Review Breaking Bad: Gliding Over All

Se acabó. Vince Gilligan sacó la chistera, extrajo el 5×08 de ella y nos emplazó a verano de 2013 para terminar de saber qué pasa con Walter White y su imperio azul. Un capitulazo de despedida a la altura de una temporada espectacular que nos deja a Hank, el último reducto del bien en la serie, con los pantalones por los tobillos y cara de haber acertado un pleno al 15. Querido Hank, vas a tener que esperar un año sentado en ese retrete hasta poder ponerte de pie y llamar a voces a todas las unidades. Pero míralo por el lado bueno, al menos te quitarás los fantasmas de encima y no tendrás que volver a marcar árboles… Septiembre, el mes de la melancolía, nos arrebata Breaking Bad, pero nos deja Gliding Over All como testamento. Vamos a darle el homenaje que se merece.

¿Quién recuerda los nombres de los capítulos de Breaking Bad? Casi nadie. ¿Cornered es de la primera temporada o de la cuarta? ¿Es anterior a Crazy Handful of Nothin’? ¿Podrías decirme algo de Bit by a Dead Bee? Posiblemente no. Posiblemente el único nombre de capítulo que recuerda todo seguidor que se precie de serlo es Fly. El capítulo de la mosca, aquel ejercicio de austeridad convertido en pequeña joya por obra y gracia del ambiente claustrofóbico, del potencial que encierran los secretos… y de una mosca, claro. Con esos mismos ingredientes flotando en el ambiente le damos al play en el 5×08: claustrofobia porque notamos que el espacio de seguridad de Walter White cada vez se estrecha más, como si se tratase de un triturador de basuras 3263827 cualquiera; secretos porque cada vez son más y mayores; y moscas… porque abrimos fuego con una. Y no es trivial.

Comentando el capítulo el lunes con el maestro Martínez me decía que le había encantado la finale por sus detalles. Yo echaba de menos algo más de acción, pero después del segundo visionado le tengo que dar la razón. Es un último capítulo algo atípico, sí, porque el anterior tenía más adrenalina y quizá pegaba más como mid-season finale. Pero por otro lado, no hay ni habrá en la serie cliffhanger más poderoso que el de esta semana. Es la escena que estábamos esperando desde el piloto, desde que sabemos que Walter White se dedica a producir droga y su cuñado a combatirla. Más allá del debate moral, más allá de si Walter es Mr. White o Heisenberg, de que queramos que ganen los buenos, los malos o los tonos de gris… ésta es la escena. El click definitivo en la cabeza de Hank. El pistoletazo de salida. La carrera por cazar y por evitar ser cazado.

La mosca no es trivial. La mosca de Fly simbolizaba los problemas de Walt: aparentemente, su enfermiza obsesión por los detalles y por la pureza del producto; en realidad, su terremoto interior. Claro que aquello era cuando Walter todavía anotaba en su agenda del día “Haré el mal sin dejar de hacer el bien”. Hoy es capaz de matar a Mike a sangre fría el lunes y de encargar diez asesinatos más para el miércoles, todo ello sin pestañear. Aquella mosca, en Fly, era para Walt algo incómodo, molesto, que no cuadraba. La mosca de Gliding Over All es poco más o menos lo mismo para Hank. Es eso que tiene tan cerca, que casi puede tocar, pero no atrapar. Es Heisenberg. Es el primer señuelo en un episodio plagado de ellos.

