Review Breaking Bad: Madrigal

Madrigal: composición de tres a seis voces sobre un texto secular, a menudo en italiano, que tuvo su máximo auge en el Renacimiento y primer Barroco. Madrigal: película cubana estrenada en el 2007 y dirigida por Fernando Pérez. Madrigal: estadio municipal de Villarreal, en Castellón, con aforo para 24.500 espectadores y donde juega sus partidos como local el equipo más representativo de la ciudad, el Villarreal Club de Fútbol. Madrigal es también una canción del grupo canadiense Rush (When the dragons grow too mighty), un poema de García Lorca (Yo te miré a los ojos cuando era niño y bueno) y el nombre de dos pueblos de Castilla y León. Pero desde hace unos días Madrigal es, sobre todo, otra pequeña obra maestra más de la televisión cocinada por Vince Gilligan, esta vez con Jonathan Banks como plato principal y el aliño de los sospechosos habituales: Cranston, Paul, Norris… Madrigal, 5×02, ¿vamos allá?

Saliendo fuerte

En absoluto soy un experto en Fringe. Es más, apenas he visto la primera temporada y parte de la segunda, y aún así los primeros minutos de este episodio de Breaking Bad, desde el arranque con la cantinela de sabores hasta el chispazo final del señor Schuler, me han olido muchísimo a Fringe. ¿Acaso no parecía que el tal Schuler iba a explotar en cualquier momento, o a sacar alas y echar a volar, o a escupir mini-Schulers por la boca y eliminar a media Alemania? ¿O soy yo que estoy enfermo? En cualquier caso, larga vida a las maravillosas intros de una y otra serie. En Breaking Bad las hay a patadas, desde el rocambolesco narcocorrido del 2×07 (hablan de un tal Heisenberg que ahora controla el mercado) hasta la durísima prueba a la que un joven Héctor Salamanca somete a sus sobrinos (One Minute), pasando por el arranque sexual en público de Walt o por el genial anuncio de Los Pollos Hermanos.

En Madrigal han sido dos minutos y medio de charla en alemán, que han terminado con el señor Schuler muerto (hay maneras y maneras de suicidarse, creo que jamás escogería esa) y las Polizei alemana y DEA estadounidense con la mosca detrás de la oreja. Es evidente: la muerte de Gus no terminó en aquel I won de Walt. Es posible que te quites de en medio a Krazy 8, o incluso a Tuco, y no pase nada. Pero cuando juegas en las grandes ligas necesitas grandes jugadores y grandes presupuestos, porque cualquier mínimo movimiento tiene repercusiones. Las fuerzas de la ley están tirando del hilo y se han topado con Madrigal, un gigante. No van a pararse ahí, y menos si la propia empresa, tal y como asegura, va a colaborar. ¿Compromete esto a alguno de los protagonistas? A priori, no parece que el peligro venga de Alemania: con Schuler y Gus fuera de juego es complicado que haya más capos sueltos… ¿o sí? Repasando la escena en que el CEO de Madrigal departe con la DEA, vemos que Lydia, la taquicárdica mujer que se cita con Mike en el restaurante, está entre los directivos. Lydia sabe demasiado, y está aterrorizada porque desde luego no tiene la sangre fría de Schuler. Eso sí: aunque no hay de momento ningún foco apuntándola, se quiere empezar a cubrir las espaldas eliminando a todo quisqui de la faz de la tierra. ¿Representa un peligro para Heisenberg y Jesse? Ellos dos, habiendo neutralizado las copias de las cámaras de seguridad, no deberían tener demasiados problemas con el pasado. Aaaah, las copias de seguridad… qué gran momento cuando Hank revela que eran inútiles, que estaban encriptadas y que el portátil no iba a ser de gran ayuda. Los magnets de Jesse, por tanto, no solo han resultado estériles a la postre, sino que encima han destapado sin querer la única nueva pista para la DEA: las cuentas en las Caimán que aparecen tras la fotografía. ¿Única nueva pista? Quizá me he precipitado…

