Review Breaking Bad: Full measure

Esta casa, esta casa… esta casa me suena… Los inicios de prácticamente cada capítulo de Breaking bad en esta han sido mágicos, maravillosos, magistrales y memorables, y eso usando adjetivos de sólo una de las etapas del diccionario. Breaking bad ha ido madurando como serie con cada episodio, con cada season. A una sorprendente primera sumó una desgarradora segunda y ahora (bueno, en realidad hace unos días…) da carpetazo a una dura tercera. Carpetazo en forma de gatillo, el auténtico protagonista de la temporada. Un gatillo que deja la partida (Walt & Jesse a un lado, Gus & co. en el otro) a medias, y a nosotros mordiéndonos las uñas hasta, ay qué dolor, julio de 2011.

Comienza Full measure con un plano semicircular del hogar de los White. Primer pensamiento: estamos en un flashforward y resulta que han vendido la casa; bad move, Rodríguez… lo más lógico es lo que realmente sucede: se trata de un flashback. Un flashback tan creíble. Tan bien dibujado. Tan perfecto. Tanto que merecería una review propia, pero tranquilos que nos conformaremos con un párrafo. Y es que es apasionante ver a ese Walt confiado, seguro de sí mismo, con un punto chulesco incluso; totalmente convencido de su éxito profesional y económico. Skyler, de nuevo embarazada (de Walter Jr.), es más precavida y no quiere apuntar tan alto como su marido, que no quiere esa casa, que quiere algo más. Al final, ya lo sabemos, se la quedan. ¿Por qué se acaba conformando Walter con ella? ¿Es la casa la que le transforma, de prometedor investigador a gris profesor? Posiblemente. No es la casa, en cualquier caso, la que lleva al gris profesor a convertirse en un frío y calculador narcotraficante

...que
 no duda en quitarse de delante lo que haga falta…que no duda en quitarse de delante lo que haga falta

Pero eso, ni más ni menos que eso, es Walter White hoy en día. Un traficante, productor si queremos ponernos puristas. Fabricante de la que posiblemente sea la mejor droga del país. Metido hasta las cejas en el negocio, totalmente maniatado por una banda organizada de narcos profesionales que no dudan en sacar la pistola cuando hace falta. Y aún así, a golpe de ingenio, Walt exprime al máximo sus opciones de supervivencia. Hasta ahora…

Bien, repasemos lo que sucede en esta finale. Una finale curiosa, muy curiosa, tanto como sólo Breaking se lo puede permitir. ¿Qué otra serie puede prescindir así, sin más, de sus personajes principales en un capítulo tan especial? No hemos visto apenas a Skyler y Walter Jr., ni rastro de Hank ni Marie… confieso que por un momento pensaba que tampoco tendríamos ración de Pinkman. Pero claro, todo tiene un límite: no hay serie capaz de ahorrarse a Aaron Paul, o no debería haberla.

La finale más bien se centra, por decirlo de alguna manera, en dos satélites menores: Gale y Mike. El primero, de quien no sabíamos nada desde hace media docena de capítulos, regresa al laboratorio para asistir a Walt; el segundo toma las riendas de la acción en un intento de controlar la situación. Ambos trabajan para Gus, que se ve obligado a hacer cosas que no quiere. Y es que no es propio de Gus actuar así, por mucho que se quiera deshacer de
Walter. No, el señor Fring sabe que tiene en su químico de cabecera un tesoro, una fuente de millones. Y Walt lo sabe, se sabe casi intocable. Casi.

La casa... ¿exploraremos el significado de este flashback en la cuarta?La casa… ¿exploraremos el significado de este flashback en la cuarta?

Los hechos de Half measures lo precipitan todo. Es curioso que Walt pueda matar y Jesse no. Es curioso que el yonqui acabado, el adicto irremediable, el ex chico sin hogar (no olvidemos esa desgarradora segunda temporada), el paria… sea el flojo de la pareja. Y que el respetable padre de familia, ilustre químico y profesor, haga el trabajo sucio. Los atropellos de Walt provocan, además de la reprimenda de Mike (genial Mike en esa primera escena en el desierto, casi paternal con Walt: arregla ese cooooche…), un cisma prácticamente irreparable. Gus exige la cabeza de Pinkman. Pero no, hasta ahí podíamos llegar. Walt quizá se haya convertido en un asesino a sangre fría, pero no hasta el punto de traicionar a los suyos. Definitivamente, y pese a todos los choques frontales que han sufrido, entre White y Pinkman hay algo más que negocios. Hay respeto, y hay cariño. Walt nunca traicionará a Jesse, sobre todo por un motivo: ya lo hizo dejando morir a Jane. No repetirá ese error que, por otro lado, será posiblemente el que acabe dinamitando la serie.

Y mira que yo me lo creí. Será porque era la finale y esperaba un estallido por alguna parte, el caso es que me creí eso de ¡Os puedo entregar a Jesse Pinkman! Por un segundo llegué a pensar que Walt había caído irremediablemente a los infiernos y se había convertido en una sucia rata de cloaca que no iba a permitir que absolutamente nada se interpusiera entre su propósito y él. Pero no. Sólo era una nueva jugada maestra. Mis respetos, Heisenberg, y mis disculpas…

Decíamos que este 3×13 se fijaba bastante en dos figuras secundarias. Empecemos por Gale. Un personaje de lo más curioso, si me lo permitís. ¿No es un poco rara esa especie de veneración que le profesa a Walt? Es un poco rarito… y no parece estar muy acostumbrado a recibir visitas en su apartamento, aunque la verdad es que lo merece por esa música
que escucha
… En este capítulo recibe dos: primero la de Gus, después la de Jesse. Serán las últimas, porque a menos que los guionistas hayan querido ser tramposísimos, Gale está más que muerto.

