Review Boardwalk Empire: The age of reason

El título del capítulo de esta semana es fácil de descifrar. La edad de la razón son los siete años que ha cumplido Teddy, el hijo de Margaret, y el momento de que haga su primera comunión. Pero relacionadas con esta última están las confesiones, que tienen bastante protagonismo en este episodio con el que llegamos justo a la mitad de la segunda temporada de la serie. Confesiones en el sentido religioso y también bajo amenaza, pero vayamos por partes.

Empezamos con las religiosas, porque tenemos a Teddy preparándose para su primera comunión y su primera confesión. Tiene que entender lo importante que es evitar la ira de Dios, y para conseguirlo hay que pedir perdón pero antes confesar nuestros pecados. Para darle ejemplo, el sacerdote invita a Margaret a que pase por el confesionario ella en primer lugar. Y sí tiene algo que confesar: que se siente físicamente atraída por un hombre. “¿Este hombre cuida de ti y de tus hijos?”, pregunta el capellán. “No, trabaja para… mi familia”. Nucky puede estar tranquilo en cuanto a sus “negocios”, por los que temía cuando Margaret le habla del trato con el sacerdote, pero no en cuanto a la fidelidad de su mujer. No nos sorprende en absoluto, porque en este episodio Margaret deja más que claro que se siente atraída por Owen Slater. El muy cabroncete, como sabemos, se acuesta con la criada Katy, y Margaret, sospechando algo, reprende a su empleada y le advierte que su comportamiento (WTF!?, si casi no se puede ser más discreto…) no es el adecuado para una casa con niños.

En su caso la procesión va por dentro, y se estremece cuando Owen le tira los tejos. Porque se los tira: le llama “señora Thompson” y esta le responde que es “Schroeder”, en plan “que sepas que no estoy casada con Nucky”, y se ofrece a ayudarle a barrer el patio. Cuando Nucky reclama sus servicios se despide de ella con una sutil caricia en el brazo. En un momento del capítulo, además, vemos a Nucky y Margaret “en acción”, pero ella se queda a medias cuando Nucky termina y se pone a fumar. “¿No me encuentras atractiva?”, le pregunta Margaret a su protector-amante. Yo me pregunto si es una forma de decirle que se lo curre más en la cama o se debe a los celos que siente de Katy. De todas formas, tenemos a una Margaret sexualmente insatisfecha y económicamente atada a un hombre al que no encuentra atractivo y que no le hace demasiado caso. En cambio, el hombre de sus sueños más húmedos representa todo lo contrario.

Otro que se mueve con el sexo como motivación es el fiscal del caso de Nucky, asignado por el Fiscal General como favor (reclamado por Nucky, claro, a través de los tejemanejes de las prostitutas de Filadelfia) y que tras conseguir su primer cometido (convertir el caso del amaño de las elecciones en federal) pide como compensación un rato con hembras francesas. Y en eso está, literalmente, cuando le echan del hotel: el Fiscal General ha sido chantajeado por el senador Walter Edge, enemigo de nuestro tesorero del condado de Atlantic, para que quite a ese títere del caso y ponga a un fiscal más serio. De nuevo, no está nada claro que el protagonista se vaya a salir con la suya fácilmente.

Por otro lado, uno de los hombres a los que ha hecho favores, George Remus (el tipo que habla en tercera persona y que se reunió en Cincinnati con Torrio y Capone), le llama para agradecerle un favor, pero acaban discutiendo (con elegancia y sutileza, como siempre) porque Nucky reclama una comisión por el favor y el otro le llama tacaño. Al terminar la conversación Nucky, que le había puesto a Teddy en la Biblia ilustrada para jóvenes un billete de diez dólares, se lo cambia por uno de veinte. Está claro que ha colgado el teléfono dignamente pero que en el fondo sabe que Remus tiene parte de razón.

Y de un libro pasamos a otro: Leander Whitlock está leyéndole a Jimmy una cita de Alejandro Magno: “doy gracias a mi padre por mi vida, pero también a mi maestro por enseñarme a vivirla bien”. Ahí es donde Darmody recuerda en voz alta a Nucky, su maestro. Porque el Comodoro es su padre y le está dando dinero y poder, pero quien le enseñó a vivir fue Thompson. A solas con el joven, Whitlock —que se revela como el anciano inversor con más presencia del grupo, como era de esperar tratándose del actor Dominic Chianese— reprendre a Jimmy por lo de la cabellera arrancada a su colega y le dice que si bien no lo ha lamentado demasiado, fue un gesto pasional innecesario, propio del padre del chico, pero que Nucky no habría hecho. “No hay que responder a todos los insultos“, le dice. Recuperaremos esta frase más tarde.

