Review Boardwalk Empire: A dangerous maid

En la reseña de la semana pasada no mencionamos al agente Van Alden ni al francotirador Richard Harrow porque no tuvieron ni un minuto, dado que la trama de aquel capítulo no tenía nada que ver con ellos, pero pasada la tormenta viene, como siempre, algo de calma, y es en este contexto en el que vemos que reaparecen estos dos personajes secundarios pero importantes o, por lo menos, populares entre la audiencia. Empezamos por el policía, que ya sabemos qué planes tiene para Lucy, o por lo menos un poco más que hasta ahora…

Tiene a la ex amante de Nucky encerrada en su pensión y le da dinero, pero no hay que confundirlo con la prostitución. La chica no está nada a gusto en su nuevo “hogar”, pero lógicamente a Van Alden no le interesa que la vean por ahí embarazada. Sería una imagen poco acorde con la rectitud de la que hace gala, y para mantener su reputación paga a la chica para que no se mueva de allí. Pero… ¿qué planes tiene para el bebé? ¿Se lo quedará y se lo llevará a su estéril mujer como si lo hubiera adoptado? Ya lo sabremos, pero de momento tiene muy poco contenta a una Lucy que languidece y echa de menos el bullicio de la vida que llevaba antes y sueña con actuar en el musical que da nombre al episodio y cuyo guión le presta en una visita su amigo Eddie Cantor.

"Tú aquí en casita, encerrada, que para eso te pago"

Esta idea es algo que su “secuestrador” le quita de la cabeza con sus bruscas maneras, pero que intenta compensar regalándole una gramola para que, por lo menos, escuche algo de música. La llegada del regalo salva la vida del bebé, por cierto, ya que Lucy en ese momento estaba a punto de tirarse por las escaleras para perderlo, porque de ese embarazo (que una vez más vemos que es del todo real tras el enésimo desnudo integral de Paz de la Huerta) no le gusta ni lo que conlleva ni el aspecto que le da. Cuestión de gustos, ¿verdad?

Mientras tanto, en casa de los Thompson Margaret le dice a Nucky que ha vendido algunas de sus joyas y otros objetos de valor para poder superar la situación de vacas flacas con la que se tendrá que enfrentar la pareja, a lo que Nucky reacciona diciéndole que, de eso, ni hablar. Para ella quiere lo mejor y ya buscarán la forma de tirar adelante. Al fin y al cabo, según él, precisamente en un momento como este lo último que hay que hacer es mostrar debilidad.

Nucky, en la intimidad, se muestra bastante apasionado

Pero las cosas no le están yendo demasiado bien, puesto que aparte de un Fiscal General que no se muestra demasiado dispuesto a ayudarlo en su situación legal, aunque si está en ese puesto es porque Nucky lo colocó allí, sus clientes se están quejando de la mala calidad del alcohol que les llega de Nucky y de su poca cantidad, y al estar Jimmy por el otro lado ofreciéndoles una alternativa las cosas se están poniendo bastante feas para el tesorero del condado. Y es que el Comodoro está en negociaciones con el proveedor de alcohol de Nucky para que vuelva a tener tratos con él directamente, como antaño.

No dejamos el tema: poco después Nucky recibe la visita de Al Capone, un personaje al que llama “el hombre de Torrio” porque, lógicamente, aún no sabe que se convertirá en el mafioso más conocido de la Historia. En fin, Capone ha venido a decirle que Torrio ya no le comprará alcohol, que lo conseguirá directamente de Canadá, y le ofrece un sobre como “muestra de buena voluntad” en los momentos difíciles que sabe que está pasando. Nucky, digno como siempre, lo rechaza pero tras el anuncio charla un poco más con su visitante, como si le diera absolutamente lo mismo. Ese es el estilo de Thompson y por ello lo queremos.

Hombres...

De la oficina de Nucky a casa de Jimmy se va Al Capone para hacer otra visita, esta vez amistosa, en la que ambos se ponen al día. Las cosas les están yendo mejor, empiezan a progresar y a ganar más dinero. Pero el de Chicago no puede evitar sentir celos al ver la familia feliz de Darmody, con un niño que, a diferencia del suyo, no tiene problemas auditivos e interactúa perfectamente con su padre. Eso le pone de mala leche y le pega un moco al pobre Richard cuando el de la media máscara intenta, sin éxito, entablar conversación con él.

El hermano de Nucky, Eli, es protagonista de una escena familiar en la que el padre de ambos, que vive con él, muestra síntomas de senilidad y no para de lamentarse por la situación de Nucky al haber leído en el periódico lo que le ha ocurrido, y le pide a Eli que no lo deje solo, que su hermano no sabe hacer la “o” con un canuto… pero se lo dice refiriéndose a él como “Eli”, cosa que al sheriff no le hace ni puñetera gracia aunque sepa a qué se debe.

