Review Boardwalk Empire: Ourselves alone

Dejamos a Nucky Thompson bajo arresto la semana pasada, pero sabíamos que no duraría demasiado en prisión, y así ha sido. Tampoco lo hemos visto en ningún momento perder la calma como un capo cualquiera al ser sorprendentemente capturado. Así es Enoch, frío como un témpano y poco expresivo tanto en sus momentos más felices como en los más complicados. Y con aparente frialdad se lo toma también Margaret cuando lo descubre en el periódico, demostrando una vez más y durante todo el capítulo que ha evolucionado mucho desde su primera aparición y desde sus inicios con Nucky como marido postizo: ahora es la señora de la casa, con criadas a su servicio y unas apariencias que mantener.

Mientras tanto, el que está de los nervios y no lo disimula es Eddie, que ve como las autoridades están destrozando la oficina de su jefe buscando pruebas de los actos delictivos que todo el mundo da por hechos. En la cárcel, Nucky está encerrado con Chalky White, al que recordemos ordenó detener para “su propia protección” ante las ganas que le tiene el Ku Klux Klan. En la celda ambos mantienen una conversación orientada a saber quién está detrás de este ataque en el que sus perpetradores han demostrado que ni consideran a Nucky intocable ni, aún menos, a su protegido White.

Uno de los que han participado en el intento de defenestración del protagonista aunque sea por omisión, Jimmy Darmody, se desplaza a Nueva York para ofrecer humildemente a Arnold Rothstein, el jefe de Charles “Lucky” Luciano, que haga negocios con él y se olvide de Thompson, de cuya situación jurídica se entera precisamente en ese momento de boca del mismo Rothstein. Su propuesta es amablemente rechazada, o eso es lo que parece, pero por si acaso tanto Luciano como Meyer Lansky, otro de los pupilos de A.R., le ofrecen montar algo por su cuenta, relacionado con la heroína, y “salir del colegio” de una vez. Veremos si Darmody y Luciano consiguen llevarse mejor, porque de momento Jimmy no puede olvidar que su nuevo socio se beneficiaba a su madre hasta hace poco. Sin embargo, el ex protegido de Nucky se desquita con dos tipos que quieren atracarlo por haberles desplumado jugando al póquer en las dependencias de Meyer, lo que da lugar a una espectacular escena en la que lo vemos cepillárselos en un par de rápidos movimientos de mucha astucia… y sangre.

A continuación vemos a Margaret en plan actriz, vestida con el abrigo de una de sus criadas, fingiéndose pobre y embarazada y presentándose en la abarrotada oficina de Nucky como si no supiera nada y solicitando verlo, pues supuestamente había prometido ayudarla. Al hacerlo se convierte de nuevo en aquella inmigrante y desvalida señora Schroeder del principio de la primera temporada, de quien Nucky se encaprichó, y consigue que la policía le permita usar los servicios. Veremos el sentido de esta escena más adelante.

Nucky, que ya ha salido de la cárcel bajo fianza, se toma su situación, jodida como él mismo sabe y su abogado le recuerda, con aparente calma, y ante la prensa que se reúne delante de la comisaría hace el payaso y se pone a contar chistes mientras desprecia las acusaciones que pesan sobre él. Sus enemigos, liderados por el Comodoro Kaestner, se reúnen en casa de este y discuten sobre la adecuación de lo que están haciéndole a Thompson. El viejo, que se ha teñido el pelo como muestra del nuevo vigor que inunda su cuerpo y su mente (hasta nos hace una demostración de fuerza física levantando un cuerno de elefante), convence a los presentes, Eli el primero, de seguir con el plan. De hecho el hermano de Nucky es presentado ante los ancianos inversores del Comodoro, entre los que está el personaje, aún sin nombre, al que interpreta Dominic Chianese (Junior en Los Soprano) y que vimos fugazmente en el funeral del capítulo anterior.

En prisión sigue Chalky White, que conoce a un gallito con el que acaban encerrándolo cuando llega un nuevo prisionero, blanco, para “no mezclar razas” (¿y qué hay de cuando estaba con Nucky?). Es el típico tocapelotas que no para de hacer las funciones que sugiere ese adjetivo, hasta que White “le da una lección” sin sudar una sola gota ni mancharse de sangre (no sufre el mismo destino el libro que estaba intentando leer, aunque sospechamos que es analfabeto), demostrando que incluso en la cárcel es útil tener contactos.

Mientras tanto, en casa de “los Thompson” Margaret está preparando junto al servicio la cena a la que está invitado John McGarrigle, un irlandés que viene a recaudar fondos para la guerra de la independencia (de ahí el “ourselves alone“) que está teniendo lugar en Irlanda para liberarse del Reino Unido, lo que por cierto confirma que estamos en 1921. Horas antes de ese encuentro, al que Thompson llega tarde por su ajetreado día, su amante recibe la visita del ayudante de McGarrigle, que viene a comprobar que la casa sea segura y, de paso, aprovecha para flirtear con la Schroeder con cierto descaro, después de enterarse de que no está casada, por lo menos oficialmente, con Nucky. Vamos a ver qué ocurre con estos dos, porque para qué engañarnos… Steve Buscemi guapo, lo que se dice guapo, no es.

Tras la incómoda cena con McGarrigle, que demuestra ser un radical en muchos aspectos, Nucky hace una donación para la causa irlandesa y se queda a solas con Margaret ante el hogar. No han servido de mucho sus conversaciones con algunos de los que sabe que lo han traicionado, a los que ha ofrecido el perdón a cambio de volver con él (solo uno ha aceptado, y durante todo el capítulo lo habíamos visto dudar). Incluso su hermano lo ha rechazado fríamente, y ahora que está en casa con su mujer se muestra preocupado porque ve inminente su caída. Las autoridades se han quedado con el dinero que tenía en efectivo y hasta con el libro de contabilidad que lo incrimina sin remedio. ¿Qué será de él?

Pues con una aliada como Margaret, de momento no le ocurrirá nada malo. Su escena en la oficina de Thompson le ha servido para recuperar ambas cosas (la pregunta es… ¿cómo sabía dónde estaban exactamente y cómo lo ha hecho para encontrarlas sin que la policía lo viera?), y el peligroso libro acaba literalmente pasto de las llamas ante un atónito Nucky, que ve como su amada ha pasado del “don’t ask, don’t tell” a implicarse personalmente en sus turbios negocios. Genial escena para dar fin al capítulo. Eso es lo que significaba la maliciosa cara de Margaret en el póster promocional de la segunda temporada. Ahora son un equipo, veremos si suficientemente fuerte para afrontar la guerra en la que se ha convertido esta segunda temporada.

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