Review Breaking Bad: Kafkaesque

Tiene Breaking bad una obsesión, en esta temporada especialmente, con los principios. Los primeros compases de cada capítulo son una pequeña obra de arte, semana a semana, un intento por poner el listón bien alto, por imprimir el sello de la casa, por decir así somos. Un león vaciando la vejiga para marcar territorio no lo haría mejor… En la búsqueda de identidad ( lo hace con sus flash-algo y sus minimísimos créditos; Friday con sus planos y su música, etc), Breaking rompe los moldes: un día te sale con un corrido demasiado pegadizo, otro con un calentón cósmico de Walt, luego con un perfecto retrato de Don Salamanca en tres minutos, o con una antigua juerga que justifica la existencia de una caravana… Y hoy, con los Pollos Hermanos, con una secuencia en la que voz e imagen se juntan sin querer para hilar una curiosa mezcla. Oímos pollos, vemos meta. Y después (porque tras esa pequeña obra de arte todavía tienes el capítulo entero por delante), 40 minutos del mejor Breaking. ¿Llevas el babero? Pues pasa.

El mimo con que los Pollos Hermanos asaban sus muslos y alas tiene su equivalencia en la seriedad con que Walt y Jesse, maestros cocineros, preparan la metanfetamina para Gus. No diremos que son peones, porque está claro que su pericia para fabricar droga de primera calidad es indiscutible, pero por lo que vemos en la intro es evidente que son sólo dos eslabones en la gran cadena que capitanea Gus.

Ahí están, son 
ellos: los Pollos HermanosAhí están, son ellos: los Pollos Hermanos

Kafkaesque, kafkiano para nosotros, es un señor capitulazo. Por momentos me ha parecido una perfecta fotografía, como si la acción de la serie se hubiera detenido para tomar un respiro y encarar la recta final de temporada con las ideas claras. Una fotografía en la que vemos a cada personaje con el gesto que ahora misma lleva en el alma. Vemos al Jesse más ciego, al Walt más atribulado, a la Marie más atenazada, a la Skyler más maquiavélica… Una galería de personajes rica y profunda. Lo que confirma que Breaking bad es una serie de personajes, si no fuera porque es la frase más estúpida a la que se puede echar mano cuando uno habla de series…

Vamos a abrir juego con Hank, bromista hasta la muerte: su asshole a Gomez ha sido glorioso. Hank, el más fuerte y físico de la clase, se enfrenta a un duro camino. Su rehabilitación será larga y veremos cómo encaja en ese rol un personaje claramente vinculado a la acción. Aunque por lo que oímos antes del tiroteo, y por lo poco que dice en este capítulo, Hank está muy desengañado con su profesión, realmente ya no se siente policía. Sin embargo dudo que renuncie a echarle el guante a Heisenberg. El fin de la meta azul puede ser su último servicio. Al fin y al cabo, Hank y Walt tienen que verse las caras tarde o temprano, aunque habrá que dejar que primero la rehabilitación haga su efecto. Será justicia poética que Heisenberg pague de su bolsillo la cura para su potencial verdugo…

¿Y por qué Walt? Porque Skyler se saca de la manga una rocambolesca y maravillosa historia. Problemas de juego. Ah, instant classic… Qué manera más genial de decírselo todo a Marie sin contarle nada. Qué manera de tener a Walt atado en corto. Qué amenaza final: “De alguna manera algo me dice que Hank está aquí por tu culpa. Y eso es algo que no olvido.” Redondo. Por momentos me ha parecido que Skyler se metía en la piel de su ex marido (¿ya podemos decir ex?) y alcanzaba a comprender los motivos de Walt. Y quizá lo haga, pero en ningún caso va a tragar con el resto. Para Walt el fin justifica los medios, para ella no. Paradójicamente, los dos grandes enemigos de Walt van a ser seres queridos: su cuñado y la madre de sus hijos.

Siguiendo con los White… hay una pareja maravillosa, y en verdad creo que completamente indesbancable del primer puesto del ranking, que llena de manera especial cada minuto de pantalla. Son Tami y Eric Taylor, de Friday Night Lights. Skyler y Walt funcionan a otro nivel, compiten en otra liga, un peldaño por debajo, pero de alguna manera son capaces de crear una química muy especial. Fijaos en los matices en la cara de Skyler cuando le pregunta a Walt, en el coche, si la familia está a salvo, y si él mismo está a salvo. Are we safe?, Are you safe? En la primera pregunta hay dureza, un “no te perdono que nos pongas en peligro”, en la segunda hay preocupación. Porque Skyler, que ya hemos dicho que entiende los motivos de Walt, puede preocuparse por él. Pero no le perdonará ciertas cosas. Qué interesante será ver cómo evolucionan estos dos… Al personaje de Skyler le han encontrado un buen desarrollo.

