Review Anatomía: This Magic Moment

Después del drama de Suddenly, seguimos con un capítulo más luminoso, un episodio que acabamos y empezamos con una sonrisa. La pequeña Zola ha traído de vuelta la alegría a casa de Derek y Meredith y una operación inspiradora y exitosa la ha llevado hasta el Seattle Grace. Pero no todos comparten esta alegría. Teddy Altman sigue sumida en la oscuridad arrastrando a Cristina con ella. ¿Comentamos This Magic Moment aunque sea con retraso?

Como decía, Teddy es la nota discordante en un capítulo predominantemente alegre. Altman busca consuelo desesperadamente y lo obtiene aunque, para ello, Yang debe vivir su particular tortura.

Pero volvamos a la alegría. Hacía tiempo que no veíamos a Derek y Meredith tan unidos. Zola es la razón de que sean realmente felices desde que se convirtieron en matrimonio legal. Han pasado dos semanas desde que la pequeña volvió con sus padres y ya está a punto de dar sus primeros pasos. Las escenas de apertura y cierre son realmente tiernas y ¡qué real es eso de que la cámara nunca funciona cuando la necesitas! Me gusta volver a ver a la Meredith cabal, a la que ha sentado la cabeza y ha superado su etapa de gemela retorcida.

En el hospital, Meredith comparte protagonismo con Bailey en una de las tramas cómicas del episodio. Ben, the gas man, quiere vivir con Miranda Bailey, ¡horror! La trama ha sido divertida, sí, pero es impropia de Bailey. Vale, las relaciones personales nunca han sido el fuerte de Miranda y, vale, ya la hemos visto comportarse como una adolescente en otras ocasiones pero sigue sin cuadrarme. Miranda es una profesional intachable, una persona racional y, además, es madre. Unas premisas que nos hacen pensar que es perfectamente capaz de mantener una conversación adulta con su pareja sin necesidad de carabina.

A pesar de que la historia no me ha convencido para nada, tiene sus puntos divertidos. El primero de ellos es la escena en la que le pide a Meredith que entre a quirófano con ella y le acribille a preguntas para evitar así las de Ben, ¡genial! El diálogo es desternillante, sobre todo, las respuestas de Grey (¿Tú y el Dr. Warren? ¡Uau!). La escena en quirófano buscando la gasa extraviada, concentrada como un láser, también ha tenido su punto aunque, para mi gusto, estaba demasiado preparada para conseguir una risa fácil.

Risas aparte, el final de la historia sí ha sido auténtico. Me encanta la Miranda que muestra sus debilidades y miedos y, sobre todo, me encanta la Miranda que se enfrenta a ellos, aunque sea poco a poco. Por otro lado, Ben, un personaje que empezó gustándome pero al que no soportaba desde que volvió, me ha reconquistado con su discurso final. Me ha sorprendido lo consciente que es de las circunstancias de Miranda y de cómo de difícil es dar un paso adelante para ella. Minipunto para the gas man. Antes de cambiar de trama, una pregunta: ¿Eli, el enfermero, ha desaparecido de la faz de la tierra?

Vayamos con la operación de separación de las siamesas. Es interesante que, de vez en cuando, nos enseñen procedimientos complicados en los que se implican muchos de los cirujanos. La comparación que hace Meredith del quirófano como una gran sala de teatro donde cada uno se prepara y ensaya para dar lo mejor de si mismo, no podría ser más acertada.

A pesar de la dificultad de la intervención, ha sido una trama muy desengrasante, como una especie de pausa para coger aire después de la intensidad de los anteriores capítulos. Además, de ella se derivan tres tramas más o menos cómicas: La del Jefe manipulando emocionalmente a Alex Karev para robarle las intervenciones, aprovechándose de sus debilidades, la de Jackson y Sloan compitiendo por ser el más rápido y la de Callie dándole Arizona de su propia medicina. ¡Aquello parecía más un patio de colegio que un quirófano!

Lo que no me ha acabado de convencer es toda la trama de Lexie huyendo de quirófano para no oir hablar de Julia, la nueva novia de Mark. Ni ese final en el que Lexie se acerca a Mark pensando que habla con ella haciendo un ridículo espantoso. ¿Realmente vamos a volver a ver a Sloan y la pequeña Grey juntos?

Vayamos ya a la historia dramática de This Magic Moment: Teddy Altman torturando a Cristina Yang, haciéndole recitar una y otra vez todos y cada uno de los pasos que siguió en la intervención de Henry. Como decía, una tortura. La tercera en discordia, April Kepner, verbaliza lo que los espectadores sentimos con cada una de las repeticiones, saca su carácter escondido y le planta cara a la Dra. Altman. ¡Bien por ella! Tiene toda la razón, Teddy tiene que parar.

Lo que ella – ni nosotros – sabíamos es que existe una especie de lenguaje oculto entre Teddy y Cristina. Yang asume su papel con una calma que no he conseguido entender hasta la escena final. Altman sólo necesita saber que no hubo ningún error, nada más que se pudiera hacer y Cristina, de alguna forma, lo sabe

La tortura resulta ser una terapia. Teddy puede dejar de atormentarse y, con ella, Cristina. La escena final me ha puesto la piel de gallina: Teddy repitiendo los pasos de la operación de Henry y diciéndole a Cristina que no debe culparse a si misma, que hizo todo lo que pudo. Una escena cruel pero esperanzadora: A partir de ahora, cuando ya no hay preguntas, lo único que queda es superar la tristeza y levantarse de nuevo.

Acabamos, con la sensación de que las cosas van como tienen que ir. This Magic Moment encauza las cosas después de la tragedia y nos prepara para ver cómo la vida sigue en el Seattle Grace. A mi me ha convencido.

Es vuestro turno, ¿qué os pareció This Magic Moment?


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