Review Boardwalk Empire: 21

Que habría una segunda temporada de Boardwalk Empire se sabía desde que el piloto triunfó, hace un año. Y nueve meses son los que hemos tenido que esperar desde la emisión de la season finale de la primera temporada para volver a ver a Nucky Thompson y compañía en movimiento. Es lo que tienen estas series con tan altas cotas de calidad… y tan pocos capítulos por temporada. En fin, ya volvemos a tener entre nosotros los tejemanejes del señor Buscemi, amigos, aliados, enemigos y amantes varias.

El primer episodio de esta segunda temporada empieza sabiamente con un repaso de cómo estaban las cosas en la primera, algo especialmente necesario en una serie de este tipo, donde las relaciones entre los personajes y las intrigas políticas son a veces tan enrevesadas que no podemos perder ni un segundo la concentración si no queremos que se nos escape el hilo. Como curiosidad, no oímos el trilladísimo “previously on…“, que por una parte es ya un mito en sí mismo pero que en realidad, aceptémoslo, no hace falta para entender que lo que viene a continuación es un resumen de lo visto hasta el momento.

Supongo que no seré el único, pero esperaba que el primer episodio de la segunda lo dirigiría otra vez Martin Scorsese, pero no, parece ser que tendremos que esperar a que se haga un hueco en su agenda y de momento habrá que conformarse con que siga siendo productor ejecutivo, al igual que Mark Wahlberg, por cierto. Sea como fuere, este episodio no está nada mal. Al más puro estilo de Los Soprano, obra maestra de la televisión con la que por muchos motivos es inevitable comparar esta, empezamos la temporada con una visión general y con música (de la época) de lo que están haciendo los personajes, a los que todo les va genial: corren el dinero, el alcohol y las meretrices, y los “negocios” van viento en popa. Pero…

La destilería clandestina que lleva Chalky White es atacada por el Ku Klux Klan, que mata a varios de sus trabajadores y hiere a unos cuantos más. Chalky los ahuyenta (no le cuesta demasiado, ya se sabe que los matones se acobardan rápido cuando sus víctimas se les encaran) y de paso se carga a algunos de ellos, lo que supone un problema político para Nucky Thompson, su protector y único defensor ante la opinión contraria a los negros, generalizada entre los que tienen el poder y el dinero. Nucky tiene que regañar a Chalky y calmar a la comunidad de color, y mientras tanto en el hogar las cosas no le van tan bien como le gustaría.

Robarle la mujer a otro por el viejo sistema de “te mato y me quedo a tu señora haciéndole entender que conmigo estará mejor que pobre y sola, y ya que tiene hijos pues me los quedo también para sustituir a la familia que perdí” no le ha salido demasiado bien, porque su casa se ha convertido en un gallinero que ni el mejor afrodisíaco podría contrarrestar. Sobre todo ahora que al pequeño Teddy le ha dado por portarse mal en casa y en el cole (de monjas) y jugar con cerillas… de Babette’s, para más inri. Sin perder la calma que lo caracteriza, Nucky convence con palabras amables a un niño preparado para recibir unos azotes de que lo mejor es que se porte bien, y por si acaso le da unos billetes, que nunca vienen mal.

En casa de los Darmody, por otro lado, las cosas parecen ir bien, hasta que nos damos cuenta de que la presencia de una jovencísima y aún apetecible Gillian, la madre de Jimmy y, por extensión, la abuela de su hijo, supone un problema para Angie, que ve como su autoridad se ve cuestionada constantemente y prevalecen las opiniones y las decisiones de su suegra.

Gillian quita hierro al asunto y le cuenta a su nuera una anécdota de cuando Jimmy era un bebé, una en la que nos enteramos de dónde le besaba cada vez que le cambiaba los pañales. ¿Era necesario? Por la cara que pone Angie, seguro que no. Y yo todavía no me he quitado la imagen de la cabeza.

Nos vamos con el agente Nelson Van Alden, que en la primera temporada veíamos como se iba desquiciando y quedaba cada vez más en ridículo al fracasar en su intento de detener a Nucky, pero en este inicio de temporada parece que ha llegado su momento. Lo vemos acompañando a su señora, que está de visita por el 13º aniversario del matrimonio y a la que se lleva a un restaurante a celebrarlo.