En la otra punta de la ciudad, Walt también contempla una mosca. En su caso no hay demasiadas vueltas que dar: sencillamente está absorto esperando a que Todd vuelva. El nuevo Jesse se ha deshecho del coche de Mike y viene mentalizado para acabar con la faena, que consiste en deshacerse del propio Mike. La maravillosa intro de Buyout brinda en bandeja a los guionistas una elipsis que a los espectadores nos evita tener que presenciar la conversión de Mike del estado sólido al… ¿líquido, gaseoso? En fin: nos lo ahorramos. No seré yo quien entre en detalles. El caso es que justo antes de ponerse manos a la obra llega Jesse. La conversación es brillante:

– You get to Mike? He get out safe?
– He’s gone

O sea, Walt lo resuelve con una frase con la que no termina de mentir del todo: se puede traducir tanto por Se ha ido, dando a enteder que ha escapado, como por Ha muerto. Vaya, vaya… ¿problemas para mentir a Jesse, Mr. White? No será por falta de costumbre: Jane, Brock… La siguiente escena es de un sutil que espanta: vemos a nuestro calvo amigo duchándose, lo que simbólicamente podríamos interpretar como que se siente sucio, pero posiblemente esa ducha solamente esté ahí para colar con mayor naturalidad un primer plano de Leaves of grass, el ya famoso libro de Walt Whitman que Gale dedica a su mentor con las siguiente palabras:

To my other favorite W. W. It’s an honour working with you. Fondly, G. B. (A mi otro W. W. favorito. Es un honor trabajar contigo. Afectuosamente, G. B.)

Luego iremos al libro, claro, de momento ahora toca disfrutar de la música. Porque Walt sigue lo que empezó con Mike la semana pasada y necesita callar todas las bocas. Eso incluye a los nueve hombres de Gus/Mike que permanecen en la cárcel, y que ahora, sin dinero de por medio, cantarán. Además, hay que sumar al abogado que Gomie cazó con las manos en la masa en el banco, en pleno pago semanal. Diez potenciales soplones que caen como moscas al ritmo del tema Pick Yourself Up, cantado por Nat King Cole. Una canción que huele a mafia, o a Las Vegas, o a arreglos de cuentas, o a todo ello junto. Una sucesión de escenas en las que los cracks de Breaking Bad se recrean a gusto invirtiendo varios minutos en jugar con los planos, de una manera original y acertada como muy pocas series saben hacer ahora mismo. Breaking Bad mima todos sus frentes, y el plano técnico no tiene nada que envidiar a los siempre alabados guiones, a las ampliamente reconocidas actuaciones. La masacre de la cárcel es un necesario ejercicio de sincronía en la que la mera supervivencia de una de las víctimas pondría en jaque el plan. Mientras la espada de Damocles pendula sobre su cabeza, Walt mira por la venta. Cronometra. Espera pacientemente en la penumbra. Qué diferente este Walt de aquel primero. Qué lejos queda aquel Walt carente de sangre fría, incapaz de poner unos gramitos de ricino en la comida de Tuco Salamanca, pero perfectamente dotado ahora para entrar en una cafetería pública armado del cigarillo rodante (¡cuántas vueltas ha dado!) que había escondido en casa con la intención de depositarlo en el estómago de la alborotada Lydia. Quién te ha visto y quién te ve…

¿Crees que te voy a matar aquí mismo, en un sitio público?, le espeta Walt a Miss Madrigal. Valiente cínico… Walt llegaba decidido a recoger su decálogo en una servilleta de papel y acto seguido convertir a Lydia en el jugador número once. Pero ella demuestra que no tiene un pelo de tonta. Y, consciente de ello o no, pica a Walt donde más le duele: en el ego. “Expansión” e “internacional” son dos palabras a las que Heisenberg no puede resistirse. Le dan igual las cifras y le trae al pairo si es la República Checa o la de Weimar. Es crecer, es hacer que Gus Fring se revuelva en la tumba, es poner una pica en Flandes. Walt deja el ricino en su sitio, a la espera de mejor ocasión. Mientras atornillaba el enchufe he pensado que el destinatario final de esa dosis quizá acabe siendo él. Porque ahora que Hank está en el tablero y no lleva venda, Walter lo tiene muy chungo. Un mutis voluntario sería poético. Casi tanto como el hecho de que la ciencia meticulosa de un W. W. acabe derrotada por la poesía de otro W. W. Justicia poética

Quien es posible que haya dicho adiós es Lydia: con Walt fuera de la escena (luego discutiremos si verdad ha dejado el negocio) del narcotráfico internacional, es muy probable que la mujer de los zapatos dispares abandone también el negocio. Al fin y al cabo, durante el tiempo que transcurre en este episodio, ella también acumula dinero suficiente para jubilarse sin problemas. Si es así, bravo por Laura Fraser porque me ha encantado su trabajo. Breve, pero intenso.

