Review Breaking Bad: Hermanos

Viernes. Tiempo suficiente para que las aguas se hayan calmado desde el lunes, cuando Hermanos aterrizó en nuestras vidas y, aunque a pequeña escala, las revolucionó. Capítulo consagrado, de los pies a la cabeza, a la figura de Gustavo Fring, el Benjamin Linus de Breaking Bad, lo que convierte a Hermanos en The Man Behind The Curtain, lo que… lo que es una absoluta ida de castaña. Pero sí, Gus tiene algo de Linus, y como el hombrecillo de los ojos saltones en su momento, era un personaje muy necesitado de un flashback, de algo que nos hiciera saber más de él. De cómo a llegado a ser lo que es. En el capítulo anterior empezamos a ver que los problemas no iban a esquivarlo siempre; en este hemos comprobado que tiene un talento natural para torearlos, pero además hemos escarbado ligeramente en su pasado. Y menudo pasado… De propina hemos recibido, one more time, una lección magistral de actuaciones y detallazos. Long life, BB!

Hermanos empieza con la habitual ristra de previously, pero al acabar con ellos aún tiene ganas de más y nos recuerda el primer encuentro público y oficial entre Gustavo Fring y Walter White. Estamos en el hospital, con medio cuerpo de policía de Alburquerque animando a la Muerte a llevarse al gemelo superviviente. Tras rescatar esa escena, seguimos a Gus y, oh sorpresa, nos reencontramos con Don Salamanca. El excapo, el tío de Tuco, el hombre del timbre. Magistral como siempre Mark Margolis en el papel de anciano mudo, por cierto. Héctor, como descubriremos que se llama, recibe la visita de Gus, que le pone al día, totalmente a su manera, de la situación. De la breve visita nosotros sacamos también información. En primer lugar, que la llamada a Hank avisando del peligro la hace el propio Gus, o alguno de sus hombres (esto no se sabía, ¿verdad?); en segundo, que le carga el muerto de Bolsa a la policía, cuando fue él. Y después también queda claro que no es la primera, ni será la última, visita que Mr. Pollo le dispensa al anciano. Hay algo entre ellos, como confirman las últimas palabras: “sangre por sangre”. Y, cómo no, una enigmática imagen con piscina incluida. Parece que a Gilligan le gustan las piscinas… Por suerte, el misterio entorno a esta no dura tanto como en la anterior ocasión. ¿Recordáis el ojo del peluche?

Volviendo al presente, nos encontramos con que Walter sigue con sus visitas médicas, porque el cáncer ha remitido pero sigue ahí, amenazante. A veces me olvido de la premisa con que nació la serie. No es un caso tan exagerado como, pongamos por caso, 7 vidas (¿alguien recuerda que todo empezaba porque Toni Cantó se despertaba de un coma?), pero sí es cierto que hemos dejado atrás el tema del cáncer. Vale, pues que sepamos que no se ha ido. La escena, además de ser un post-it del mal rollo, nos deja una frase jugosa de Mr. White. “Who’s in charge? Me.Walt dice que está al mando, pero apenas hay verdad en esas palabras. El laboratorio ha dejado de ser su reino: está permanentemente vigilado merced a la cámara de Gus, Jesse entra y sale cuando le da la gana, etc. No, Walter, no eres el gallo del corral. Lo mismo podríamos decir en casa (es tu mujer quien dice si Walter Jr. se queda con el coche) o en el negocio que acabas de abrir. Es más: con Hank de vuelta a la investigación, hasta puedes perder el control definitivo de todo.

La figura de Walt en esta temporada tiene mucho que ver con esa arrogancia, mala educación incluso, que gasta en la escena del hospital. Se cree tan por encima de todo (poderoso caballero es Don Dinero) que solo permite que haya una cosa por encima de él mismo: su ego. Lo vimos en aquella cena, en la que el vino se adueñó de la situación y acabó dándole a Hank la motivación para indagar más en Heisenberg, desestimando la teoría de que Gale Boetticher era su hombre. Así lo explica el propio Hank en la maravillosa escena del coche; pero luego llegaremos a eso. Veamos primero un poco más de Walt… y de Jesse. La visita del primero a casa del segundo es muy significativa, más allá de que nos deje perlas como esta:

– Look, uh, so what if this is like math or algebra? You add a plus douche bag to a minus douche bag and you get, like, zero douche bags.
– I’ve got some math for you. Hank catching Gus equals Hank catching us.

Pero lo más importante es el SMS que recibe Jesse y que Walter lee a escondidas. “Meeting is off. Something came up. Boss is busy.” Es decir: “Reunión cancelada. Ha pasado algo. El jefe está ocupado.” Un SMS que siembra la mayor cizaña posible entre los socios. Walt a estas alturas ya está convencido de que Pinkman lo ha vendido, que está más solo que nunca. Que si alguien va a fumarse el cigarrillo especial de Jesse… es él. ¿Apostamos todo a que el mensaje es de Mike? Los guionistas nos han dejado una puerta abierta con lo de Restricted, por lo que aún cabe la opción de que sea algún mensaje en código de Badger haciendo el tonto, o algo relacionado con los grupos de autoayuda (aunque después de la última visita, es más que dudoso), o algo que todavía no alcanzamos a ver. O, como dicta la lógica, es Mike. Sea como sea, el mal ya está hecho y Walter se teme lo peor.

