Review Boardwalk Empire: Spaghetti and Coffee

En vuestros comentarios de la reseña del episodio de la semana pasada de Boardwalk Empire, con el que se estrenaba la tercera temporada, echabais de menos con toda la razón del mundo a algunos personajes que no habían aparecido en el capítulo 3×01 de la serie, pero el segundo nos los ha traído de vuelta. El primero de ellos es Eli Thompson, el hermanísimo, que tendrá que empezar desde lo más bajo, y el otro es Chalky White, tan imprevisible como siempre. Pero vayamos por partes…

La primera escena de Spaghetti and Coffee nos muestra a un demacrado, delgado y envejecido Eli Thompson saliendo de la cárcel tras cumplir condena (el precio a pagar por haber traicionado a su hermano Nucky, aunque Jimmy Darmody se llevó un castigo bastante peor) y encontrándose con su nueva situación: ahora es un don nadie, que despojado de su trabajo como sheriff de Atlantic City debe empezar como soldado del ex tesorero del condado y trabajar para el insoportable Mickey Doyle.

Lo hará a su manera, a regañadientes, sin esconder su asqueo y presentándose tarde a las citas, pero asumiendo que no tiene otra salida. En casa, por otra parte, la familia lo recibe con cariño, pero su hijo mayor ha tenido que llevar el pan a casa durante los dos últimos años y se ha distanciado emocionalmente de su padre, que no se siente respetado ni en su propia casa.

El iracundo Chalky White debuta en la tercera temporada con una trama que, de momento, no se cruza con ninguna de las demás. Todo llegará, pero de momento lo que hace es dar su aprobación a la petición de mano de su hija mayor por parte de Samuel, el estudiante de medicina con el que sale la chica y al que el líder de la comunidad negra de Atlantic City atemorizó durante la mítica cena que tuvo lugar en la segunda temporada.

El chaval lo consigue tras hacerle un chequeo médico al padre de su pretendida, petición sorpresa que lo coge desprevenido pero que le consigue un “bienvenido a la familia” al salir airoso de la situación y demostrar sus conocimientos en la materia, algo que impresiona al que pronto podrá llamar suegro. Sin embargo, una vez en casa, White descubre que Maybelle no tiene claro si ama de verdad a Samuel o si podría conseguir a alguien de quien estuviera más enamorada, como le ocurrió con su madre respecto a Chalky pese a la oposición inicial de la familia de ella, que el entonces pretendiente solventó con un “favor” al futuro suegro. A Chalky todas estas consideraciones le dan lo mismo: Maybelle deberá casarse con el futuro médico por el bien de la familia.

El chico no es tonto y ve que algo le pasa a su prometida, pero mientras intenta hablarlo con ella en un club de jazz se mete en una discusión con un bailarín algo molesto y se lleva un navajazo en la cara, en lo que es la escena gore que aparece en casi todos los episodios de la serie, tras lo cual el matón de White, Dunn Pursley, da una soberana paliza al hombre, que irónicamente recibirá la asistencia de su víctima, el honrado futuro médico.

Chalky White, que estaba en el club pero no sabía que su hija también (algo que no le gusta en absoluto porque oficialmente considera el jazz “la música del diablo”), le hace ver a la conmocionada chica que si bien él es “interesante” también se dedica a algo que se sitúa en las antípodas de la medicina. Tiene unas maneras un tanto rudas, pero la verdad es que personalmente el personaje me cae bastante bien. ¿Qué pensáis vosotros?

Nos vamos con Margaret, a ver qué tal le van las cosas a la antigua señora Schroeder, y la verdad es que no demasiado bien por lo que respecta a su relación con los hombres. Por un lado su marido, Nucky, no tiene intención de asistir a la ceremonia en la que la Iglesia Católica planea darle una condecoración, algo que lógicamente ofende bastante a la religiosa Margaret, pero que no es más que una muestra del distanciamiento que se ha producido entre los dos cónyuges durante los últimos tiempos.

