Review Breaking Bad: Say My Name

breaking-bad-5x07

Me equivoqué. Me equivoqué cuando dije que la transformación de Walter White en Heisenberg se había completado al recoger el sombrero del coche. Un loco no se convierte en genio, o viceversa, hasta que los demás se lo dicen. Walter ha conducido hasta el desierto del fin del mundo, allí donde se llevan a cabo todos los trapicheos de espaldas a la policía, para escuchar su nombre. Y lo conocían. No lo habían visto jamás, pero lo conocían. Ha lanzado su currículum al suelo, en forma de pequeños cristales azules, y todos sabían quién era ese señor de gafas y sombrero. Y no, no es Walter White. A ese torpe profesor de química, marido cornudo y padre aburrido se lo llevó el cáncer. Es Heisenberg. Nunca olvides su nombre, porque su orgullo no te lo perdonará. You’re Goddamn Right!

  • Episodio 5×07: Say My Name
  • Fecha de emisión: 26 de agosto

Es importante recordar cómo acabamos el anterior episodio para cuadrar el círculo al final de Say My Name: la pistola de Mike en la cabeza de Walt. O sea, Mike estuvo a un segundo, o a dos centímetros, de mandar al profesor de química al infierno, donde posiblemente Walt desafiaría al demonio y ganaría. Pero ese es otro tema. La cuestión es que Mike no apretó el gatillo, como tampoco lo hizo cuando tuvo a Lydia en esa misma situación. Aquello le costó un buen susto y esto le ha costado la vida. La compasión es la peor compañera de viaje para un matón. Y Mike, harto de volar cabezas y convencido por Jesse, vio una salida feliz a una vida de muertes y traiciones. No hay paz para los malvados. Aunque paradójicamente la palabra que mejor defina su despedida sea esa: paz. Luego volvemos a eso.

Como decía, la transformación definitiva de Walt en Heisenberg no ha llegado hasta este 5×07, 53 episodios después de empezar a “hacer el mal”. La quinta temporada también ha metido la quinta marcha en ese proceso de mutación, obligados por la proximidad del final, hasta el punto que en Say My Name algo ha cambiado. Algo esencial. No sé si las sensaciones son compartidas, pero después de ver el capítulo noté que me había soltado de la mano para siempre de Walter White. Estábamos unidos por un chicle que se ha ido estirando y estirando todo este tiempo, que estuvo a punto de romperse varias veces, pero que siempre había aguantado. El pasado domingo se rompió. Posiblemente, al tiempo que Walt completaba su metamorfosis en Heisenberg, se deshacía para siempre nuestra empatía con él. Entededme: Walt mola, mola más que ningún otro personaje de televisión (gracias, Bryan Cranston), pero ahora no sólo entenderemos que acabe cosido a balazos en la puerta de un banco, como un buen gangster, sino que en el fondo también lo deseamos. Para Jesse no, para Heisenberg sí.

Uno de los candidatos a acabar con él es Declan, el mafioso con el que ahora colabora en la gestión del negocio. Walt es consciente de que necesita ese acuerdo para consolidar su hegemonía en el mercado del cristal y Declan sabe que no quiere vivir en un mundo sin Coca Cola. ¿Quién quiere vivir en un mundo sin Coca Cola? Se establece de esta forma una relación similar a la que Walt tenía con Gus. Ahora, para orgullo de nuestro protagonista, Walt es Gus Fring y Declan es (al 70%) Walter White. Llegará un día en el que Declan creerá que puede gestionar su propio negocio y en la ecuación volverá a sobrar el jefe. Así que a Heisenberg le tocará vigilar que nadie vuele demasiado cerca del sol, pero mientras tanto ya tiene lo que quería. Como siempre, sí: Mike está fuera del negocio con sus cinco millones de dólares, la metilamina está en casa a salvo y él sigue al mando de su imperio, que es la única motivación (hijos aparte) que le queda a día de hoy. ¿Y qué pasa con Jesse? Por enésima vez, Walt no respeta la opinión de su compañero de trabajo. Jesse no cuenta, nunca ha contado. Y si no fuera porque en la cocina se necesitan cuatro manos, todos tenemos claro que el hombre del sombrero se habría deshecho de él hace tiempo. ¿La prueba? Una de verbo: el discurso de Walt a Jesse en el garaje, lleno de odio, en el que le recuerda que sería un yonqui si no fuera por él. Paradójico, primero porque él alimenta a esos yonquis y segundo porque él está tan enganchado al negocio como Jesse y Jane (¿se sabrá algún día lo suyo?) lo estuvieron a la meth. Qué cruel eres, Walt. Y otra de acción: pocos minutos después de que Jesse rechace los cinco millones de dólares con un portazo en la cara de Walt (¡grande Pinkman!), éste ya tiene nuevo pinche: Todd. Sí, el tipo que disparó a la cabeza de un niño sin temblar, el que ha hecho recapacitar a Jesse. Ese hombre trabaja codo a codo con Walter Sin Corazón White. Por eso, cuando Jesse sale por la puerta del garaje, todos salimos con él.

