Review Breaking Bad: Bug

Cuando vimos que el episodio de esta semana de Breaking Bad se titulaba Bug, a muchos nos vino a la cabeza Fly (3×10), aquella maravillosa hora de televisión en la que Jesse y Walt intercambiaban confidencias bajo la atenta mirada de una mosca. Esa suposición se reforzaba si detectabas que Moira Walley-Beckett, guionista de Fly, también había sido la encargada de escribir Bug. Ya está, ahí lo tienes, pensamos, el episodio barato de la temporada, en el que Jesse y Walt acercan posturas y enfilan el último sprint cogidos de la mano. Pues bien, ni Bug es el Fly de la cuarta temporada, ni el más osado apostaría un euro a que esos dos van a encarar esta complicada época sonrientes y unidos. Más que nada por la última frase del episodio: Can you walk? Then get the hell out and never come back. Glups…

  • Episodio 4×09: Bug
  • Fecha de emisión: 11 de septiembre

Bug no es Fly porque en aquella ocasión, Jesse y Walt se pasaron todo el capítulo encerrados en el laboratorio, cocinando, hablando, cazando una mosca. Y ahora apenas se han cruzado en tres ocasiones, la última para romper definitivamente una relación de amistad y supervivencia que duraba tres temporadas. Es más, Bug no sólo no es Fly, sino que ha conseguido que no volvamos a ver un Fly hasta dentro de una temporada. Y cuando digo eso, podría ser literal. ¿Se arriesgrá la serie a que Walt y Jesse no vayan de la mano durante una decena de capítulos? Yo creo que sí, porque eso es lo que ha estado haciendo durante la cuarta temporada: aislar a Walt. Aislarlo tanto, hasta que lo han alejado incluso de sí mismo.

De hecho, si tuviéramos que comparar Bug con algún episodio, sería mucho más acertado hacerlo con Down (2×04), un capítulo en el que Walt menospreciaba el trabajo y la actitud de Jesse (como casi siempre) y que también acababa con los dos protagonistas en el suelo después de una pelea. Claro que en esta ocasión todo ha sido mucho más grave, porque aparte de golpes, entre uno y otro se han lanzado cuchillos envenenados. Toda la mierda que llevaban guardando, especialmente Jesse, ha explotado en la cara del otro. Cada puñetazo, cada reproche, era una herida mal cerrada. Ni uno ni otro han sabido sentarse nunca a solucionar sus diferencias y casi siempre se han buscado por necesidad, o porque el negocio se les podía ir de las manos o porque su vida estaba en juego. Ahora es diferente porque Walt ha entendido que Jesse lo iba a traicionar, o ya lo había hecho, cuando en realidad Pinkman no ha dejado de ser fiel a su mentor, que ha respondido (como casi siempre) menospreciando su inteligencia y su valor. Me duele decirlo tanto como pensarlo, pero es muy probable que esa relación haya llegado a su punto de no retorno. Y no ha hecho falta que Walt confesara lo de Jane, que parecía el único motivo de peso para separar a estos dos. En realidad, me alegro que Jesse no lo supiera, si no Walt no habría podido caminar para sacar su culo de casa de Pinkman.

No me gustaría culpar únicamente a Walt de esa catarsis, pero es que se ha portado muy mal con su compañero durante toda la temporada. Es cierto que Jesse no ha usado el ricino contra Gus, es cierto que le ha ocultado sus encuentros con el jefe y también que se ha distanciado de él para acercarse a Mike, el enemigo. Pero es que Walt no sabe si Jesse ha tenido oportunidad o no de matar a Gus, no sabe si sus reuniones con el jefe eran para hablar del tiempo o estaban conspirando para matarlo y tampoco sabe si Mike se estaba aprovechando de Jesse o simplemente habían visto algo en él que les podía ser de ayuda. Correcto, Pinkman no ha sido todo lo transparente que debería y en ocasiones era sumamente irritante su indiferencia, pero eso tampoco le daba derecho a tratarlo como un traidor, ni siquiera a tratarlo como un espía que ya había cambiado de bando, porque en realidad Jesse ha estado haciendo malabares para superar la crisis sin lamentar bajas en un lado ni en otro. A lo mejor es eso lo que ha molestado a Walt, que por un momento ha sentido que no era el dominador de la situación, que Jesse debía coger las riendas de la vida de ambos y no ha confiado en él. Sí, es muy posible que el inagotable ego de Walt le haya vuelto a traicionar.

