Review Breaking Bad: Buyout

Lo hemos comentado más de una vez: las escenas de apertura de los capítulos de Breaking Bad (cold open, en terminología televisiva) son pequeñas porciones de cielo. Gilligan y su troupe de magos suelen usarlas para lucirse, combinando la originalidad con la narrativa, mezclando fondo y forma de manera brillante. Esta semana no iba a ser una excepción, y aunque es cierto que no contamos con la originalidad y el suspense de otras ocasiones (como en Dead Freight), creo que han dado en el clavo. Creo que ha sido una muy buena manera de seguir contando la historia después del final del 5×05, después del tiro de Todd, después de la muerte del pobre niño aracnófilo y motorista. Todo está pensadísimo en este cold open: los colores del principio, casi una prolongación del desierto (inciso: si queréis leer sobre colores y Breaking Bad os recomiendo este artículo de TV Spoiler Alert); la esperada ausencia de Jesse; las expresiones de Walt y Mike; la ausiencia de diálogos y de sonido ambiente; la alienante música; la necesaria elipsis a la hora de desenterrar al niño, etc. Me ha gustado sobre todo esta última parte: no nos van a enseñar, obviamente, cómo se ocupan del niño, pero nos hacemos una idea clara al ver el proceso con la motocicleta. Tremendo…

Arrancamos el capítulo con el trío maravillas, léase Walt-Jesse-Mike, reunido en comité para decidir qué hacer con el díscolo Todd. Como suponíamos, Jesse está alteradísimo por la muerte del pequeño Drew Sharp, mientras que Walt y Mike reaccionan más fríamente. Pinkman apuesta por mandar a Todd al cuerno, pero sus dos socios saben que no es una manera inteligente de proceder. Como dice el refrán… ten a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más cerca. Así, con mayoría absoluta de dos votos a uno, el trío decide que Landry Todd siga a bordo, no sin antes recibir un toque de atención de Mike. Evidentemente, las cosas no se quedarán así. No confío en que el Mataniños vuelva a la senda del oír, ver y callar. Lo cierto es que no alcanzo a entender qué significa ese momento final en que sube al coche y se queda mirando fijamente la araña… pero no auguro nada bueno. Todd seguirá dando problemas, me temo que esa es su función en esta temporada.

El resto del episodio, zanjado más o menos el marrón del anterior, se centra una vez más en el futuro del negocio. Lo cierto es que los herederos del imperio Pollos Hermanos no han encontrado apenas un minuto de estabilidad, y esta semana tampoco es la ocasión. El problema, además de la muerte del niño y lo que puede acarrearles, es que Mike está siendo vigilado muy en corto por la DEA. Steve y compañía no le quitan el ojo de encima, en previsión de que pueda hacer algún movimiento sospechoso. Claro que el señor Ehrmantraut es gato viejo, y no se deja cazar tan fácilmente. Su reacción a la enésima vigilancia de los polis es, sencillamente, magistral. ¿De verdad hacía falta, AMC, que tapaseis el FUCK? Sí que nos la cogemos con pinzas…

Obviamente, para Mike es muy fácil detectar cuándo tiene a la DEA olfateando su rastro y cuándo no. Él mismo se lo dice a Walt: “It’s pretty basic stuff“. Es de primero de matón, supongo. Pero claro… que seas consciente de que te controlan no es suficiente. Y es que Mike, ya lo hemos visto en más de una ocasión en los últimos tiempos, está mayor. Y echa de menos a Gus. Con Fring vivo y en acción, Mike tenía un puesto de trabajo asegurado, a cargo de un negocio floreciente y perfectamente mecanizado. Un trabajo en el que la alergia a los imprevistos de su jefe era mejor incentivo que las vacaciones pagadas o los tickets restaurant. Mike está acostumbrado a la eficacia, incluso a una cierta tranquilidad; desde que Fring pasó a mejor vida, desde que Walt y Jesse son sus socios, el buen Ehrmantraut tiene que vivir con cuatro ojos. Así que para él la ecuación es tremendamente sencilla: hemos dado un gran golpe, tenemos oro en forma de metilamina y podemos jubilarnos en paz. Hagámoslo. Porque con la DEA detrás no se puede trabajar bien.