Conductores suicidasConductores suicidas

Walt, por su parte, se da cuenta de que ha cruzado una línea. No lo digo por la doble continua que se salta para prácticamente suicidarse ante un camión, sino por su trato con Gus. El gran capo que ahora es sin Bolsa de por medio ha jugado sus bazas de manera magistral, tiene todas las cartas en su poder: el mejor cocinero del mercado, y el mercado en sí. Monopolio Gus. Walt ve la jugada, y ve también que su cuñado casi cae víctima de la guerra. Si Hank es débil, ¿cómo no lo va a ser él? No olvidemos que Walt, hasta hace bien poco (¿cuánto hace que empezó la serie? ¿medio año?), no era más que un profesor de instituto pluriempleado, retraído y con un universo bastante cerrado. Por mucho que ahora se haya transformado en un cocinero con seis estrellas Michelín eso no le da inmunidad, y él lo sabe. Estará relativamente protegido mientras le siga prestando servicio a Gus, por lo que (cruzando la línea) no le queda más remedio que prolongar su contrato. De tres meses a un año. De tres millones a quince, de los que la mitad son para él. Walt ya no está en la Liga, está en la Champions. Y de ahí, amigo, es difícil salir…

Kafkaesque está plagado de escenas memorables. Creo que es uno de los episodios de la serie que más he paladeado, porque sigo pensando que a la gran mayoría de entregas semanales de Breaking bad no les sobra ni les falta un solo minuto. Quizá si tuviera que escoger una secuencia del capítulo que nos ocupa me quedaría con la que comparten Walt y Gus, dos monstruos cara a cara. Sin dejar de pertenecer a universos diferentes, la vida les ha juntado y forman un equipo formidable que sólo una persona puede romper (y romperá): Jesse Pinkman.

No vamos bien, bro...No vamos bien, bro…

El pinche de Walt ha pegado un vuelco de la semana pasada a ésta. Volver a cocinar le sentó bien, especialmente tras saber que Hank estaba entre la vida y la muerte. Pero tras unos días en el laboratorio de Gus ha comprendido una cosa: él siempre pringa. En las charlas de terapia vemos que a Jesse únicamente (o al menos principalmente) le motiva el dinero. De ahí que le carcoma estar cobrando 1'5 millones de los 96 que calcula que gana Gus; de ahí que decida echar mano de sus colegas para intentar ir por libre; de ahí que desoiga los consejos del gran Saul. Jesse, no vamos bien…

No vamos bien porque hay que ser muy percebe para intentar escamotearle dinero al megacapo de la droga. Y para tramar un plan tan chapucero como buscar clientes entre los pobres adictos en rehabilitación, sobre todo porque me parece que de esa manera ganará bastante menos de un millón y medio… Eso sí, hay que reconocer que Skinny Pete y Badger le ponen voluntad en su papelón durante la terapia. Pero creo que Jesse no lo hace únicamente por dinero, sino por una necesidad de tener el control. En el fondo no le gusta que Walt sea el que lleve el mando único cuando él cocina casi tan bien; tampoco que Saul le cobre porcentajes abusivos por darle un par de consejos. Claro que en realidad le iría mucho mejor no apartarse de esa senda. Por cierto: la charla entre Jesse y Saul, además de ser muy instructiva, ha sido una escena mágica. La serie no necesita más Saul, pero agradezco cada segundo suyo en pantalla

Así pues, Pinkman sólo ve fantasmas, le muerde la ambición, le saca de quicio ese desfile de dinero que él apenas ve desde la barrera. Quiere coger la sartén por el mando. Hacer algo por sí mismo. Construir su propia caja. La verdad, no le auguro nada bueno: Skinny Pete y Badger no son Gus y Walt

Así las cosas, supongo que Jesse seguirá con el doble juego (trabajar para los Pollos Hermanos mientras monta su propio negocio clandestino) hasta que Walt lo descubra. Y la serie se apoyará cada vez más en un complicado juego de equilibrios que tarde o temprano estallará: Walt depende del silencio de Jesse, Jesse depende de Walt y de Saul (aunque él no lo vea); Gus y Walt dependen el uno del otro; Walt depende también del silencio de Skyler, que no quiere delatar a su marido por no herir a su familia; Hank depende de Walt para cubrir su rehabilitación… y así podríamos seguir.

Cara a caraCara a cara

Qué gran serie…

Nota del autor
3
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