Review Banshee: Ways to Bury a Man

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En la lista de personajes molones que han pasado por Banshee, Jason Hood ocuparía uno de los lugares más bajos. Seguramente el más bajo. Irresponsable, inconsciente y con un punto gafe, su presencia en la segunda temporada resultaba bastante incómoda. Molestaba. O sea, llevaba escrito en la frente que acabaría enterrado, como sugiere el título del episodio, o convertido en hamburguesa, como finalmente ha sucedido. Lo que no esperábamos, y ahí la serie se ha apuntado un tanto, es que su destino estuviera tan vinculado al estado de ánimo de Lucas Hood, que desde el primer día se vio reflejado en el chico y que convirtió su liberación en una cuestión personal. Sumadle a eso la frustración y la ira que acumula el sheriff por su confusa situación en el pueblo, sin Ana pero con la intención de encontrar la estabilidad por primera vez en su vida, y resulta que Ways to Bury a Man nos traslada a un nuevo escenario que estaba orbitando alrededor de la serie desde su inicio: la guerra entre Hood y Proctor.

  • Episodio 2×07: Ways to Bury a Man
  • Fecha de emisión: 21 de febrero

Un reloj y un fajo de billetes olvidado, una pista de Sugar, una mirada de Rebecca y el enésimo vacile de Proctor, el hombre más seguro de sí mismo de la televisión. No ha necesitado más Lucas Hood para colocar al empresario amish entre su ceja derecha y su ceja izquierda. Como decíamos, Lucas ha convertido la historia de su “falso hijo” en una representación de lo que podría haber sido su vida. Al fin y al cabo, el sheriff no ha podido salvarle el culo a un hombre que ha sido víctima de sus propias malas decisiones. Y de esas, él tomó unas cuantas hace tiempo. Desde que empezó la temporada, Hood ha protagonizado un debate existencial sobre el hombre que fue y el hombre que quiere ser, que tuvo su clímax en el episodio de los unicornios, cuando perdió la última conexión (la casa… y a Ana) con la persona que había sido.

Por eso, el hecho de que su verdadera identidad ya no exista le da importancia a la figura de Lucas Hood, su identidad falsa, ya que para él representa una hoja en blanco, un hombre y un nombre con el que empezar de cero. Eso es lo que quería para Jason, al que además le debía un favor por aquello de haber matado a su padre y haberle brindado esta oportunidad de volver a ser alguien. De ahí que su frustración se gire hacia Proctor, culpable de hacer picadillo (literalmente) al chico y representación del villano contra el que debe luchar el héroe. Porque sí, ahora él también puede interpretar ese papel.

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El siguiente paso en la elemental forma de proceder de Lucas (acción-reacción) era detener a Kai Proctor como en su día querían parar a Leo Messi, “por lo civil o por lo criminal”. Brock le sugiere que considere la opción de hacer de policía un rato, por eso de que lleva una placa, pero Hood se encuentra que entre él y Kai hay primero una pared y luego unas cuarenta vallas electrificadas y con pinchos, que le conducen a una empresa fantasma con sede en las Bahamas que es propiedad de una sociedad de catones que… me entendéis, ¿no? Proctor ha tejido una red que lo hace prácticamente indestructible desde el punto de vista legal, como se ha encargado de comprobar Hood con la ayuda del propio Brock y de Emmett. Lo bueno de hacer las cosas bien es que uno se siente realizado. Lo malo es que casi nunca se encuentra una solución… y mucho menos, una rápida. Por suerte, Hood tiene un plan B y un equipo B: Sugar y Job.

