Review Black Mirror: USS Callister

Elegir cuál será el primer episodio de una serie con capítulos autoconclusivos como es Black Mirror no debería ser una cuestión menor, de puro marketing, y sí una auténtica declaración de intenciones, como un faro que marque el universo donde nos moveremos y nos predisponga a consumirla. De nuevo Black Mirror vuelve a apostar por el high-tech y de ahí lo acertado de la elección de USS Callister como primer episodio de la nueva temporada.

Y esto es precisamente lo que Charlie Brooker y William Bridges consiguen con éste primer capítulo (el único escrito por los dos) al que dan el nombre de una nave virtual con una tripulación pintoresca y que nos traslada a las otras USS de Star Trek: misma escenografía, mismos trajes, instrumentaciones y decorados similares… todo parece calcado de la exitosa serie, pero solo lo parece porque USS Callister quiere ir más allá, mucho más.

Construido su argumento como las famosas Matrioshkas rusas, cada espectador se quedará y otorgará el tono y género que más le satisfagan. Y habrá quienes la vean como una comedia de situación, con escenas surrealistas, incluso absurdas pero muy divertidas, mientras que otros descubrirán que tras esa primera fachada se esconden detalles entre algunos de sus personajes con una psicología compleja, con unos objetivos muy marcados y con una razón de ser.

Jesse Plemons (el famoso y divertido carnicero de la 2ªT de Fargo) interpreta a Robert Daly, un genio de la informática y director técnico de la empresa de un juego virtual titulado Mistery of the Infinity Reality donde los clientes pagan por hacer una inmersión en ese juego mediante dos pequeños electrodos colocados en su sienes mientras caen en un sueño profundo. Pero Daly tiene en su socio y antiguo amigo Walton (Jimmi Simpson, el “William” de Westworld) a su bestia negra. Ninguneado por éste, quien ha sabido aprovecharse de los conocimientos de Daly para convertirse en director de la compañía, es él quien maneja la empresa a su antojo, quien se apunta los éxitos y quien humilla al pobre Daly en cuanto se presenta la ocasión.

Esa frustración, ese miedo a enfrentarse a su socio y demostrar que él está al mismo nivel de la jerarquía de la empresa y que fue precisamente él el creador del programa del juego virtual, le ha venido generando un sentimiento de revancha y odio ayudado por su nula capacidad para las relaciones con sus compañeros a quienes también culpa de su estatus actual dentro de la empresa. Sin vida social alguna, su refugio es su casa ultramoderna y plagada de detalles tecnológicos en cuya entrada un póster del juego de mesa gestado en la factoría Warhammer “Space Fleet” y que en el capítulo él nos lo presenta como una antigua serie de televisión de la que es fanático seguidor a pesar de los años transcurridos, nos indica ante quién estamos.

Y allí en su soledad y una vez acabada su jornada de trabajo es cuando Daly, aprovechando sus conocimientos y la tecnología de su propia empresa, se refugia en un juego virtual creado por él y para uso exclusivo suyo semejante al que comercializa su compañía pero con algunas variaciones tragicómicas y perversas. Un juego creado en exclusiva para evadirse de la realidad que le subyuga y que nos traslada a la nave USS Callister donde él es el Comandante al mando y que enseguida notamos que el aspecto de nuestra pantalla se transforma en 4:3 cada vez que se sitúa allí recordándonos a los antiguos televisores cuadrados.
La tripulación de la pintoresca nave la componen algunos de sus propios compañeros de la empresa a quienes ha otorgado un cargo, unas labores y sobre todo una personalidad que nos resultan chocantes y muy extrañas como el detalle revelador –y perturbador– de que Daly ha replicado a sus compañeros sin sus genitales como si de Barbies y Kents se tratasen. Compañeros de trabajo que algún día le hicieron un desplante, que se rieron de él, que le menospreciaron o que simplemente le ignoraron. Esta es su tripulación y así es su venganza.

En ese mundo virtual él manda y todos obedecen, incluso su jefe y socio Walton se muestra obediente y sumiso ante él. Una evasión propia de un acomplejado, un ser frustrado y cruel que utiliza una realidad virtual para hacer todo aquello que no puede hacer en la vida real convirtiéndose así en un Dios implacable y vengativo si algún miembro de su tripulación no le sigue la corriente. Unas situaciones desternillantes en muchos casos y con alguna escenita que nos arrancará más de una carcajada.

Pero resulta que un día llega una chica nueva a la oficina. La simpática científica Nannete Cole (Cristin Milioti, la “Tracy” en Cómo conocí a vuestra madre y la esposa enferma del Sherif de la 2ªT de Fargo) y que es una gran admiradora de los trabajos de Daly. Su admiración por él llega hasta el embobamiento y aunque Daly lo percibe no hace nada por culpa de esa maldita timidez y complejos siendo incapaz de ir más allá y lanzarse a pesar de que ella se muestra entregada y receptiva a que él la abrume sobre su gran admiración por la serie de televisión “Space Fleet” que le marcó desde niño mostrándole con orgullo contenido su extensa colección de cintas de vídeo, DVD´s y Blu-ray´s que lucen en las estanterías de su despacho y que ella, sin salir de su asombro y sin disimular su admiración por aquella afición, lo define como vintage interesándose además si la tiene completa o no.

