Review Band of Brothers: Bastogne

Elevada a la categoría de histórica, la batalla de Bastogne supuso, para muchos, el canto
de cisne de la Wehrmacht. Durante la fase inicial de la ofensiva, el Ejército Alemán
consiguió copar a varias unidades del Ejército de los Estados Unidos, como fue la 101.
Días de grandes penurias, miles de bajas aliadas, y la sensación sombría de que algo
realmente terrible estaba sucediendo.

16 de diciembre de 1944. Hitler echa el resto en el frente occidental. Busca volver a
la senda de la victoria
, desaparecida desde hace año y medio, y la busca en el
escenario de uno sus mayores éxitos militares, las Ardenas. En su camino se tropieza con
una resistencia inesperada. La 101 ha sido envidada a reforzar la brecha cerca de
Bastogne, núcleo vital de carreteras que debe permitir alcanzar al Ejército Alemán la
victoria en pocos días…

El capítulo 6 de Band of Brothers se centra en la experiencia de la guerra de uno de los
médicos de la Easy, Eugene Roe. Al comienzo del capítulo un veterano recuerda como un
médico le salvó la vida entonces. Y la frase cargada de respeto y satisfacción de otro
veterano: “Todavía hoy, en noches frías, doy gracias por no estar en Bastogne”. La 101 no
tenía ropa de invierno, carecían de suministros y munición. Pero aguantaron. Hang touch, que diría Winters.

El frío es blanco, silencioso, y un duro adversario. Excavar trincheras en el suelo
helado desgasta a los hombres, también hay poca comida pues los mandos militares no
pueden suplir a la 101 de suministros, pues están copados. Y con la densa niebla que se
ha adueñado de las Ardenas, no pueden ser enviados los C-47.

La línea que aguanta la 101 es fina y delgada
, hay agujeros por todas partes pues cada
día hay bajas y los kilómetros a cubrir no disminuyen, aumentan. Así, es fácil perderse
en el tupido y blanco bosque, y los soldados de uno y otro bando pueden caer fácilmente
en la línea enemiga sin apenas darse cuenta.

El general McAuliffe, jefe de la 101 por aquel entonces, acude en primera línea a
observar el terreno. Es informado por Winters de la situación. Los alemanes lanzan salvas
de artillería esporádicamente, los americanos no gozan de ese privilegio, tampoco tienen
enfermería ni víveres. Nixon informa al general de la dificultad de encontrar a las
unidades amigas, no ha podido dar con el 501 en el flanco derecho. La respuesta del
general no es un rayo de esperanza: “Cierren los huecos, el primer batallón ha sido puesto en
retirada en Foy, los alemanes vienen con tanques, artillería, de todo“.

Pero Eugene Roe tiene más problemas (aunque parezca imposible) que la ofensiva alemana
que se dirige directo a ellos. No tiene material médico, pero su responsabilidad es
encontrar ese material. Junto con la ayuda del segundo médico, escudriña cada rincón de
la 101 en busca de tijeras, plasma, y sobretodo, el bien más preciado, morfina. Es tan
escasa como un litro de gasolina en los años de la Depresión. Mientras intenta proveerse
de material, los alemanes no descansan y siguen hostigando a la 101. Más artillería.
Heridos por todas partes. El papel del médico es de un importancia brutal porque los
primeros minutos de atención al herido pueden dictaminar la vida…. o la muerte.

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El
estrés psicológico que un soldado no profesional (y aunque lo fuera) ha de aguantar en
esta situación dramática comienza a afectar al rendimiento de Eugene. Otros hombres
importantes como Copton no atraviesan su mejor momento. El teniente ha recibido una carta
de su novia desde Estados Unidos. Ella le comunica que decide acabar la relación. “Justo
el día de Navidad”. El efecto en la moral del teniente es devastador. Aprovechando un jeep que transporta a un herido del último ataque de artillería, Roe
viaja a la asediada Bastogne en busca de suministros médicos. Allí, se utiliza una vieja
iglesia como enfermería improvisada. Dentro, médicos y enfermeras locales ayudan como
pueden a centenares de heridos de diversa gravedad. Sólo los que estuvieron allí podrán
recordar la terrible escena: heridos, sangre, sudor, frío. Aún y así, Roe se fija en que
la sola presencia de la enfermera calma a los hombres. Es como un don. Es algo más, “es
un regalo de Dios”.

La complicidad entre el soldado y la enfermera es evidente, ambos,
desde diferentes formas, ayudan a sus compañeros. Y ambos saben lo duro que es, perder
vidas que se escapan por suspiros. Miles de suspiros. Últimas notas de jóvenes vidas con
todo por hacer. Pero hay que volver al frente, y a prisa.

Al volver, el cura de la división acaba la misa para el pelotón de la 101. Tienen un regalo de Navidad por parte del mando, patrulla de reconocimiento. El contacto con los
alemanes es inmediato. Se produce una baja. Un soldado, muy amigo de Heffron Babe, ha
caído. Impotentes, deben dejar a su compañero caído ahogándose en su propia sangre. Los
alemanes les pisan los talones. Esto deja en un estado deporable a Heffron.

Pasan los días y ocurre lo esperado, la niebla ha desaparecido. La 101 comienza a recibir
suministros por aire. También la sitiada Bastogne. Se acerca el día de Navidad y desde
las trincheras enemigas, se oyen los cantos alemanes celebrando la festividad. Una breve
nota de Humanidad en el reinado del Maligno…

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La Easy recibe un duro ataque, tropas alemanas apoyadas por vehículos blindados atacan su
línea. Son repelidos, pero a un duro precio. Eugene comienza a estar cerca de su límite
psicológico. En un jeep aparece Sink, trae un mensaje del general McAuliffe. En el
mensaje, McAuliffe relata que ha recibido la propuesta de honorable rendición por parte
del comandante alemán, Von Manteuffel. La respuesta de McAuliffe fue: “¡Narices!” (nuts en
inglés). Al caer la noche, los alemanes vuelven a lanzar una nueva oleada, esta vez
alcanzan al teniente Harry. Eugene ya no puede más. Tarda segundos en reaccionar. Sólo la
voz de Winters le hace despertar, pero está claro que necesita algo más que dormir en su
hoyo. Necesita comida caliente y algo de sosiego para volver a estar plenamente
operativo. Es enviado a Bastogne pero allí nada va bien, la ciudad está siendo
bombardeada por la Luftwaffe. Una bomba ha caído en la Iglesia. Cientos han muerto. Entre
ellos, la enfermera francesa con la que había compartido algunos buenos momentos
. Entre
los escombros recoge un trozo de tela. Era el pañuelo que ella solía utilizar para
proteger su pelo.

Eugene vuelve al frente. Se encuentra con Heffron, que sufre un corte en la mano que
Eugene accidentalmente le provocó horas antes. Eugene utiliza el pañuelo de la enfermera
como venda para tratar a su compañero, ella habría hecho lo mismo.

La Easy está soportando lo peor desde que empezó la guerra. El cansancio mental, más que
el propio cansancio físico, hace mella en la moral de los hombres. Eugene es un ejemplo.
La dureza de la prueba vital es demasiado elevada, el coste es muy caro, y la huella
marcada en la conciencia de los hombres y mujeres involucrados es profunda, helada y
teñida de rojo sangre…

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