Review Boardwalk Empire: Georgia Peaches

Hay un momento en este episodio en el que Chalky White le pregunta a Jimmy Darmody qué tal le van los zapatos de Nucky Thompson. “Me aprietan más de lo que esperaba”, responde todo chulo el joven nuevo rey de Atlantic City. Una bravuconada que refleja su actitud de los últimos episodios, un exceso de confianza en sí mismo que tarde o temprano sabíamos que le iba a pasar factura, como ocurre en este antepenúltimo episodio de la segunda temporada, y que demuestra que no solo no le aprietan los zapatos de su mentor, sino que le van muy, pero que muy grandes.

Habíamos asistido al ascenso de Jimmy y la caída de Nucky, pero tal como ocurría en el combate de boxeo radiado del episodio anterior, las posibilidades del aspirante al título han sido reales pero breves: Darmody está cayendo en picado y su debacle pinta mucho peor que los problemas que Nucky se puede sacudir de encima con la mano que no tiene herida. Y con la herida también puede seguir haciendo determinadas cosas reservadas a la mano más hábil, como él mismo dice. No sabemos cómo terminará la temporada, pero de momento el joven Darmody ha perdido bastante más que su mentor, y de paso yo a uno de mis personajes favoritos.

Y si uno cae el otro sube o, mejor dicho, se levanta. Nucky ha conseguido traer el whisky irlandés y lo está repartiendo por la ciudad, lo que no descubren los hombres de Jimmy hasta que tienen en la destilería los miles de litros de alcohol para uso médico de George Remus. Por supuesto se acuerdan de la madre de Nucky, y a los aliados de su ex discípulo no les gusta nada la situación en la que se han metido por haber seguido su liderazgo. Lucky Luciano y Meyer Lansky, además, vuelven a sacarle el tema de la heroína, pero Jimmy les suelta un moco y apuesta por el alcohol, que ahora tendrán que repartir por sus respectivas ciudades, dado que Atlantic City vuelve a tener alcohol de verdad de la mano de su antiguo rey. Contratiempo número uno.

Los jóvenes le están perdiendo el respeto, pero los mayores vuelven a desconfiar de él porque con la huelga de trabajadores negros la ciudad se está quedando sin servicios en plena temporada turística, la máquina se para y los inversores pierden dinero. Un problema, el del descontento de los negros, que le echó encima Nucky al marcharse con toda la mala leche del mundo, y que Jimmy no sabe cómo manejar. En este episodio no sale su madre para decirle lo que tiene que hacer, pero sí está su padre, un comodoro Kaestner que sigue medio paralizado pero que poco a poco va hablando más, y le suelta un machista pero demoledor “¿por qué no les enseñas el coño?”.

El resultado es una paliza multitudinaria de los matones de Kaestner/Darmody a los manifestantes, que osan pedir un aumento de sueldo, y de paso le dan una al asistente de Eli Thompson, por bocazas, por haber hablado más de la cuenta en el interrogatorio que le hizo la Randolph en el episodio anterior. Hecho un cromo es como lo ve Eli cuando le hace una visita de “cortesía” en la que se pone en plan condescendiente y le dice que cuando a él le ocurre algo malo se pregunta qué es lo que ha hecho para merecerlo. Será cabrón… por muy patético que sea, siempre hay alguien que está por debajo y lo es más que él, y este es el pobre Halloran, con el que se mete sin compasión para olvidar por un rato que es el último mono en el organigrama de Jimmy y compañía.

Otra que se pregunta qué es lo que hecho mal es Margaret, que desesperada por la situación de su hija acude al párroco, le hace la clásica pregunta de quien ve debilitarse su fe en momentos críticos (¿dónde estaba Dios cuando Emily se puso enferma?) y el representante del Todopoderoso le recuerda la confesión que le hizo sobre su atracción sexual por un hombre que, se entiende, no es Nucky. Concretamente le pregunta si ya no siente aquello quemándole por dentro, léase si ya ha caído en la tentación.

Eso parece encenderle una bombilla a la Schroeder, que se da cuenta de que lo de la polio le ha ocurrido a la niña justo después del casquete con Owen, y entonces echa mano al dinero que había ido guardando a escondidas de Nucky (¿os acordáis? Si es que en esta serie no hay ni un detalle sin importancia) y se lo ofrece al capellán como muestra de su arrepentimiento y su voluntad de volver al camino del Señor. “Es un principio”, dice el clérigo conteniendo la excitación al ver tanto dinero y tantas joyas juntos. Pero no sirve para nada, porque al final se confirma que Emily no volverá a andar, que está paralizada de cintura para abajo y que aquello no lo arregla ni Dios, nunca mejor dicho.

El otro hijo de Margaret, el pequeño Teddy, se mofa de la situación de su hermana (en serio, ¿este niño es tonto?) y eso desquicia a la amante de Nucky, que para que pueda descansar se lleva al niño a un viaje que se ve obligado a hacer para solucionar lo único que todavía tiene por resolver: lo del juicio por amaño de las elecciones. Despedido su abogado por no haber podido con Esther Randolph a la hora de mantener el juicio en Atlantic City, donde Thompson habría podido comprar a quien hiciera falta, cae en la cuenta de que tiene un conocido con un problema similar… en Nueva York.