El epicentro del capítulo es, sin duda, Gus. Es apabullante la lección de autocontrol que da durante el interrogatorio. ¡Si hasta llega y lo primero que hace es preguntarle al jefazo Merkert por su mujer! Un crack. Durante la charla demuestra su porte y sus maneras de perfecto gentleman, respondiendo con precisión, sacando tranquilamente la agenda, poniendo incluso un poco de cara de pena al hablar de Gale… y exhibiendo una gran cintura al sortear la última trampa de Hank, cargándole el muerto al infame Pinochet. En fin, un crack. Me ha faltado, eso sí, que Hank atacase un poco más por el flanco vegetariano. ¿Qué tal un qué cenaste en casa de Gale? No hubiera estado mal. Aunque bueno, probablemente Gus hubiese estado a la altura. Y tras el interrogatorio, mi parte favorita. Gus en el ascensor, con esa cara de pocos amigos que vemos en la imagen de arriba. Gus con ganas de matar a alguien personalmente, posiblemente estrangulándolo. Gus en silencio, con el único sonido de los pisos del ascensor, un sonido ciertamente similar al del (molesto) timbre de Don Salamanca. Lo cierto es que Mr. Pollo se mueve como pez en el agua en el mundo del crimen, pero su sangre fría le permite también rendir como acorralado, y no estallar. Mantiene la calma lo suficiente como para, poco después de someterse al interrogatorio, tener que soportar la visita de Hank y Walter a su casa. Genial el momento en que los cuñados llegan al aparcamiento, cuando Walter, que no se olía la tostada y pensaba que iba a ver piedras, se da cuenta de que están donde están. “Are you hungry?“, pregunta. Inocente… Toda esa secuencia de la explicación de Hank, con la posterior performance de Walt como el peor colocador de dispositivos rastreadores del mundo, es magnífica. La guinda: la llegada de Mike. ¡Qué grande, cómo alucina!

Exijo un spin-off para Mike. De hecho… de Breaking Bad saldrían magníficos spin-off, porque el de Saul sería maravilloso y el de Badger & Skinny Pete también. Así que nada, bajo las atentas miradas de Hank y de Mike, Walter echa a andar con el dispositivo GPS en la mano. Finge colocarlo y entra a avisar a Gus, pero este le dice que cese con el paripé y que lo ponga de verdad. Lo lógico: si la poli te está siguiendo lo mejor es que en realidad crea que te está siguiendo de verdad. Maravilloso ese segundo “Do it!” de Gus… solo le ha faltado añadir un “subnormal” detrás. Tengo que confesar que Breaking Bad me hace reír más de lo que teóricamente debería. En esta escena, entre la llegada de Mike y el “Do it!” de Gus me estaba partiendo…

El resto del capítulo se lo come con patatas ese tremendo flashback de 10 minutos en el que colocamos varias piezas del inmenso puzzle que se abre cada semana ante nuestras narices. Ver la escena una y otra vez ya es una delicia en sí, pero además contiene información jugosa. Reconocemos a casi todos los invitados: Gus, el fallecido Juan Bolsa, un todavía joven Héctor Salamanca… y Max. Maximino Arciniega, el hombre que pone nombre a la beca promovida por Gus, es su exsocio… y quizá algo más. ¿O acaso no sería posible que Gus y Max fueran pareja? El quinto en discordia es Don Eladio, el supercapo de la droga y anfitrión. Lo cierto es que el mal rollo se palpa desde el minuto uno, y queda claro que alguien va a palmar. Todos los números, obvio, son para Max. El simbolismo de la escena es tremendo: si nos la traemos al presente, Gus posiblemente estaría en la silla que ocupa Don Eladio, y a su lado tendría a Mike y a Tyrus. Walter White, el cocinero, sería el malogrado Max, mientras que Jesse actuaría en lugar de Gus. Curioso… ahora no parece tan farol aquello que le dijo el supernarco a Pinkman: “Veo cosas en la gente”. Sí, concretamente se ve a sí mismo. El Gus del flashback es un Gus virgen, inocente, muy lejos del Gus que conocemos. ¿Es posible que considere que Jesse se puede transformar igual si Walter tuviera un final trágico? Un poco descabellado, quizá.

Gus termina en el suelo, humillado por Héctor; en el presente, es al revés: Mr. Pollo juega al gato y al ratón con el anciano, dejándole vivir en lugar de pagarle sangre con sangre. Nos queda pendiente saber lo que sí sabe Don Eladio: quién es realmente Gustavo Fring y qué hizo en Chile. Quizá tenga que ver con el régimen de Pinochet. ¿Puede ser que apoyara de alguna manera al dictador, o colaborase con él? ¿O quizá, si la teoría de su homosexualidad es cierta, fuera perseguido? De lo que estoy seguro es de que Hank Schrader lo descubrirá. El enigma es cuándo. Y, sea cuando sea, si la justicia cae sobre Gus, alguien volverá a sonreír… si aún vive para verlo.


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