Review Breaking Bad: Bullet Points

Breaking Bad

Las redes sociales son muchas veces útiles para gritar algo que te pasa en casa cuando estás solo. Como por ejemplo, acabar de ver el 4×04 de Breaking Bad. A mí me pasó, me pasó el estar en casa y acabar de verlo y tener ganas de gritar lo bueno que era, así que me lancé a los brazos del pajarico de twitter y le dije que el nivel de la serie era insultante. Que los 45 minutos clavados de archivo me habían devuelto la fe (estaba ligeramente de bajón tras los dos primeros, lo confieso) y la habían catapultado casi tan lejos como en los mejores tiempos de la segunda y la tercera. En el Himalaya de Breaking Bad tenemos nuevo ochomil, y se llama Bullet Points. Intuición (y deseo): no es el Everest.

¿Un hombre fumando? No, un hombre en un camión frigorífico. Mike en un drogomóvil de Los Pollos Hermanos, para ser exactos. Un Mike muy negro, muy cansado, muy hasta las narices de su trabajo, que se ve envuelto en un tiroteo bastante serio y que acaba dejando en la cuneta a dos matones, visiblemente molesto por haber perdido un cachito de oreja:

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Fijaos en su cara. No tiene miedo. No tiene cargo de conciencia. No, lo que le pasa es que está cansado. Como el oficinista que lleva 50 años en el mismo departamento y sigue haciendo lo mismo, día tras día, y sigue viendo como la gente de su alrededor comete los mismos errores. Mike está agotado de su trabajo, y de la ineficiencia ajena. Esa cara es como si les estuviera diciendo a los recientes fiambres algo así: “Mira que lo teníais fácil para matarme”. Ese trozo de oreja no le duele físicamente, le duele en el alma. ¿Os he dicho que adoro a Mike? Adoro a Mike. Me fascina esa pulcritud con la que trabaja en un mundo como el suyo, lleno de manchas. Él, el limpiador, el Sr. Lobo de Breaking Bad (ya quisiera el Sr. Lobo…), ha tenido en muy pocos días que limpiarse unas gotas de sangre del puño de su camisa y que zurcirse la oreja. Mike, otro que, a su manera, puede estallar.

Me va bien hablar de estallar porque precisamente en este capítulo hemos pegado varios acelerones hacia ese territorio que tanto nos gusta en Breaking Bad: los momentos previos a la explosión. Me refiero a potenciales explosiones como la muerte de Jesse, o de alguien de la familia de Walt, o a la Gran Explosión en sí: la detención de Heisenberg. Momentos todos que sabemos que son casi imposibles de ver (al menos por ahora), pero que nos ponen los pelos de punta. ¿Acaso no han sido momentos de máximo disfrute aquellos en que los gemelos acechaban, o cuando Hank tenía a Walt y Jesse encerrados en la caravana? No, son esos prolegómenos los que nos hipnotizan ante la serie de AMC. Y en este 4×04 ha habido varios…

La escena introductoria nos pone sobre la pista de algo que, supongo, sucederá en breve. El cartel le apretará las tuercas a Gus. Recordemos que el jefe de Walt se carga a Juan Bolsa (¿quién?) en la tercera para despejarse el camino. Obviamente, eso no puede quedar así, de modo que ahora alguien amenaza la exitosa carrera del negocio B de Los Pollos Hermanos. De momento lo que hemos visto es que Mike se basta y se sobra contra dos matones de poca monta, pero la cosa debe ir a más. Otro frente abierto para Gus, al que los enanos le crecen fuera… y dentro del circo. Sí, me refiero a Jesse. Madre mía, la frase “espiral autodestructiva” se queda demasiado corta para lo que le pasa a nuestro Pinkman. Le da completamente igual todo, tan solo se preocupa de trabajar y de alimentar, en todos los sentidos, a su corte de bufones. Por cierto… en lugar de jugar a encestar billetes en la boca de un ejecutivo moribundo, ¿no podría meterle un buen fajo entre los dientes al pesado del sofá? Buf, qué nervioso me ha puesto con sus rayos X y sus no-sé-qué…