Lo que convierte a Lucas Hood en un buen sheriff es que tiene acceso a lo mejor de los dos mundos, al policial y al criminal. Con una placa en la mano puede entrar en el local de striptease de Proctor a recabar información y con una media en la cabeza puede hacer volar por los aires uno de sus almacenes destinado a la fabricación de blue meth (en realidad, no sé qué cocinan, pero a todos nos ha venido a la cabeza Heisenberg). Esta forma de proceder es ideal para la serie porque condensa en una misma historia a todos sus personajes importantes, tal y como sucedió al final de la primera temporada. Especialmente interesante es la posición de Brock, investigador privado de los asuntos turbios de Hood para Gordon y mano derecha de Hood en su caza a Proctor, al que quiere poner entre rejas desde que tiene placa en Banshee. Brock no tardará en conectar la explosión del almacén de Proctor con los “ardientes deseos” de Hood de acabar con el amish. Y ya sabemos qué les pasa a los que saben demasiado sobre el sheriff

Kai es un elemento indispensable para la serie, que en esta segunda temporada ha sabido ampliar las dimensiones del personaje a partir de detalles. En Ways to Bury a Man le ha tendido la mano a Alex Lognshadow coaccionando a los miembros del consejo que querían acabar con el líder indio, confirmando que, en tema de negocios, un día puedes estar en su punto de mira y al día siguiente en su cama. Más allá del poblado amish, donde se humaniza en contacto con su madre, Kai es un tipo implacable que trata de estirar su imperio a través de la figura de Rebecca, a la que al principio del capítulo le ha enseñado cómo se hacen las mejores hamburguesas. Sea carne de Jason o no, la idea que nos transmite la serie es que los tipos como Proctor o Rabbit, a diferencia de Hood y de Carrie, no cambian nunca.

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Carrie ha cambiado. La cárcel, la distancia y, sobre todo, el miedo a perder a su familia la han alejado definitivamente de Anastasia, a pesar de que la llegada de Hood hace un año le hizo dudar. Ya dijimos que el reencuentro con su familia no sería sencillo y sólo la inestabilidad de Gordon, hundido en sus vicios, le ha abierto la puerta. Carrie sí llega a tiempo al hospital para atender a Deva, que llora por la salud de Max, mientras papá se pierde en los tangas de una stripper y en el fondo de una botella de whisky. Ahora mismo, Gordon es un completo desastre, su familia hace aguas y sólo la enfermedad de Max parece poder devolver el soñado equilibrio. La idea de que el chico “necesita un tratamiento carísimo para salvarse” no añade nada al mundo de las series, pero nos compensa por la posibilidad de devolver a Ana a la acción. Y más si trabaja codo a codo con Job, que reclama más minutos en pantalla cada semana. ¿Cómo conseguirá la pasta Ana? En esta voluntad que ha mostrado la serie de reunir a todos los personajes en una misma historia, me pregunto si Carrie intentará asaltar el casino de Alex o el club de Proctor…

Ways to Bury a Man coloca las piezas y propone un final de temporada en el que el rey negro (Proctor) y el rey gris (Hood) se acabarán viendo las caras sobre el tablero. Y en algún lugar cerca de Banshee, mientras tanto, Nola Longshadow afila su tomahawk, Chayton Littlestone clama venganza, el FBI se acaba de dar cuenta que Jim Racine no contesta el teléfono y Rabbit llena con paciencia el cargador de una pistola. Y de aquí no se mueve nadie, porque me temo que Proctor va a estar cabreado…

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Review Banshee: Ways to Bury a Man
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3 comentarios

  1. Another Longshadow

    Muy buen capitulo!!! La tension sigue subiendo ahora que se acerca el final de la temporada. Parece que Hood y Proctor volveran a estar enfrentados. Me pregunto si encontrara en Nola ,a la cual extraño ver, a una aliada.Que genial seria ver a los dos trabajando juntos. La explosion Michael Bay style fue impresionante.

  2. sofi

    Cada día más interesante. Banshee es una serie que muestra lo que otras no, como por ejemplo como hacer hamburguesas de tu enemigo y estar como si nada. Con esta escena Proctor, tortura a la pobre Rebeca y a la vez le enseña la sangre fría que debe tener para estar al frente de un negocio como el suyo.
    Lo que más me gustó del capítulo es el reinicio de la guerra entre Proctor y Hood, que no se veía desde inicios de la primera temporada. Lo que asegurará que los siguientes capítulos sean muy intensos

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