Sí, la tengo en VHS, en DVD y en Blu-ray. Entera, de la temporada uno a la seis. Ahora está toda en Netflix.

Al final la simpática Nannet se deja influenciar por el resto de compañeros quienes la desaconsejan acercarse al que califican como “rarito”. Ella termina haciéndoles caso y Daly no solo percibe ese distanciamiento sino que ve con sus propios ojos como Walton, su socio, flirtea con ella para ligársela. Otro sueño roto, otra esperanza que acaba en el basurero de su autoestima y una decepción más que añadir a su extensa lista.

Y ante este panorama de desolación ¿qué hace el bueno de Daly? ¿lucha? ¿se revela? pues no, hace lo que mejor sabe hacer: trasladar virtualmente a Nannet a la USS Callister sirviéndose del ADN de ella dejado en un vaso de café y replicarla con el único fin de sentirse superior a ella y someterla a sus órdenes y caprichos dentro de la nave. Lo malo es que Daly ha infravalorado la actitud de la joven y esa rebeldía, ese carácter a medio camino entre la comedia y el drama la convertirán en la heroína de un juego en ocasiones cruel, y en otras cómico a rabiar y cuyas acciones dentro de la nave pondrán en riesgo todo ese falso universo creado por un ser acomplejado y tirano a más no poder.

El capítulo goza de buen ritmo y tensión donde los géneros dramáticos van saltando de uno a otro con desparpajo y donde reconoceremos en algunas escenas de exteriores los paisajes “marcianos” de la isla de Lanzarote donde fue rodada. Lo mejor de su factura es que hace del humor, de lo absurdo y de las situaciones surrealistas su mejor arma, un divertido tobogán por el que deslizarnos para contarnos algo que, desde luego, no es nada cómico sino todo lo contrario.

Nota del autor
4.5
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Review Black Mirror: USS Callister
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5 comentarios

  1. carancho

    Odio la estética de Star Trek, y cuando empezó este capítulo casi lo vuelo… por suerte cambié de idea.
    Excelente.

  2. Erikcito

    Concuerdo con el otro comentario, la estética de Star Trek no le ayuda, fuera de eso es gran arranque para lo que nos tenía guardada la nueva temporada.

  3. Sofi

    Empiezo deseandote un !Un Feliz Año Antonio¡ Que este 2018, sea mucho mejor que el año que se fue, que puedas cumplir todas tus metas propuestas y que sigas escribiendo aquí como siempre, para continuar leyendonos.
    ¡Muy buen inicio de temporada! Me encantó este capítulo en todo sentido. Su juego virtual me hizo recordar a la película “El Vengador del Futuro”, en el que la gente cambiaban sus patéticas y aburridas vidas, por existencias más lúdicas, llenas de aventura y emoción. O al menos lo hacían en sus mentes.
    Este capítulo me hizo pensar en que con los avances tecnológicos, se puede llegar a crear universos paralelos en un futuro no muy lejano, para que las personas podamos adentrarnos en otras vidas, las que siempre soñamos con vivir y que por uno u otro motivo no pudimos hacer que suceda, pues la mayoría nos vemos atrapados en trabajos agobiantes, llevando una rutina aburrida y monótona, de la que muchas veces nos es dificil salir.
    No me extraña que Robert, siendo un total nerd en la vida real, se invente un personaje valiente, aventurero y déspota, que llega hasta crueldades indecibles, con tal de vengarse por las ofensas sufridas en el mundo real.
    Los momentos divertidos eran cuando pausaba el juego y la tripulación se salía de sus personajes ficticios, para retomar sus personalidades reales. Eso, me hizo recordar a Toy Story, cuando los muñecos cobran vida al encontrarse totalmente solos y pueden ser realmente ellos.
    Y como siempre hay un rebelde en cada tripulación, la chica nueva es la encargada de asumir ese papel y lograr lo imposible: salir del juego privado en el que se encuentran y deshacerse de una vez por todas del lider tirano.
    Y aunque tuvieron que sortear muchos problemas, finalmente lo logran, pero no desaparecen como lo pensaban, sino que se adentran en el “infinito y más allá” y pueden interactuar con otros personajes al igual que ellos.
    Muy buena historia para empezar esta temporada y espero que los siguientes capítulos no decaigan.

    • ¡Feliz año también para ti, Sofi! Aciertas de pleno en tu comentario y detallas algo que es la esencia de esta historia: el que llegará un día donde la tecnología pueda implantarnos mundos paralelos que nos hagan vivir vidas más intensas y especiales que las que llevamos en la realidad. Hay en éste capítulo un recuerdo o un homenaje claro al sensacional capítulo de la pasada temporada: San Junipero. La misma idea pero tratada aquí de otra forma más cómica y divertida aunque lo que subyace sea lo mismo.

      Gracias por comentar, Sofi y nos seguiremos leyendo

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