como todas las series con esta estructura, corre el riesgo de perder clientes a los que no les gusta comer cada semana el mismo plato, pero podrá acoger a todos aquellos que tengan hambre y no sepan en qué mesa sentarse. Yo voy a esperar a que me sirvan el segundo plato y el postre, que dicen que es la especialidad de la casa. Volveré por los Marshals, por ese aroma a Prison Break en la presentación del caso, por el aterrador/encantador Lloyd y para ver si es cierto que Julianne (Brooke Nevin) se va a pasar una temporada entera detrás de un mostrador del que solo saldrá para preguntar la hora. ¡Volveremos! ¿Volverás?

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