La bombilla Merkert

Sutil y brillante a la vez. Así y no de otra manera es esta escena en que Merkert, el ya exjefe de Hank y Gomie, les informa de su obligada marcha, les sirve una copa y empieza a mirar atrás y rememorar su relación con Gus: “Reímos toda esa noche, contando historias, bebiendo vino. Y resulta que es alguien completamente distinto. Justo delante de mí. Justo en mis narices.” Una reflexión que parece iluminar a Hank, y que posiblemente sirva para que se ande con mil ojos y preste todavía más atención a lo que tiene ante sí, antes sus narices… no vaya a ser que alguien resulte ser otro alguien. Es complicado meterse en la cabeza de Hank y poder adivinar hasta qué punto tiene sospechas de Walt. Todos recordamos la escena entre cuñados en casa de los Schrader, con aquellas iniciales “W. W.” (que resultaron ser Walt Whitman) flotando en el ambiente. Aunque costaba creerlo, por momentos daba la sensación de que Hank ya conocía la verdadera identidad de Heisenberg: “Al fin y al cabo, si un pelele que canta karaoke en Tailandia puede ser el rey de la meth [Gale], ¿por qué no iba a serlo el gris profesor de instituto?”, decíamos en la review de Bullet points. Pues eso. La reflexión de Merkert, creo, es el penúltimo empujón que necesitaba Hank para caerse del guindo. Seamos realistas: Hank tiene que ir a cazar a Heisenberg más pronto que tarde. Y Breaking Bad no es de las que se entretiene mirando por la ventana

Paul y John (y Mike)

Podríamos discutir hasta el amanecer, y seguiríamos como al principio: ¿Paul McCartney o John Lennon? ¿Aaron Paul o Bryan Lennon? Sobre gustos lo único que hay escrito es precisamente que no hay nada escrito, pero desde luego los apóstoles de Jesse Pinkman han tenido esta semana una de las mayores concentraciones de talento del joven actor: apenas aparece en dos escenas, pero en la primera de ellas, en el suelo de su casa tras descubrir el cigarro de ricino, Aaron Paul saca billete para los Emmy 2013. “I don’t know what’s wrong with me, Mr. White… I don’t know how I could be so stupid… I’m so sorry.Pobre diablo. A su espalda, cual Judas redivivo, Walt intenta consolarlo para seguir adelante. O sea, para seguir cocinando. Y ahí entra Mike…

Mike, el arreglador. Mike, el paciente. Mike, el hombre cansado. Mike, el asesino perfecto. Mike, el abuelo al que jamás querrías importunar. El amante de los periódicos, siempre con sus gafitas. Un entrañable calvete que ha decidido poner punto y final a sus andanzas como guardaespaldas de Gus (por motivos tan obvios como ineludibles), pero también de todo aquello que huela a Gus. Mike conoce la organización, es un sabio del mundillo, y probablemente sea consciente de que la profesionalidad de Fring y la seguridad que daba trabajar para él no puedan ser igualadas. Mike, desde luego, quiere cero complicaciones. Lo que en realidad le apetece es ver El motín del Caine tranquilamente en el sofá, o dejarse ganar al Tragabolas por su nieta. Mike no quiere ejercer de matón para gente con la que pueda quedar retratado: él es un superprofesional y exige superprofesionales a su lado. Y Heisenberg no lo es, al menos a su entender. Lo considera más bien una time bomb, una bomba a punto de estallar. Mike, por tanto, se dispone a salir de la ecuación y rechaza la oferta de colaboración del Dúo Mágico, como rechaza también el encargo de Lydia, la alta ejecutiva de Madrigal que sí está metida en el ajo, para cargarse a medio Nuevo Mexico. Cuando anunciamos el fichaje de Laura Fraser para la quinta temporada de la serie, dijimos que se trataba de “una antigua socia de Gus Fring que es capital para el desarrollo de la quinta temporada”. Lo es. Si Walt y Jesse ponen la cocina, y Mike la logística, Lydia se va a encargar de la materia prima más importante: la methylamine. Sí, aquellos bidones que en sus días mozos Walt y Jesse robaban a golpe de camioneta y pasamontañas, ¿recordáis? La methylamine debe de ser muy puñetera de conseguir, hasta el punto que Pinkman propone la peregrina idea de volver atrás, a la pseudo, opción que Walt desestima en cuestión de milésimas. La blue meth es calidad, y calidad debe seguir siendo.

