Review Black Mirror: White Christmas

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Si cada persona es un mundo y cada familia es un universo, los mundos colisionan como mínimo una vez al año en cada hogar. Es la Navidad. Y hay una distinta para cada familia, lo que significa -obviemos que es una fiesta cristiana- que hay más de siete mil millones de navidades diferentes y que, en consecuencia, hay esos mismos miles de millones de universos cada 25 de diciembre. Pues bien, ninguno de ellos es tan terrorífico como el que se presenta en el especial de Navidad de Black Mirror que ha gestado Charlie Brooker, el creador de esta desafiante y compleja serie que pone sobre la mesa de la conciencia de la sociedad el poder que tiene y, sobre todo, el que puede llegar a adquirir la tecnología en un futuro extrañamente cercano. Este arranque en falso de la tercera temporada -que debería llegar en 2015- se llama White Christmas, se emitió en Channel 4 el pasado 16 de diciembre y, que no os lleve a engaño la tardía publicación de esta review, nos gustó mucho. ¿Y a vosotros?

White Christmas es un episodio distinto a todos los de Black Mirror por varios motivos, pero hay uno que afecta especialmente a su composición: su duración. A diferencia de los anteriores, de 45 minutos, la comida de Navidad de Charlie Brooker dura algo más de una hora y cuarto, tiempo suficiente como para abordar más de un concepto tecnológico, más de una historia personal y, entre otras cosas, para dividir el episodio en varios segmentos… sin demasiado sentido. No era necesario.

No se explica mediante créditos, pero es muy evidente, que White Christmas se estructura en tres partes: una introductoria en la que el personaje que interpreta Jon Hamm, Matt Trent, le explica al que interpreta Rafe Spall, Joe Potter, cuál era su hobby antes de llegar a esa extraña cabaña que comparten en medio de la nada; una segunda en la que el propio Matt cuenta cuál era verdaderamente su profesión; y una tercera en la que Joe explica qué hacía antes de llegar a ese lugar recóndito.

El principal inconveniente de White Christmas, razón por la cual no alcanza el nivel de White Bear (por ejemplo), es que no funciona demasiado bien como una unidad, sino más bien como la suma de sus tres partes. Cada una de ellas está más que justificada, ya que necesitamos saber en qué era bueno Matt (como “guía” de personas con poca confianza en sí mismos) para saber por qué se encarga de interrogar a Joe y con qué tecnología trabaja para entender los conceptos que al final darán sentido al episodio, y a la hora de la verdad el conjunto funciona y el resultado es muy satisfactorio, pero en el desarrollo del episodio se echa de menos algo más de conexión entre las partes. En cualquier caso, el ritmo del capítulo compensa esa desarticulación y Charlie Brooker consigue mantener la tensión a pesar de que más o menos hacia la mitad ya entendemos que en esa cabaña se aplican unas leyes muy extrañas y que nos la van a jugar en cualquier momento. Y el final, insisto, justifica cualquier licencia anterior.

La extraña adicción de Matt

En el primer minuto de juego percibimos que la cabaña donde se desarrolla la acción es un lugar extraño, pero no le damos mayor importancia porque, al fin y al cabo, Black Mirror se toma este tipo de licencias al situarse en un futuro distópico. Será uno de los universos que se dibujan en la mente de Charlie Brooker, pensamos, y nos metemos de lleno en la historia de sus protagonistas. Matt y Joe son dos trabajadores que comparten hogar desde hace cinco años -luego descubriremos ese truco- pero muy pocas confidencias y que, por voluntad del primero, deciden sentarse a la mesa juntos para celebrar el Día de Navidad. Curiosamente, no hay tecnología futurista en esa cabaña, más bien parece una estación de la Iniciativa Dharma en la que Joe y Matt son los Desmond Hume (Lost) de turno.