Ahora nos vamos a la pensión de Van Alden, porque por fin vuelven a tener más papel el agente y Lucy. Ella, embarazadísima y cada vez más aburrida y sola en casa, rompe aguas y se pone de parto. Consigue dar a luz a una niña y todo sale bien. Durante el capítulo, sin embargo, vemos a un Nelson Van Alden enloquecido por su fervor religioso. Al ver a su subordinado en el hospital con buena parte del cuerpo destrozada por las quemaduras de la explosión de la destilería de Doyle se convence de que es él quien debería estar en esa cama por los pecados que ha cometido, y llama a su mujer y le dice, en un tono que no deja a Rose nada tranquila, que ha pecado y un hombre inocente ha pagado por ello, y que todo lo que ha hecho lo ha hecho por ella, porque la quiere. Más tarde el herido le dice “te veo, sé lo que hiciste“, y Van Alden se va aparentemente tranquilo a la pensión y se encuentra a Lucy con la niña, recién nacida. Sin saber muy bien qué hacer se va a buscar un médico para que atienda a madre e hija. Posteriormente, en el hospital está a punto de confesarle a su superior lo de Lucy, pero entonces se da cuenta de que el agente herido está delirando y le dice la misma frase a cualquiera que se le ponga delante. Ya no es un mensaje de un Dios enfadado ni del mismísimo Diablo.

Más tranquilo, creyéndose a salvo, Van Alden se va a la pensión y se encuentra al doctor, Lucy, la niña y una mujer que está cuidando también de la agotada ex amante de Nucky. Es Rose, que estaba preocupada por su marido y se ha presentado en su residencia y ha descubierto todo el pastel. De nada sirve que un avergonzado Nelson le diga que su plan era darle descendencia a su estéril mujer. La hasta ahora contenidísima y perritofaldera Rose le da hasta en el carné de identidad. El santurrón de Van Alden ha metido la pata pero bien. Le han pillado con las manos en la masa, en otras palabras.

Y ahora vamos a la última trama que queda por comentar, la de más acción del episodio. ¿Recordáis que Nucky le había pedido a Rothstein un lugar para descargar el alcohol y un itinerario seguro para transportarlo, y que este había aceptado pero a cambio de una comisión y de meter a sus hombres en la operación? Pues la operación tiene lugar en este sexto episodio y Jimmy —que está en el bando contrario, y al que el jefe de la mafia judía de Filadelfia ayuda a cambio de que se cargue a Waxey Gordon, uno de los hombres que está metido en el chanchullo— lo descubre por casualidad. La mano derecha del carnicero lo está traicionando y Darmody lo ve en los muelles de Atlantic City con Nucky Thompson. Al enterarse, Munya (así se llama, o se apoda, el carnicero-mafioso) caza al traidor y llama a Jimmy para que lo interrogue. Es entonces cuando se entera de todo el plan, degolla al hombre (Munya lo presiona para que lo haga) y en los bosques se produce un tiroteo entre los hombres de Jimmy y los de Rothstein, representados por Lucky Luciano y Meyer Lansky.

Al darse cuenta de quiénes son, estos dos bandos aliados se encuentran apuntándose mutuamente y llegan a un acuerdo: la entrega se hará, pero posteriormente habrá una alianza entre los dos grupos para cualquier tipo de contrabando. Solo entre ellos, sin los “mayores” (Rothstein y Thompson). Munya se muestra partidario de matarlos a todos por colaborar con Waxey Gordon, al que tiene entre ceja y ceja, pero Jimmy le responde que “no hay que responder a todos los insultos”. El chico aprende rápido.

El capítulo se cierra con la sesión de fotos de Teddy para la comunión, y vemos primeros planos de una infeliz Margaret, atrapada en una situación que muchas mujeres envidiarían, pero que no la llena en absoluto. Nos queda solo media segunda temporada de Boardwalk Empire y en este capítulo hay varias cosas que se han puesto al rojo vivo. ¿Caerá la Schroeder en brazos del nuevo ayudante de Nucky? ¿Qué hará este cuando se entere, si es que ocurre? ¿Hasta dónde llegarán Jimmy y el resto de la “nueva generación” ahora que se van a aliar de verdad? ¿De qué forma va a dar Nucky el puñetazo en la mesa que tarde o temprano tendrá que dar? Son preguntas que se responderán durante las próximas semanas, en las que se irá preparando (de hecho, ya se está preparando) el clímax de la segunda temporada.


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