Con tanto colgado en casa era de esperar que alguno de ellos mordiese la mano que les da de comer. Efectivamente, uno coge el dinero y se larga, lo que no parece inquietar en absoluto a Jesse. Normal, seguramente en menos de una semana de curro lo pueda recuperar… Sin embargo, los Gus Boys están al quite. En serio, ¿cuántas horas al día trabaja Mike? Porque entre vigilar a Heisenberg y a Pinkman se le deben de ir unas cuántas, ¿no? Mike y el nuevo Victor le ponen las pilas al ladrón, pero lo más interesante es la conversación con Jesse. Con su nuevo look, casi rapado al cero, acentuando la locura en sus ojos, les deja clarito que por mucha mierda que se meta no pierde del todo la lucidez. Ojos vendados, no queréis que os vea, no vais a matarlo. Jesse 1 – 0 Mike. Lo mejor de todo es que a Mike también le da igual. Se arrastrará cansado hasta el despacho de Gus a decirle que Jesse está descarriado (cosa que seguramente aún no había hecho) y que hay que hacer algo serio. Como por ejemplo meterlo en un coche para darle un paseo por el desierto. En el fondo me gusta pensar que Mike es una especie de padre para los cocineros… le da una galleta bien dada a Walt para devolverlo a la cruda realidad, avisa a Jesse mediante una representación teatral, etc. El problema es que los niños le han salido rebeldes, y el pequeño se ha pasado de la raya. Lo dicho: un paseo por el desierto. Veremos cómo acaba. Lo que está claro es que su hermano mayor ya casi no podrá defenderlo, porque a Walt ya se le han agotado los motivos para mantener a Jesse a su lado. Y eso es una terrible noticia para Pinkman. Por cierto, antes de dejar al Gandhi de los narcoadictos: ¿cuántos de vosotros pensabais aquí que iban a jugar a otra cosa? Marranos…

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De Walter quería hablaros. Decía Martínez el otro día: “No me puedo creer que vaya a cerrar una review sin hablar prácticamente de Walt, pero es que Open House es el episodio con menos presencia de Cranston que recuerdo”. Bien, no puedo decir lo mismo de Bullet Points. En lo que podríamos titular Dani repitiéndose a sí mismo, toma 15, creo que Cranston se come la pantalla en prácticamente el 80% del tiempo en que la ocupa. Podría estar párrafos enteros dándole vueltas a esto, pero me da la sensación de que me repito muchísimo. Lo dejaré en que Bryan Cranston y su Walter White son una bendición, hala… Y seré práctico, volviendo al hilo del capítulo. Nada más empezar vemos a una Skyler a la que la necesidad de ser meticulosa le está provocando insomnio. Skyler lo quiere todo perfecto, y eso cuesta. Walter parece significativamente menos preocupado, seguramente porque, como bien dice su ex, está mucho más acostumbrado a mentir y por tanto le sale de manera casi natural. Sin embargo, más que tranquilo vemos a Walter agobiado, pensando en por qué narices está ahí, comprando un lavadero de coches y haciendo el paripé de la vida. ¿Guionizando una visita a sus cuñados? ¡Anda ya, hombre! Esta actitud quedará mejor explicada en la posterior conversación con Saul. Porque ahí notamos que Walt está harto de correr hacia delante, especialmente ahora que no ve salida posible. Sus genitales están poderosamente agarrados por Gus. El menor de sus problemas es justificar una botella de champán, o poner en negro sobre blanco un tren de lavado. La cosa va de vida o muerte. Y, en lo que posiblemente es la primera cosa que le oímos a Saul Goodman decir de corazón, quizá el siguiente paso sea darlo bien lejos…

