Review Band of Brothers: The Breaking Point

Bastogne. La sola palabra retumba aún hoy en día en los veteranos de
guerra de la Segunda Guerra Mundial. La ofensiva nazi en las Ardenas
languidece, todo parece a favor de los Aliados, pero por más que las
victorias se sucedan rápidamente, el tiempo siempre discurre mucho más
lento para el soldado de infantería.
La compañía Easy entró en Bélgica con 121 hombres, entre oficiales y soldados,
más 24 soldados de reemplazo. ¿Con cuantos hombres saldrá de la misma?

La Easy es enviada a despejar los bosques de los alrededores
de Foy, 5 kilómetros al norte de Bastogne. En medio de su avance hacia el frente de Foy, el soldado Hoobler tuvo un mortal
encuentro con un correo alemán que atravesaba las líneas a caballo.
Hoobler dio el alto pero el soldado alemán salió al galope. Hoobler
disparó una vez, erró, disparó otra, y esta vez no falló. El soldado
alemán cayó inerte al suelo
. Hoobler estaba dando la lata desde
Normandía con encontrar una Lugger para su hermano pequeño. La Lugger
era una pistola de oficial entre la tropa alemana, que emitía un
sonido muy característico. La alegría de Hoobler al obtener su
recompensa fue enorme. Se movió de agujero de tirador en agujero de
tirador explicando su hazaña, cómo había abatido al enemigo. Pero
el destino tenía guardado para Hoobler un dramático final. El
desconocimiento de un arma es mortal, y él se enfundó el arma en los
pantalones sin haber echado el cierre; la pistola, accidentalmente,
se disparó, sesgando una arteria.

La muerta era segura e
inevitable. Intentaron ayudarle pero todo fue un vano. Buck Compton,
uno de los líderes naturales de la Easy, recibió un duro golpe.
En medio de este trágico incidente, Carwood Lipton, primer sargento de
la compañía, informa al comandante del 2º Batallón, Dick Winters,
del terrible suceso. Winters interroga a Lipton sobre el paradero de
Norman Dike, el teniente y comandante de toda la Compañía Easy.
Winters razona que esa clase de noticias deberían venir de él. La
tristeza y la desazón invaden el rostro de Lipton. Winters tiene
razón. ¿Donde diablos está Dike?

Norman Foxhole Dike es el líder, al menos por rango, de la compañía
Easy. Es el favorito de alguien en el Estado Mayor de la 101, alguien
que lo ha colocado ahí, en ese lugar de tan elevada responsabilidad,
como un objetivo más a cumplir en una carrera militar hacia el
generalato. Pero Dike no goza ni del respeto ni de la confianza de los
hombres de la Easy. “No era un mal líder por tomas decisiones
equivocadas, era un mal líder por no tomar decisiones
“. Winters tiene
sobradas razones para desconfiar de Dike, pero tampoco tiene claro
quien poner en su lugar.

La Easy ha sido muy golpeada desde que inició
su aventura en Normandía y no anda sobrada de buenos suboficiales. De
los hombres de Toccoa, Compton parece el único idóneo pero Winters
quiere tener al menos un buen líder de pelotón. Compton siempre ha
sido un líder dentro de la Easy, prototipo de joven y fuerte
deportista de universidad, le han llevado a ser un referente para
veteranos y reemplazos. Pero hace algún tiempo que la moral de Compton
está tocada
. Ha sido herido varias veces y puede que el agotamiento de
la guerra esté haciendo mella en su espíritu. Se le ve mucho más
paternal, preocupado, por la salud de sus amigos. Y eso lo notan los
perros viejos de la Easy.

Los días pasan y los alemanes no se rinden. Después de la heroica
defensa de Bastogne, la 101 ha decidido enviar a un oficial de cada
regimiento 30 días a casa para una campaña de venta de bonos de
guerra, puro marketing. ¿El elegido del 506? El oficial de
inteligencia Lewis Nixon
.

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Sin embargo, Nixon no tiene ninguna
intención de volver a su país por ahora y él y Winters toman una
decisión, enviar a Peackok. Se desplazan periodistas para informar
sobre la defensa de Bastogne, hay que producir material de propaganda
para animar la moral aliada. Sink se acerca al puesto de mando de
Winters y Nixon para saber que nuevas hay sobre la defensa enemiga en
Foy. Nixon informa de que hay elementos de la 10ª Panzer de Granaderos
y al menos 3 Tiger y un 88. El asalto a Foy no va a ser ninguna fiesta
de graduación.
Otro perro viejo de Toccoa aparece por los bosques, Joe Toey, herido
en Bastogne vuelve del centro médico. Winters le reprende por ello,
pero Toey está obcecado, quiere volver con sus compañeros lo antes
posible. La camaradería de la Easy es lo único que no ha podido minar
el enemigo
.