breaking-bad-5x07-1

Sale Jesse, entra Todd. Un cambio de cromos que será mucho más conflictivo de lo que aparenta. Primero, porque Todd no parece el tipo más inteligente de New Mexico. Y segundo, porque es de esperar que Jesse vuelva a la carga, si no por sus cinco millones de dólares, sí por la presión de la DEA, que cada vez estará más cerca de ellos. ¿Qué sucederá cuando se presente ese escenario? Breaking Bad es la historia de Walter White, el hombre que se convirtió en demonio. Así que seguro que presentará batalla. Lo que no tengo tan claro es que Jesse Pinkman encaje en la descripción de esta historia. Ya no. Se ha cansado de “hacer el mal” y no dudo que buscará el camino de su redención personal. Cómo lo conseguirá, si entregando a Walt a la DEA o pegándose un tiro en la cabeza, lo dejo para los que aciertan con sus pronósticos.

Say My Name es el capítulo más tranquilo de la quinta temporada. Salvando la escena inicial, en la que Walt demuestra que se puede estar al mando de un equipo (aunque te den la espalda) simplemente fingiendo que lo estás, a su primera media hora le ha faltado la chispa y la originalidad que convierte a esta serie en una obra maestra. Como la meth de Declan, hemos sido sólo un 70% puros. Demasiado atropellados en algunas escenas y algo previsibles en otras, a Say My Name se le podría echar en cara que no sea todo lo potente que se espera del penúltimo episodio de la temporada. Pero hay dos escenas que nos hacen cambiar de opinión: una, que ya hemos comentado y que luego remataremos, es la despedida de Mike; la otra, la no despedida de Mike. La escena del parque, en la que Walt advierte a Mike que tiene a la DEA en el trasero (vía abogado chivato), es una de las más emotivas de toda la serie. Y la protagoniza una niña a la que sólo hemos visto de lejos y un matón, que es lo más grande de Breaking Bad. Mike, con lo más parecido a lágrimas en los ojos que puede generar su cuerpo pétreo, abandona a su nieta en el parque. Recordamos entonces las palabras de Robert De Niro en Heat, que ya citamos en el episodio Dead Freight: “Nunca admitas nada en tu vida que no puedas dejar en menos de cinco minutos si la poli te pisa los talones”. Es en ese momento cuando Mike se da cuenta de quién es. El columpio donde está su nieta va y viene, pero en realidad cada vez está más lejos. Su vida se desploma. Y no sirve de nada que le haya dejado varios millones de dólares en el banco, porque esa pequeña, que es la única persona que realmente le importaba, pensará siempre que su abuelo la abandonó en un parque. Y eso le duele a Mike más que un disparo en el estómago.

