Review Banshee: Half Deaf Is Better Than All Dead

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Seguimos avanzando en la temporada de Banshee en una semana en la que nos hemos encontrado con la noticia de su renovación: está claro que Cinemax está contenta con la manera en la que está funcionando la serie, y no ha dudado a la hora de seguir apostando por ella. Sus tres primeros episodios han bastado, al parecer, para convencer al público. ¿Habrá hecho lo mismo el cuarto? Vamos a verlo…

A estas alturas, ya está claro qué es lo que ofrece Banshee: mucha violencia, bastante acción, y algo de sexo, que nunca está de más. Con estos ingredientes, y cayendo, a mi pesar, un poco en el tópico, podría decirse que busca centrarse, sobre todo, en el público masculino. Lo sé, es mucho generalizar y a lo mejor que equivoco… pero es lo que percibo por ahora. Y no da la impresión de que la serie nos vaya a sorprender en otros aspectos.

Un punto a favor de este episodio es que no se ha olvidado de las tramas anteriores (algo muy común en los autoconclusivos): recuperamos el tema principal del segundo episodio, The Rave, para ir en busca de los culpables que montaron la fiesta que concluyó con la muerte del hijo del senador.

La investigación se ha centrado en la búsqueda de Hanso, el tipo que organizó la fiesta y que, como sabemos, está muerto. Creo que nadie ha olvidado esa escena en la que, mientras cenaba, un impasible Proctor oía de fondo el ruido de su perro impartiendo su particular justicia. Además, en ese mismo episodio, en la breve escena que aparece tras los títulos del final, pudimos ver al propio Proctor y a su ayudante deshaciéndose del cadáver. De hecho, asistimos a las mismas imágenes que Arno, el testigo de este episodio, grabó con su móvil.

Que Proctor no es trigo limpio es algo que Hood ya imaginaba. Pero tener pruebas tan claras supone una gran oportunidad de echarle el guante. Lo mismo ha debido pensar Emmett, el compañero que ha acompañado a Hood esta semana. Me ha gustado la relación entre ambos: ha quedado claro que a Emmett también le gusta hacer las cosas a su manera, y que no se corta un pelo a la hora de emplear la violencia si lo ve necesario. Si en un principio creíamos que Hood encontraría más oposición entre sus compañeros de trabajo, ahora parece que está sabiendo cómo ganárselos mejor de lo que parecía.

proctor

El caso es que dar con Proctor y detenerle ha sido fácil. Demasiado fácil. Pero claro, no contábamos con la interrupción de los otros grandes enemigos de Hood: los hermanos Moody, que aún buscan venganza tras la muerte de su hermano.

La escena del río es una demostración más de lo que comentaba al principio: violencia sin más pretensión que la de entretener. Personalmente, a mí me impacta mucho más, por ejemplo, ver la rabia contenida de Proctor practicando boxeo en su casa o gritando en la ducha (última escena, tras los créditos) que secuencias tan explícitas como la del río o la pelea en el ring del episodio anterior. Pero claro, sólo es una opinión. Quizás vosotros no opinéis lo mismo.

Una vez más, Hood se ha impuesto sobre sus rivales, y ha tenido el valor de dejarles ir (con una oreja menos, todo sea dicho). No sé muy bien cómo funciona la justicia por esos lares, pero lo cierto es que, siendo sheriff, Hood se podría aprovechar mucho más de su posición. Aunque si ha decidido actuar así y darles otra oportunidad, no seré yo quien lo ponga en duda.

De modo que, a pesar del incidente en el río, Proctor ha terminado dando con sus huesos en una celda. Imaginábamos que la situación no se prolongaría demasiado, aunque al menos nos ha servido para asistir a un diálogo interesante: el que ha mantenido con el joven alcalde de Banshee. Vemos que el muchacho tiene, entre sus objetivos, hundir al empresario para así vengar, en cierto modo, a su padre. La venganza suele ser una de las motivaciones más fuertes, y está claro que el joven alcalde la tiene muy presente. Quizás pueda convertirse en un aliado de Hood después de todo…

alcalde

Aunque Hood, todo hay que decirlo, no se conforma con asentarse en su puesto de sheriff y vivir una vida más o menos tranquila en Banshee. Apenas salido de la cárcel, y aun sabiendo que hay más de un objetivo centrado en él, no duda a la hora de volver a las andadas y dar un golpe de los suyos. Lo más curioso ha sido ver a Sugar implicado en ello. El exboxeador está cansado de su aburrida vida de tabernero, y quiere pasar a la acción.

Otra persona que no ha quedado indiferente ante esto ha sido Ana: en contra de lo que esperábamos, la antigua compañera de Lucas ha tenido las agallas de ir a ayudar al sheriff aunque no tenía por qué hacerlo. Pero se le ha notado a la legua: ha disfrutado en grande haciéndolo, y probablemente no tardaremos mucho en verla en acción otra vez. Además, sigue recordando a Hood en el plano más íntimo (cada vez con más frecuencia), para desgracia de su marido, que ya empieza a sospechar que ocurre algo raro. Tampoco creo que tarde demasiado en atar cabos…

Y si nos faltaba alguien para este equipo, hemos encontrado al candidato perfecto: Job ha llegado a Banshee, y promete dar muy buenos ratos. Hasta ahora no hemos tenido muchos minutos con este personaje, pero las escenas en las que ha aparecido no han pasado desapercibidas. Está claro que, a su manera, la presencia de Job va a revolucionar a nuestros protagonistas. Esperemos que cumpla lo que se espera de él.

Por ahora da la impresión de que, en adelante, veremos a Hood y los suyos actuando más (si cabe) al margen de la ley. Sin olvidar, claro está, la sombra de Proctor, que se ha visto derrotado por primera vez y no está acostumbrado a que nadie le tosa. Se aproximan tiempos movidos en el pueblecito de Banshee…

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