El 3 de enero de 1945, la compañía Easy volvió a dirigirse a su
antigua posición en el bosque de Foy, salvo algunos que se quedaron en
la compañía D para reforzarla. La compañía D… liderada por el
teniente Speirs
.

A estas alturas de la guerra, la leyenda de Speirs ha recorrido todo
el batallón. Muchos le temen, otros le respetan. Pero imaginar el
sentimiento de un reemplazo al saber las historias que cuentan de
Speirs: que si mató a unos prisioneros de guerra, que si eran 20, que
si 30, 40… Pero Speirs es un buen líder y todos lo saben.
Los miembros de la Easy refuerzan sus fortificaciones alrededor de
Foy, aguardando el asalto inminente. Sigue nevando, sigue haciendo
frío, pero nadie contempla el volver a casa. Determinación suprema
para cumplir el objetivo. Pero los alemanes tampoco cedían en su
empeño, y pronto, lanzaron sus salvas de artillería contra las
posiciones de la Easy. Los árboles, altos como torres, estaban en
miles de astillas afiladas, el blanco suelo belga se convertía de
repente en humeantes cráteres, el sonido devastador aullaba y se hacía
sentir por todo el bosque. El infierno volvía de nuevo por Navidad.

Litpon, como todos los hombres, corrió en busca de un agujero en el
que resguardarse. Preso de sensaciones contradictorias, comenzó a reír
en vista del espectáculo pirotécnico que los alemanes estaban
realizando. Posteriormente, pensó que de haber sabido lo que le había
ocurrido a Joe Toey, no se hubiese reído en absoluto.

Toey, que hacía poco había vuelto de la enfermería, había sido
alcanzado gravemente por un impacto de artillería. Le habían
destrozado la pierna derecha
. Los gemidos de ayuda de Toey, llegaron a
oídos de un buen amigo suyo, Wild Bill Guarnere, que acudió rápido
en su ayuda, aún a sabiendas que, los alemanes esperaban justo eso.
Pronto volverían a lanzar sus salvas mortales. Y Guarnere tenía razón.
Otra vez el terrorífico sonido y el crepitar de la pólvora
resquebrajando el helado suelo de Foy. Guarnere coge en brazos a Toey,
intentando llevarle a lugar seguro… pero no lo consiguió. Otro
proyectil les impactó de pleno, dejando a los dos amigos heridos de
suma gravedad, con sus extremidades inferiores amputadas por la
metralla.
Compton intenta ir en su ayuda, haciendo gala de un valor heroico,
pero las salvas de artillería le derriban dejándolo inconsciente.
Cuando todo acaba, Compton asiste a un espectáculo macabro que acaba
con su moral, dos de sus mejores amigos yacen heridos de muerte en la
nieve, teñiendo de rojo el campo de batalla. “¡Médico!”, es todo lo que
acierta a decir. Su mirada se pierde en el vacío. Ya no es un soldado.
No puede serlo
.
Milagrosamente, Guarnere y Toey aún sobreviven, y son evacuados
rápidamente.

Pero el mismo Compton fue evacuado. En el informe, de
decía que Compton había sido evacuado por un caso grave de pies de
trinchera, pero la verdad, es que la imagen de sus amigos tendidos e
inertes en el suelo, había agotado toda su resistencia. Compton tenía
razones para estar agotado, desde Normandía había liderado a muchos
compañeros, había sido herido en Normandía y Holanda, obtenido la
Estrella de Plata por la toma de los cañones del Día D, “soportó todo
lo soportable”.

El panorama era desolador. Teniendo en cuenta que Compton era uno de
los pocos hombres con liderazgo, sólo quedaba Dike como referente en
la compañía Easy. Bueno, él y Lipton. Y Lipton sabía que eso no era
nada bueno. En los días siguientes, la Easy limpió los bosques del
este de Foy. Posteriormente con ayuda del 506, se limpiaron de
resistencia la parte oeste. La Easy sigue aguardando el día del
asalto. Y de repente, otro ataque de artillería alemán.

