Review Boardwalk Empire: What does the bee do?

Creo que puedo decir sin miedo a equivocarme que este ha sido mi capítulo favorito de lo que llevamos no de temporada, sino de serie. ¿Perfecto? No, nada lo es, pero se acerca bastante. Un episodio lleno de alegorías, de momentazos entre personajes, de avances en la trama y golpes de suerte, buena o mala, que cambian los destinos de los protagonistas o lo harán previsiblemente en el futuro próximo.

Después de una escena en la que vemos al soplón de Doyle haciendo tratos con Jimmy pasamos a otra, mucho más interesante, protagonizada por los padres del último. Gillian sigue al lado del hombre que abusó de ella cuando tenía 13 años y cuyo resultado es el joven Darmody. Lo hace para asegurarle un futuro prometedor a su hijo, pero a veces nos parece que va demasiado lejos y es demasiado cariñosa con el Comodoro, después de lo que le hizo. Esta vez le monta uno de los números que hacía cuando actuaba, en el que interpreta a Diana Cazadora y, prácticamente desnuda, danza para ese hombre, al que como en el mito convierte en venado para que sea cazado: ni hecho adrede, el Comodoro sufre una apoplejía ante tamaña excitación de los sentidos y se queda prácticamente como un vegetal.

Un buen golpe de efecto para la trama, en la que habíamos visto al personaje casi morir envenenado para resurgir como un jovenzuelo (incluido el tinte para el poco pelo que le queda) y ahora volver a su estado anterior, incluso peor. Así está el único que tenía posibilidades contra Nucky, y así lo ve Eli, que se pone histérico. Gillian lo calma diciéndole que todo se arreglará y que Jimmy y ella se las apañarán. Todo parece ir a pedir de boca para la joven madre de Jimmy, y nos regalará una estupenda escena final que repasaremos a su debido tiempo. Pero debo comentar también que un nuevo pico, sumado a lo que comentó hace dos semanas sobre lo que le hacía (y dónde se lo hacía) a Jimmy cuando le cambiaba los pañales, hacen que personalmente me pregunte qué es lo que siente Gillian por su hijo en realidad.

En casa de Nucky Thompson la hija de Margaret recita un poema clásico infantil, que vamos a citar traducido porque tiene mucho que ver con lo que ocurre en la serie:

¿Qué hace la abeja?
Traer miel a casa. ¿Y qué hace el padre?
Traer dinero a casa.
¿Y qué hace la madre?
Gastar el dinero.
¿Y qué hace el bebé?
Comerse la miel.

Otro de los símbolos, pues, del capítulo. Está claro que Nucky trae el dinero a casa, y Margaret se lo gasta. Esta vez la vemos definitivamente en su papel de señora, después de haber tenido algunos momentos de “debilidad” con las criadas, con las que comparte orígenes humildes. El bueno de Nucky le da el dinero y ella lo administra, incluyéndose en sus funciones la de repartir el sueldo al servicio. Precisamente Nucky, de buen humor, le dice a su pareja de hecho que dé a las criadas un par de dólares como bonus, ante lo que Margaret se muestra reacia “dada la situación”. Además, tiene los santos ovarios de decirle a Nucky que están robando dinero. A Thompson le da lo mismo, afirma que todo el mundo lo hace, y le insiste en lo del bonus. Mis duras palabras contra Margaret tienen una razón de ser: hacia el final descubrimos que es ella la que está robando. Se está quedando parte del dinero que Nucky le da y se lo guarda en el joyero. ¿Para qué? ¿Piensa en el futuro de la familia en caso de que las cosas vayan mal de verdad? ¿Piensa en ella misma? ¿Es avaricia por el mal gestionado y súbito paso de pobre a rica? No lo sabemos, pero a mí me está empezando a caer mal.

Del desayuno de los Thompson pasamos al de los White, en el que Chalky recibe la noticia de que finalmente el novio de su hija mayor vendrá a cenar esta noche. La cena nos dará que hablar, pero durante el día vemos como el líder de la comunidad negra lo pasa bastante mal porque él no es Nucky Thompson y tras su liberación de la cárcel (se entiende que ya no se considera que esté en peligro) le crecen los enanos: una charla en la iglesia acaba en una ronda de quejas de madres y esposas de sus hombres asesinados por el Ku Klux Klan y no vengados, Chalky se queja a su vez ante Nucky y este le vuelve a insistir en que tenga paciencia. Otro diálogo para el recuerdo:

—Me duele el culo de tanto esperar sentado.

—Bueno, esos cojines de seda seguro que ayudan.

