Review Boardwalk Empire: Peg of Old

En el capítulo de esta semana suceden hechos que probablemente son más importantes que el que vemos en la foto, pero ya que en el título la protagonista es Margaret y que este era un momento esperado, he decidido abrir la reseña con la consumación del deseo entre Margaret y Owen, subordinado de su amante-protector-marido postizo y, por extensión, de ella misma. Es la culminación de un episodio en el que la irlandesa vive un montón de emociones a nivel personal, y qué mejor manera de cerrarlo que dejarse llevar por la tentación.

Pero ahora nos vamos al inicio del capítulo, donde empieza a darse importancia  a Jack Dempsey, el boxeador que le presentaron a Nucky aquel día de la orgía con las prostitutas de Filadelfia. Nucky está interesado en sacar tajada del dinero que se está moviendo alrededor de su combate, pero es con diferencia el tema menos importante del episodio. Eso sí, se ha demostrado más de una vez que nada en Boardwalk Empire es casual, así que ya lo recuperarán.

Y este capítulo habrá gustado a los fans de Van Alden y Lucy, porque los dos tienen bastante protagonismo. Para los que se pudieran plantear que Lucy maduraría al convertirse en madre, o que no permitiría que Nelson se llevara su bebé, tiene que haber sido chocante ver como casi recién parida reclamaba al que le hizo el bombo los 3.000 dólares del acuerdo que tenían. “Tú la compraste, es tuya“. Eso es amor de madre… Pero el agente no tiene dinero y Lucy lo abandona dejándole, en un gesto simbólico y tronchante, un pañal usado girando en la gramola y con la primera página de A dangerous maid, la obra que no pudo representar por el embarazo (y título del tercer capítulo de esta temporada), grapada en él. Impresionante y casi demasiado currado para lo que es la capacidad mental de Lucy.

Esto lo hace después de timar a todo el mundo: cuando ve que el padre de la niña no le dará el dinero que le había prometido hace una visita a su ex amante, Nucky, que nada más verla le recita la fecha de su último coito, que demuestra que él no es el padre del bebé que le trae. Pero no es a eso a lo que viene Lucy. No es que quiera chantajearlo bajo un falso pretexto, ella sabe que no podría salirse con la suya. Lo que hace es apelar a los buenos tiempos que tuvieron y al oculto pero real sentido de la familia que tiene Thompson. Y promete intentar ser una buena madre para la niña, pero necesita dinero. A cambio le da una jugosa información: la identidad del padre del bebé.

Lo que da lugar a uno de los mejores momentos del episodio, cuando el mismo Nucky llama a Van Alden y este acude raudo a su oficina en el Ritz. Avergonzado porque su antiguo enemigo conoce su más oscuro secreto, casi ni responde cuando Nucky se mofa de él ofreciéndole un trago y felicitándole por su paternidad, en su elegante estilo de siempre, claro está. El tesorero le ofrece un trato: ayuda económica a costa del erario público a cambio de información sobre los movimientos de Esther Randolph, la nueva fiscal del caso contra Nucky, que es bastante más peligrosa para sus intereses que el títere que tenía asignado hasta ahora.

Resulta que el propio Van Alden no ve con buenos ojos a esta mujer que se ha instalado en su despacho y que lo ningunea, pero lejos de aceptar el trato de Nucky decide entregarle a la ayudante del Fiscal General todos los documentos que había recopilado cuando perseguía a Thompson, y como muestra de su honestidad le cuenta su situación con la niña. De esta forma probablemente se siente mejor y vuelve al camino que había abandonado, y es que ahora tiene que cuidar de un bebé, al que por cierto pone de nombre Abigail, sacado de la Biblia —lo único en lo que hace caso a Nucky, que se lo sugiere con sarcasmo—, y quiere ser un padre del que la niña pueda sentirse orgullosa algún día. De su situación doméstica se encargará, en palabras de la agradecida Randolph, el gobierno.

Dejamos aquí a Nelson Van Alden, en caída libre y constantemente humillado, pero feliz al final con su niña en brazos y algo de paz interior. A la que parece que no volveremos a ver es a Lucy Danzig, pero… ¿acaso puede aportar algo más a la serie, a estas alturas? A Nelson le vemos cierto futuro si vuelve a ir contra Nucky y se centra como en la primera temporada, pero a ella ya no.

Nos quedan varios personajes por repasar, pero nos vamos con Margaret. En este capítulo se retoma una trama que se había quedado colgando: la de sus hermanos, que llegaron a los Estados Unidos más tarde que ella y desde entonces han llevado una vida completamente diferente. El mayor, Eamoinn (no os esforcéis, se pronuncia totalmente diferente de como se escribe), a diferencia de sus tres hermanas pequeñas, la trata con mucha frialdad. Ha accedido a recibirla en su casa de Brooklyn, ambientado muy a lo Érase una vez en América o a El Padrino II, a través de una conversación telefónica que se nos cuenta de forma elíptica (no se vio), pero durante la cena le va lanzando pullas. Y tampoco acepta su dinero. Desde que huyó del pueblo, allá en Irlanda, estando embarazada (de un bebé que perdió), estaba muerta para su hermano. Los dejó tirados de una forma deshonrosa y reaparece ahora, toda mona ella y llevando una buena vida en Atlantic City. Para él no es la Peg of old (la Peg —diminutivo de Margaret— de siempre), pero sí consigue hacer buenas migas con su hermana más pequeña, Aylesh, que en realidad no se acuerda de ella.