La tecnología, la primera que presenta Brooker en este capítulo, entra en escena cuando Matt explica a su compañero de piso el episodio de su pasado que supuestamente le ha conducido allí, a esa cabaña inhóspita. Matt era un hombre casado y con una hija que tenía la extraña afición de ser un consejero del amor para personas con poca confianza en sí mismas, a las que ayudaba a través de una tecnología implantada en los ojos llamaza Z-Eye. Lo que veía el “aconsejado”, en este caso Harry, se mostraba a través de Internet en la pantalla que veía Matt, que podía controlar las situaciones, buscar información de las personas en la red y, en definitiva, manipular la realidad para conseguir un fin. El dilema que se plantea aquí es que el que controla la situación no es el actor principal, no es Harry, sino un tipo que mueve los hilos desde la frialdad que aporta la distancia y sin tener en cuenta elementos de las relaciones interpersonales como las emociones o la espontaneidad. Y así acaba todo ese asunto, con el pobre Harry en brazos de una psicópata que lo mata y luego se suicida.

Lo realmente importante no es Z-Eye, una tecnología similar a las Google Glass (algo más discretas), sino una de las funciones que permite este gadget: pixelar a la gente. Con Z-Eye implantado, si pulsas un botón puedes anular la voz y la imagen de la persona que desees. Ella o él te siguen viendo, pero tú sólo lo ves como cuando ponías Canal+ sin descodificador. Salvando las distancias, es como si dejaras de seguir a una persona en Facebook o si lo bloqueas en Twitter, ya que desaparece de tu muro… y de tu vida.

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La tecnología

La segunda tecnología que introduce Brooker, la realmente novedosa e interesante, es la que utiliza el personaje de Oona Chaplin (Game of Thrones), Greta. La idea es que, con una simple intervención quirúrgica, puedes crear un duplicado de ti mismo (o de tu… esencia) para convertirlo en tu esclavo. Otorgándole un cuerpo y un entorno virtual, esta réplica debe encargarse, quiera o no, de controlar toda la tecnología que nos rodea y utilizarla a nuestro gusto: calentar las tostadas hasta el punto exacto, organizarnos la agenda, despertarnos con un sonido agradable, levantar las persianas para que nos dé el sol en la cara y, en definitiva, hacer que nuestra versión “real” sea más feliz. Este juguetito contiene un “extra” que permite controlar el tiempo que transcurre dentro de ese entorno virtual, de forma que un minuto del mundo real pueden ser horas, días, meses o incluso años en el mundo virtual. Una tecnología, por cierto, que ya habíamos visto en Dragon Ball en su famoso “Rincón del Alma y el Tiempo”, aunque algo más limitada: un día en el exterior equivalía a un año en su interior.

Lamentablemente, White Christmas pasa de puntillas por las implicaciones que tiene este gadget y nos deja con la intriga de saber qué pasa con la réplica de Greta. De hecho, apenas desciframos que se trata de una tecnología al alcance de muy poca gente (Greta parece estar podrida de dinero) y que el entorno virtual es una infinita sala de mandos desde la que se puede conseguir de todo, menos la libertad. Espero que Brooker haya decidido desarrollar poco este concepto en White Christmas para tratarlo ampliamente en un episodio de la tercera temporada. Molaría.

La confesión de Joe

Como he comentado, tanto la habilidad de Matt en su faceta de consejero como la tecnología de Greta son herramientas que usa el capítulo para tejer un final de fuegos artificiales. La confesión de Joe arranca con un he never liked me (“nunca le gusté”) que hace referencia a la relación que mantiene con el padre de su ex novia. Es una concesión que nos hace Brooker y que nos pone en preaviso de que la historia, nadie lo dudaba, acabará mal. Y no miente: desde el momento en que Joe entra en fase de “no admitir” para su novia, el pobre chico entra en una espiral de desgracias que alcanza el clímax, en mi opinión, cuando por fin puede ver a su hija y descubre que es asiática. O sea, que no es su hija. Cinco años intentando ver a tu hija y el día que lo consigues deja de ser tuya. La idea del “bloqueo”, que resulta muy seductora para olvidar cuanto antes malos tragos o para evitar discusiones, tiene severas consecuencias a largo plazo, ya que la persona no pasa por ese proceso de duelo con sus respectivas etapas de culpa, desesperación y aceptación.

A Joe le habría bastado con una conversación con su novia o una simple foto de su no-hija, pero Beth le niega ambas cosas y eso acaba generando una enorme detonación en su propio hogar. La tecnología, otra vez, como foco del problema. La resolución del capítulo es de traca, ya que Joe acaba admitiendo que asesinó al padre de Beth y, en consecuencia, dejó morir a la nieta de éste… una confesión que se negaba a hacer en el mundo real.

