Review Banshee: Wicks

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Ya hemos pasado del ecuador de la primera temporada, y, como compensación, Banshee nos regala un episodio que pone las cosas muy interesantes. Todo hay que decirlo, ha sido un episodio atípico: apenas si se ha avanzado en la trama, centrándonos sobre todo en el pasado. Aunque, por primera vez, los flashbacks han aportado algo más que imágenes inconexas. Lo sé: aunque no termina de ganarme del todo, empiezo a hacer las paces con esta serie…

Por mucho que tratemos de controlarla a nuestro gusto, la vida no deja de ser más que el resultado de una serie de casualidades que, de forma más o menos directa, van forjando nuestro día a día, llevándonos por caminos que jamás habríamos imaginado. Lo sé, hoy me he levantado filosófica y tenía que demostrarlo. Digo esto, porque Banshee es un ejemplo claro de la manera en la que influyen estas casualidades: al fin y al cabo, Hood es “sheriff” (sí, entre comillas) porque, casualmente, estuvo en el lugar y momento adecuados para ello. Por pura casualidad.

Y, una vez más, la casualidad ha hecho acto de presencia en este episodio: un pasajero sin una ruta determinada, un viaje largo en autobús, una breve parada para estirar las piernas, un cigarro con el que quemar un tiempo muerto, una mirada sin rumbo fijo… y ¡zas! El oscuro pasado de Hood hace acto de presencia en el cada vez menos tranquilo pueblecito de Banshee.

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Sabíamos que Lucas no lo había pasado demasiado bien en la cárcel, y, gracias a los flashbacks, hoy hemos podido comprender por qué. Detrás de su sufrimiento se esconde el misterioso Mr. Rabbit (no puedo evitar acordarme de Jessica Hyde cada vez que oigo ese nombre…). El mafioso, no lo olvidemos, tiene un doble motivo para odiar a nuestro protagonista: por un lado, la traición que cometió hacia él; por el otro, y más importante aún, el hecho de que le apartara de su hija, Anastasia.

Por eso, Mr. Rabbit comienza su particular venganza desde el momento en el que Hood ingresa en la cárcel, tratando de hacerle la vida imposible. Y su mejor arma tiene forma humana: la de un preso albino con cara de pocos amigos y mucha mala idea que no convertirá los días de Hood en la cárcel en lo que se puede llamar una época tranquila.

La historia de la cárcel, en general, me ha gustado. Y eso que no ha aportado nada demasiado novedoso más allá de los estereotipos que estamos acostumbrados a ver en cualquier drama carcelario. Personalmente, no puedo evitar recordar los primeros pasos de Prison Break cada vez que viajo a una cárcel (en la ficción, por supuesto). Y por ahora no he encontrado nada que lo supere…

El flashback, como decía, ha aportado más que la mayoría de los que habíamos visto hasta ahora en la serie. Al menos, sabemos de dónde proviene la enorme cicatriz que tiene Hood en la espalda, y hemos visto en qué circunstancias conoció a Leonard Vanderwick, el nuevo personaje de esta semana. Sin embargo, tengo un par de críticas: por una parte, el viaje al pasado me ha parecido un poco largo; por otra, me hubiera gustado saber cómo se hizo Wicks la enorme herida de la cara, de la que no hay ni rastro en el pasado. En un principio pensé que habría sido cosa del albino, en venganza por lo que Hood le hizo a su amiguito… Un ojo por ojo, vaya, que nunca está pasado de moda. Pero no ha habido ni un comentario al respecto.

Por otra parte, y como no podía ser de otro modo, el flashback ha tenido su correspondiente dosis de violencia. Y ya se sabe que esta serie no escatima a la hora de cebarse en ese tipo de detalles. Personalmente, creo que ahí es donde se encuentra mi mayor punto de desacuerdo con esta serie: tanta violencia me sobrepasa, y reconozco que paso un mal rato con este tipo de escenas. Tanto, que a veces tengo que pasar rápido con mi reproductor estos momentos para evitar apartar la vista. Lo sé, soy una nenaza. Aunque estoy segura de que más de uno habrá disfrutado viendo a Voldemort al albino de esta guisa…

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El caso es que, en la cárcel, Vanderwick aka Wicks se convirtió en un apoyo esencial para Hood. Sin tener por qué, le aconsejó para que pudiera sobrevivir en la cárcel el máximo tiempo posible. Y, aunque Hood se saltó la mayoría de sus prudentes consejos a la torera, contrajo con él una deuda que, justo ahora, toca saldar.