Estos últimos días, y ahora me voy un poco por las ramas, he asistido con cierta incredulidad al debate que se ha formado en las blogosferas española e inglesa acerca de si Breaking Bad había perdido la verosimilitud. Al parecer, el atraco al tren fue una especie de gota que colmó el vaso de algunos. Yo, sinceramente, creo firmemente que la serie es bastante coherente con su universo propio, con su Biblia (por decirlo de alguna manera). Que nos cuadre o no con la realidad es algo que queda fuera de toda discusión porque estamos ante una obra de ficción. Supongo que el debate de la verosimilitud podría seguir esta semana con la disputa de turno del trío maravillas: vender o seguir. Coger cinco millones de dólares y sacudirse los problemas de encima, o apostarlo todo a doble o nada. Como era de prever, Mike y Jesse prefieren salirse de la autopista cobrando el jugoso peaje, mientras que Walt no se baja del burro. Una decisión muy cuestionable, pero que es perfectamente coherente con lo que hemos visto hasta ahora.

Está claro que Mike vive incómodo. Que solo quiere pagar a sus encarcelados chicos, sacar algo en limpio para su nieta y decir adiós. Por eso ve enseguida la salida en la metilamina. Vender esos casi cuatro metros cúbicos que tienen (para que os hagáis una idea, algo más de una piscina Bugs Bunny y media…) supone ingresar 15 millones de dólares, a repartir entre tres. Suficiente. El caso de Jesse quizá es menos claro; ¿qué le impide a Pinkman cocinar y cocinar hasta la jubilación? Nada. No tiene ataduras de ningún tipo y si él cae apenas afectará a nadie. Tampoco tiene perspectivas de progresar en cualquier otra profesión. No, el caso de Jesse no merece un enfoque práctico, como el de Mike, sino que hay que recurrir a la psicología. Jesse está inmerso en una nube negra tras la muerte del niño y cree que lo mejor es salir para que no vuelva a pasar algo parecido. ¿La gota que colma el vaso? El silbido de Walt. De un Walt que le anima, que le dice que lleva días sin dormir, que no concilia el sueño, que le reconforta prometiéndolo que ya no habrá más muertes porque con tanta metilamina ya son independientes y blablablá, y vete a casa, Jesse, que yo acabo esto por ti. Un Walt capaz de eso, de lo mejor, y capaz de ponerse a silbar felizmente al minuto siguiente. Un Walt que ya solo mira a Walt. Jesse decide salir también. A estas alturas de la película sigue con esa especie de síndrome de Estocolmo hacia Walt, pero en el fondo se siente más cómodo con Mike. Sí, Walt cocina como nadie y tiene unas ideas brilltantes, pero el exempleado de Gus Fring conoce el negocio, y sobre todo conoce sus limitaciones. Jesse ya empieza a estar muy familiarizado con el superego de Walt y creo que ha aprendido a temer eso. De alguna manera, el epicentro de la serie se ha ido desplazando a lo largo de las temporadas de Walt a Jesse, algo que para mí ha quedado tremendamente claro en este episodio. Sin que nada especialmente gordo sucediera, me he sentido como nunca cerca de Jesse, muy próximo a su manera de ver las cosas. Si el espectador éramos Walt hace unos años, ahora no podemos ser otra cosa que Jesse.

Evidentemente, Walt no quiere salir, no quiere vender. ¡Qué fácil hubiera sido que hubiera dicho que sí, y cinco millones para cada uno, y el resto de capítulos de la serie dedicados a las aventuras de Jesse, Badger y Skinny Pete quemando dólares por toda la geografía estadounidense! Pero no. Donde todos ven 5 kilos, Walt ve 300. Donde todos ven un magnífico premio a sus esfuerzos, Walt ve una limosna. Donde todos dirían gracias, nos vamos y darían un portazo, Walt ve un portazo y un gracias, váyase. Walt ve otra cruel jugada del destino, ve Gray Matter II. No le culpo: si a mí me hubieran dado 5.000 dólares a cambio de renunciar a un tercio de lo que ahora es algo valorado en 2.160 millones yo también estaría… molesto, digamos. Y estaría defendiendo como gato panza arriba mi decisión de no aceptar limosna. Luego volveremos sobre esto…

…pero primero saludemos a Declan, el capo de la droga de Arizona. Entre la decisión de Walt de no vender y el buen olfato del tal Declan, que deduce muy acertadamente que 666 galones tienen pinta de ser los dos tercios del total de 1.000, a Mike y Jesse se les tuerce el plan. ¿Solución? Neutralizar a Walt y vender igualmente. Pero ay, querido Mike, a Heisenberg no se le tiene quieto con una simple cinta de plástico en la muñeca atada a un radiador: modo McGyver on, pelo un cable eléctrico y a correr. Walt esconde la metilamina y termina por encender a Mike, que le masajea las sienes con el cañón de su pistola tal y como vemos en la imagen de la entradilla. Walter, claro, tiene un plan. ¿Cuándo no tiene un plan? Aquí es cuando un reviewer como Dios manda expondría varias teorías sobre el plan de Mr. White, iluminando posibles caminos en los que los tres implicados ganarían. Por desgracia, hoy estaba yo de guardia y mi capacidad para adelantarme a las jugadas de los guionistas en general (y de los de Breaking Bad en particular) es nula. Pero soy todo oídos…

