Review Band of Brothers: Why We Fight?

El trote de las herraduras de las bestias repicando contra los adoquines, transportando allí y allá, los restos de su inmediato pasado, otrora esplendoroso, brillante, orgulloso, criminal. Un cuarteto de cuerda, en medio de una ciudad destruida por la guerra. Mientras los vecinos de Thalem, recogen sus pocas pertenencias, limpiando las calles, apilando ladrillos, el violin llora. Llora de pena y esparce al viento sus meláncolias notas.  Pues el violin es también hijo de la inteligencia del hombre, de su amor por la vida y la creación. Pero cuando lo han sacado a la luz, dejando su tranquilo reposo de su caja de cuero negro, ha visto lo que su padre ha hecho a sus hermanos. Lo ve, lo siente, pero lo peor de todo, es que lo puede oler.

El noveno capítulo de Band of Brothers, penúltimo de la serie, es quizás, el más duro y emotivo, ya que, es la primera vez en toda la serie que los hombres de la Easy descubren el éxtasis criminal, el mayor legado de Hitler a la Humanidad, en primera persona. El capítulo reza por el título de “Why We Fight” (¿Por qué Luchamos?). Este hallazgo, tan real como cruel, responde inmediatamente a la pregunta formulada.

Esta vez, el capítulo no sigue una línea cronológica normal, sino que comienza un 11 de abril en la ciudad de Thalem, Alemania. Los soldados observan como los habitantes se afanan en las tareas de reconstrucción. Acto seguido, el capítulo sigue pero transportando la acción a un mes antes, un 11 de Marzo de 1945, cerca de Stüzelberg, Alemania. Más adelante, se dará una curiosa paradoja. Y es que, al final de capítulo, de vuelta al 11 de Abril en la escena del pueblo,  Nixon informa a sus hombres que Hitler se ha suicidado. Los destinan a los Alpes. Si se entiende, por sentido común,  que es la misma fecha, día y hora, de la escena del comienzo, se trataría de un grave fallo. Porque todo el mundo sabe que Hitler se suicidó 19 días más tarde del 11 de Abril, es decir, el 30 de Abril de 1945. Por tanto, deberíamos entender, que la escena del principio y el final, no son la misma.

En marzo de 1945, la guerra tocaba a su fin. La 101 había tomado posiciones cerca de la zona industrial del Rhur, en el margen occidental del río Rhin. Cerca de Düsseldorf. Al segundo Batallón le asignaron desde Sturzelberg, al norte, hasta Woorigen, en el sur. La 82 Aerotransportada, permanecía en Colonia, en el flanco derecho del Batallón.

Las ocupaciones de la Easy, como vemos en el capítulo, corresponden más a acciones de ocupación que de batalla. Así pues, vemos por ejempolo como los soldados Lutz y Perconte, inspeccionan una granja en busca de huevos para el desayuno. Topan con una joven alemana que sale corriendo nada más ver a los hombres.  Lutz, como todo soldado americano, dispone en abundancia de chocolate y cigarros, las nuevas monedas de la Alemania de postguerra. ¿Quizá algo de chocolate encienda la pasión en la joven mujer? Por respuesta, Lutz se llevó una bofetada como premio. Al menos, ese día comieron ricos huevos recién cogidos del corral.

Por aquellas fechas. Eisenhower últimaba los detalles de la Operación Varsity. Muchos hombres de la 101 esperaban ansiosos poder dar el salto definitivo a Berlín. Pero Eisenhower, quiso dar una oportunidad a la División 17, que saltaría junto con la 1 y 6 británicas. La 82 y la 101, se mantendrían, esta vez, a la espectativa.  Sin embargo, algunos hombres de la 101 si saltaron aquél día del 24 de Marzo de 1945. Uno de ellos fue Lewis Nixon, que fue asignado como observador en jefe de la 101 y por este motivo, tuvo el honor de ser una de las dos personas del 506 con tres estrellas en sus alas de salto (Wings). Sin embargo, Nixon no atravesaba su mejor época en el Ejército. Confiesa, abatido, a su buen amigo Winters, que no está mal contar con tres estrellas para un hombre que no disparado una sola vez en combate. Sólo él, como jefe de salto,  y dos personas más sobrevivieron de su C-47, que fue alcanzado por fuego aéreo. Winters, apesadumbrado, informa a Nixon que el Coronel Sink ha hablado con él. Nixon es trasladado a la sección de Operaciones. Ha sido degradado.

Nixon además, tiene un serio problema con el alcohol. Por un motivo doble. Su afición por el oscuro licor está afectando a su reputación dentro del Batallón y por otro, su marca favorita de whiskey es Vat 69, muy difícil de encontrar en Alemania.

Hay otros oficiales con sus propios problemas. El teniente Speirs por ejemplo, que vive obsesionado, noche y día, con saquear todo lo que puede. Bandejas, cristalería, copas, plata, oro, relojes…, todo es bueno y apto para ser enviado a Estados Unidos, donde todo ese botín tendrá un suculento valor. En esos días de escasos combates, el soldado encargado del correo y los paquetes es el hombre con más trabajo del Regimiento. Nixon acude en su ayuda, quizá él le pueda conseguir algo de Vat 69.

