Review Breaking Bad: Hazard Pay

Los nervios antes de salir al escenario. La adrenalina en ebullición, a punto de saltarse todas las normas de contención cuando enfilas el tunel que te lleva ante la masa de gente enloquecida. Las luces. La primera toma de contacto con el micrófono, esa herramienta que te hará ser vitoreado hagas lo que hagas, digas lo que digas. El casi silencio progresivo que se forma cuando lo coges en la mano. La noche en suspensión, esperando a que pronuncies las primeras palabras. El aire, cargado de electricidad. La sonrisa de esa chica en la cuarta fila. El vistazo atrás, buscando la complicidad de los músicos. El grito, el tuyo; el grito, el suyo, el de miles de gargantas que ya están entregadas. El estallido de la guitarra, del bajo, de la batería. Damas y caballeros, un aplauso para lo único que le faltaba a esta serie: rock’n’roll. Con todos ustedes… ¡los Vamonos Pest!

5×03 de Breaking Bad y la canción que Vince Gilligan empezó a tocar hace un par de semanas sigue afinadísima. Una canción tan maravillosa como las cuatro anteriores del disco, perfectamente compuesta, con equilibrio entre música y letra, y deliciosamente ejecutada por la banda de maestros de la actuación que pueblan los rincones de Alburquerque. La metáfora musical es barata, lo sé, pero cada vez que pienso en este capítulo me vienen los Beatles a la cabeza

Hazard Pay abre casi como prolongación del anterior, en el que quedaba un importantísimo hilo suelto: ¿puede Mike asegurar el silencio de sus chicos, aquellos con los que trabajaba para Gus? Tras la muerte de Chow en el 5×02 no es raro que los ánimos estén aún más revueltos, así que Mike decide montarse una excursión de un día por todas las cárceles de los alrededores en busca de sus exempleados. Objetivo: calmar esos ánimos revueltos, dejar claro que la vida sin Gus sigue (casi) igual y asegurarles que cobrarán. Cobrarán ese dinero que Gus ya les había pagado, pero que la policía ha confiscado gracias al conocimiento de las cuentas secretas de las Islas Caimán: yeah, magnets! Y lo cobrarán, obviamente, a costa de las ganancias de la nueva sociedad. White, Pinkman & Ehrmantraut Inc.

Porque sí, la sociedad está hecha, formada, y cuenta incluso con un cuarto hombre: Saul Goodman. El abogado se muestra reticente al principio, principalmente porque no quiere, ni de coña, trabajar con Mike. El matón de Gus le amenazó, y tuvo que buscarse un matón propio, el tremendo Huell. Inciso: me ha encantado la mini-escena en que Mike está esperando a entrar en el despacho de Saul y Huell vigila… mientras ronca. Mini-escena que me recuerda que en Breaking Bad no suele sobrar ni medio plano, porque de ese momento aparentemente chorra y gracioso se deduce la poquísima gracia que le hace a Mike trabajar con gente tan poco profesional. Una cosa está clara: echa de menos a su jefe, a su eficaz e impoluto jefe. A Mr. Pollo.

Volvamos. Decía que Saul no salta de alegría precisamente al saber que Mike está en el equipo; la respuesta de Walter es para enmarcar: “Mike threatened me. He threatened Jesse. He probably threatened someone before breakfast. It’s what he does. Come on, grow a pair.” (Mike me amenazó. Amenazó a Jesse. Seguramente haya amenazado a alguien antes de desayunar. Es su trabajo. Venga, échale huevos). Sí, realmente Saul está un poco moñas, pero ya lleva un tiempo así. Sabe que la cosa se le está yendo de las manos, que está en algo demasiado grande para lo que suele ser habitual en él, trapicheos de poca monta. Pero acaba accediendo (tampoco tenía derecho a veto, claro), y tengo que decir que el equipo funciona muy bien. Ha sido genial ver al abogado en su salsa, mostrando las diversas opciones de naves industriales candidatas a convertirse en el cuarto laboratorio (creo que no me descuento… uno, casa de Jesse; dos, autocaravana; tres, superlab de Gus) de Walt y Jesse. Obviamente, no se ha resistido a jugar la carta de siempre: el laser tag. Grande…