La elipsis temporal que mencionaba antes, y que según las palabras de Marie abarca unos tres meses, nos viene dada en bandeja por otra secuencia musical (Crystal Blue Persuasion, de Tommy James and the Shondells, toma título sugerente…) maravillosa. No tanto por el ya tradicional montaje del laboratorio, sino por tres imágenes en concreto. Una, la de Saul; el pobre diablo Goodman ha visto mermado su papel enormemente, al mismo ritmo que el lado oscuro de Heisenberg se agigantaba. No tener noticias de Saul es una mala noticia, porque seguramente sea el personaje más carismático de la serie, el que más nos tiene ganado el corazón pese a los pocos minutos totales que aparece en pantalla. Me encantaría que la segunda parte de la quinta temporada tuviera un poquito más de factor Goodman. Ya sabes, Vince, por los viejos tiempos… Aunque entiendo que Gilligan no se andará con sentimentalismos y el abogado seguirá al servicio de las tramas. La segunda imagen es el plano aéreo de las casas, esas casas anodinamente iguales que, sin embargo, reciben un rayo de vida cuando se visten de verdeamarillo por fuera y azul por dentro. La tercera es la que abre la secuencia: Walt en casa de los Schrader agachándose, Walt levantándose en casa de vaya usted a saber quién ataviado con el mono de faena. Magia. Como decía antes, bravo por la factura técnica de esta serie.

Esa transición de Walt cierra una de las escenas de la serie en que más hundido hemos visto a Hank. Para él, el caso de la blue meth se ha convertido en mucho más que algo personal. Está poniendo su carrera en peligro, porque no es la primera vez que recibe órdenes de ceder el testigo y olvidarse del asunto. Pero Hank insiste, y tras destapar a Mike y a su abogado sabe que está a medio paso de verle la cara a Heisenberg. De hecho, al principio del capítulo él mismo dice que está en un mercadillo, refiriéndose a que los hasta entonces mudos hombres de Mike se van a transformar rápidamente en soplones de primera, en busca de una reducción de condena. La matanza lo pilla en plena sesión de fotos y lo hunde. Llega a casa sombrío, se sumerge en el whisky y echa de menos un trabajo como el de su adolescencia, sencillo. Y sin monstruos de por medio. Y el monstruo, que está a dos pasos, calla y bebe. Y agacha la cabeza y se pone el mono de trabajo. Claustrofobia y secretos. Cada vez más, cada vez mayores.

Tres meses y Hank sigue ciego. Tres meses y la República Checa enloquece con la pureza de la blue meth. Tres meses y Heisenberg Inc. sigue repartiendo dividendos a Walter, Todd, Saul, Lydia… Tres meses con el negocio a toda vela, pero con la vida personal tan plomiza como de costumbre. No las vemos, pero las cenas de estos tres meses incluyen Skylers armadas de vino blanco, quizá Todds deseando que se los trague la tierra. De Walt presenciamos algunos de sus momentos en el sofá, dejando pasar el tiempo. Su vida es un cocinar eterno, y lo que hay entre remesa y remesa de blue methes nada. Como decía el cantante: era tan pobre que no tenía más que dinero. Porque, recordemos, ni a sus hijos tiene. Flynn y Holly siguen en casa de sus tíos, hasta que un buen día Marie decide hablar abiertamente con su hermana y plantearle la opción de devolver las cosas a su lugar. Entonces Skyler sabe que es el momento de llevar a Walt a su almacén secreto y enfrentarlo a la cruda realidad. La que dice que en sus vidas ya no caben más billetes. Que ni siquiera son capaces de contar cuánto han ganado, mucho menos de blanquearlo. Y, acto seguido, el hospital…