Dentro de los pelotones, la vida transcurre con una comodidad nunca conocida desde que empezaron la guerra. Comida caliente, camas confortables, duchas e incluso papel higiénico. Las tareas son rutinarias y de poco calado. De vez en cuando hay algunos choques de artillería pero el fuego de armas ligeras es casi inexistente. Algunos soldados como O’Keefe, ansían entrar en combate, lo que provoca no pocas fricciones con los viejos y endurecidos hombres de Toccoa.

Pero la calma iba a acabar pronto. En pocos días ocurrirían acontecimientos muy relevantes. El 12 de Abril, Nixon entra en el Estado Mayor del 2º Batallón, Winters y Speirs conversan sobre operaciones. Nixon trae una mala notícia. “El Presidente ha muerto”. El 18 de Abril, toda la bolsa de resistencia alemana se rindió. Casi 300.000 soldados deponen las armas. El 22 de Abril, la 101 y por tanto la Easy, tienen órdenes. Marcharán a los Alpes, Baviera, el sur de Alemania. El nacimiento y cuna del nacionalsocialismo.

En el capítulo, vemos como los hombres de la 101, abandonan los típicos camiones bamboleantes del Ejército por otros vehículos altamente llamativos. Se trataba de los DUKW, conocidos popularmente como “ducs”(patos). Eran unos vehículos anfíbios diseñados por GMC, tuvieron una importancia destacada en la invasión a Sicília en 1943. La Easy se detuvo a pasar la noche en Buchloe, cerca de Landsberg, el 29 de Abril.  Era tiempo para buscar cobijo, tomar prestadas las casas de los habitantes y montar guardias, puestos de mando y patrullas en los bosques para evitar emboscadas. Nixon sigue son su cruzada partícular, la búsqueda del Vat 69. Irrumpe en un casa, donde topa con la mirada fría y acusadora de la mujer de la casa, ultrajada porque Nixon ha roto la foto de su marido, oficial alemán distinguido con la Cruz de Hierro.

La frondosidad de los bosques recuerda a Perconte el infierno de Bastogne (“dejando de lado el frío, la nieve, y la artillería boche estallando encima de nuestras cabezas, sí, es bastante parecido”).  En una de esas patrullas, el silencio comienza a abotargar las mentes y a acelerar los corazones de los hombres de la Easy. “Este silencio no es normal”. Avanzan con cautela para encontrarse por primera vez, con el más puro horror nazi. Perconte no pierde tiempo y corre a avisar a Winters. Prontó toda la compañía descubre uno de los muchos campos de trabajo, que formaban parte del complejo asesino de Dachau. Estos campos no eran como los campos de exterminio de Auswitz (si es que, podemos poner niveles y/o números en la escala del horror) pero de igual forma, el trato dado a los prisioneros (polacos, gitanos y mayormente, judios) concebía su uso como mano de obra esclava con el destino más que probable de la muerte. La muerte por enfermedad, inanición, y por supuesto, ejecución, fue el cuadro dantesco que los hombres se encontraron nada más salir del bosque, un bosque que parecía encantado. Fosas comúnes, cadáveres apilados en vagones de tren fantasma, restos de lo que algún día fueron personas caminando sin rumbo vestidas tan solo por un pijama de rayas roído y maloliente, y estrellas, cientos de estrellas de David por doquier. Y el olor. Un olor que ni la más sádica mente nazi podría disimular. Un olor que paralizaba.

Hasta entonces, los americanos tenían una concepción bastante buena, por lo general, del pueblo alemán. A excepción de gente como Liebgott, que como judio, no podía tenerles en mucha estima, el trato con ellos era bueno. El descubrimiento de estos campos supuso una especie de shock para muchos hombres.  Winters puso todo el Batallón a trabajar, pero los oficiales médicos recomendaron contener a los prisioneros en los campos. Sería más fácil ayudarles dentro que fuera de ellos. Nixon reporta a Winters que los aldeanos no se creen las historias que cuentan los americanos, dicen que exageran. Winters, hace saber a Nixon que pronto cambiarán de opinión. La indignación creció desde el más bajo escalafón hasta llegar al general Taylor y este decretó la Ley Marcial. Cualquier persona sana entre los 14 y 80 años, ayudaría a trabajar enterrando los cadáveres de los campos. Si algún hombre o mujer dudó de la existencia de los mismos, muy seguramente, cambió de parecer durante aquellos días. El teniente, ahora en la sección de operaciones del Batallón, recientemente degradado por Sink y con su mujer comunicándole por carta el divorcio, se pasea de nuevo por el campo, como si quisiese confirmar que lo que ven sus ojos es cierto. En medio del infierno, observa a la mujer, que unos días antes, le había desafíado orgullosa en su casa. Ahora la mirada no es la misma. Todo rastro de orgullo ha sido eliminado, sus ojos azules muestran desorientación, la mentira seguida desde hace tantos años ha sido revelada.

El siguiente destino de la Easy, estaba más al sur de Munich. Un tranquilo pueblo al cobijo de los Alpes…Bertchesgaden. El Nido del Águila.

“Durante los meses siguientes, los Aliados siguieron descubriendo campos de prisioneros de guerra (POW), campos de concentración y de exterminio. Estos campos fueron parte del intento nazi de aplicar la Solución Final al Problema Judío.

Entre 1942 y 1945, 5 millones de personas de minorías étnicas y 6 millones de judíos fueron asesinados – la mayor parte de ellos en los campos.”


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