Esta trama no tendría más significado si no fuera porque en una segunda visita, no anunciada, Eamoinn le dice que no vuelva más, con lo que Margaret vuelve a casa llorando y vulnerable y se la encuentra vacía, a excepción de un Owen Slater que acaba de ajustar cuentas con un compatriota suyo en una violenta escena con amputación de dedos previsible —pero no menos remarcable— incluida. La mujer de su empleador le habla mal, como siempre, como si repitiera el clásico patrón de la chica que al sentirse atraída por un chico no ve mejor forma de conquistarlo que hablándole, paradójicamente, como si lo odiara. Aun así acaban teniendo una conversación de irlandeses que se sienten fuera de lugar y que rápidamente deriva en un diálogo lleno de dobles sentidos e insinuaciones, hasta que llega la siguiente parte:

—No deberías estar aquí.

—Me marcharé si usted me lo pide.

—¿Ahora mando sobre ti?

—Si usted quiere…

—Puedes subirme la bolsa.

Como si estuvieran hablando de otra cosa, ella con la cara de cabreo pero lanzándole esas indirectas tan directas, pasa lo que tenía que pasar, y después de una última frase seca y fría, “cuando acabemos te marcharás y no hablaremos de esto nunca más”, Owen y Margaret consuman la pasión que comparten desde que se conocen. En la cama terminan la frialdad y la cara de cabreo de la Schroeder, parece que el chico sabe lo que hace.

Otro salto atrás en el tiempo para ver la primera reunión del bando anti-Nucky presidida por Jimmy Darmody, a la que asisten su fiel amigo Richard Harrow, Lucky Luciano y Meyer Lansky, Mickey Doyle (el chaquetero de la serie, el soplón), Al Capone y más tarde Eli Thompson. En el capítulo anterior vimos a “los mayores” reunirse para montar lo del contrabando, y en este son básicamente sus lugartenientes los que quieren poner en práctica el acuerdo para empezar a volar lejos del nido. En la reunión se detecta, por cierto, que Lucky y Capone no se llevan demasiado bien, cosa que históricamente, como sabréis si os interesa la historia de la Mafia, se verá magnificada en el futuro. Pero de momento estamos en 1921 y lo que se decide en la reunión es que hay que deshacerse de Nucky, y cuando hablamos de “deshacerse” queremos decir, como manifiesta en voz alta el humillado hermano del tesorero, “matarlo”.

Jimmy estará enfrentado a Nucky, quiere ir por libre y todo lo que queráis, pero solo quiere apartarlo de en medio, que lo enchironen, no matarlo. Sin embargo, la presión le puede y da la orden. Gillian lo reconforta diciéndole que ya está hecho y que si se echa atrás los inversores no confiarán más en él. En esta escena, por cierto, queda confirmado que los sentimientos de Gillian por él no son exactamente los de una madre por su hijo: se cambia de ropa delante de él y vuelve a intentar besarlo en la boca, como en los últimos episodios, pero Jimmy se aparta, como ya hizo la semana pasada cuando su madre le había dado ya unos cuantos picos delante de Leandor Whitlock. Que luego la veamos acostándose otra vez con Lucky, de edad parecida a la de Jimmy, cobra un sentido que en la primera temporada no era fácil detectar, pero del que esta segunda temporada nos ha ido dando varias pistas, algunas más escabrosas que otras.

Por fuerza, y porque ya casi no nos queda nada que contar del capítulo, pasamos al complot para el asesinato de Nucky Thompson, al que vemos en Babette’s jugando a las miraditas con una joven mujer (la cabra tira pa’l monte, ¿verdad?), sin saber que Margaret juega a algo más con su empleado. Quizá lo hace porque al ver a Lucy ha recordado al antiguo Nucky conquistador, y en esas está cuando se le acerca Jimmy y le dice que da igual si uno tiene razón o se equivoca, pero que hay que tomar decisiones. Tras esas palabras se acerca un pistolero y dispara a Nucky en la cabeza… pero falla porque su víctima es más rápida y pone la mano delante, cosa que le cuesta un cacho de carne y le salva la vida. Lo dejamos en el suelo herido y asustado, pero con vida. ¿Gracias al sutilísimo aviso de Jimmy? Es eso, ¿verdad? Un aviso porque en el fondo no quiere que muera su mentor y su padre sustituto.

Personalmente, no creo que Darmody esté nada convencido, ni siquiera tras las palabras de su madre, de que el atentado fuera necesario. Veremos cómo reacciona Nucky, qué pasa cuando se entere de la traición que ha tenido lugar en su propia cama y cómo se sigue calentando la segunda mitad de la temporada. Nadie pensaba en serio que Nucky fuera a morir, ¿verdad? ¡Que nos quedan 5 capítulos de esta tanda y está confirmada una tercera temporada!

 


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