Review Breaking Bad: Green Light

Review Breaking Bad: Green Light

No se lo merece. Si hay una serie que no debería sufrir nuestros retrasos en las reviews es Breaking Bad. Pedimos disculpas a Walt, a Jesse, al gran Hank y al cylon Saul. Y sobre todo a Vince Gilligan, que ha creado la mejor serie de la parrilla primaveral contándonos la vida de un profesor de química metido a narcotraficante. Por cierto, espero que no quede muy yonqui, ¿no echáis de menos la metanfetamina y el laboratorio?

Yo sí. Y creo que es el único pero que puedo ponerle a la tercera temporada de Breaking Bad, esa sensación constante de amenaza que tenían los dos protagonistas en la caravana. Pero no lo voy a hacer. No lo voy a hacer porque Green Light acaba con un semáforo verde que se enciende para Walt. Y más allá de lo que haga con su coche, me jugaría una mano que nos están intentando contar que el señor Walter White vuelve a la cocina, al único lugar donde le han salido bien las cosas en los últimos meses. Y es que en este episodio su nivel de owned sube más que las cenizas del volcán islandés. Repasemos:

El momento planta: Tras la confesión que daba título al anterior episodio, I fu–ed Ted, Walt ejerce de macho alfa y se va en busca del señor Beneke, que está escondido en su despacho. La escena de la planta, sólo comparable en diversión a la de la pizza, recoge la esencia de la serie: equilibrio perfecto entre acción e inactividad. Walt pasa de esperar a Ted sentado en el hall con su mejor sonrisa y absoluto silencio a intentar destrozar su cristal con una planta que, se veía venir, es demasiado grande. Antes de que el asunto llegue a mayores, aparece Mike, que es como una aspirina gigante en un día de terrible dolor de cabeza.

Skyler, estoy hablando con TedSkyler, estoy hablando con Ted

El momento beso: Las consecuencias de su ruptura con Skyler se han empezado a notar en sus lecciones de química. Primero, porque está ausente en las clases, situación que seguro que agradecen los alumnos pero no la dirección. Y segundo, porque ha tratado de vengarse de Skyler tirando por la tangente, es decir, lanzándose a la boca de la directora del centro. Walt está disperso. Muy disperso. Por cierto, inmenso Bryan Cranston en todo el episodio, pero en particular en esta escena en la que nos hace partícipes de su confusión. Es un bienvenidos al planeta Walt, donde todo puede suceder, en especial lo más inoportuno.

El momento coche: A Walt le recomiendan que se tome un tiempo sabático en el trabajo. Y en la puerta del colegio lo espera la tentanción: Jesse… y un montón de cristal. Para un profe de química tan perfeccionista como Walt, ver la droga fabricada por Jesse debe ser como si a Bach le enseñan una canción de Leonardo Dantés o como si Michelangelo viera un cuadro pintado por Agatha Ruiz de la Prada. Muy gore. De ahí su cabreo y su negación a entregarle el contacto de Gus bajo una frase un tanto salvaje: “nunca negociará con un yonqui”. Jesse acelera. Y Walt repite cara de tonto con sus pertenencias en el suelo.

What the hell is this?What the hell is this?

El momento pressing catch: El último momento lamentable de Walt, por ahora, lo protagoniza junto a Saul Goodman, en un histórico combate de Pressing Catch. Walt se entera de que su abogado lo espía y exige que retire las cámaras de su casa. Saul, que lo más parecido que ha visto a un corazón es un piano, toca en la fibra más sensible del señor White haciendo referencia a la “búsqueda de amor” de Skyler fuera del nido familiar. “Tu mujer se acuesta con un tío más guapo, más interesante y más cariñoso que tú”. Momento pelea. Y otra vez Mike, con cara de resignación, que aparece para separar a los guerreros.

Walt está muy confundido porque la ruptura con Skyler ha destrozado sus planes. Y creo que, ya que la planta no ha funcionado, va a intentar vengarse de Skyler volviendo a la senda del crimen. Más ahora que tiene tiempo libre, un tipo que ha ensuciado su producto azul y, sobre todo, nada que perder.

And what about Jesse? Su primera escena en la gasolinera vale un episodio. El bueno de Pinkman se ha quedado sin dinero al comprar la casa de papá y mamá, por eso necesita volver a cocinar. Tiene claro que no podrá meter a Walt en el asunto. Y decide emprender una carrera en solitario. Como si el mundo no nos hubiera dado suficientes ejemplos de que las parejas, por separado, no triunfan: Martes y 13, Ella Baila Sola, Gomaespuma…

Cristal por gasolina y tabacoCristal por gasolina y tabaco

Walt se equivocaba, Gus sí negocia con Jesse, pero por un único motivo: él. El pollo hermano quiere recuperar a Heisenberg y lo hace partícipe de los logros de Jesse. Y de sus ganancias. Pero Walt nunca aceptará dinero de un cristal impuro como ese, así que estoy convencido que lo devolverá a su propietario, de apellido Pinkman. Aunque el dinero nunca ha sido su mayor preocupación, tres millones de dólares por tres meses de trabajo es una oferta francamente difícil de rechazar. Y más si, como decía antes, ya no tienes nada que perder. Despidámonos de Walt, vuelven las gafas y el sombrero de Heisenberg.

La otra historia de Green Light la conduce el tercer hombre en discordia de la serie: Hank. Hank Schrader, el hombre que, en su primer día de trabajo en El Paso, vio la cabeza de un hombre encima de una tortuga poco antes de que explotara y se cargara a varios polis. Como lugar de trabajo, El Paso no sería idílico. Y menos si no confías en tu cuerpo, que ya te ha dado algún que otro susto en forma de inoportuno mareo. Así justificamos el rechazo del policía a viajar a El Paso, por mucho que él se empeñe en hacerle creer a su superior que ha encontrado pistas en el caso Heisenberg.

Aunque Hank ha encontrado algo. En la misma gasolinera en la que Jesse abre Green Light, donde paga con una bolsita de cristal, Hank ha encontrado una cámara de seguridad que enfocaba a la camioneta/cocina (RV). Es de esperar que en el próximo episodio (que muchos ya habréis visto), Hank se deje la piel buscando esa camioneta. Se juega el trabajo y el honor. Sobre todo el honor, que lo tiene bastante tocado esta temporada. Al lado de Hank, durante unos segundos del episodio, estaba Marie. Podríamos decir muchas cosas de ella, pero no se entenderían. En serio, ¿alguien ha conseguido pillar a esta señora?

Y entre semáforos que se encienden, bolsas de dinero, cristales antiplantas y fotografías de perros, se nos ha escapado el cuarto episodio de Breaking Bad, posiblemente el más tranquilo de la temporada. También el que menos evoluciona, pero estableciendo las bases, por fin, para que Walt vuelva a disfrazarse de Heisenberg. ¿Será Jesse su compinche? ¿Serán traficantes enemigos? ¿Llegará Hank hasta la camioneta de Jesse? En el fondo da igual. Yo lo que quiero es mi dosis semanal de Breaking Bad. No lo cambio por nada. Bueno, por tres millones de dólares…


Categorías: Series
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