Review Black Mirror: White Bear

Review Black Mirror: White Bear

Charlie Brooker nos tiene, perdón por la expresión, cogidos por los huevos. No hay serie más fugaz que Black Mirror, y no hay al mismo tiempo serie más eficaz, más universal en la tarea de cumplir con su cometido. Es el caramelo más dulce y breve de la televisión actual. En los cuatro capítulos emitidos hasta el lunes, los tres de la primera temporada y el estreno de la segunda, la joya de Channel 4 había sido capaz de plantarnos ante un cruce de caminos y hacernos pensar, empatizar, reflexionar, argumentar, debatir y, quizá, decidir. ¿Qué harías tú con lo del cerdo, hasta dónde llegarían tus re-do, etc? Con White Bear, Brooker ha ido un paso más allá: no sólo ha logrado la acostumbrada perfecta tortilla (jugosa, mullida, redonda), sino que ha conseguido darle la vuelta delante de nuestras narices. Rota su tendencia lineal habitual, Black Mirror ha rizado el rizo en este quinto capítulo. White Bear nos presenta una presunta realidad para luego, a un tercio del final, cambiar de arriba a abajo las reglas del juego. Una reinterpretación brutal que nos lleva a entender de una vez por todas qué sucede en el perverso mundo en que se mueve Victoria Skillane. En resumen: qué hora de televisión

No creo que tenga mucho sentido detenernos demasiado en comentar el argumento de White Bear. Por un lado, supongo que todos lo tenemos claro; por el otro, creo que interesa el giro final y, sobre todo, algunos de los paralelismos que se pueden establecer entre las dos versiones, la que vive Victoria (y nosotros) primero y la que realmente es después. Por ejemplo: los espectadores. Esos autómatas pegados a un teléfono móvil que no paran de acosar, siempre a una distancia prudencial, a la desorientada chica. En primera instancia parecen terribles: marionetas de un poder mayor, sometidas por quien quiera que haya establecido ese símbolo ortogonal como emblema, alienados, víctimas de la tiranía de sus propios teléfonos y cámaras. El mensaje parece ser ese: lo dependientes que somos de nuestros terminales, lo idiotizados que estamos, que no somos siquiera capaces de ver cómo nos manejan. En primera instancia, los espectadores de seso sorbido parecen esclavos, y por tanto involuntarios. Pero aún así, nuestra intuición es gritarles, y pedirles que ayuden a la mujer amnésica.

Luego vemos que no, que no hay sometimiento alguno. Los espectadores son eso: espectadores. Han pagando una entrada, están de visita en un safari. Entonces el teléfono ya no les esclaviza involuntariamente, sino que simplemente actúa como un filtro de realidad. “No estamos aquí, no participamos de esto, simplemente lo estamos viendo a través del móvil”. Es como si añadiendo ese nuevo nivel, como si al situar una cámara entre la realidad y ellos mismos, los problemas morales se disiparan. Creo que ésta es la llaga a la que va dirigida el dedo de Brooker esta semana, más que a intentar debatir sobre el concepto de justicia. De lo que va White Bear es de nuestra tendencia a empezar a ver el mundo más desde nuestros teléfonos (fotos, tuits, whatsapps, etc) que desde nuestros ojos desnudos. Por muy atroces que nos parecieran los espectadores autómatas del principio, no es nada comparado con el resultado final.

Evidentemente, si introducimos la variable justicia podemos admitir que la lectura cambia. Habrá quien crea que el destino de Victoria es justo y necesario, que su castigo encaja a la perfección con su crimen. Es posible, no lo sé… Lo que sí sé es que no me gustaría ser enemigo del juez que inventó el asunto, porque menuda mente más retorcida. ¡Han creado un parque de atracciones sólo para ella! ¡White Bear Justice Park! Brutal

Review Black Mirror: White Bear

Me ha gustado mucho, y no quiero que suene cruel, la sensación de estar acompañando a Victoria en su viaje. No lo digo, evidentemente, por lo mal que lo pasa (creo que es una de las peores torturas que he visto nunca), sino por esa sensación de desconcierto que se comparte con ella. Durante la primera media hora, durante la farsa, tuve la sensación permanente de que algo no encajaba, de que las explicaciones que le iba dando Jem, la chica con que se cruza, patinaban. Supongo que la idea es precisamente esa: plantear una realidad ligeramente ilógica para que Victoria se coma todavía más el coco, para que no tenga suficiente con gritar y huir sino que pueda guardar un cachito de su cerebro para volverse lentamente loca. Por cierto: grandioso trabajo de Lenora Crichlow, menudo recital de muecas, chillidos y llantos. Muy, muy bien…

Como de costumbre, Black Mirror nos brinda escenas visualmente brillantes: el campo de tortura en mitad del bosque (con el tremendo momento taladro), los enmascarados (especialmente inquietante y aterradora es esa mujer con cara de conejo maligno y cuchillo eléctrico), la lluvia de confeti… Uno de ellos me ha parecido también bastante significativo: el paseíllo de la vergüenza, cuando Victoria vuelve a casa en el coche acristalado a la vista de los espectadores, me ha recordado mucho a Gran Hermano. Con todo, la parte más impactante es a partir de ahí. Primero, con los operarios colocando de nuevo todo cuidadosamente en su sitio (la foto de la niña, las zapatillas, el vaso), poniendo una nueva cruz en el calendario; luego, el montaje final, con los créditos intercalados entre la cotidianidad del día a día del parque. Como diría la protagonista del 2×01, creepy

Obviamente, hay algunas preguntas que flotan. ¿Hasta cuándo podrá aguantar Victoria esa tortura, no ya a nivel psicológico (el reseteo de cada día le alarga, desgraciadamente, la vida), sino a nivel físico? ¿Por qué no le propone a Jem coger un teléfono y fingir que son también espectadoras? Supongo que al haber visto únicamente un día del parque hemos visto también solamente una de las posibles historias, y que hay más de una forma de llegar al final en función de cómo reaccione Victoria en cada momento. Son, por tanto, preguntas menores que no estropean el conjunto.

¿Es White Bear lo mejor Black Mirror hasta la fecha? No lo sé. Sí sé que es, más que ningún otro episodio anterior, un magnífico ensayo no sobre lo que somos, ni sobre aquello en lo que podemos llegar a convertirnos, sino sobre lo que llevamos dentro.

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39 comentarios

  1. Pascual

    El capitulo espectacular. Me puso los pelos de punta y el epílogo final alternado con los créditos lo vi entero con la boca abierta.

    Una curiosidad: hay un relato corto por ahí de Orson Scott Card en su antología Mapas en un espejo que es similar, se llama Mil Muertes y te pone la carne de gallina: El reo, en la cárcel por Dios sabe qué, se ve condenado a muerte. La muerte será televisada por millones de espectadores y ellos decidirán finalmente, cuando el acusado pida perdón en público por sus actos, si es culpable o inocente a través de una votación desde sus casas. Pero, lo mejor de todo es que, si deciden que es culpable, el acusado será torturado hasta un segundo antes de morir y justo antes de que muera, su mente será trasladada a un nuevo cuerpo para volver a repetir la operación. Y así, hasta ser perdonado. La historia muestra el sufrimiento del presunto culpable y su retórica para convencer al auditorio de su inocencia.

  2. KarlosMirror

    Yo sólo decir que he flipado, el resto de capitulos me han gustado pero este ha sido BRUTAL.
    Buah que serie

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