Review Anatomía: Take The Lead

La review de Take The Lead llega con mucho retraso. Podría poner un millón de excusas en esta entradilla pero mirando el calendario casi mejor os pido disculpas y nos vamos directamente a comentar el episodio. Take The Lead está dirigido por Chandra Wilson y se centra en las primeras intervenciones en solitario de los residentes de quinto año. Aunque, las premisas de las que parte son buenas, el 8×03 sólo es un capítulo del montón. Seguro que ya lo has visto así que ¡adelante!

Take The Lead está marcado por dos acontecimientos: las operaciones en solitario de los residentes y el estreno de Owen Hunt como jefe de cirugía en sustitución de Richard Webber. El punto de partida del episodio es más que correcto y las tramas despiertan un interés suficiente como para que el 8×03 sea un buen capítulo. No sabría decir si es por la forma en que se desarrollan o porque el resultado de las tramas es bastante predecible, pero lo cierto es que Take The Lead no pasa de ser un capitulo normalillo con algún que otro momento que parece querer despuntar. Las operaciones en solitario se desarrollan de forma más o menos previsible. La primera toma de contacto de los residentes con lo que será su futura vida profesional muestra las virtudes y defectos clásicos de cada uno de ellos aunque, como mínimo, los guionistas han incluído un toque novedoso en cada una de ellas.

En el caso de Karev, volvemos a ver la fachada de tipo duro e insensible tras la que se esconden las inseguridades de nuestro Alex, lo de siempre, vamos. La novedad es que, por primera vez, vemos a April ejerciendo de jefa de residentes, apoyando a quién tiene serias dudas sobre su trabajo y preparación. La conversación que April mantiene con Callie tiene mucho que ver en ello. Aunque la Dra. Torres no fue una buena jefa de residentes sabe que tener la confianza de tus subordinados es básico para llevar el liderazgo con éxito. April tiene que ser la persona a la que acudan en situaciones conflictivas y, con con Alex, Kepner ha empezado a construir los cimientos de una buena relación con el resto de residentes. No obstante, April tendrá que seguir trabajando. Hasta ahora ha permitido a sus compañeros que se apoderen de su despacho y se ha unido al juego de apuestas con pacientes que tanto les gusta. Esperemos que sepa bien lo que hace y ponga límites donde se requiera.

Volviendo a las cirugías en solitario, la de Cristina Yang sigue con la linea iniciada en la premiere: la vuelta a los básicos. Lo que demuestra la apendicectomía de Yang es que Teddy tiene razón: Cristina no sabe cómo hacer intervenciones sencillas. Típico: Otra vez la Cristina prepotente, la que utiliza a sus internos para tratar de salir airosa de una situación que sabe que no controla… La escena con los internos, interrogándolos cuál inspector de policía sobre cómo hacer una apendicectomía, es francamente divertida pero, como ya he dicho, no deja de ser más de mismo. La gracia de la trama es cómo se resuelve, con Cristina bloqueada en el quirófano y con una Teddy Altman que tampoco sabe cómo extirpar un apéndice. Por la boca muere el pez Teddy, suerte que hay una enfermera que acude a rescatarlas. Parece que profesora y alumna deben darle un buen repaso a lo fundamental.

Para Owen, en cambio, lo fundamental ha quedado ya muy lejos. El flamante nuevo jefe de cirugía debe enfrentarse a un problema inesperado: Miranda Bailey. La doctora está hecha un basilisco tras la renuncia de Richard Webber. Bailey ve peligrar ciertos privilegios de los que gozaba con Richard y me atrevería a decir que le corroe la envidia por no haber sido ella la elegida. Recordemos que cuando Richard nombró a Callie jefa de residentes, le dijo a Miranda que esperaba que ella fuera la próxima jefa de cirugía y, para ser honestos, hubiera sido lo más justo. Sea como sea, Owen se da cuenta de que tener en contra a Miranda es muy peligroso y se esfuerza, en vano, por contentarla. Bailey es genial en todas sus facetas, pero cuando saca ese lado de adolescente enfadada hasta el punto de no respirar, es sublime. Se le pasará, es lo que pensamos todos y lo que piensa Richard, que está en uno de los mejores momentos de su vida a pesar de haber perdido su puesto y su crédito profesional. Pasar tiempo con Adele es lo único que le importa, ¡bravo por él!

