Review Banshee: Meet the New Boss

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Tercer episodio de Banshee, y aún no sé muy bien qué opinión tengo de esta serie. El piloto me gustó (bastante), mientras que la segunda entrega me decepcionó un poco. Y ahora, en su tercera parte, ha vuelto a engancharme, superando incluso al piloto. Por ahora ganan los positivos a los negativos. Esperemos que el balance siga, como mínimo, así durante el resto de episodios. Ya lo iremos viendo conforme avance… Por ahora, lo que nos toca es comentar este 1×03. ¿Queréis que conozcamos al nuevo jefe?

Entre otras cosas, el motivo por el que “Meet the New Boss” me ha gustado más es que nos ha ayudado a ir conociendo un poco más a los personajes. Hasta ahora sabíamos cosas de ellos, pero aún resultaban un poco planos. Hoy, sin embargo, tenemos una idea más clara de los protagonistas.

El episodio se abre con la que probablemente sea la escena más sorprendente de todo el capítulo: Ana (ahora Carrie, no lo olvidemos) se cuela en casa de su antiguo jefe, el misterioso Mr. Rabbit. Pistola en mano le obliga a esposarse a su cama, y le devuelve los diamantes que le debía. ¿Está saldada, después de tantos años, su cuenta? Por desgracia, su antiguo jefe le dice que no: no sólo quiere los diamantes; quiere también a Lucas Hood. Si se lo entrega, será libre para siempre. Y ella parece aceptar el trato…

A lo largo de la escena hay algo que nos llama poderosamente la atención: Mr. Rabbit está muy tranquilo. Quizás demasiado. Sabemos que los grandes villanos tienden a ser impasibles. Pero en este caso da la impresión de que el ucraniano siente alegría, casi alivio, al ver a Ana. Y pronto descubrimos por qué: Ana es, en realidad, su hija. Esto, sin duda, cambia mucho la perspectiva de las cosas… y nos da una idea clara de cómo está el asunto: Mr. Rabbit está dispuesto a perdonar y a dejar en paz a su hija siempre y cuando tenga a Hood. ¿Cederá Ana en ese aspecto? Ya lo veremos…

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Sin cambiar de tercio, vayamos ahora con el otro gran villano de la serie: nuestro adorado Kai Proctor, el personaje más atractivo de Banshee. Y lo es más aún después de esta semana, en la que hemos visto que, tras esa dura máscara que muestra, muy en el fondo, tampoco tiene las cosas demasiado fáciles.

Avisado por Sugar de que su sobrina Rebecca está de nuevo haciendo de las suyas en la taberna (y, de paso, desahogándose, de nuevo, con Hood), Proctor decide ir a buscar a la joven Amish y hablar con ella para ayudarla a entrar en razón.

La conversación nos ayuda a descubrir algo nuevo en Proctor: a pesar de las apariencias, no es tan fácil ser él. Es duro, sin duda, vivir tan cerca de su familia y, a la vez, sentirse tan alejado de ellos. Se siente solo, y trata de ocultarlo dando a los demás una imagen que haga que le respeten. Su sobrina, en cambio, no ve las cosas del mismo modo: para ella, su tío representa todo lo que quiere llegar a ser. Fue el único con el valor suficiente como para dejar atrás su comunidad y hacerse libre. Y, además, cree que disfruta siendo “el malo”. Una interesante escena que nos ayuda a explorar un poco el tema de los Amish y la dificultad que entraña el seguir ese tipo de tradiciones en la actualidad.

Otro de los momentos más interesantes del episodio ha tenido a Lucas y a Ana como protagonistas. En el entierro del chico que murió la semana pasada, Gordon, el marido de Ana, ha invitado a Hood a cenar como agradecimiento por haber ayudado a su hija. La cena, por supuesto, partía con todos los ingredientes necesarios para despertar nuestra atención. Y así ha sido.

La tensión entre Ana y Lucas ha sido más que evidente durante toda la cena. Ambos han estado claramente incómodos; sobre todo, ella. Hood se ha mostrado algo más relajado, e incluso ha sido cariñoso con los niños. Pero, en cuanto ambos se han quedado a solas, la realidad ha salido a la superficie: hay muchas heridas sin cerrar entre estos personajes, y eso es evidente. Ana, por un lado, le recrimina a Lucas que no es el mismo, que antes solía ser más amable. Y él no se anda con paños calientes: después de 15 años de soledad en la cárcel, lo mínimo que puede permitirse es estar enfadado. Mucho. Es lógico el resentimiento que siente, y es posible que veamos sus consecuencias dentro de poco.

