Review Black Mirror: Crocodile

Cada pedazo en que está roto el espejo de Black Mirror es algo distinto, único y hermoso a su manera, cuales copos de nieve. Y en Crocodile, el tono y ambiente que producen los paisajes de Islandia imprimen un tono distintivo en este capítulo. La tierra de hielo y fuego, nos muestra no solo su extraña belleza natural sino sus particulares paisajes urbanos, que a su vez se retratan como un marco hecho a medida para esta nueva ventana a nuestra humanidad. Volvemos a ver que por mucho que cambie el mundo las personas seguiremos siendo personas, con nuestras luces y nuestras sombras. Aunque no hay que olvidar que los reflejos, al igual que los recuerdos, pueden ser engañosos… ¿Y si pudieran extraer esas mezclas confusas de nuestra mente y usarlas contra nosotros?

Los cuerpos de policía y agencias aseguradoras de todo el mundo darían lo que fuera por un dispositivo que permitiera acceder a las memorias de cualquier incidente preocedentes de participes y testigos. En The Entire History of You, ese magnífico tercer capítulo de la primera temporada, ya se reflexionaba sobre un dispositivo que nos permitiría visualizar vívidamente cada minuto de nuestras vidas, haciéndonos presos de nuestras propios recuerdos y privándonos de continuar viviendo en la realidad. Este caso es muy distinto, y el artilugio tan solo consigue reflejar los vagos fragmentos que almacenamos en nuestras subjetivas cabezas, tras verse estimuladas por olores y sonidos. Cuanto más emotiva sea la reacción, más vivida su recepción, y más útiles serán por tanto esas grabaciones. Una herramienta para facilitarnos la existencia, ¿verdad? Pero ninguna tecnología es perfecta, como nosotros tampoco lo somos. Los registros así obtenidos son inexactas e interpretables como los propios recuerdos. Y, sin embargo, reportan datos más fiables que cualquier testimonio sujeto a la voluntad del entrevistado.

El trabajo de Smitri (Kiran Sonia Sawar; Murdered By My Father) es precisamente investigar posibles fraudes en reclamaciones de seguros, hurgando en los puntos de vista de los diferentes testigos. Verificar como estos accidentes menores son realmente causados por una negligencia es su trabajo diario. Así, si en una década los coches autónomos se hubieran consolidado, parece natural usarlos como repartidores. Pero estos pizzeros con mente de fibra de vidrio seguirán atropellando por descuido a sus antecesores humanos. “Pinchando” la misma materia gris, cual detective, Smitri va siguiendo la línea de testigos para intentar dar con alguno que presenciara realmente ese choque. Del registro grabado en sus neuronas podría calcular si la velocidad del repartidor robot era realmente inadecuada. Algo que debería ser sencillo, ya que es requisito legal prestar testimonio por este polígrafo audiovisual. Los reconocimientos faciales de las caras recopiladas por este medio aportan nombres y direcciones de los implicados, en un mundo en que los datos personales son tan poco privados como los recuerdos. A pesar de que algunos de ellos sean embarazosos, sobretodo porque alguno de ellos puede ser incriminatorio. Y estos últimos son lo que recoge del cerebro de Mia Nolan (Andrea Riseborough; Birdman, Bloodline), quien mientras observó el rutinario suceso tenía la cabeza en otras cosas.

La madre y arquitecta de éxito tuvo una juventud alocada. Los excesos de aquellos tiempos transformaron un viaje despreocupado en el peor día de las vidas de ella y su chico de entonces, Rob (Andrew Gower; Outlander). Un minuto, que se les quedaría grabado, llenándoles de culpa y remordimientos. Porque no solo atropellan a un ciclista, sino que, llevados por el pánico y la falta de criterio propias de la embriaguez, deciden deshacerse del cadáver. Ahogarlo junto a su memoria en un lago helado. Reunidos 15 años después en la habitación de un hotel en Reykjavik, Rob también ha cambiado. Ha abandonado las drogas, pero para salir definitivamente de ese pozo necesita enterrar la culpa, sin reparar que eso será lo que literalmente le entierre a él. La reacción de Mia nos resulta extrema porque aún desconocemos que llegar a él a través de esa nota anónima puede ser muy sencillo en ese mundo, que en la mente de su viejo amigo esta la mayor prueba incriminatoria, que su vida estaría acabada. Y su frialdad estalla, disparada por el trauma del pasado. Un golpe dejará un nuevo muerto en sus manos, esta vez obra directa suya. Y cuando decide como deshacerse de ese cadáver, como en un eco del pasado, presencia un atropello desde su ventana. Su sentencia de muerte.

La investigación de Smitri la lleva a extraer la cara de Mia del dentista voyeur del edificio de enfrente, al igual que de sus secretas inclinaciones. El cerebro de la rubia será el siguiente paso para encontrar la la pista definitiva, pero también algo que no buscaba. Era inevitable que, al recordar el atropello, a la mente de Mia acudiera otro junto con aquel asesinato que ocurrió minutos antes. Porque el pulso acelerado de esa mujer y los reparos de abrir su mente no eran por la película porno alquilada, sino porque ya es una asesina y con la india lo será en serie. Antes de acabar con la agente de seguros, que acostumbrada a asuntos más mundanos falla en ocultar el trastorno que sufre al acceder a ese oscuro secreto, Mia necesita recuperar de su mente la información sobre quien puede reparar en su desaparición. La cazadora cazada. Pero llegados a este punto la espiral de violencia esta descontrolada. Intentar que una muerte oculte otra falla cuando no repara en ese pequeño detalle que casi pasamos por alto. La nueva mascota de la familia es el testigo estrella. ¿Quién mata a un niño? Alguien sin escrúpulos y lo suficientemente descuidado para dejarse el cobaya.