Un minuto de cerrada ovación, por favor, para esta captura. La cena. La cena. De izquierda a derecha, queridos lectores: Skyler White, con su inseparable botella de vino; Jesse Pinkman, con el generador de conversaciones aleatorias activado y cara de por-qué-narices-me-he-quedado-a-cenar; Walter White, comiendo y callando, con el único consuelo de saber que se ha salido con la suya. A Walt le importaba un pito que Jesse se quedase a cenar porque a estas alturas de la película le importa un pito Jesse. Probablemente le importe un pito todo. Ni siquiera la droga o el dinero, ya lo dice él mismo: I’m in the empire business. Le importa su imperio, le importa dejar una gran obra antes de hacer mutis y despedirse del público. Al mejor cocinero del país sólo le queda el negocio. Hablábamos antes de su decisión de no aceptar la limosna de cinco millones de dólares a cambio de salirse del todo del negocio de la droga. Yo en su lugar estoy seguro de que aceptaría: cinco kilos y a vivir la vida. Sin embargo, entiendo perfectamente que Heisenberg diga que nanai. Imaginaos que acepta. ¿Cuál es si siguiente paso? ¿Comprarse deportivos hasta agotar los modelos? ¿Volver a dar clases de instituto? ¿Ser un padre y esposo feliz? Nada. En realidad, no tiene alternativa. Paradójicamente, está más enganchado a la droga de hacer la mejor droga que los propios consumidores. Víctima de su creación, cual Dr. Frankestein, Walt ya no puede dar marcha atrás.

Me queda una escena suelta por comentar: la que comparten las hermanas Lambert, Skyler y Marie. A nivel práctico, lo único que nos dice es a) que Marie sigue pensando que el gran pollo generado en el hogar White es por culpa de los cuernos (también conocidos como IFT)… y b) que Skyler continúa comprobando lo en forma que está la fértil imaginación de su marido. Al ver la escena, me vino otra lectura a la cabeza, y es que va a ser Marie quien descubra todo el pastel de Walter/Heisenberg. La mujer de Hank lleva varias semanas recolectando piezas y más pronto que tarde tanto chispazo eléctrico le va a encender alguna bombilla. Mi duda es la siguiente: ¿se lo contará primero a su hermana o a su marido? Obviamente, no es una decisión trivial… Por cierto, Anna Gunn sigue en estado de gracia. Su escena con Marie es magnífica.

Capítulo en la línea de la temporada, de notable alto para arriba. Me gusta que cada episodio tenga una especie de foco concreto, en este caso la decisión de vender o no el negocio. Walt sigue su espiral de heisenbergismo, Mike ha quitado el seguro de su pistola ya muchas veces y la DEA no afloja: se masca la tragedia. Tampoco afloja la presión sobre Skyler, y ésta cualquier día nos da un susto. Marie puede dar la sorpresa y quitarse de encima ese status de personaje inútil que arrastra desde casi siempre. A todo esto, el supuesto gran enemigo de Walt en la quinta, Don Hank Schrader, está poco menos que en Los Mundos de Yupi; espero que resucite durante la segunda mitad de la temporada. He disfrutado como un niño pequeño con la escena de la cena, sobre todo porque nos ha devuelto a un Jesse que hacía mucho, mucho tiempo que no veíamos. Cada vez que ponía esa cara de no-sé-dónde-mirar, mi banda sonora era una carcajada. Por cierto… era la primera vez que Jesse pisaba la casa de los White, ¿no? El capítulo nos ha dejado, finalmente, un par de frases muy buenas. El “You know, I have never seen anybody work so hard not to get 5 million dollars” de Mike es tan cierto como demoledor, de la misma manera que lo ha sido su pequeña treta para ganarse unas horas sin DEA. De rebote, hemos disfrutado de otro maravilloso discurso de Saul Goodman, que por desgracia nos llega a cuentagotas… Ardo en deseos de ver el plan de Walt para contentar a todos, aunque me temo que hay a alguien a quien no le va a gustar mucho: a Declan.

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4
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139 comentarios

  1. Electricista

    Bueno lo del cable… en EE.UU. no se, pero aqui en españa si pelas los cables y haces eso SALTA EL INTERRUPTOR MAGNETOTERMICO, que protege la instalación electrica y te pudres atado al radiador.

  2. Nacho

    NO cuesta nada traducir las frases de los personajes al castellano. O también te ves los capítulos en versión original SIN subtitular, es que joder…

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