La elección final es sorprendente, aunque en realidad una vez que Heisenberg pone las cartas sobre la mesa… tiene lógica. Cocinar en casas ajenas que están siendo desinfectadas es laborioso e incómodo, pero ofrece mucha seguridad si las cosas se hacen bien. Así lo ve Walt, y así lo decide. No hay mucho lugar para la discusión. “¿Votar? ¿Para qué?”, pregunta mientras Mike se da la vuelta con cara de pocos amigos. Dos gallos para un mismo corral, mal asunto. Lennon y McCartney. Nos preguntábamos si la temporada iba a ser un duelo entre Walt y Jesse, o entre Walt y Hank, pero de momento el rival del exprofesor es Mike. Socios, pero rivales. Porque Mike sabe que no tiene que meterse en la cocina, y Walt saber que no tiene que meterse en el negocio. Aunque como queda claro en sus palabras a Saul (He handles the bussiness. And I handle him), se siente un punto por encima de los demás. Se considera el jefe. Estoy convencido de que a Mike le da bastante igual quién sea el jefe mientras cada uno se ocupe de lo suyo. Hoy lo suyo era conocer al equipo de desinfectadores; de ahí que en el coche ya pregunte rápidamente por ellos, y de ahí que les dé ese formidable speech. “De vez en cuando veréis a estos dos, pero para vosotros son fantasmas. No les veis. No les oís (…) Si os dicen que saltéis, no preguntéis por qué: saltad.” ¡Grande, Mike!

La tensión que se palpa, que se lleva palpando desde el primer episodio, entre Mike y Walt tiene su punto álgido con el asunto que da nombre al episodio: Hazard Pay. La paga, el dinero incautado que Mike quiere volver a pagar a sus chicos y que, obviamente, tendrá que salir de las ganancias del nuevo negocio. Walt se niega, y Mike se saca un aforismo del bolsillo digno de aplauso: “Listen, Walter. Just because you shot Jesse James, don’t make you Jesse James.” (Escucha, Walter. El que hayas disparado a Jesse James no te convierte en Jesse James). Walter White y su ego, capítulo siete. Heisenberg tiene mimbres, desde luego, para llegar a montar un emporio como el de Gustavo Fring. Pero no en dos días, nadie puede hacerlo en dos días. Como el propio Mike señala, Gus tardó 20 años en preparar una perfecta red de distribución que, entre otras cosas, eliminaba a las mulas con los consiguientes ahorro en dinero y aumento en seguridad. A Walt le fastidia ser el jefe (o creerse el jefe) y aún así ganar menos dinero que cuando estaba trabajando para otros. Mike, por su parte, no piensa ceder un milímetro, y además advierte a sus socios de una mala noticia: la próxima remesa de meth reportará menos beneficios, porque tocará pagar la metilamina. O sea, que la atemorizada Lydia ha invitado al primer barril… ¡eso es saber ganarse a los clientes!

Si en el primero de la quinta solucionamos el problema de las cámaras de seguridad, y en el segundo hubo que abordar el asunto del silencio de los extrabajadores de Gus, en este tercero nos hemos centrado en el siguiente paso: volver a cocinar. El nuevo modelo está en marcha, y consistirá en ir rotando por las casas donde los Vamonos Pest reales trabajen; los nuevos Vamonos Pest escogerán una y montarán allí su laboratorio de campaña. Un auténtico coñazo, sí, pero como bien dice Walt… ¿quién va a ponerse a mirar en una casa con lona? Mis apuestas van con Hank, por supuesto, pero todavía no alcanzo a ver cómo llegar hasta ahí. ¿Quizá a través de Marie? El personaje más extraño de la serie a vuelto al primer plano con una mini-trama en la que Skyler se ha salido de madre. ¡Menuda reacción, qué manera de explotar! Desde luego queda claro que la mujer de Walt es una olla a presión que en casa apenas se atreve a respirar ante su marido y que fuera se ve obligada a saltar. Marie se ha quedado a cuadros y ha acudido a Walt en busca de una explicación; Mr. White ha estado rápido, sacándose a Ted de la manga. Ha evitado conscientemente recurrir a los problemas de apuestas o a cáncer, quizá sabiendo que eso era liar todavía más la madeja… aunque probablemente la nueva mentira traiga también consecuencias negativas. ¿Cómo reaccionará Skyler a esto? Y una pregunta que me asaltó: ¿Walt sabe que Marie ignoraba el affaire entre su hermana y Ted, y por tanto finge sorpresa… o realmente se sorprende de que Marie no lo sepa? De lo que tengo pocas dudas es de que Marie visitará a Beneke en el hospital… y a partir de ahí vete a saber qué.

Por cierto: qué fabulosa está en lo que llevamos de temporada Anna Gunn. Con poco (apenas ha tenido diálogos) ha hecho mucho. Está impresionante mientras su marido hace lo que le da la gana. Y digo esto porque… ¡cómo han cambiado las cosas! ¿Os imagináis hace solo una temporada y media a Walt mudándose de casa así, sin consultar, sin importarle un pimiento lo que piense su mujer? Ni de broma. Skyler está realmente aterrada, y ver a su particular Tony Soprano reírse junto con su hijo ante la locura de Al Pacino en Scarface no ayuda. No ayuda nada… Estoy realmente expectante ante el próximo movimiento de Skyler. ¿Se derrumbará y acudirá a Hank? Ahora mismo no me parece para nada descabellado, lo consideraría más bien una reacción lógica, para proteger a Walter Jr. y a la pequeña Holly. Si no, quizá decida subirse a bordo del equipo mafioso; de hecho ya lo está, con el lavadero, pero podría hacerlo de manera más activa. ¿Qué os parece?