Obviamente, Wicks no puede creer que un antiguo preso haya conseguido llegar a ganarse la placa de sheriff en poco tiempo. Y no tarda mucho en darse cuenta de que hay algo raro tras ello que le puede beneficiar. Al fin y al cabo, como él mismo dice: “El conocimiento es poder”. Y otra cosa no, pero saber, saber algunos detalles que podría poner en riesgo la tapadera de Hood.

En defensa de Hood podemos decir que su primera reacción ha sido la de poner a Wicks a salvo enviándole lejos con algo de dinero para que saliera adelante. Como mínimo, debía honrar los lazos que establecieron en el pasado. Pero Wicks, envalentonado, ha traicionado la confianza de Hood, llamando la atención más de la cuenta. Y, como no podía ser de otro modo, ha terminado dando con sus huesos en el fondo del lago de Banshee, justo al lado del Goya de Bayona…

Mentiría si dijera que me ha sorprendido la muerte de Wicks. Se veía venir desde el momento en que entró por la puerta del casino de Banshee. Sin embargo, sí me ha llamado más la atención la implicación de Sugar y la tranquilidad con la que justifica el hecho. Definitivamente, el camarero no es trigo limpio, y no busca precisamente la tranquilidad en sus últimos años de vida.

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Una semana más, el personaje de Proctor se ha visto afectado al disfrutar de menos minutos en pantalla. Sin embargo, no ha dejado de hacer de las suyas: no ha perdido el tiempo a la hora de continuar con sus sucios negocios, poniendo en jaque la tranquila vida del Reverendo Ramsey y su mujer con tal de conseguir su propósito. Además, continúa con el frente del casino abierto: ¿será capaz de sobreponerse al cambio generacional? Por ahora, apostaría a que sí: este hombre consigue todo lo que se proponga…

Ana, por su parte, también ha tenido que enfrentarse a sus propios demonios. Maz, su hijo, ha tenido una crisis respiratoria que ha desembocado en la peor noticia posible: el chico está muy enfermo y necesitará un trasplante de pulmón. El golpe hace que Ana se replantee sus prioridades, situando a su familia en el lugar principal. Por eso, ante las dudas de su marido (que, por fin, se atreve a preguntarle por su relación con Hood), no se lo piensa dos veces: va a luchar por los suyos, cueste lo que cueste. Y eso pasa, necesariamente, por quitar a Hood de en medio, entregándole a Mr. Rabbit. ¿Será capaz de mantener su determinación y traicionarle de verdad?

Más cosas: no sé si tenéis la costumbre de esperar al final de los títulos de crédito para ver las escenas extra que se incluyen tras cada episodio. Pues bien, la de esta semana ha sido una de las más interesantes hasta el momento: hemos visto a Hood escuchando un mensaje de voz en el teléfono que nos ha dejado descolocados: “Hey, dad. It’s Jason”. ¿Quién es el tal Jason? Su voz suena demasiado madura para ser un hijo del sheriff… pero podría encajar a la perfección si Wicks fuera su padre. ¿Veremos más consecuencias del asesinato del exconvicto, o quedará en una simple curiosidad?

Y, para terminar, sólo tengo una queja que añadir: no hemos visto ni rastro de Job en este episodio. Espero que su traslado a Banshee se aproveche mejor en el futuro… Por cierto, aunque no lo he dicho nunca, me parece muy curioso el hecho de que la intro vaya cambiando con cada episodio, añadiendo imágenes nuevas. Es una gran forma de compensar su (casi excesiva) longitud, ¿no os parece? Hasta aquí mi repaso de este movidito Wicks que, sin embargo, me ha dejado buen sabor de boca. ¿Alguna opinión más en la sala?

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