Review Banshee: The Rave

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La semana pasada hicimos un hueco en nuestra agenda para ocuparnos de Banshee, uno de los estrenos de Midseason. Y las impresiones, la verdad, fueron bastante buenas. Pero ya se sabe que una serie no es sólo un episodio piloto (creo que ya se ha acuñado la expresión “hacer un FlashForward” para eso…), con lo que los siguientes episodios son, si cabe, más importantes a la hora de definir una opinión. De modo que, con la intención de ver si realmente merece la pena, hemos decidido echarle un vistazo a esta segunda entrega. ¿La comentamos?

Antes de empezar, tengo que decir que he visto “The Rave” dos veces. Y la segunda me ha parecido mejor que la primera. Puede que sea porque la vi justo después de terminar la series finale de Fringe. O puede que fuera porque, para el revisionado, mis expectativas eran más bajas. Pero de haberme quedado con la primera impresión, esta review sería mucho más negativa.

La semana pasada comentábamos que la serie parecía tener dos planos principales: el que se desarrolla fuera de Banshee (con el misterioso Mr. Rabbit como epicentro) y el que tiene lugar dentro del pueblo. Para este segundo episodio han optado por centrarse en la segunda opción (a priori, mucho más interesante).

Como lado “autoconclusivo” del episodio, tenemos la trama que da nombre al episodio. “The Rave” (algo así como “la fiesta”, pero a lo grande) hace referencia precisamente a una especie de macrofiesta que se celebra en un granero del pueblo con la intención de vender drogas a los chavales de los alrededores. El término “macrofiesta”, claro está, queda limitado al contexto en el que se desarrolla: el evento es todo lo grande que permite un pueblo del tamaño de Banshee.

Lo importante de la fiesta, en todo caso, sería el contexto en el que se desarrolla: por un lado, el granero pertenece a los Amish (que darán de qué hablar más adelante, espero…). Por otro, aunque oficialmente lo organice un tal Hanson, es Kay Proctor el que realmente se encuentra detrás de todo. El villano del pueblo sigue sumando puntos, y se sitúa como el personaje más interesante de la serie. Un poco exagerado, sí; pero interesante.

Proctor no se anda con chiquitas: vista la manera de actuar de Hood en el episodio piloto, decide hablar con él para ver si puede formar una alianza que beneficie a ambos. Y lo hace, precisamente, advirtiéndole de la amenaza que suponen los Moody, hermanos del hombre al que Hood disparó.

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De hecho, Hood ya ha tenido su primer amago de enfrentamiento con los Moody, aunque haya quedado en nada. Y ha sido así gracias a Sugar, el dueño de la taberna. Sugar es otro personaje al que no terminamos de situar: si bien en el primer episodio le vimos como un buen aliado de Hood (de hecho, fue el que le ayudó a ocupar su nueva identidad), hoy hemos comprobado que debe cierta lealtad a Proctor. O, al menos, le teme.

Más cosas: a base de flashbacks hemos podido ver un poco más del pasado de Hood. Ya sabíamos que se había sacrificado para salvar a Ana, y hoy hemos presenciado el momento en el que ocurrió. Hasta donde sabemos, ambos trabajaban para Mr. Rabbit y, en cierto momento, decidieron traicionarle. Algo que les costó muy caro y concluyó con Hood en la cárcel. A pesar de ello, vemos que el falso sheriff sigue queriendo a la chica. Y da la impresión de que ella tampoco le ha olvidado fácilmente…

Ana, por cierto, también esconde algo: tras su aparente vida normal y su empleo en una agencia inmobiliaria, se esconde una mujer de acción. Si ya en el primer episodio vimos cómo, instintivamente, protegía a su marido tirándole al suelo, hoy hemos podido comprobar que continúa tomando clases de lucha. ¿Sigue temiendo que su pasado vuelva a por ella?

Me gustaría aprovechar para darle un pequeño consejo a Hood: vigila tu comportamiento. El supuesto sheriff no se modera ni un instante a la hora de actuar, ya sea metiéndose en peleas (con los hermanos Moody, por ejemplo), acostándose con mujeres (como Rebecca, la chica Amish, sin cuestionarse quién es) o actuando como policía. Este último aspecto es especialmente llamativo: Hood se toma la justicia por su mano, y no parece importarle nada. Como era de esperar, esta forma de actuar despierta sospechas entre sus compañeros. Especialmente en Brock, el más veterano. Está claro que si la cosa no cambia, su tapadera se puede ver en peligro…

Y ahí está el que, para mí, es el punto más débil de la serie hasta el momento: su poca credibilidad. La clave para disfrutar de Banshee está en no hacerle demasiadas preguntas, que nos podrían incomodar. ¿No es demasiada casualidad, por ejemplo, que el sheriff al que suplanta no tenga ni familia, ni conocidos, ni cuentas en redes sociales? ¿Es creíble que un sheriff, la figura que representa la ley, “acose” a una mujer del pueblo (Ana, en el trabajo) y se acueste con una chica sin pensar en las consecuencias? Al fin y al cabo, Banshee es un pueblo pequeño, donde todo el mundo acaba conociendo los secretos de los demás. Y eso no le convendría para nada…

Como puntos más interesantes, por ahora, me quedo con Proctor y los Amish. De estos últimos me parece muy interesante el choque intergeneracional que se puede explorar; las diferencias de opiniones de los más jóvenes y los mayores, que ya hemos podido ver en este segundo episodio. Además, no olvidemos que Proctor era uno de ellos. Por otra parte, me gusta el papel del malo malísimo. Me atrae esa pasividad que parece mostrar ante todo, aunque está cometiendo el más cruel de los crímenes. Es muy frío, y eso gusta. De hecho, la escena que más me ha gustado de todo el episodio ha sido la de la incómoda cena en su casa. Este personaje promete…

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¿Alguien más ha visto el episodio y se anima a compartir su opinión?  


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