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No es algo a
lo que nadie se pueda acostumbrar. Vuelve el miedo, la adrenalina y la
lucha por la supervivencia. Esta vez le toca el turno a Muck y
Penkala. Se evaporan de este mundo ante los mismos ojos de George
Lutz…un proyectil estalla en su agujero de tirador. Lutz corre a
buscar refugio y encuentra a Lipton. El ataque cesa pero un último
proyectil es lanzado y alcanza la posición de Lipton y George. Pero no
estalla
. Allí, ante sus ojos, el mortal enemigo ha fallado. Aún
humeante. Lipton no es fumador, pero su estado de nervios es tal, que
arrebata a George un Lucky Strike. Al día siguiente del cañoneo que
mató a Muck y Penckala, Lipton sorprendió a un soldado cavando un pozo
con sus propias manos, había perdido el juicio. “El miedo es veneno en
combate, todos lo sentíamos, pero ninguno dejábamos que se notase. No
podíamos, es destructivo y contagioso”.

Mientras, Buck Compton emprendía un camino de no regreso al frente.
Era evacuado del frente de Bastogne. Lipton no paraba de animar a los
hombres, no dejaba que su moral se viniese abajo. Y Lipton estaba
preocupado, y con razón. El asalto era inminente. Y Lipton, la noche
previa al ataque, comentó al mismo Winters sus dudas con respecto a
Dike. Aún a sabiendas de que Winters no podía hacer nada. Dike, para
bien o para mal, estaría al mando al día siguiente.
Y el día llegó. Eran 200 metros a campo a través sin ninguna
cobertura, había que moverse rápido o era la muerte. Winters coloca dos
secciones de ametralladoras que proporcionan fuego de supresión desde
los flancos de la Easy. El Tercer Batallón entrará por el este para
distraer, la compañía Dog de Speirs quedará en reserva. Winters
insiste en que la clave es la rapidez. Si no, el fuego de mortero y
artillería aniquilará a los hombres
.
Y Winters da la orden. La Easy se disponer a tomar Foy. A los pocos
metros del avance, todo se viene abajo. Dike pierde la concentración y
hace detener el avance de toda la compañía. Comienza a dar órdenes sin
sentido que los hombres no tienen más remedio que cumplir. Para los
alemanes, es como ir a la feria y tirar al pato. Varios hombres han
caído y otros han sido heridos. Es cuestión de vida o muerte. Winters
no para de desgañitarse dando órdenes que nadie puede oír. La ira le
vence y avanza unos pasos que le ponen en franco peligro. Sink le
ordena que vuelva a su puesto de inmediato pero antes de que Sink
pueda decir nada, Winters llama a Speirs y dice que tome el asalto de
Foy y releve a Dike inmediatamente. A Speirs no le hacen falta más
órdenes
.

Como un fantasma aparece en el campo de batalla entre disparos
y fuego de mortero. A la carrera llega hasta el puesto de Dike, coge
el mando y lo releva. Empieza a dar órdenes y los soldados agradecen
que por fin tienen alguien que les manda debidamente.

El ataque puede proseguir. Con Speirs la Easy avanza todos a una y los
alemanes empiezan a perder la ventaja de la artillería. Se va a
iniciar un combate cuerpo a cuerpo. Poco a poco, las fuerzas de la 101
hacen retroceder a los alemanes. Los blindados y la infantería alemana
emprenden la retirada, Speirs necesita la ayuda de la otra compañía
implicada en el asalto, la I. Pero no hay radio, es imposible
contactar con la I. Sin embargo, eso no pareció un gran problema para
Speirs, que abandonó su cobertura e inició una carrera por en medio de
las filas enemigas en dirección al otro lado de Foy. Al principio los
alemanes estaban tan sorprendidos que ni siquiera dispararon a Speirs.
Pero lo más sorprendente no es que consiguiese contactar con la I, lo
más sorprendente es que volvió a la carrera a su cobertura inicial
para dar órdenes a Lipton. El sargento primero no podía dar crédito a
lo que estaba viendo. Así pues, la Easy se hizo con Foy.

Después la
batalla, los hombres tuvieron un breve descanso en un convento
cercano. Allí, Speirs comunicó a Lipton que iba a ascender a teniente.
El Estado Mayor no había pasado por alto su labor en aquellos duros
días. La Easy había entrado en Bastogne sin líder y salía de ella con
uno, Roland T. Speirs
. Poco más tarde, se requeriría la presencia de la
Easy en otro sector del frente. Nos quedamos con una de las frases
finales del capítulo, que explican en pocas palabras, la locura del
aquel infierno blanco:

“Aparte de los heridos y los muertos, todo hombre sufrió en Bastogne.
Hombres no alcanzados por la metralla o por las balas, fueron sin
embargo, bajas forzosas”.

Stephen E. Ambrose…

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