Review Breaking Bad: Abiquiu

Review Breaking Bad: Abiquiu

Voy a empezar la review con una pequeña crítica (Walt, ¿podrás perdonarme?) a la tercera temporada de Breaking Bad. ¡Qué dice! ¿Se ha vuelto loco? Por primera vez desde que empezó la serie, tengo la sensación de que la temporada no es redonda. Y no hablo de calidad, ahí Breaking Bad no tiene rival, sino de la narración. Los nueve primeros episodios nos contaron una historia de la que sólo quedan las heridas abiertas de Hank, que no es poco. Para el resto de personajes empezó una nueva vida a raíz de los acontecimientos de One Minute. Vamos con Abiquiu, la enésima joya de la mejor serie de la tele.

Es imposible entender la historia de Breaking Bad analizándola capítulo a capítulo. La serie exige una visión panorámica, línea directa con la memoria para enlazar acontecimientos del pasado con historias del presente y sus consecuencias. Esta obviedad se pone de manifiesto en Abiquiu, en la que no sólo viajamos al pasado para resucitar a Jane y apagar ese cigarrillo que permanecía en el coche de Jesse, también recuperamos la muerte de Combo, un tema que parecía cerrado y que será trascendental en el final de temporada. Breaking Bad es tan perfeccionista, que no puedes perderte ni el previously.

¿Por dónde empezamos? Jesse. Como advertimos en Fly, el célebre capítulo de la mosca, Pinkman ha cerrado la puerta de su historia con Jane. Y lo ha hecho, como casi siempre, con la máxima de que un clavo saca otro clavo. El nuevo clavo se llama Andrea, está en terapia para desengancharse del cristal y debía ser una clienta para el negocio de Jesse y su banda.

Skinny Pete y Badger le adelantaron que no es fácil, de hecho es inhumano y mezquino, reenganchar a gente que está en recuperación. Pero Jesse lo intenta. Y fracasa. Fracasa porque Jesse derrocha humanidad y porque tiene un cariño especial con los niños. Lo vimos en el espectacular Peekaboo, con aquella impactante historia del hijo de dos yonquis, pero también lo hemos comprobado en la relación que mantiene con su hermano pequeño. Por eso, cuando Andrea le presenta a su hijo, el bueno de Pinkman descarta su objetivo inicial. Si hay niños, no hay drogas, no hay violencia. Y sí, tal vez, hay amor.

De la historia de Jesse en este Abiquiu, que por cierto es la ciudad de Nuevo México donde creció y murió Georgia O'Keefe (la que pinta vaginas, según Pinkman), destacamos la escena final, en la que descubre que Tomás, el hermano de Andrea, es el asesino de Combo. Recuperad la escena, por favor, para prestar atención únicamente a la cara de Aaron Paul cuando une los cabos sueltos de la historia. Impresionante. Cómo decirlo todo sin abrir la boca. Su encuentro posterior con Tomás no augura nada bueno, ya que una posible venganza chocaría con los intereses de Gus y compañía. Y a Gus es mejor tenerlo como amigo, de eso no tengo ninguna duda.

Su camiseta pide paz, su cabeza pide guerraSu camiseta pide paz, su cabeza pide guerra

El personaje que más ha evolucionado en la tercera temporada es Skyler. Durante dos temporadas nos la han presentado como una persona legal, fiel a sus convicciones morales. Intachable. Ha cambiado: primero puso el pie en la línea al acostarse con Ted, con el que también tenía algún que otro negocio sucio. Y en Abiquiu ha cruzado definitivamente esa línea. No sólo ha conocido a Saul, en una de las escenas más grandes de este 3×11, sino que ha aceptado lavar el dinero que Walt consiga en la cocina.

Nada de… wait for itlaser tags! Eso no encaja con su marido. Walt comprará la empresa en la que trabajaba lavando coches. Y ella será Danny. Sí, Danny, esa figura creada por el inimitable Saul que trabaja para ti, mira hacia otro lado cuando traes la ropa sucia y pone la mano a final de mes. El precio del silencio. La corrupción ha llegado a casa de los White… ahora sólo falta que el pobre Walter Junior, que pasa los días al lado de Hank en el hospital, venda meth por las calles. Círculo cerrado. Un poco gore incluso para Breaking, ¿no?

Meter a Skyler en el asunto es la salida más lógica a una situación que se tornaba insostenible. Desde el momento en que se entera de los negocios sucios de Walt, Skyler es tan culpable como su marido. El problema es que no sé hasta donde quieren llegar los guionistas con esta historia. Y me da miedo. Las consecuencias de los tejemanejes de nuestro protagonista ya han salpicado a Hank, así que Skyler podría ser la siguiente. Eso sí: se acabaron las lecciones de moralidad de la rubia. Ahora es traficante.

“Por cierto, no estamos divorciados”

No es la primera vez que Breaking Bad cambia de escenario de forma drástica. El cáncer de Walt fue central en la primera temporada y ahora ha dejado paso a otros temas. Ya no nos prreocupa (tanto) esa horrible tos del señor White, en cambio nos echamos a temblar cada vez que vemos a Gus en pantalla. Como en la cena. Si Gus pretendía tender la mano a Walt, o si eso es lo que querían hacernos creer los guionistas, conmigo no ha funcionado. La escena en que le entrega el cuchillo (para que corte el ajo) y le da la espalda es una muestra de confianza, pero la voz y la mirada del capo siempre suenan a amenaza. ¿O no?

Gus y Walt intercambian los papeles. En esta ocasión es Walt el que visita la cocina del otro. Y Gus nos entrega un pedazo de su vida: tiene familia e hijos. Y quiere aconsejar a Walt para que no cometa los mismos errores que él en el pasado. Consejo: “Never make the same mistake twice”. ¿Se refiere a Jesse? ¿Acaso Gus está sugiriendo que se deshaga de su pinche de cocina? ¿O tiene algo que ver con la entrada de Skyler en el juego?

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Abiquiu nos ha ofrecido, aparte de una magistral hora de televisión, otra parte del tráfico de drogas, que casi habíamos perdido de vista en ese laboratorio full equiped en el que viven Jesse y Walt: la calle. Y en esa calle, Jesse ha descubierto que su droga genera desgracias, muerte. O algo peor: corrompe la inocencia de los niños. Vuelvo a hacer trampas (porque acabo de ver Half Measures): la historia de Combo originará consecuencias brutales en nuestros protagonistas.

Cierro con Hank. O mejor dicho, con Dean Norris. Habitualmente nos referimos a Aaron Paul y Bryan Cranston como los genios de la serie. Lo son. Pero no lo es menos el señor Norris, que nos ha transmitido toda la frustración de estar atrapado en una cama de hospital. No quiere salir si no es por su propio pie. Otro crack que oposita para el Emmy. Con capítulos como Abiquiu, la televisión está un pasito más cerca del arte. ¿Opiniones?


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