Review Breaking Bad: Sunset

Review Breaking Bad: Sunset

Dexter y Breaking Bad, las mejores series de la parrilla americana, comparten un hecho poco común: su protagonista es un criminal. Un criminal que siempre justifica los medios. El señor Morgan canaliza su problemilla convirtiendo a delincuentes en cuatro bolsas de basura en el fondo del mar. Y el señor White se ha pagado su tratamiento contra el cáncer convirtiéndose en un capo de la droga en Nuevo México. En mayor o menor medida, tú y yo nos identificamos con un asesino y un narcotraficante. No sólo eso, los adoramos. Incluso perdemos de vista sus actividades y deseamos que escapen de las amenazantes sirenas que a veces suenan a su alrededor. Sin embargo, la realidad nos suele bajar a la tierra de un tortazo. En ocasiones, nuestros héroes se encuentran con los héroes de verdad. Dexter se topó con Doakes. Y Heisenberg nunca había estado tan cerca de Hank como en Sunset…

¡Qué escena! Qué gran escena. Sí, claro, me refiero a la de la caravana, a la que hemos llegado gracias a la obsesión de Hank por enganchar a su Heisenberg: Jesse Pinkman. Walt ha entrado en acción para salvarse el cuello y ha acabado colocándolo en la soga. La situación se ha desenredado gracias a dos elementos: 1) la privilegiada mente de Walt, que ha sabido tomar rápidas decisiones; 2) el original eslogan que acompaña al tercer delincuente del equipo: Better Call Saul! Oportuno. Muy oportuno.

Aquí es donde nos damos cuenta de las transgresiones de Walt, que posiblemente nos tenía narcotizados con los humos de su laboratorio ambulante. Hank es la víctima, me lo ha dicho su cara desencajada al entrar en el hospital donde supuestamente estaba Marie gravemente herida. También lo es Skyler, aunque deseáramos con todas nuestras fuerzas que aquella planta que lanzó Walt destrozara el cristal del despacho de Ted. Y lo es Walter Junior porque su padre ha destrozado la familia, aunque en el fondo nos encante que el chico se posicione al lado de papá.

El final de la escena de la caravana es agridulce. Tiene un punto de melancolía porque todo empezó allí, en esa vieja RV cuya dramática historia nos presentaron en Mas. Pero a la vez es un alivio, porque esa caravana sólo podía ser una condena para Walt y Jesse. Y porque esa tansión ha servido para unirlos de nuevo, aunque sea para derrotar al enemigo común, ahora que ambos han empezado a trabajar (véase, cocinar) por su cuenta. Tendrán que entenderse.

Nos ha ido de poco...Nos ha ido de poco…

Para completar el desorden de la review, comentamos la última escena del episodio, que tiene relación con nuestra perspectiva del bien y del mal. Gus se reune con los hermanos Moncada para marcar territorio y presentar nuevos objetivos. Su última frase resume la línea principal de los próximos episodios: “Su nombre es Hank Chrader. Que su muerte les satisfaga“. Por exigencias del pollo hermano, Walt obtiene un permiso de vida de unos pocos meses. Ahora la guadaña está pintada delante de casa de Hank. Sí, otra vez Hank, el personaje más perjudicado después de Sunset.

Y es que la tercera temporada se ha empeñado en enseñarnos la obsesión de los Moncada por obtener venganza. Los vimos arrastrándose por el suelo, con trajes más caros que los de Saul, cumpliendo algún ritual de condena a Heisenberg. Comprobamos su eficacia cuando se colaron en casa de Walt. Y en Sunset nos han contado dos cosas más de ellos: 1) matan sin piedad (la primera escena es, literalmente, brutal) 2) nada los detendrá hasta que consigan su premio, como han dejado claro en su inquietante y constante presencia en el local de Gus. Pobre Hank. De verdad, ¿alguien cree que habrá piedad para él? ¿No habíamos quedado que el final de la serie era Hank atrapando a Heisenberg?

Breaking Bad recupera escenas típicas de su segunda temporada, con la metanfetamina en el centro de la acción. Jesse, por un lado, ha retomado el contacto con el gran Badger y con Skinny Pete, prototipos de persona con los que jamás se relacionaría Gus. Sin la presencia de Walt, al pobre Pinkman le queda demasiado grande el traje de capo de la droga. Además, no creo que Hank duerma demasiado tranquilo pensando que Heisenberg está en la calle. Vamos, que Pinkman lo tiene crudo para seguir traficando.

El nuevo PinkmanEl nuevo Pinkman

El Heisenberg de verdad, por cierto, ha vuelto. Y lo ha hecho con todos los caprichos que quería: un inmenso laboratorio donde no falta de nada, mucho dinero al final del camino y un pinche ejemplar. Se llama Gale, es el nuevo Pinkman, y parece que ha vivido en un laboratorio toda su vida. Si Breaking Bad se desarrollara en una Isla, creería que Gale es una visión de Walt, hecha a su imagen y semejanza para que sea su mano izquierda. Pero no, Gale es real. Y Breaking Bad nos introduce a un nuevo personaje con tanta naturalidad que, efectivamente, parece que Gale lleve diez años trabajando en ese laboratorio con Heisenberg. ¿Es trigo limpio? Eso ya lo veremos.

Me quito el sombrero ante la escena de la fabricación de metanfetaminas, con imágenes de los dos cocineros sonrientes, compartiendo pasión por la química, disfrutando del proceso. Juegan al ajedrez. Toman café del más puro. Y todo condimentado con una música de fondo que parece extraida del programa de Arguiñano. Sólo que no hay cocidos, ni hortalizas, ni chistes verdes. Hay metanfetaminas. La sinfonía es tan perfecta… que obliga a la desconfianza.

No desconfiamos de Breaking Bad, que nos ofrecerá una segunda parte de temporada tan exquisita como la primera. O como la temporada anterior. O como la primera temporada. Da igual. Esta serie está muy arriba. Y Sunset ha conseguido empujar el listón unos centímetros más en dirección al cielo. ¿La mejor noticia? Que hoy ya podemos ver el siguiente episodio…


Categorías: Series
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