breaking-bad-5x07-2

La otra gran escena, evidentemente, es la de la muerte de Mike. Perdón: la del asesinato a sangre fría de Mike. Su plan de huída funciona como se espera de un tipo como él, metódico e implacable, salvo por un detalle: Walter White. He leído por ahí que cuesta creer que Mike acepte la participación de Heisenberg en esa historia, básicamente porque desconfía de él desde el minuto uno de partido. Sin embargo, a mi me resulta mucho más difícil de creer que Mike involucre a Jesse. Desde que se despiden en las puertas del cuartel general, con Walt acechando en plan vieja del visillo, sabía que Mike intentaría alejar del peligro al bueno de Pinkman. Es su último gran gesto, que en mi opinión lo humaniza todavía más a pesar de su sangriento currículum. De hecho, no creo que a Walt se le pasara por la cabeza ni por un segundo matar a Mike. El asunto se le va de las manos cuando Mike clava una espada de fuego en su ego, cuando le dice que jamás será como Gus Fring. Ahí Walt saca los músculos, rompe su ropa, se pone verde y aparece Heisenberg. Y Heisenberg dispara. Dispara a matar a un hombre que se niega a entregar a sus compinches, aunque luego el propio Walt reconocerá que tenía otras vías (la lista de Lydia) para dar con ellas. Pero ya es tarde. Heisenberg ha aparecido y lo ha destrozado todo. Y entonces Breaking Bad, con todo su talento, se pone a llorar por Mike, en una escena soberbia en la que espera sentado en una roca a que la muerte se lo lleve en paz. Paz, eso es lo que transmite esa escena, a pesar de que Walt intenta fastidiarlo: “shut the fuck up and let me die in peace”, le dice Mike. O sea, mataste a mi jefe y me arruinaste la vida, me has jodido desde que trabajamos juntos, has conseguido que no me pueda despedir de mi nieta y me has pegado un tiro, “cállate la puta boca y déjame morir en paz”. Y una puesta de sol al lado de un río, un oasis en el desértico western de la serie, se lleva para siempre a uno de los grandes. Sin fuegos artificiales ni caras cortadas, eso sería impropio de Mike. Merecía irse en paz.

Para valorar el alcance de la muerte de Mike, nada mejor que comprobar el impacto que causó al equipo de la serie despedirse de Jonathan Banks, el actor que ha hecho gigante a un gran personaje. Banks merece todas y cada una de las lágrimas que se derramaron por él ese día.

¿Consecuencias? La más inmediata, imagino, será para Walt. Quiero creer que la cara de estupefacción del profesor de química es real, que se preguntará qué cojones ha hecho, por qué ha apretado el gatillo contra un hombre desarmado que sólo quería huir. Desde luego, Jesse no lo va a perdonar. Tampoco los hombres fuertes de Mike, veremos si Todd está entre ellos. La DEA no tardará en dar con el cadáver y volverá el dinero para la investigación, ese que Hank ha ido pasando bajo mano a Gomez. De hecho, sabiendo cómo está Walt en su 52 cumpleaños, tengo la sensación de que todo irá a peor a partir de ahora. Hank cada vez tiene mejor olfato y Heisenberg cree que está hecho a prueba de balas, pero a partir de la muerte de Mike es cuando realmente va a necesitar un chaleco. Y es que ya va siendo hora de que conozca el sabor de la derrota. Ya lo dijimos hace poco: nadie gana siempre. Nadie. Ni siquiera Heisenberg.

Cerramos esta semana con un breve repaso a otros detalles del capítulo: fantástica la escena made in Breaking Bad en la que Walt enseña a cocinar a Todd (rememorando su pasado como profesor) al ritmo del Goin’ Down de The Monkees. Nunca me canso de estos montajes. Muy grande, también, el contraste en la actitud de la recepcionista del banco donde el abogado de Mike ingresa el dinero: encantadora y servil al principio, distante y fría cuando la DEA está por allí. La cara de Gomie al enganchar al abogado, espectacular. Por cierto, ¡galletas de bacon y plátano! Qué buena pinta tenían. Qué buena pinta tiene el próximo capítulo. Y qué buena es esta serie, ¿verdad? Decidmelo, decidemlo: You’re gooddamn right!

Nota del autor
4
Vuestra nota
Review Breaking Bad: Say My Name
4.6 (92.38%) 42 votes

Categorías: Breaking Bad Reviews Etiquetas: , , ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »