Review Anatomía: This is Why We Fight

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En el capítulo anterior las cosas se pusieron bastante tensas (no se les puede culpar por ello) en el hospital. Y en este “This is Why We Fight” las cosas no han sido muy distintas. Hemos asistido a unas duras negociaciones, que definitivamente no acabaron como esperaba. Todavía no estoy muy segura de si me ha gustado o no la forma en la que han resuelto todo este asunto. Mientras me decido, comentemos todo lo sucedido con anterioridad. ¡Dentro review!

Este capítulo podemos dividirlo en dos partes. Por un lado, tenemos todo el caos en el hospital y por el otro, todo el caos de las negociaciones con el posible inversor. Vamos a comenzar con la parte del hospital y es que Seattle Grace-Mercy West no pasa por su mejor momento que digamos. Tras la dimisión de cinco de sus doctores principales, parece que el hundimiento de este barco es inminente, así que no es raro que los internos o la propia Bailey se preparen para buscar trabajo en otro sitio. Aunque Cahill trae esperanza a Owen diciéndole que Pegasus vuelve a estar interesado en comprar el hospital. Lo que no le dice a Owen es que la intención no es mantenerlo abierto, sino liquidarlo. Y nada como una interna estando en el sitio y en el momento adecuado para escucharlo, difundirlo y crear aún más pánico.

¿Cómo afecta la noticia a los médicos que se quedan en el hospital? Pues bien, Stephanie está preocupada por su relación con Jackson (con semejante espécimen quien no estaría preocupada de perderlo). Me hace gracia que tras criticar tanto a Leah por ser ese “tipo de chica” con Karev, se de cuenta que ella no es tan diferente en su relación con Jackson. Cada vez me gusta menos el personaje de esta chica, para mí ha ido de más a menos. Lo contrario que Leah. Por su parte, Jo no parece haber llevado muy bien el que su “colega” Alex no haya pasado mucho tiempo con ella en la última semana. Entre eso, lo que parece el cierre inminente del hospital y en consecuencia el final de ese gran trabajo que están realizando ambos con los niños del hospital, hace que acabe derrumbándose: I´ll find another job, whatever, but I don´t want to never see you again (Encontraré otro trabajo, lo que sea, pero no quiero no volver a verte nunca). Estoy convencida que Alex disfrutó mucho ese momento. Por el amor de dios Jo, ¡termina de abrir los ojos de una vez!

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April, por su parte, se siente fatal porque, tras lo mal que lo pasó al no aprobar sus exámenes y perder su trabajo, su vida parecía que empezaba a despegar otra vez. La volvieron a contratar, su relación con sus compañeros ahora era mucho mejor y había encontrado un chico a su exacta medida. Así que con la noticia de la liquidación del hospital es normal que no se ponga a dar saltos de alegría precisamente. Por otra parte, Bailey, que ya se disponía a abandonar el hospital y buscar trabajo en otro sitio, decide quedarse y luchar. Estaba claro que el corazón del Seattle Grace-Mercy West no iba a abandonar así como así. Con ella está la interna Heather, con la que salva la vida de una mujer, gracias a los consejos telefónicos de Meredith. Y luego está Owen. Lleva un par de capítulos dándome mucha lástima porque el pobre solo intenta hacer lo mejor para todos y lo único que recibe a cambio son decepciones y mentiras por todos lados. Menos mal que Cristina por fin le dice la verdad y él no se lo toma demasiado mal.

En otro lado de la ciudad, Meredith, Derek, Cristina, Callie y Arizona se preparan para la reunión más importante de sus vidas. Lo que ellos, ni nosotros esperábamos, es que no iba a ser una, sino varias reuniones las que iban a tener que ir superando como si fueran pantallas de un videojuego. Aunque en la primera hubo cierta incertidumbre sobre si había ido bien o no, el teléfono del asesor de Derek sonó. Y ese fue el comienzo de una sucesión de encuentros con varias personas hasta llegar al jefazo. Lamentablemente para ellos, el posible inversor había hecho sus deberes y sabía que entre ellos no había una persona que fuera capaz de dirigir el Hospital. Cuando todo parecía perdido, sacaron la carta de Webber y Owen, pero ni por esas. ¿Esto quería decir que todo esta absolutamente perdido? Lo parecía en un primer momento, las cartas de recomendación a los internos era una muestra de ello. Pero en el momento que la madre Jackson hizo acto de presencia y le preguntó a Richard cuanto dinero se necesitaría para mantener el hospital abierto, creo que todos lo tuvimos claro. O al menos yo lo tuve claro. Ella, tal y como nos anuncia al final del capítulo, con todos los doctores reunidos, junto con la fundación Avery, van a ser los encargados de sacar al Seattle Grace-Mercy West hacia delante. Eso sí, mama Avery se guardaba un as en la manga y es que la persona encargada de dirigir el hospital no va a ser Webber como imaginaba, sino su hijo Jackson. Creo que las caras de todos los presentes, incluida la del propio Jackson lo dijo todo.

No creo que Jackson esté preparado para dirigir un hospital. Y si a eso le sumamos que a él nunca le ha gustado conseguir las cosas por su apellido sino por sus propios méritos, me hace dudar de que al final vaya a ser él el encargado. Aunque no descarto ninguna posibilidad. La mente de Shonda es un laberinto donde la salida siempre está en el lugar más insospechado. Esta semana no hay capítulo, así que toca esperar una semanita más para ver la reacción del personal y la de Jackson. Mientras tanto, podéis ir dejando vuestros comentarios Nos leemos en dos semanas.

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