El capítulo es de Walt por dos escenas maravillosas. La primera es la que da nombre al capítulo: bullet points. En casa, con Skyler. Ella, su alma de escritora, ha ideado una táctica para evitar que la cena en casa de Marie y Hank acabe en comisaría. Porque claro, no deja de ser una visita del mayor cocinero de meth de la zona a un agente de la DEA. Skyler está aterrada. ¿Tiene motivos? No demasiados, porque en la cabeza de Hank su cuñado no va demasiado más allá de ser un nerd, un ratón de biblioteca, un gris cincuentón que habita en las antípodas de su idea de Heisenberg. Es muy difícil que Hank sospeche de Walt, pensadlo bien. Y, sin embargo… bueno, a eso iremos luego, ahora estábamos en casa de los White. En el salón, ensayando el truco de la ludopatía que Skyler quiere elevar a dramón: lágrimas, disculpas, vergüenza… Walt discrepa: “I was, and am, providing for our family“. Una frase que viene de otra que le dijo Gus en su día, si no recuerdo mal a finales de la segunda (o en la tercera), sobre el papel del hombre como cabeza de familia que provee para los suyos. Lo mejor de esta secuencia, que dura más de nueve minutos, es que pasamos por varios estados de ánimo. Desde ese Walt duro que provee hasta el más quejica, no satisfecho con su papel de jugador-adicto. Él prefiere sin duda el de tipo duro, el hacedor de droga. Y, dolido luego, le echa en cara a Skyler el I.F.T., y ella saca a relucir lo mal que lo está pasando por el desprecio que le profesa Junior (¿dónde lo tenemos este año?), cabreado por no poder ver apenas a su padre. Un baile de sentimientos que puede llegar incluso a la risa cuando Walt pone caras al oír los siguientes planteamientos escénicos de su directora: que si mires al suelo con remordimiento, que si yo suelto unas lágrimas… En resumen, una gran secuencia, aunque por lo que leo en los comments a alguno Skyler os sobra. Yo creo que hace una muy buena pareja con Walter.

La segunda escena maravillosa son varias. Son todas las que tienen lugar en el hogar de los Schrader. Desde el momento en que los White están en la puerta, silenciosos (los padres atemorizados, los hijos ajenos), hasta la tremenda conversación en la habitación, pasando por ese monumento a la falsedad que es el recibimiento. Skyler y White se sueltan un poco, Hank parece hasta amable y Marie no roba cucharas. Decía antes que es muy difícil que Hank sospeche de Walt… y sin embargo. Sin embargo a mí me da la sensación de que cuando nombra a Walter White como posible opción detrás de las iniciales W. W. no lo está diciendo totalmente en broma. Quizá se le ocurre en ese momento, quizá solamente lo lance al aire sin mucho sentido… pero lo hace. Tira el guante, a ver qué pasa. Al fin y al cabo, Hank puede atar algunos cabos: sabe que Jesse Pinkman está mezclado con Heisenberg y sabe que su cuñado tuvo relación con él en algún momento. Sabe que Walt es tremendamente hábil con la química. Al fin y al cabo, si un pelele que canta karaoke en Tailandia puede ser el rey de la meth, ¿por qué no iba a serlo el gris profesor de instituto? En serio, no me sorprendería que Hank se estuviese oliendo la tostada. Si es así, tiene mucho sentido lo que dice después: atrapar a Heisenberg él mismo, con sus propias manos. Si sospecha de Walt pero no dice nada, si decide esperar a recuperarse para detenerlo, Walt es ideal. Es alguien a quien puede atar en corto sin levantar suspicacias. Porque, seamos sinceros, ¿a cuántos se os está dando la vuelta la tortilla y estáis deseando que gane Hank?

Un último detalle a destacar de la conversación entre cuñados es ese genial montaje del que hace gala la escena. Cuando Walt ojea el libreto de Gale nosotros lo vemos de tal manera que ni podemos apreciar bien qué hay escrito, ni podemos apenas concentrarnos en sus reacciones: la alternancia de planos nos distrae, yo creo que con toda la intención del mundo, para que no estemos ni en un lado ni en otro. Muy bien Cranston, por cierto. Qué caras pone…

Nada más, capitulazo de los pies a la cabeza y a esperar unos días a ver cómo sigue la historia. ¿Teméis por la vida de Jesse? ¿Cuál será el próximo paso de Hank en la investigación? ¿Tirará Walt por la vía del cambio de identidad? Veremos…

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Espero ver alguna imagen más de Gale, porque si esta tiene que ser nuestra última imagen de él… ¡pobre! Ah, y por si alguien quiere emularlo, he aquí el vídeo de la canción. Los subtítulos tailandeses los tendréis que poner vosotros.

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