“Podemos llegar a ser lo que queramos”

Canta su hijo, inocente, junto al resto de niños; mientras ella no puede ocultar su consternación, su desamparo. En las últimas horas ha manchado algo más que su conciencia, sus manos estan llenas de sangre. La policía se prepara para detenerla en base a las evidencias encontradas, y esperamos que la acaben encontrando culpable por lo que obtengan de su propio cerebro. ¿realmente podemos llegar a ser lo que queramos?. No, no podemos. Nuestros actos nos marcan y dejan una huella imborrable. Marcas inexactas e imperfectas, como nosotros mismos y como todo lo que salga de nuestras mentes. Como esos ingenios diseñados para solucionarnos una vida que puede que no tenga arreglo. Estamos condenados a nuestra humanidad y ninguna maquina va a cambiar eso. Y aunque por un lado podriamos concluir que esta tecnología es precisamente la que consigue atrapar a la culpable, no debemos olvidar que ha sido la que ha motivado a Mia para sus actos. Intentando vivir en un mundo más seguro, lo que conseguimos es acorralarnos a nosotros mismos. Y eso es precisamente el motto de Black Mirror. Una llamada de alerta para que no nos olvidemos de lo que realmente somos y a lo que no debemos llegar.

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7 comentarios

  1. Erikcito

    Definitivamente este para mi es el mejor episodio, será tal vez porque la tecnología está ahí solo como una excusa y nos muestra lo aterradores y perversos que somos los seres humanos, lo terminé de ver y tuve que pausar el siguiente porque seguía pensando en todas la variables que harían una pequeña diferencia con o sin tecnología un episodio en todo regla, aterrador. 5/5

    • Yo creo que quizás es el capitulo mejor construido de la temporada, ya que como dices consigue construir esa tensión y presentar sus protagonistas e historia de manera ejemplar. Las acciones de Mia solo se “entienden” cuando más tarde comprendemos el alcance de esa nueva tecnología, que se aplica a los siguientes personajes para que veamos solo alguno otros ejemplos (el dentista que pretnede ocultar sus inclinaciones, el musico que podria estar estafando a la aseguradora, la chica que recuerda más de lo que dice en un primer momento y sobretodo cuando se aplica a las dos protagonistas. Ysa no hablemos del brillante giro de la cobaya… ¡Gracias por comentar, Electricito!

  2. Luis

    Yo todavía no sabría decir cuál me ha gustado más pero hay que reconocer que este es muy bueno entre otras cosas por la interpretación que hace Andrea Riseborough (Mia Nolan).

  3. Sofi

    Cada día miro un capítulo de Black Mirror, pues son tan buenos que me gusta darles tiempo para procesarlos bien.
    Disfruté mucho de este Crocodile; de su atmosfera, sus paisajes y de toda la trama en si. El accidente en la carretera, cometido por dos chicos borrachos e inconsientes, fue similar, al de “Se lo que hicieron el verano pasado”, pero felizmente eso es lo único que tiene de esa película. Avanza de manera fugaz quince años, y vemos a Mia, convertida en una importante arquitecta y a Rob, como un ex alcohólico. Es curioso, como la vida de ambos son tan disímiles entre si, todo gracias a las decisiones que tomaron y al cómo enfrentaron el suceso traumático que les tocó vivir.
    El accidente del carro de pizza, que en si, es un hecho aislado a la trama de Rob y Mia, sirve para que se descubra el asesinato que cometieron cuando eran jóvenes. Como si se tratase de un juego de dominó, las fichas van cayendo una a una al ir entrevistando a los testigos de dicho accidente, hasta dar con Mia y descubrir su oscuro secreto.
    Smitri, al darles la cerveza a los testigos, me recuerda un capítulo de House, en el que decía que el olfato era un detonante poderoso de la memoria, y en este capítulo vemos que es verdad, pues basta que los testigos huelan la cerveza para que sean transportados a la calle del accidente, donde había varios bares.
    El aparato que usa Smitri, me recuerda al “Pensieve” de Harry Potter, una vasija en la que se almacenan los recuerdos y en la que otros pueden verlos. En este caso, el aparato resulta muy útil para la policía, pero no para el resto de ciudadanos, pues todos siempre tienen algo que esconder, por más ínfimo que sea.
    Es increíble, como Mia, no duda en matar a Rob,a Smitri, a su esposo y hasta a su bebe ciego (dato que ella no sabía por supuesto), para asegurarse de que nadie pueda divulgar su secreto. Y lo tragicómico es que después de tanta muerte, es descubierta por los recuerdos extraídos de la mascota de la casa; un “cobaya”, que aquí en latinoamérica lo llamamos “cuy”.
    Este capítulo también me recuerda a “Crimen y Castigo”, pues no hay crimen perfecto y tarde a temprano la verdad siempre sale a la luz.

    • Me ha encantado tu reseña, Sofi! Totalmente de acuerdo en todo. Yo la vi en inglés sin subtitulos y se me escapó que el bebé era ciego, pero eso le añade un grado de ironía más que me encanta. Tomaré nota en un revisionado, que como dices esta serie hay que administrarla con cuidado. Crimen y castigo, sí, pero ¿acceder a los recuerdos de la gente no es un crimen en si mismo?

      • Sofi

        Por supuesto que si Antonio, Acceder a los recuerdos privados, sin el consentimiento de las personas, también es un crimen y de igual modo debería ser castigado. Felizmente aún no contamos con esa tecnología y de darse el caso de que en un futuro se invente ese aparto, debería ser administrado con mucho más cuidado.
        Yo me refería más que nada, a que siempre hay cabos sueltos. Los criminales como seres imperfectos, (al igual que el resto de seres humanos), siempre cometen errores y es ahí, donde un buen policía, aprovecha esas faltas para dar con el culpable.

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