Por ahora, Ana ha hecho una nueva visita a Hood, entregándole los diamantes y pidiéndole que se vaya. Pero él no está dispuesto a ceder: no se va a dejar comprar tan fácilmente. La tensión entre estos dos personajes resulta cada vez más atractiva.

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Pero volvamos al pueblo de Banshee, que esta semana se encuentra algo alterado por la llegada de un nuevo espectáculo al casino local: un luchador apellidado Sánchez que, contratado por Kai Proctor, promete entretener a muchos vecinos. Y, de paso, hacer que jueguen su dinero.

Este tipo de personajes no son precisamente mi debilidad, pero hay que reconocer que la cosa, en principio, no va mal: la gente quiere espectáculo, y Sánchez está dispuesto a darlo. Quizás, un poco más de la cuenta, según advierte Sugar, que, habiendo sido un luchador profesional, es capaz de distinguir cuándo alguien disfruta haciendo más daño del necesario. Y Sánchez oculta algo peligroso… De hecho, el luchador no duda a la hora de retar a una pelea al sheriff del pueblo. Y, contra todo pronóstico, Hood se niega.

Sin embargo, no nos hace falta esperar demasiado para conocer el auténtico carácter de Sánchez: poco después de su primera exhibición, y ya en su caravana, asistimos a una dura escena en la que el luchador viola y maltrata a una chica del pueblo, dejándola en un estado lamentable.

En el hospital, Hood saca, quizás por primera vez, su lado más comprensivo. Ese que Ana echaba de menos y que, casualidades del destino, puede presenciar allí mismo. Sin duda, viejos sentimientos empiezan a despertar en lo más profundo de Ana…

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El caso es que, ni corto ni perezoso, Lucas se dirige al casino junto a su compañera Siobhan para detener a Sánchez. Hay que decir que, dentro de la comisaría, la muchacha es la única que parece sentir algo de simpatía hacia él. Simpatía que se ve debilitada cuando observa que Hood está a punto de ceder ante las presiones de Proctor, que no está dispuesto a que su espectáculo cierre antes de tiempo, con la consecuente pérdida de dinero que supondría. La agente no duda un instante a la hora de recriminarle a Hood que es igual que el sheriff anterior; alguien que se vende fácilmente a manos de Proctor.

Por suerte, Hood no es así. Las palabras de Siobhan y el hecho de descubrir que Sánchez está acostumbrado a actuar así despiertan algo en él. Y así comienza la acción.

Sabíamos que Banshee es una serie violenta, así que podemos esperar una ración de golpes y sangre en cada episodio. Y en esta semana, el plato fuerte ha sido la pelea entre Hood y Sánchez. Una lucha que, aunque en un principio parecía inclinada hacia el lado del segundo, pronto se ha puesto de lado de nuestro falso sheriff. No suelo ser muy fan de las escenas violentas, pero reconozco que lo he pasado muy bien con esta pelea y con el triunfo de Hood. Ahora sí, “meet the new boss”.

Por supuesto, su actuación ha molestado a Proctor, que no ha dudado un instante en ir a presionarle para que cambie de actitud. Hood, por supuesto, no se ha achantado ante él. Pero Proctor es consciente de que, en el fondo, ambos no son tan diferentes. Parece que aún no ha perdido la esperanza de conseguir que Hood se venda. Ya veremos si lo conseguirá. El cara a cara entre estos dos personajes no ha hecho más que empezar.

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Por último, hay que mencionar la actuación de un personaje que me ha llamado mucho la atención: el secuaz de Proctor, que, con sus gafas y su traje, parecía poco más que un pringado, y que nos ha sorprendido muchísimo con esa última escena en la que le hemos visto reclamar el dinero de su jefe. Está claro que Proctor no se rodea de corderitos… Por cierto, para el que no lo sepa, todos los episodios de Banshee terminan con una breve escena sin diálogo que se puede ver tras los títulos de crédito. Y la de esta semana estaba dedicada a este misterioso personaje.

Acabamos con un cliffhanger que seguramente dará muchos dolores de cabeza a Lucas en el futuro: alguien ha grabado la pelea con Sánchez y la ha subido a internet. Su tapadera se ve amenazada. ¿Tendrá que recurrir a Job para solucionarlo?

En definitiva, un episodio con acción pero que también nos ha ayudado a conocer más a fondo a los personajes principales. Y eso, la verdad, se agradece. Por ahora tengo que decir que Banshee me está dejando buen sabor de boca…


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