Review Breaking Bad: I See You

Review Breaking Bad: I See You

“Everyone knows who Pablo Escobar is, and nobody knows about the guys who brought him down” (Todo el mundo sabe quién es Pablo Escobar, pero nadie conoce al hombre que lo atrapó). Tan real y tan duro como los momentos que pasamos al lado de Hank en cuidados intensivos del hospital. Porque I See You no es una despedida, sino las siglas (I.C.U) del escenario donde se desarrolla este genial episodio. La review llega con retraso, pero en el momento oportuno para comparar una serie con un equipo de fútbol: Breaking Bad es como el Barça, el mejor de la Liga. ¿Comentamos?

¡Campeooooooones, campeooooones, oeoeoeoeeeeeee!

Se titula I See You pero podría haber sido perfectamente Waiting, porque eso es lo que hemos hecho durante todo el episodio: esperar. Ha esperado Jesse a Walt en un laboratorio que le ha sentado como visitar Disneyland. Ha esperado Gus su momento para ejecutar un golpe de estado en el jerarquizado organigrama del narcotráfico. Y han esperado Walt, Marie, Flynn y Skyler en la sala de espera del hospital, pendientes, ellos y nosotros, del estado de salud de Hank tras la salvaje escabechina del parking de la semana pasada.

Vamos a empezar por Gus, gran vencedor de este episodio. Frío. Peligroso. Los Primos pintaban la guadaña de la muerte, vestían botas con calaveras y lucían calva afeitada con navaja, pero no daban ni la mitad de miedo que Gus, un tipo de 60 kilos, de apariencia débil y gafas. ¡Gafas! ¿Acaso llevaba gafas Vito Corleone? ¿O Charles Manson? ¿O George Bush? ¿O el tío que te roba 10 euros en el metro? ¡No! Pero su sonrisa ante la cúpula de la DEA y su amenazante visita a la familia de Walt son mayor amenaza que ver al Primo sin piernas arrastrándose por el suelo y dejando un reguero de sangre. Y eso que esa escena acojona.

El contador de muertes de Gus ha subido un par de dígitos: 1) Leonel, el primo al que no mató Hank. Ha bastado un pequeño “empujoncito” de Mike, el hombre para todo: tanto te coloca un micrófono en la pared como te ahoga a un Primo; 2) Juan Bolsa, alias “El ex Jefe”. Sí, Gus se ha destapado en este capítulo como el verdadero villano de la temporada, por mucho que los guionistas nos enseñaran a los Primos en santa procesión hasta el retrato de Heisenberg. El enemigo está en casa. Y lleva gafas. Ya lo advirtió el Tio en sus años más enérgicos: no hagan tratos con the chicken man. Total, que al final de I See You nos encontramos con que todos los enemigos de Gus están muertos. Y Walt está pillado por allí donde Jesse apuntaba con el gran aspirador del laboratorio. Se entiende, ¿no?

Tú también lo habrías hechoTú también lo habrías hecho

Jesse nos ha dejado los momentos más divertidos del episodio, aunque también uno de los más crueles. Justo al salir del hospital y cruzarse con un moribundo Hank, Skinny Pete le ha preguntado por su estado de salud. Cosa que no me extraña, porque con esa cara… Jesse ha soltado un Actually, I'm great que ha acompañado de una diabólica sonrisa y que me ha recordado, por segunda semana consecutiva, que no podemos perder de vista que Hank es la única víctima de la serie.

En el laboratorio, como decía, Pinkman se ha sentido como un niño con un juguete nuevo. Pero un juguete que nunca ha visto y que está muy por encima de sus posibilidades. Incluso de sus sueños. Jesse hacía cristal en el sótano de su casa en condiciones lamentables. Y ahora se encuentra con un instrumental especializado y una organización exclusivamente diseñada para cocinar. Bueno, también para jugar, porque con una aspiradora gigante, una silla con ruedas y un traje amarillo hinchable, como hemos visto, se pueden hacer maravillas. Por el bien del laboratorio, espero que Walt vuelva pronto.

I See You gira alrededor de la figura de Hank, aunque de él apenas hayamos visto su mano y su inconsciencia. El policía ha sido capaz de reunir a decenas de personas, capaces de donar sangre o de celebrar la muerte del Primo como si el Barça hubiera ganado la Liga (tenía que decirlo…) Sin embargo, el sentimiento de culpabilidad aflora en muchos de los allí presentes: Walter (con el nombre de Heisenberg) porque prácticamente ha creado esa situación, el jefe de la DEA porque le quitó la pistola en el momento más inoportuno e incluso el pobre Walter Junior se martiriza por no haber leído el libro que le dio su tío con la frase que abre la review.

¿Acojona o no acojona?¿Acojona o no acojona?

Sacamos algo positivo del ataque a Hank: Walt se ha acercado a su familia. Es evidente que Skyler está muy lejos de perdonarlo, pero al menos los hemos visto dialogando. Y estoy convencido que Skyler se ha emocionado cuando Walt le ha contado a Marie la historia de los semáforos en verde, del día en que el destino, cínico, se empeñó en llevarlo hasta el lugar que más temía del mundo: el hospital. Me gusta que Breaking Bad recupere, aunque sea a pinceladas, el tema del cáncer de su protagonista. Es la excusa que lo ha llevado a ese hospital, aunque no para recibir sesiones de quimioterapia, sino para acompañar al policía que antes o después lo detendrá. Y es que el peersonaje de Hank ha crecido tanto en tres años, que no puedo ver otro final para él que no sea el del triunfo, a pesar de ser amargo.

Cerramos con un detalle aparentemente sin importancia: Walt ha eliminado de la partida a Gale, su ayudante de laboratorio, con el despido más lamentable de la historia. No sabe mentir, ha quedado claro durante el episodio. Aunque no creo que sea el único que piense que Gale estaba allí fichado por Gus para ser el nuevo Walt. Al fin y al cabo, Gus tiene dinero, tiene contactos y no tiene enemigos. ¿Nuevo jefe en la ciudad?

La inmensidad de Breaking Bad se mide esta semana en una escena intranscendente, protagonizada por el perfeccionista Walter White. En la sala de espera donde hemos rezado por Hank, Walt arregla una mesa que cojea. Es una escena que se hace eterna, en la que los silencios se cruzan, molestos, con las miradas de asombro. Nada importante, ¿verdad? Pues sí. En realidad, Gilligan y su equipo de guionistas nos estaban contando que a veces sólo les falta una pequeña cuña para ser perfectos. Y es que Breaking Bad es la única serie capaz de invertir un minuto en un detalle tan insignificante y conseguir que ese minuto sea tan emocionante como el primero o el último de cada capítulo. ¿O no?

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