Recuperar la cocina de meth ha servido también para que Walt y Jesse compartan largos momentos a solas. Los vemos primero en casa de Pinkman, con Andrea y Brock interrumpiendo el repaso a los planos, y los vemos de nuevo luego en casa ajena, esperando a que la droga acabe de cristalizar, vestidos con el mono y viendo una peli al ritmo de una birra. Y ahí es cuando Walt pregunta si Andrea sabe algo, y Jesse le dice que no, y Walt le habla de la necesaria complicidad entre parejas (“que no te pase lo que a mí, fíjate todo lo que he pasado yo con mi mujer, y cómo ha acabado la cosa, que hasta me tiene miedo, blablá“, dice Walt sin llegar a decirlo), y entonces Jesse lo ve y se dobla, como en el poker, preguntando si esa complicidad incluye hablar de Gale… El guión de esta escena es genial, pero creo que las actuaciones lo superan. Cranston está inmenso. Me encanta el momento de “después de todo lo que hemos pasado, te lo mereces”. ¡Serás hipócrita, Walter! Traducción de esa frase para nosotros: “Haz lo que quieras, Jesse, de verdad, no me siento con fuerzas de llevarte la contraria, al fin y al cabo siento que te debo una después de haber dejado morir vilmente a tu novia, ¿cómo se llamaba?, no recuerdo, bueno, ya sabes, la de los tatuajes aquella que te metió en la maldita heroína, y… bueno, y eso no es todo, también envenené a ese pobre chaval, ¿Brock se llamaba?, al cual por cierto parece que le han quedado secuelas, porque mira que es rarito…

Quiero pensar que también hay algo de consejo paterno sincero. Quiero pensar…

Y hablando de Brock. Walt y Brock… qué escena más tensa, la madre del cordero. ¡Qué mal rollo me ha dado este niño! ¿Sabes algo, Brock? ¿Has visto alguna vez a este hombre de gafas? A día de hoy sabemos que fue Walt quien envenenó al niño, y que no fue con ricino sino con la planta, pero nos falta conocer la ejecución. Al menos a mí no me queda claro, o quizá no lo recuerdo, pero… ¿cómo llegó el veneno de la Lily of the valley a Brock? ¿Cuánto sabe el niño? Como quiera que sea, parece que Heisenberg y su casi víctima no tendrán muchos más motivos para verse, porque Jesse decide dejarlo con Andrea. Quizá la culpa por la muerte de Jane pese en ello, y prefiera no tener cerca a alguien a quien dañar, lo cual multiplicará todavía más el odio de Pinkman hacia su socio el día en que descubra tooooda la verdad. Que lo hará, no lo dudo.

Unos pocos apuntes antes de cerrar:

  • El primero, la última frase de Walt acerca de Victor: “¿Y si Victor intentó cocinar el lote por sí mismo? ¿Tomándose libertades que no le correspondían? Quizás voló demasiado cerca del sol… y consiguió que le rajaran la garganta.” Una amenaza en toda regla. Aparentemente, a Mike. Pero probablemente, en general, a cualquiera que no opine como él. Walt contra el mundo, lo que va a ser la tónica de lo que resta de serie
  • El segundo, Jesse Plemons en el papel de Todd. Creo que me va a encantar su papel en la serie, y lo digo sin tener demasiado en lo que basarme… pero de momento hoy ya se ha saltado las reglas. Además, me encantaba el trabajo de Plemons en Friday Night Lights
  • El tercero, gracias Vince Gilligan por el regalo de la escena de Badger y Skinny Pete comprando las cajas… ¡magia! Es evidente que su peso en la serie, tal y como están las cosas, es casi nulo (la penita que da la cara de Jesse viéndolos marcharse ante la atenta mirada de Mike lo dice todo…), por lo que se agradece una escena así
  • Y el cuarto, la escena del principio en la que Walt, mientras deshace cajas, encuentra el libro Leaves of Grass, de Walt Whitman. Libro donde está el poema When I heard the Learn’d Astronomer. Poema que Gale le recita en el laboratorio al poco de conocerse. Pequeño guiño al difunto Gale… y escena que me puso los pelos de punto, porque Walt mira el libro como quien recuerda a un viejo amigo de la escuela, y no a un tío que ha muerto en parte por tu culpa…

Una nota para acabar. Walter White trabajó en una fábrica de cajas. John Locke trabajó en una fábrica de cajas. Es una tontería como un piano, lo sé, pero me encanta. Me encanta esta serie. Cerrad la puerta, que no se escape ni una gota de aroma a Breaking Bad…

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