Arnold Rothstein le presenta allí a su abogado, un tipo con unas maneras que no invitan precisamente a confiar en él (la escena en la que le regala una pelota de béisbol firmada a Teddy, para luego reemplazarla por otra de las muchas que tiene, es una perfecta imagen de la forma de ser de este hombre). Pero últimamente Nucky está siguiendo los consejos de A.R., como lo llaman sus discípulos, y tampoco tiene ningún sitio más en el que agarrarse, así que de momento es la mejor opción que tiene de salvarse. ¿Qué trama en realidad Rothstein al fingir que ayuda a Nucky? ¿Por qué parece fiarse él del mafioso de Nueva York?

Como decíamos antes, el niño de Margaret parece tonto, pero al mismo tiempo da la sensación de que trama algo. En el hotel en el que se aloja con este hombre al que ahora llama “papá” le dice que vio como incendiaba adrede la casa de su recién fallecido padre, pero que no le dirá nada a nadie. Nucky lo niega todo, por si acaso, con cara de sorpresa. Hablábamos de hipócritas. Pues bien, algo raro pasa por la mente de Teddy al mostrarse tan “colega” con el hombre que mantiene a su madre, porque de vuelta a casa vemos como guarda la pelota en una caja de los recuerdos en la que conserva una foto de la familia Schroeder tal como era antes, donde obviamente se encuentra Hans Schroeder. La mira con nostalgia y la vuelve a guardar. ¿Es una forma de decirnos que para él Nucky no será nunca su padre? ¿Acaso planea putear a Thompson en algún momento? ¿O simplemente tiene malos recuerdos del último hombre que le hizo de padre y espera que Nucky desempeñe mejor este papel?

Lo dicho: los guionistas de la serie tienen que tener algo preparado en este sentido. Lo mismo que con Van Alden, que en este episodio vuelve a tener un papel alarmantemente pequeño: se limita a recibir una petición de divorcio de su todavía señora y a ensayar su testimonio contra Nucky con Randolph y su ayudante. Resulta que no es tan sólido, por falta de pruebas, como cabría esperar, pero se muestra suficientemente convencido de que Eli tuvo algo que ver con la muerte del marido de Margaret como para que el hermano de Nucky sea encarcelado “en su propia casa”, como él mismo dice cuando la ayudante del Fiscal General lo visita al día siguiente para anunciarle que su ayudante, Ray Halloran, está dispuesto a declarar contra él. En serio, Eli es un perdedor nato.

¿Os parece que volvamos a Jimmy y al clímax del episodio? Más problemas para él: después de la paliza a los negros, Darmody se reúne con Chalky White para arreglar las cosas y que la ciudad no pierda la temporada turística. Comete el error de ofrecerle solo una compensación económica, aunque insiste en que no ha sido él quien ha provocado sus problemas. Pero Chalky quiere los nombres de los miembros del KKK que atacaron la destilería de White en el primer episodio de esta temporada, no le sirve la promesa de hacer que retiren los cargos que pesan sobre él por haber matado a uno. Darmody puede darle todo lo demás, pero no esto, así que se va sin conseguir nada.

No todo es cuestión de dinero, Jimmy, y la reunión del traicionero Doyle con el atrincherado Manny Horvitz lo vuelve a demostrar: el mafioso judío no quiere los 5.000 dólares que le debe Darmody, ni en metálico ni en forma de whisky: quiere a Jimmy. Quiere su dirección, y Doyle se la da cuando Munya amenaza con acabar de romperle el cuello. Jimmy ha cometido el error de no tomarse en serio el enfado justificado de este hombre y alguien lo pagará caro.

Nos vamos a casa de Jimmy, donde tiene lugar una preciosa escena de reconciliación entre Angela y él. ¿Qué ocurre con ella? ¿Por qué lo besa tiernamente cuando él le promete que intentará ser mejor marido y mejor persona? ¿Ya no es lesbiana? Quizá es bisexual. Podría ser… Pero no, no es eso. Parece que Angie se despida de su marido. Más tarde vemos como Manny entra silenciosamente en casa de los Darmody pistola en mano y se acerca al dormitorio, donde Angela duerme pacíficamente y en el baño alguien tiene el grifo abierto. Manny coge a Angela y espera a que Jimmy vuelva a la habitación para pegarle un tiro… finalmente lo hace y no, no es Jimmy. Es Louise. Parece que Angela presentía algo y quería despedirse también de su amante, la escritora, y ha aprovechado que su marido se iba a Princeton, su universidad, a vender el alcohol que necesita sacarse de encima.

Con Louise muerta, Angela ruega por su vida y le ofrece a Munya todo el dinero que quiera. No es eso lo que busca, señora Darmody, comete usted el mismo error que su marido, pero en este caso no tiene la culpa de nada. Horvitz se la carga y, por si quedaba alguna duda, pega dos tiros más, uno a la cabeza de cada una de las amantes muertas. Se va de casa de los Darmody después de un suspiro intranquilo. ¿Arrepentimiento? ¿No es nada personal, solo son negocios?

Cuando se entere Jimmy enloquecerá, eso seguro, pero… ¿qué consecuencias tendrá? Hagan sus apuestas, señoras y señores. Faltan dos episodios y la mía es que en esta guerra particular, con un rival inesperado para Jimmy, morirá otro personaje cercano a él, uno con una historia bastante trágica y que, además, es el otro favorito de quien escribe estas líneas. ¿Servirá esta tragedia para acercar a Darmody y Thompson? Qué mal cuerpo deja este episodio, ¿verdad?

 

 

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