Y ahora nos concentramos en Nucky propiamente dicho: las cosas le están saliendo bien. Además del ataque del Comodoro, del que no se entera durante este capítulo, encuentra la manera de que el fiscal general le ayude a salir de sus problemas legales. Como le había dicho que al ser un tema estatal él no podía hacer nada a nivel federal, aprovecha la fiesta de cumpleaños (léase orgía) que ha organizado para el alcalde Bader para salir del atolladero: ha traído prostitutas de Filadelfia, y parece ser que moverlas entre estados es un delito federal, más aún cuando les hacen declarar que en su día consiguieron con favores sexuales votos para el Partido Republicano como parte de los tejemanejes de Nucky para sus desagradecidos aliados de entonces. Con esto se mezclan los dos casos, pasan a tener implicaciones federales y salpican a esa gente que le había dado la espalda a Nucky. Fin del problema.

Otro tema: el soplón de Doyle y sus tratos con Jimmy no pasan inadvertidos a Nucky, que ha aceptado dar más responsabilidades a Owen Slater, primero como chófer personal (cosa que le permite pasar algunos momentos en su casa y flirtear con la criada Katy, aunque sabemos que su objetivo es Margaret) y ahora como experto en explosivos formado en la guerra entre Irlanda y el Reino Unido. Veremos más tarde qué tiene que ver una cosa con la otra.

El último tema con el que tiene que tratar Nucky es el de hacer llegar el alcohol a puertos que no estén vigilados por Van Alden, y ello le obliga a recurrir a Arnold Rothstein, que desde Nueva York le asegura que tiene un sitio para poder llevarlo a cabo de forma segura, pero que por supuesto implicará un porcentaje para él y otro para la persona que se responsabilizará de ello, un tal Waxey Gordon, personaje real por cierto. Este nombre es importante porque en el otro lado de la guerra por el alcohol está Jimmy, que ha ido a negociar con un carnicero mafioso judío de Filadelfia, que a cambio de comprarle alcohol le pide que mate a un tipo que le da problemas. ¿Y cuál es su nombre? Waxey Gordon. Casualidades de la vida que enfrentarán a Nucky y Jimmy próximamente. La cosa se calienta.

Pero no tanto como la destilería de Doyle a la que acuden dos de los hombres de un cada vez menos respetado Van Alden, que cuestionan la integridad de su jefe y lo consideran uno más de los policías sobornados que afirman luchar contra el alcohol pero en el fondo sacan tajada. Como han descubierto que tiene tratos con el soplón se acercan al almacén y allí los recibe… la bomba que le había preparado Nucky a Doyle a través de su nuevo y joven ayudante. Todo tiene relación.

Volvemos a casa de los White, donde tiene lugar la cena que antes anunciábamos, y en la que se presenta por fin el que pretende ser el yerno de Chalky. Este, borracho y humillado por la falta de respeto que percibe en sus semejantes, incluso en su educada familia (él es analfabeto y “de pueblo”, como se nos ha ido insinuando durante esta temporada), le monta un número al chico, que resiste muy bien, todo hay que decirlo, y que lo hace quedar como la parte que le duele de tanto estar sentado.

He dejado deliberadamente para el final mi momento favorito del capítulo, una bellísima subtrama en la que Richard se presenta en casa de los Darmody en busca de Jimmy pero que, al no encontrarlo, da pie a que pase el día con Angie, contándole cosas de sí mismo y quitándose la máscara, literal y figuradamente (otro símbolo del episodio), ante la mujer de su amigo, un amigo a quien le preguntó hace poco, el previously nos lo recuerda: ¿qué se siente al tenerlo todo?

Angela Darmody empieza a hablarle de pintura y termina pasándose el día dibujando al desfigurado francotirador, mientras le sonsaca información sobre su vida, su concepto del amor y datos personales que no conocíamos y que nos ayudan a caracterizar a este personaje. La mujer no lo mira con asco en ningún momento, ni cuando se quita la media máscara y nos vuelve a mostrar ese rostro con una cavidad ocular vacía y media boca destrozada. Al contrario, lo mira con compasión, con lástima, pero cuando de verdad le vemos cambiar la expresión de dulzura a tristeza (momentazo interpretativo de Aleksa Palladino, por cierto) es cuando él le cuenta que tiene una hermana y por qué no se habla con ella desde que volvió de la guerra. Angie simpatiza con este solitario y en el fondo dulce personaje y a mí me da que está naciendo algo entre estos dos, aunque probablemente más por parte de Richard que de la mujer de un Jimmy que al volver a casa y encontrarlos juntos ni siquiera se lo plantea por un momento.

El episodio, como ya he dicho para mí el mejor de la serie hasta ahora, nos deja con Gillian cuidando, ahora en el sentido más estricto, a un Comodoro hecho polvo en la cama sin poder hablar, mientras le cuenta sus recuerdos de cómo se conocieron, con una sonrisa en la cara que se va transformando en mueca de dolor y tristeza al pasar a los detalles más escabrosos de aquella noche. La madre de Jimmy no lo puede resistir más y se lía a violentas bofetadas con un Louis Kaestner que no puede hacer nada para defenderse. Brutal.

 

Nota del autor
4.5
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