Breaking Bad vive, paradójicamente, del cáncer de Walt. La enfermedad es el punto de partida de todos los conflictos, y aunque era evidente que debía remitir en algún momento para no perder al protagonista demasiado pronto, también estaba claro que su sombra debía verse proyectada. En este capítulo hemos visto a Walt en un chequeo, y ha sido el momento justo en el que hemos entrado en el terreno de los símbolos, de las referencias. En el país mágico de los guiños, donde los maestros artesanos de las series plantan semillas diminutas con la esperanza de que nuestra memoria las riegue y nosotros las veamos ya florecidas.

Lo primero, la resonancia. Un plano casi calcado al que pudimos ver en el piloto, con la diferencia de que en aquel momento Walt no daba la vuelta y en esta ocasión sí. Lo podéis comprobar aquí. Sinceramente, no acabo de interpretar del todo qué nos quieren decir con esto, pero a mí me parece claro que el cáncer vuelve. En el 5×01, de hecho, el estado físico de Walt daba pistas de ello. La segunda señal es el dispensador de papeles del lavabo del hospital, aquel que Walt aporreaba con toda la rabia posible en el 2×09. La diferencia en las abolladuras puede dar a entender que lo arreglaron a medias; que lo arreglaron y alguien lo ha vuelto a estropear; o que lo arreglaron y ha sido Walt en una escena que no hemos llegado a ver, segundos antes de lavarse las manos, quien ha pagado la vuelta del cáncer con el pobre trozo de metal. Sea cual sea la solución, lo que parece una apuesta sobre seguro es que Walt vuelve a estar enfermo. ¿Será que los cigarrillos de Skyler han hecho su efecto?

Reforzando esta teoría está la posterior visita de Mr. White a su antiguo socio. “Estaba por el barrio y pensé en pasar a saludar”, dice. Una frase que nunca es cierta, claro. Walt va a saldar sus deudas con Jesse: dos bolsas de dinero. No salda las deudas morales. Jamás confesará la omisión de socorro a Jane y el intento de mandar a Brock al otro barrio. Jamás dirá: “Yo maté a Mike Ehrmantraut”. Prefiere lavarse las manos y darle el dinero, otra cosa que también le debe aparte de las varias explicaciones mencionadas. Me ha sorprendido el terror que Jesse siente al ver a Walt. Supongo que durante esos tres meses ha temido por su vida: al fin y al cabo, ahora es un cabo suelto para Heisenberg. Y, aunque me atrevería a decir que Walt jamás mataría o mandaría matar a Jesse… bueno, en realidad no se si me atrevería. Desde luego, no apostaría mucho dinero.

Liquidada la deuda con Jesse, Walt vuelve a casa y anuncia su jubilación. “I’m out“, le dice a su mujer, y empieza para los White el intento de recuperar sus vidas. Flynn y Holly regresan al hogar, las reuniones familiares con los Schrader pasan de la tensión propia de los colores fríos al relax de los cálidos, de las inmersiones silenciosas en piscinas a las conversaciones triviales y cruzadas. Qué carajo, hasta hay unanimidad para que Hank rescate su Schraderbrau, esa cerveza casera que dispara tapones a altas horas de la madrugada. Y entonces Walt mira a Skyler, y Skyler mira a Walt, y nosotros daríamos un dedo por saber qué se están diciendo. ¿Hablan del cáncer, del tiempo que le queda a Walt por delante, de si puede o no operarse? ¿O simplemente de lo felices que son ahora? ¿O de qué? Sea lo que sea, es posiblemente el último ápice de tranquilidad que les queda, porque los intestinos de Hank anuncian tormenta. Y no, no me refiero a eso (que también); me refiero a que una visita cotidiana al lavabo se convierte en el click que Hank necesitaba, en el empujón final. Heisenberg está a tiro.