Por el otro está la tensa relación con Owen Sleater que, siempre amable, le da conversación a la mínima que se encuentra con la esposa de su jefe, pero ella, que es la primera que no se cree aquello de que su aventura sería cosa de una sola vez y que no se volvería a hablar sobre el tema, le responde con bastante frialdad, algo que sus ojos no consiguen transmitir con igual efectividad. Finalmente el impactante suceso del que fue testigo en su visita al hospital en el capítulo anterior ha provocado que se decida a hacer algo por mejorar las condiciones de las parteras del mismo, pero el joven doctor Mason, quien la puso en alerta entonces, desconfía de las buenas intenciones de la señora rica.

No podemos reseñar un capítulo de Boardwalk Empire sin hablar de los negocios y tejemanejes de Nucky Thompson, al que la semana pasada le comunicaron que los pagos al Fiscal General Harry Daugherty deberían ser hechos en adelante a través de un intermediario, al que en este episodio conoce. Se trata del extraño Gaston Means, un hombre que hace su colecta sin encontrarse cara a cara con los hombres que le traen el dinero, mediante una pecera vacía, pero que con Nucky Thompson hace una excepción.

Nuestro protagonista intenta sacarle información sobre los trapos sucios de Daugherty, pero Means rechaza ceder también a esto y le dice que en todo caso más adelante, puesto que se acaban de conocer. Interesante personaje que habrá que ver cómo influye en la vida de Nucky, pero este es el menor de los problemas del ex tesorero: en una charla de negocios con Arnold Rothstein en la que tratan, entre otros temas, la muerte de Manny Horvitz, Rothstein le advierte sobre lo distraído que lo encuentra por su relación con la bailarina Billie Kent, a la que conocimos la semana pasada, tras percatarse de que Nucky se ha equivocado en la fecha en la que tiene que hacerle al mafioso neoyorquino su próxima entrega de alcohol.

Y hablando de la entrega de alcohol, surgen más problemas de los esperados, ya que después de sobornar a la policía local del pueblo en el que el convoy de los hombres de Nucky suele repostar gasolina en sus envíos, la noche en cuestión no se puede llevar a cabo la mencionada y necesaria acción. Allí está Gyp Rosetti, que ha estado estudiando la zona y protagonizando escenas, como la de la cena en la que pide los espaguetis y el café del título al no poder conseguir vino, en las que nos tiene en tensión y temiendo uno de sus súbitos accesos de ira, sin que llegue a producirse ninguno esta vez.

El siciliano, que ya manifestó su descontento cuando Nucky Thompson le informó de que no haría tratos con nadie que no fuera Rothstein, ha decidido sabotear las operaciones de su nuevo rival y de momento ha comprado la gasolinera, además de “convencer” a la policía local a punta de pistola. Los hombres de Rosetti, aparentemente más experimentados con las armas, obligan a los de Thompson, según Eli no aptos para el tiroteo que se avecina, a dar media vuelta.

Todo esto quizá se podría haber solucionado con una llamada a Nucky, y Owen lo intenta, pero él está con su amante, que vemos que no es la típica distracción de su nuevo y aburrido matrimonio, sino que el hombre está enamorado, y sus celos causados por los flirteos típicos y naturales en una chica de su profesión hacen que le prohiba coger el teléfono cuando este suena sin cesar aquella noche.

Como insinuaba Rothstein, el “cuelgue” de Nucky Thompson por Billie está afectando a sus negocios, y con un imprevisible rival como Gyp Rosetti lo cierto es que el protagonista se la está jugando de verdad. Veremos qué ocurre la próxima semana, pero esto es todo por hoy, dado que en esta ocasión ni los Darmody, ni Dean O’Banon, ni Capone ni Van Alden aparecen ni siquiera durante un minuto. ¿Los habéis echado de menos?


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