Review Anatomía: Tainted Obligation

Review Anatomía: Tainted Obligation

¿Review Anatomía? ¿Review Anatomía? Sí, significa lo que significa: una review de Anatomía de Grey. La serie de los del Seattle Grace da un paso más en Todoseries y pretende hacerse un hueco entre las demás críticas, un ambicioso objetivo que comenzaré yo esta semana y un nuevo colaborador seguirá con, espero, mejor resultado, porque soy tan ingenuo que siempre tengo que quedarme con lo bueno buenísimo, sin mencionar aparte mi criterio tan ruinoso. Un ejemplo rápido: la tercera de Prison Break me pareció la mejor de todasoh! Pero ese no es el tema, así que dejad las piedras otra vez en ese camino que estamos a punto de recorrer, que este jueves se emitió Tainted Obligation, el cuarto episodio de la sexta. Y menudo capitulito… ¿lo comentamos?

Antes de nada, comentar la manera en que empezamos el episodio, con una cara más que nada, y desde ya tiene que pasar directamente a los anales de todos los libros de Anatomía existentes: la de Alex. Aunque sólo sea por ese momento oso, este episodio merece un largo aplauso. Uno de muchos que este 6×04 se va a ir ganando a lo largo de sus 42 minutos de duración, porque Tainted Obligation mezcla a la perfección sonrisas, lágrimas y cirugías de penes en jubilados.

Tainted ObligationTainted Obligation

La trama más importante del episodio la encontramos en la reaparición de un sobrio (pero enfermo) Thatcher en las urgencias del hospital. Papá Grey no es precisamente un imán para la simpatía general y más concretamente para la de Meredith, quien poco después tendrá que tomar la más importante de las decisiones. Un fallo hepático, resultado de cálidas noches en compañía de cubatas de whisky escocés, le hacen necesitado de un trasplante urgente de hígado, y que al llevar sólo 90 días sobrio (de los 365 requeridos para ese tipo de operaciones) la lista de espera le dejaría bien al fondo. Excepto, claro, que un familiar se preste voluntario, y Lexie no se lo pensará dos veces. ¿Pero qué pasa? Que no es compatible. Ni ella ni su otra hermana, Holly, que anda por ahí perdida en alguna base militar de nombre raro y exótico…

Pero antes de que empecemos a alarmarnos, recordamos que el adulterio en la familia Grey es positivo a largo plazo y siempre hay hermanitas donde rascar: la propia Meredith, esa que sólo tiene recuerdos vagos de su padre, que si por ella fuera, los ceniceros de arcilla cochambrosos del Día del Padre le serían vetados. La mayor de las hermanas se desentiende en un principio del caso, lo cual es totalmente comprensible porque obviando el ADN, aquel hombre, aquel que ha aparecido esa misma mañana escupiéndole sangre en las Converse, no es su padre en absoluto. Porque no tiene uno, se crió sin él. Y en una decisión que a la Meredith de la primera temporada no se le hubiese ni pasado por la cabeza, sí que se le pasa a la Meredith de la sexta temporada, encima sin la ayuda de un Derek que sabe poner límites a su relación y dejar actuar a su mujer en una decisión que es asunto solamente suyo.

Sí tiene una hermana, Lexie, una hermana que le preocupa, una hermana que le preocupa que acabe destrozada si Thatcher muere (con el que, en sus propias palabras, sí que tuvo una maravillosa infancia). Meredith accede después de varios titubeos y le dona parte de su hígado, a pesar de que su daddy se niegue en un principio, dándose por vencido como hombre (un alcohólico) y como padre (un malísimo ejemplo). Aun así, no se lo pondrá tan fácil y nuestra residente protagonista nos vuelve a sorprender insistiendo una vez más. Con todo, sólo nos llevar a decir: Bravo, Meredith.

Y también, bravo, Cristina. Por fin acepta que vaga sin rumbo en un hospital que no le da lo que busca, un cirujano de cardio que le enseñe y operaciones sangrientas. Porque así ha ido, metiéndose en cosas como pediatría, que para entendernos universalmente es como meter a un esquimal en una sauna. La pobre se asa con el calor que desprenden los niños. Y ese camino de desorientación total le ha llevado en este episodio a una peculiar cirugía para deleite de Sloan, Owen y Derek, la de un anciano que pedía un implante en el pene para poder tener una erección y difrutar de su nuevo romance, la otra jubileta que conoció en el bingo. Este caso ha afectado en particular al bueno de Mark, que no ha podido evitar mezclar la empatía hacia este tipo tan entrañable y el miedo al mañana de una relación como la suya con Lexie. Curioso, por cierto, el guiño a CSI, ese bucle forense que compite cada jueves con Anatomía en la más fiera de las batallas televisivas.

Tainted ObligationTainted Obligation

Izzie se ha enfrentado a un caso de los que no puedes evitar acabar involucrándote teniendo sus antecedentes, el de un hombre con cáncer agresivo, que para más inri estaba pseudo-prometido con una novia de las que siguen a tu lado a pesar de los inconvenientes. ¿Os suena de algo? Stevens sigue teniendo los recuerdos de su enfermedad, y no sólo en el aspecto físico (entre la debilidad corporal y un pelo aún corto que, sin que suene inadecuado, le favorece bastante a la chica), sino también en su interior, donde sigue mantenido una dolorosa lucha interna, la de la muerte: no sólo el concepto en sí, también lo ocurrido con George. Cuarenta días no son suficientes. Y al final, cuando acabe el día, se dará cuenta de la peor de las realidades. La que no le tocó a ella, de la que logró escapar (aún teniendo muchas menos probabilidades de vivir que su paciente).

Para terminar esta reseña (sé que me dejo algunas cosas en el tintero, pero es lo que tiene una serie coral y no querer sermonear mucho) de un gran capítulo, con gran aroma, gran ritmo y grandes historias, comentar un poco por encima que esta semana han dejado un poco de lado (aunque sigue en la sombra y acechando cada vez más) el tema de la fusión, que después de ser el centro del capítulo anterior sabemos que pisará fortísimo en el próximo, que a priori parece totalmente dedicado al tema.


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