Conocemos un poco más del pasado de Margaret

Volviendo a casa de los Thompson (los de Nucky, vamos), se nos revela que Margaret había estado buscando a su familia, llegada los Estados Unidos antes que ella, y recibe información del gobierno sobre sus hermanos y hermanas. Con la ayuda de Katy, la criada más joven del servicio, que rápidamente se toma confianzas con la señora Schroeder (ahora sabemos que Rohan de soltera), se entera de que “Peggy Rohan” murió hace muchos años. Como quizá ya sabéis, Peggy es un diminutivo de Margaret, por lo tanto queda claro que su familia la ha repudiado.

¿Recordáis la escena del capítulo anterior en la que Jimmy degollaba a dos de los hombres del señor Masseria? Pues la culpa recae sobre Luciano y Lansky, los dos nuevos asociados de Jimmy en sus negocios.  Rothstein los obliga a pedir perdón a Masseria por eso y por llevar un local de juego en una zona que considera que le pertenece, tras lo cual deberán, además, darle un porcentaje de las ganancias. De momento no les está saliendo demasiado bien, puesto que la mitad de lo que ganaban hasta ahora ya se lo estaban dando a Rothstein.

A continuación vemos reaparecer al soplón de Cusick, ahora rebautizado como Doyle, dándole un soplo (de eso se trata en este “oficio”, claro) a Van Alden sobre una entrega de cajas de alcohol para esa misma noche. Por otro lado Owen Slater, el ayudante del señor McGarrigle (el estirado irlandés que cenó con los Thompson en el episodio anterior) se ha quedado en los Estados Unidos con un trabajillo que le ha proporcionado Nucky y ahora lo visita para pedirle un puesto de más responsabilidad. En otras palabras, porque no lo dice directamente, quiere ser uno de sus soldados. Nucky no llega a decirle ni que sí ni que no, porque la escena es interrumpida por Eddie, que entra con noticias de que la guardia costera se está haciendo con los barcos que están introduciendo alcohol en esos momentos, actuación que como nosotros sabemos se debe al soplo de Cusick/Doyle. En todo caso, por mucho que se haga el duro, Nucky necesita nueva gente en sus filas, eso ha quedado más que claro.

Hoy Nucky está de mala leche y el teléfono y un plato de langosta son sus víctimas

Donde no le tiembla el pulso es en Babette’s, adonde se lleva a cenar a Margaret y al alcalde y señora… pero en el local donde antes era tratado como una celebridad ahora causa incomodidad, y es que en la mejor mesa están el Comodoro, su hijo Jimmy y el gobernador Edwards. Además, se han pedido el último plato de langosta, lo que impide a Margaret comer lo que tenía en mente. Eso es demasiado para Nucky, que se levanta de su mesa y se enfrenta al Comodoro y a Jimmy, con el que no se lía a puñetazos por muy poco. La discusión no va más allá de algunas bravuconerías por parte de Nucky, que promete arruinar a Jimmy, pero tiene sus consecuencias post-cena.

Otro enfrentamiento, esta vez con violencia que sí llega a las manos, tiene lugar cuando uno de los encargados de casino que compraban el alcohol a Nucky está ultimando una adquisición a Richard (es decir, al “bando Jimmy”), cuando aparece Owen y salva la situación después de un momento de gran tensión con Richard y él apuntándose mutuamente con sendas pistolas. Al final Richard se rinde sin perder su grotesca sonrisa y el cliente continuará con Nucky, pero seguro que la cosa no terminará aquí.

Dos personajes que cobran fuerza

Lo que decíamos de las consecuencias: Jimmy vuelve a casa y Angie le pregunta qué tal le ha ido con su padre. Momentazo del capítulo: ¿Con cuál de ellos?, le responde Darmody. Por su parte, Margaret y Nucky vuelven a casa y allí está Katy, la criada de las confianzas, que le dice a su ama que ha deducido que Peggy es ella, pero que no se preocupe porque su secreto está a salvo con ella. Ahí es cuando Margaret vuelve al “modo señora de la casa”, mira con asco a la criada, que la está cogiendo por el brazo, y se despide fríamente de ella. Lejos queda ese minibotellón en la cocina con las criadas de unas horas antes.

Hoy me ha salido bastante larga, la reseña, lo sé, pero ya termino con las conclusiones: en los comentarios de la de la última semana alguien apuntaba a que Jimmy podría estar fingiendo llevarse bien con el Comodoro para atacarlo desde dentro. A pesar de que en este episodio lo hemos visto enfrentarse abiertamente a Nucky, esa frase demoledora en la que se ve como aún lo considera como su propio padre y el hecho de que Nucky le recuerde constantemente que el Comodoro se benefició a su madre teniendo esta 13 años y sin preguntar siquiera su nombre, aunque el “mediador” fuera el propio Thompson, son cosas que hacen reflexionar al chico, y no descarto que efectivamente esté preparando algo contra su padre biológico. Pero si no es así tenemos a Owen, que de momento no lo está haciendo nada mal pero que, sin duda, deberá encontrar a algún compañero para hacer frente a la superalianza que se ha creado contra Nucky.

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