La cabaña no es más que ese entorno virtual en el que se movía la réplica de Greta (parte II) y Matt no tenía ninguna intención de compartir una comida de Navidad con Joe, sólo se aprovechó de su talento para la manipulación (parte I) para obtener el perdón de la policía, que lo tenía entre la espada y la pared. Matt se vende para sacarle una confesión a Joe, aunque no sé si su “libertad” final valía la pena. Claro que peor lo tiene la versión virtual de Joe, que se queda atrapado en ese entorno para toda la eternidad. “It’s Christmas”, dice uno de los policías. Pesadilla antes de Navidad.

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11 comentarios

  1. Excelente en todo sentido, Black mirror da una visión impresionante hacia donde vamos en la tecnología, viendo lo bueno y malo que implica.

  2. Antonio

    Anda que el que ha hecho la crítica… 4 estrellas de 5?????

    PERO SI ES UNA OBRA MAESTRA!!!!

    • No lo creo así. Para mí, Black Mirror tiene dos obras maestras que son The Entire History of You y White Bear. Y en un segundo nivel estaría Be Right Back y este especial de Navidad.

      • Andres

        Capitulo que toca muchas fibras, y pone a pensar….

        David, buen review; pero creo que este capitulo esta muy por encima de series que le ponen aquí 5 estrellas… Es decir que si los otros que acabas de mencionar son excelentes, ponerle 4 a este, es no darle el merito que se merece… pero bueno, allá tú.

  3. Martí

    A mi me pareció un episodio genial, y la estructura en partes muy diferenciadas que se van sumando me parece todo un acierto. Y un placer ver al gran Jon Hamm en esta gran serie, que ya de por si suele tener grandes interpretaciones.

  4. joseemmanuel

    Me gustó mucho. Yo la verdad no podría ordenar los mejores episodios de esta serie, pero sí sé que este me encantó.

    Sobre la review, quizá no comprendo por qué al autor tiene intriga con el destino de Greta. Creo que es bastante obvio que quedó como esclava para el resto de los días, y que en caso de que no trabajara bien, pues se le castiga o se le reemplaza. Me parece que mucho queda a la imaginación, pero tampoco es un tema como para ser tratado aún más en otro capítulo. Bueno, son opiniones y las respeto.

    No sé si es porque Jon Hamm me agrada como actor o por alguna otra razón, pero me parece excesiva la pena que le dieron a Matt, aun cuando ya él había cooperado con la confesión de Joe. Me parece que lo destinaron a una libertad extremadamente vacía, el no poder tener contacto con nadie, el no poder ver un rostro nunca más. ¿Es mejor esa libertad que le dieron o estar encerrado con otro tipo de condena? En parte esos son los dilemas que nos plantea esta serie (Aun falta información sobre la pena a cumplir por Matt si no hubiera cooperado, pero igual vale y deja qué pensar). Pero bueno, a esto he de suponer que en el futuro la ley es más estricta.

  5. kmj

    Estuve pensando mucho rato despues de ver el capitulo cual es peor castigo de los dos, y solo al idea me agobiaba mucho.
    Estoy de acuerdo que no es el mejor capitulo de la serie, si de los mejores, pero aun asi creo que es de lo mejor del pasado año la verdad.

  6. marcoupsilon

    Black Mirror lo ha vuelto a hacer, me dejo un sentimiento extraño por varios días, como de miedo y ausencia, me dejo pensando sobre varias cosas, como el bloqueo y vivir una eternidad en ese entorno virtual, vivir solo tu y tus pensamientos, seria muy demencial.

    Que tragedia. Este episodio fue excelente, pero opino igual que David Martinez, White Bear, The Entire History Of You y The National Anthem son más suculentos. A esperar la 3era entrega de episodios.

  7. Laura L

    Opino como muchos aquí, White Bear es para mí el mejor episodio hasta ahora, pues si bien todos sorprenden con un impactante giro final en donde nada es lo que parece,este es realmente sensacional…les recomiendo que vean “Inside N°9″(BBC,of course), seis historias independientes de sólo media hora de duración.

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