Antes de cerrar, dos detalles, una duda y una lista de agradecimientos. El primer detalle alude al libro, al ejemplar de Leaves of grass que tan clave ha resultado ser. Yo no recordaba que Gale se lo entregase a Walt, y una búsqueda en la red me ha hecho darme cuenta de que no soy el único. ¿Cómo llega el libro a Walt, pues? Sí recordaba a Gale recitándole a su mentor un poema de Walt Whitman, pero sin libro de por medio. La respuesta está en ese mismo capítulo, el 3×06. Justo después de la escena del laboratorio vemos a Walter en casa, leyendo. Ahí está Leaves of grass. Es muy posible que de aquella no estuviera todo pensado y que usaran aquel libro que Walt lee para meter a posteriori la dedicatoria delatora, aunque por otro lado es un poco raro que justo Walt estuviera leyendo… Sea como fuere, bien jugado: si estaba planeado de antemano, olé por la planificación; si han aprovechado la escena de lectura, bravo por la improvisación inteligente. El segundo detalle es de aquellos que demuestra hasta qué punto Gilligan y compañía conocen su producto. Durante la negociación con el tío de Todd sobre la matanza de las cárceles, Walt está sentado con la mirada fija en un cuadro. Este cuadro. Es el mismo exactamente que tenía en el 2×03 en su habitación de hospital… y lo más significativo es la escena que representa: una madre y sus dos hijos despidiendo al padre. Llamadme mente calenturienta, pero si esto no implica que el cáncer vuelve

La duda. ¿Qué hará Hank? Ir a tumba abierta contra Walt no es su opción más inteligente: destrozaría a su familia y quizá abriría dudas sobre su implicación en el caso. Porque claro, ¿cómo es posible que el mayor fabricante de droga del estado esté delante de tus narices y no lo sepas? ¿No te estarás llevando un pellizco, Hank? Por otro lado, Heisenberg ha causado tanto daño y a tantos niveles en el policía que parece imposible que no vaya a ser su objetivo número uno.

Y poco más que decir… El único punto negativo de esta quinta temporada de Breaking Bad ha sido la pintoresca idea de dividirla en dos y emplazarnos a 2013 para saber cómo termina esto, si mal o si peor. Por lo demás, gloria eterna a una serie que empezó con cuatro cañas y ha terminado emanando calidad por cada poro. No sé cuándo visteis por primera vez a Walter White enfocándose con esa videocámara, en calzoncillos y a punto de cometer una locura; fue seguro en algún momento entre 2008 y hace dos semanas (si alguien se ha pegado una maratón más intensa, que me avise). Pero lo que está claro es que la gran mayoría pensó después del piloto que iba a ver una serie del rollo Weeds pero con el padre de Malcolm. Hoy Weeds y el bueno de Hal, con todos los respetos, quedan muy lejos. El viaje ha sido maravilloso y los fuegos artificiales de cierre prometen estar a la altura.

Gracias a todos los que nos habéis seguido durante estas ocho semanas, porque vuestros comentarios son pura gasolina, y especialmente a aquellos que nos habéis dicho en twitter o aquí debajo que no lamentáis haber hecho caso a los pesados de Todoseries, que no callaban con la maldita serie esa de AMC… Gracias a Gilligan, que nunca leerá esto, y a Bryan Cranston, por esa voz grave, áspera, lacónica que ha gastado durante toda la temporada y que nos ha alejado, definitivamente, de Walter White. Gracias al resto del reparto, porque cada uno de ellos ha sabido encontrar su momento y merecerse ese pedacito de Emmy que posiblemente caiga dentro de unos días. Y enhorabuena al Ministerio de Turismo de la República Checa por elegir la serie para promocionarse.

Nos despedimos con Homer Simpson. Él ya sabe dónde terminará Walter White…


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301 comentarios

  1. Anonimo

    Esta serie… la empece a ver hace bastante, y la habia dejado (quede en la mitad de la segunda temporada).
    Hace una semana se me dio por volverla a ver… Y en 4 dias (aproximadamente) la vi de un tiron.
    Nada que decir, ESPECTACULAR

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