Volviendo a Owen, Cristina y él son prácticamente dos desconocidos desde que Yang se practicó el aborto. Aún no han hablado del tema y parecen incapaces de estar en el mismo plano sin que la incomodidad inunde a todo el que está alrededor. Una intoxicación alimentaria hace que, de momento, todo vuelva a la normalidad. Sigo pensando esta pareja tiene un par de conversaciones pendientes, esperemos que Shonda no decida pasar de ellas sin más.

De vuelta al hospital, Jackson Avery se prepara para su cirugía en solitario. Un procedimiento con el que el guapo doctor se mete de lleno en lo que parece que será su especialidad: la cirugía plástica. De todas las intervenciones esta es la más atractiva. En ella, vemos la parte más maquiavélica de Arizona Robbins. Debo reconocer que me ha dado mucha pena ver cómo Arizona destruía los esfuerzos e ilusiones del Dr. Avery pero verla sacando su parte manipuladora y chantajista no tiene precio. Con voz dulce y apariencia angelical, la Dra. Robbins dice las palabras justas para que la inseguridad se apodere de Jackson y acabe cediendo su operación a Mark Sloan. El semblante de Jackson al final del capítulo, contemplando cómo Sloan se lleva el mérito de la que podría haber sido la primera gran intervención de su vida profesional, refleja que Avery no está dispuesto a dejarse ningunear otra vez. Esperemos que saque ese carácter que sabemos que tiene.

Vayamos con Meredith. Su operación tiene una complicación extra: su responsable es Derek Shepherd. La relación entre el matrimonio es de todo menos normal. El Dr. Shepherd es incapaz de confiar en la Dra. Grey, ni en el quirófano ni en casa. Durante la operación vemos, por un lado, que Meredith no siempre hace las cosas mal, que es capaz de concentrarse y terminar con éxito un procedimiento complicado y, por otro, que Derek tiene un miedo atroz a que su mujer vuelva a meter la pata. Nada que decir de la trama del quirófano: correcta, fluida y previsible.

Todos los halagos, en cambio, para la escena que ambos protagonizan de vuelta a casa. Al fin han marcado un inicio, no sabemos si de reconciliación o de ruptura pero un inicio al fin y al cabo. Ambos han puesto las cartas sobre la mesa, saben que deben entenderse si consiguen recuperar a Zola pero ¿y si no? La secuencia nos da una idea de cómo de dolido está Derek y de las dudas que tiene en cuanto a su relación. Volvemos al post-it, te querré incluso cuando te odie. Lo que le separa de Meredith en el trabajo es lo que ama de ella fuera de él. La solución parece sencilla: la consecuencia de la Dra, Grey es abandonar el servicio del Dr. Shepherd. A cambio, tiene una oportunidad de salvar su matrimonio. La duda ahora es saber a cargo de quién estará Meredith en el hospital y si el sacrificio valdrá la pena.

Antes de acabar, ¿os habéis fijado en que Lexie no ha aparecido ni un minuto en este episodio? No hay que preocuparse: Chyler Leigh ha pedido alargar sus vacaciones por motivos familiares. La pequeña Grey estará ausente unos cuantos capítulos pero volverá.

Como decíamos al principio, Take The Lead es apenas un capítulo normalillo. Parece que a la octava temporada le cuesta arrancar y no sólo en cuestión de tramas. Poco más de 8 millones de espectadores siguieron el 8×03, una cifra nada despreciable pero que queda algo lejos de las audiencias cosechadas en otras temporadas.

La review del 8×04 llegará en breve, mientras tanto, ¿qué opináis de Take The Lead?

Nota del autor
2.5
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