Allí el hombre la lía, porque después de la insinuación del camarero de que pueden pedir “algo especial” para beber, este tipo dedicado en cuerpo y alma a la causa puritana de la Ley Seca le parte la nariz y hace entrar a sus hombres en el restaurante y requisar los montones de alcohol que servía clandestinamente pero con (poco) disimulo. La señora Van Alden babea (por decirlo finamente) con el gallardo acto de su marido y de vuelta al hotel donde se alojan los dos estos días se le lanza encima y tiene lugar un encuentro sexual no orientado a la procreación (de hecho, unas horas antes vemos como ella ya ha renunciado a ser madre, “tal como está el mundo”), que seguramente es el único que han tenido en años. Así de casta y pura es su relación. Sin embargo, Van Alden también tiene sus debilidades.

En los últimos momentos de la primera temporada vimos a una Lucy aborrecida por Nucky lanzarse a los brazos del agente, y este, un reprimido sexual de Libro Guinness de los Récords, aprovechaba tan tentadora oferta. Han pasado meses y vemos como después de despedir fríamente a su esposa (besito en la mejilla, leve apretón de manos), que se vuelve a casa sin que él le haya ofrecido quedarse a vivir con él (y expresar este deseo en voz alta tampoco le sirve de nada), regresa a la pensión donde vive y donde Lucy lleva semanas viviendo también. Eso sí, a cambio de dinero. La sorpresa se produce cuando al levantarse de la cama vemos que está embarazada. Y no es un postizo, no, porque sigue esforzándose por aparecer casi siempre tal como el ídolo de Van Alden la trajo al mundo.

A Torrio y Capone los vemos poco, solo en una breve escena en la que un tipo de Cincinnati les ofrece dejar de tratar con Nucky por el alcohol y hacerlo con él. Parece que le harán caso, pero no serán los únicos que darán la espalda al bueno de Steve Buscemi. Distraído porque sus planes para enriquecerse construyendo carreteras en tierras que ha comprado por cuatro centavos se están haciendo realidad, no se da cuenta de que hay un complot contra él por parte del Comodoro, su propio hermano Eli y el hijo del primero, Jimmy, al que Nucky a su vez crió como a un hijo. Este es uno de los temas del episodio: cómo ha cambiado la relación entre estos dos, que ahora se tratan con frialdad y solo se ven (y Nucky no lo esperaba) en el funeral de uno de los del KKK que murieron a manos de Chalky, pero que recuerdan los tiempos en los que Nucky llevaba a Jimmy a matar gaviotas. Ahora es él quien se lleva a su hijo (que “casi se afeita ya”, exagera Jimmy), para quien quiere ser una figura mejor de lo que Nucky fue y está siendo para él. Por cierto, en la escena del funeral tenemos a un viejo conocido (literalmente) de los seguidores de Los Soprano, otro punto de conexión. A ver si lo detectáis.

No me olvido de Richard, el nuevo mejor amigo de Jimmy, que prácticamente vive con él. Por lo menos come, parece que a menudo, en casa de los Darmody, que lo consideran como de la familia. Es lo más cerca de tenerla que va a estar este desfigurado francotirador, que en sus ratos libres se dedica a recortar y coleccionar imágenes de familias felices que va encontrando en libros. Momento muy tierno, por cierto, de un personaje que se dice que ganará protagonismo en esta temporada.

El momento cumbre del episodio tiene lugar poco después, cuando Nucky recibe en plena noche una llamada urgente de Eddie Kessler, su ¿mayordomo?, anunciándole un visitante que necesita verlo urgentemente. Se presenta en su oficina y… es detenido ¡por fraude electoral! Ahí dejamos al protagonista de la serie, detenido y matando a Eddie con la mirada, mientras Jimmy abre por fin el regalo de boda (boda express e íntima, por cierto) que le ha mandado Nucky: una figura de un padre y un hijo cazando. Tras haber postergado el momento durante todo el día, al final coge la estatuilla y la guarda en lo alto del armario. El pasado es el pasado y ahora Jimmy se ha hecho un hombre y no quiere estar más a la sombra de Nucky.

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