Heisenberg sigue encaramado a su ego. “If Gus can manage it, then so can we“, dice. Es evidente que él es el cerebro, que él marca el paso. No hay más que verlo en cosas evidentes, como la manera en que se dirige a Saul, pero también en otras más sutiles, como la forma en que se sientan en casa de Mike: Heisenberg y el expolicía frente a frente, Jesse de pegote, o si me apuras de mediador. Me pregunto si Pinkman también se verá entre dos aguas esta temporada

Donde más duele

Madrigal, pese a lo que pueda sugerir el título, ha sido un capítulo centrado en Mike. Si la premiere fue en cierta manera autoconclusiva, en el sentido que planteaba y resolvía el problema de las cámaras de seguridad, en este 5×02 hemos asistido a algo similar: fuga y regreso de Mike Ehrmantraut. Ha empezado el episodio casi fuera de la serie, dispuesto a plantar a Heisenberg Inc; ha continuado despreciando en lo posible las formas y métodos de Lydia; y finalmente, ay hamijo, se ha topado con Don Dinero, poderoso caballero. A él, y a los once de la lista de Lydia, la DEA les ha dado donde más duele, en el bolsillo. Con las cuentas de Islas Caimán embargadas, Mike reconsidera su postura: el futuro económico de su nieta está en juego. Poniéndonos poetas, podemos decir que la serie ha conseguido en este episodio cerrar un círculo (la trama de Mike) gracias un polígono de cuatro lados (la nueva sociedad: Mike, Lydia, Jesse y Heisenberg), logrando así la famosa cuadratura. Poetas o no, lo que ha sido Madrigal es un capitulazo.

Merecido pequeño homenaje a Mike, que tanto adoramos, y presentación en sociedad de la neurótica Lydia: impagable su momento Duane, con la camarera respondiendo Mike casi al instante… Ovación cerrada para el papelón de Don Aaron Paul, el Iniesta del equipo siempre y cuando tengamos claro que Cranston es Messi. Un tipo capaz de aterrorizar con sus perdones: ¿habéis visto lo cara que le ha salido la absolución, a nivel anímico, a Skyler? Brutal. Eso sí, por más Padrino y más ególatra que sea, Walter no pierde del todo el norte. Brillante resolución del Caso Ricino, con el detalle genial de guardarse el veneno en casa… porque uno nunca sabe cuándo lo va a necesitar. ¿Alguien ha dicho Hank? ¡Uf! Es un buen as en la manga por si algún día, en otra cena de Whites & Schraders, Walt nota que su cuñado anda demasiado cerca. Para Heisenberg, al que asumo que no le espera un final feliz precisamente, solo tengo un deseo: que acabe con honor. A lo Abruzzi, por ejemplo, con un tiroteo frente a Hank, y hala, a caer a lo grande. Que no sea como nos sugieren, muuuuuy sutilmente, en la escena del salón de Mike, con la película El motín del Caine justo en el momento en que se oye lo siguiente:

I’m sorry captain, but you’re a sick man… I’m relieving you as captain of this ship under Article 184

A buen entendedor…

A Gilligan se le agradece la meridiana claridad, ya que con este episodio hemos podido trazar con total fiabilidad el recorrido del cigarrillo de ricino, así como bucear en Madrigal Electromotive GmbH. Pero sobre todo le agradezco una cosa: que, teniendo como tiene a dos monstruos de la actuación, a los que podría dar todos los minutos posibles del mundo porque son los protagonistas, sea capaz, a estas alturas de la temporada, de centrarse en Mike. Claro que secuencias como la del interrogatorio, con un Jonathan Banks y un Dean Norris en estado de gracia, le dan la razón… y de qué manera.

Cerramos con cuatro ideas. La primera, el miedo que transmite, una vez más, Walter White en la escena final. Si la semana pasada aquel perdón nos helaba la sangre, en esta ocasión hemos temido incluso que la cosa se pusiera física. Sí, hablo de sexo forzado. Llamadme loco, pero me parecía que Walt llegaba a la cama con ganas de guerra y que no iba a tener demasiado en cuenta la predisposición de su mujer… Quizá es demasiado pronto para pasar esa barrera, aunque en alguna temporada anterior ya se había coqueteado con ello; recuerdo al menos una escena en la cocina. La segunda, los desayunos: los clásicos Desayunos con Walter Jr., que ya echábamos de menos, vuelven a la serie. Hogar, dulce hogar… Tercera: Saul Goodman. No ha tenido gran protagonismo en el capítulo, y si las cosas no cambian me temo que no lo tendrá en lo que queda de serie. A Saul lo han adelantado por la derecha casi todos los personajes, ha perdido mucha fuerza en la trama, pero aún así sigue llenando la pantalla cada vez que abre la boca. Es muy grande. Vince Gilligan, por favor, regálanos un spin-off… Y la cuarta, retomando lo que hablábamos al principio sobre los primeros minutos de los episodios (llamados cold opens), este fantástico vídeo de Youtube en el que se recopilan todas las aperturas de la primera temporada de la serie. ¡A disfrutar!


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