El templo de GaleEl templo de Gale

Con la primera visita vemos las cartas de Gus. El Rey del Pollo Frito deja bien claro que no guarda lealtad alguna a Walt, sino a su fórmula. Y nuestro químico favorito, que intuye perfectamente la situación, apenas puede hacer nada para evitar ilustrar a Gale. Victor, otro de los secuaces de Gus, vigila día y noche. El traspaso de poderes se lleva a cabo lentamente… pero no demasiado. Gus tiene mucha prisa.

Y mientras soluciona el relevo de Walt, busca a Jesse. Mike, su hombre más eficaz, acude al gran Saul para que le diga dónde anda Pinkman. La labia de Saul no puede, claro, con el pragmatismo de Mike, así que el abogado sólo puede ganar tiempo:

Despistando al enemigoDespistando al enemigo

Jesse no está en Virginia. Está en la ciudad, escondido en un centro recreativo, el famoso laser tag que Saul quiere que Walt compre. Ahí se encuentran los dos socios, cara a cara, en una brutal conversación. Bryan Cranston y Aaron Paul, dos maestros. Las conclusiones son sencillas: hay que tomar medidas muy serias. Walt opta por seguir adelante con la locura, Jesse por detenerla. Heisenberg sabe que su puesto está asegurado mientras su fórmula no salga de su cabeza, y por eso quiere matar al inocente Gale. Es impresionante el momento en que le pide a su joven socio que mate por él. I saved your life, Jesse. Are you gonna save mine? (Yo te salvé la vida, Jesse, ¿vas a salvármela tú a mí?) Brutal

Jesse no quiere. Jesse prefiere parar, dejar de cocinar, poner punto final a la locura. We had a good run… but it's over, le dice. Tuvimos una buena racha, pero se acabó. Se acabó, señor White, por favor. Entréguese a la policía, que le ofrecerá un buen trato a cambio de desmontar el cartel, y yo cojo la pasta y desaparezco del mapa. No, amigo, no. Walt nunca acudirá a la DEA porque eso sería pegarle un tiro en la nuca a Hank. Además, con poli de por medio ya no hay serie, y nosotros queremos Breaking Bad para rato. Tú acabarás matando, lo sentimos

Y es que la tercera temporada ha sido eso, un peldaño más en la escala del crimen. Lo vemos a la perfección en

la escena del baño, cuando Walt habla por teléfono con Jesse para que
éste le dé la dirección de Gale. Una escena que nos lleva de vuelta a temporadas
pasadas. Walt sigue con sus secretos, pero ahora son más grandes: de traficante a asesino. Ya no hay marcha atrás. Walt y Jesse, como dos estudiantes despreocupados, han presentado el examen. Y a ver qué sale

La otra figura es Mike. Eficaz entre eficaces, la mano derecha de Gus ya nos deleitó en el capítulo anterior con la dura historia que le sacó del cuerpo de policía. Hoy lo hemos conocido un poco más (es padre y ex-marido), y hemos visto por primera vez cómo se la daban con queso (la jugada de Walt es magistral, no me repetiré más). Su personaje es muy bueno, y el actor no se queda atrás. Me alegro, porque creo que tendrá más peso en la cuarta.

Una cuarta que me cuesta dibujar. Si Gale ha muerto, y no veo otro escenario posible, Walt ganará algo de tiempo, pero no podrá evitar un nuevo cara a cara con Gus que, vaticino, no será agradable. Jesse, por su parte, ya puede echar a correr porque Victor no tardará en aparecer. ¿Qué harán para sobrevivir? ¿Se venderán a algún cartel rival? ¿Huirán? Hagan sus apuestas

Ay, Jesse...Ay, Jesse…

Full measure ha sido la culminación de una temporada dura, que empezó con unos sanguinarios primos que amenazaban a Walt… y ha acabado con Walt sacándose de la manga la más increíble de las jugadas. Sólo por esos minutos finales ya merece la pena la temporada entera.

Y nada más. Adiós a Breaking bad hasta 2011. Es un drama, sí, pero los placeres de la vida suelen ser así: obligatoriamente dosificables. El consuelo es que podéis revisitar la serie (yo lo estoy haciendo, y babeo como el primer día) y recomendarla a vuestros seres queridos. Hacedlo, y veréis gratitud a vuestro alrededor. Porque ver Breaking bad es quererse y respetarse. Como ir a hacerse
un masaje de vez en cuando o pegarse un homenaje en el mejor de los
restaurantes. Algún día la recetarán en los consultorios médicos, y tú acabarás comprando los DVD en la farmacia. Nosotros, mientras la alabamos como se merece, seguiremos siendo un desastre para entregaros las reviews a tiempo… Pero no desistáis, en la cuarta juramos lealtad a la bandera y puntualidad suiza. Mientras llega eso, demos las gracias a Vince Gilligan


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