En el fondo, la ruptura entre Jesse y Walt no sólo tiene esta consecuencia, también significa la ruptura entre Walt y la audiencia, que creo que es uno de los objetivos que se marcó Vince Gilligan a principio de temporada. Pensadlo. Gus ya no es tan villano desde que conocemos su pasado (gracias a ese brillante Hermanos), pero también desde que se dedica a perdonar las vidas de Walt y Hank, aunque sea porque tiene otros problemas más gordos a los que dedicar su tiempo. Su imagen se ha humanizado y su crueldad se ha suavizado. Incluso juega a convertir a Jesse en un héroe, con la ayuda de Mike, otro que ha pasado de arrancar orejas a perder parte de la suya. La cuarta temporada se ha esforzado en demostrarnos que todos están metidos en un buen lío, que no sólo las acciones de Walt están justificadas, sino que cada uno lucha por sus propios intereses como puede. Que esto no es una historia de blancos y negros, sino de grises. Y que si existe algún blanco, desde luego no es Walt.

Esa humanización del personaje de Gus se ejemplifica en la escena de Terminator (grande, Pinkman), en la que vemos que el intocable capo de la droga responde a un ataque del cártel poniendo su cabeza en el punto de mira de un francotirador, que estaba jugando a Counter Strike con personas. Y que a punto ha estado de acabar con Jesse (gracias, Mike). Gus está contra las cuerdas, tanto como Walt, por eso decide vender el negocio. Es consciente de que podría contratar a más matones, que podría aguantar más batallas, pero también sabe que acabará perdiendo la guerra. Así que vende. Eso no significa que vaya a borrarse del mapa, sino que necesita a Jesse para instruir a un grupo de cocineros en México. Esta confesión ha llegado en una cena íntima entre Gus y el propio Jesse en la que nos han dado las claves para que nos distanciáramos definitivamente de Walt. Cuando Gus ha preguntado por la receta del químico, Jesse ha respondido con un “si lo matas a él, me vas a tener que matar a mí” que nos ha hecho recordar épocas mejores entre los dos protagonistas. Luego ha llegado la inesperada propuesta de Gus, que Jesse ha encajado con inseguridad y dudas, y la comentadísima pelea, fruto de la habilidad de Walt para meter la pata, un gafe posiblemente heredado de Pinkman.

Las migajas del episodio se las han repartido entre Hank y Skyler. El primero ha confirmado que su obsesión por cazar a Gus no se va a detener por muy inválido que se sienta. También nos ha dejado constancia de su preciosa voz cantando Eye of the Tiger que, por cierto, forma parte de la banda sonora de Rocky III, que acaba con una pelea entre amigos. Hank no va a parar hasta que encuentre el hilo que une a Gus con el negocio de la meth. Lo encontrará. Y luego tirará de ese hilo hasta que no le queden fuerzas. Ese sí es Hank, un cabezón sin remedio, y no el perdedor de los primeros episodios. El otro momentazo del episodio lo protagoniza Skyler. Mejor dicho, el escote de Skyler. Vestida como una secretaria de película porno, la señora White consigue algo de tiempo para que su ex amante, el otrora rico y exitoso Ted Beneke, no vaya a la cárcel por irregularidades en las cuentas de su empresa. No creo que todo este asunto se resuelva con un escote, más bien me inclino a pensar que Skyler se presentará con una de esas bolsas envasadas al vacío que guarda debajo de casa para sacar a Ted del apuro. Fantástica Anna Gun, por cierto.

Bug arranca con sangre, con las gafas de Walt en el suelo y con la amenaza de que algo malo está a punto de pasar. Y no miente. Ese magnífico final abre una puerta desconocida en esta serie, que nos lleva a un país en el que Walt y Jesse no sólo no van a poder trabajar juntos, sino que van a querer estar en la misma habitación si no es para molerse a palos. A uno quizás le toque partir hacia México y al otro le va a tocar un ejercicio de reflexión para ver en qué se ha convertido. Su ego ha motivado a Hank, ha roto su posible regreso a casa con Skyler y ha hecho añicos su relación con Jesse. El proceso de autodestrucción de los dos protagonistas por fin nos pone en contexto: aquí se juega con drogas, pistolas y vidas. Cuidadín.

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