Review Anatomía: Suddenly

Tras un parón que se nos ha hecho eterno, Anatomía de Grey vuelve para cerrar las tramas abiertas en esa especie de finale a mitad de temporada que fue Dark Was the Night. El trabajo era complicado pero han sabido resolverlo con acierto. Suddenly es el instante después de la tragedia y la recompensa a una larga espera. Es, a la vez, un capítulo de despedida y de bienvenida y, aunque tiene puntos débiles, consigue aprobar con nota. ¿Lo comentamos?

Voy a contaros una pequeña anécdota personal antes de empezar con la review. Esta semana tengo a mi sobrina mayor de visita y vimos juntas Suddenly. Ella se bajó del carro de Anatomía de Grey a finales de la sexta temporada. Al acabar el episodio se giró hacia mi y dijo: “tengo que volver a ver Anatomía de Grey”. Me parece una frase interesante porque quizá Suddenly no ha sido todo lo brillante que podría ser pero sí que contiene muchos de los elementos clásicos en un capítulo de Anatomía, los que nos hacen seguir viéndola. El nudo en el estómago del que tanto me gusta hablaros y que, muchas veces, marca la diferencia entre un buen y un mal episodio. Suddenly ha sido, definitivamente, un buen episodio.

La primera virtud del 8×10 son sus primeros minutos, una intro casi perfecta que nos sirve de recordatorio y nos permite retomar la historia – más de un mes después – con la misma intensidad que la dejamos. Conseguido esto, traslada de una forma muy natural el foco de intensidad al Seattle Grace.

La clave ha estado en no mantener a Alex y Meredith en la carretera demasiado tiempo y poder así tenerlos a todos en un mismo espacio. Porque si una dificultad tenía Suddenly era que había muchas tramas abiertas y, aunque estaremos de acuerdo en que la de Teddy era la principal, el resto no podían quedarse fuera aunque quedaran en un segundo plano.

Es el caso del accidente de Alex y Meredith, a los que dejamos en una carretera con una familia herida a la que atender y un bebé al que mantener con vida. En otras circunstancias hubiera sido una trama central pero lo cierto es que la trama de Teddy eclipsa a Karev y Grey. No quiero decir con esto, que la historia no tenga fuerza, al contrario. Me encanta la Meredith que mantiene la calma, la que sabe cuando hablar y cuando retirarse, la que apoya en su justa medida a una adolescente que en un solo día pierde a sus padres y abuela, cumple la mayoría de edad y se convierte en la cabeza de familia. La historia de la joven Lily me ha emocionado profundamente.

Por otro lado, el accidente saca, de nuevo, el lado humano de Alex, el que no se rinde ante la adversidad, el que planta cara a su superior – Arizona – para asegurarse de que su paciente está bien. Un Karev sobrepasado con las circunstancias, que pierde el norte hacia el final del episodio, el que sufre un shock porque sí, tiene sentimientos. Como decía, es una historia con entidad más que suficiente para sostener el peso del episodio pero, por razones obvias, queda un tanto diluida.

De la misma forma, quedan difuminadas las otras dos tramas derivadas del accidente. La de Lexie, Mark y su nueva novia y la de Bailey y Ben. Dos historias que, aunque no negaremos que nos han dado un descanso de tanta intensidad, podrían haberse guardado para otra ocasión, sobre todo la de Ben y Miranda, que está metida con calzador.

La introducción de Julia Canner en el Seattle Grace no es del todo desafortunada – si obviamos las imágenes del ojo con el cristal clavado – y ella es un buen fichaje pero, dadas las circunstancias, podrían habérsela guardado para otro episodio.

Otra historia que queda un tanto coja es la del error que Torres y Avery cometieron con su paciente. Un error que Teddy Altman aun está tratando de enmendar. Vamos, ahora sí, con ella.

Como decía, nos habíamos quedado con Teddy en el quirófano y con Hunt dando órdenes explícitas de que nadie informara a la Dra. Altman del fallecimiento de su marido hasta que terminara la intervención. La crueldad extrema de Dark Was The Night se mantiene – y de qué forma – en Suddenly, torturando a Teddy y, sobre todo, a Cristina. Ella es el daño colateral, la víctima en la sombra de la tragedia, víctima de un guión retorcido que juega con sus emociones – y las nuestras – desde que Teddy la reclama en quirófano. Rizar el rizo, como suele decirse: Cristina forzada a poner buena cara ante una Dra. Altman eufórica que cree que le debe su futura felicidad sin saber que no encontrará nada de eso cuando salga de quirófano.

La coacción de Owen, las preguntas de Teddy sobre la intervención de Henry, su ¿no estás enfadada conmigo?, la decisión de la Dra. Altman de hacer con su alumna predilecta un procedimiento complicado y excitante, rock and roll, gritos, como si hubiera algo que celebrar… Cristina aguanta de forma casi heroica el chaparrón.

Las escenas en quirófano son absolutamente demoledoras y llegan a su punto álgido al finalizar la intervención, cuando llega el momento de comunicarle a Teddy cómo han sucedido las cosas realmente. Una escena que corta el aliento donde vemos a una Cristina que no parpadea al dar la noticia a una Teddy sobrepasada por sus palabras. Un último esfuerzo para Cristina, pronunciar lo que Altman necesita oír: Henry está muerto.

Llega, así, el alivio momentáneo para la doctora Yang porque mucho me temo que está a punto de vivir otro infierno personal con el tercero en discordia, Owen Hunt, cuyas decisiones la han puesto contra la espada y la pared. Sus palabras al padre de la familia implicada en el accidente (tú no le has hecho esto a tu familia, no querías que pasara) son más un auto convencimiento que un consuelo. Hunt tendrá sus propias consecuencias, al menos, con Cristina.

Volviendo a Altman, las palabras de Cristina son el inicio de su luto. En Suddenly, Teddy se despide de Henry, solos, en una sala en absoluto silencio, sin gritos, sin llantos desconsolados. Esos llegarán, seguro, en próximos capítulos pero, de momento, aún hay que asimilar la pérdida.

Por suerte, y aunque todo apuntaba lo contrario, el episodio tiene un final feliz. Este:

La pequeña Zola en brazos de sus padres. Un final perfecto, de esos que te saca una sonrisa cuando aún tienes alguna que otra lagrimilla en los ojos.

Así acabamos, volviendo al principio, al nudo en el estómago. Al fin y al cabo el objetivo de Anatomía de Grey siempre ha sido y será lograr esa sensación agridulce en el espectador. Provocar empatía, compasión, rabia, alegría… Conseguir que conectemos con las emociones de sus personajes.

Algunos utilizan los términos sentimental o emocional de forma peyorativa, pero es lo emocional y lo sentimental lo que nos hace mantenernos en absoluto silencio mientras Teddy Altman se despide de Henry o lo que desata nuestra alegría cuando vemos a Zola en brazos de sus Meredith y Derek. Ese es el valor de esta serie. A pesar de las tramas sin sentido, de los guiones cojos, de las catástrofes gratuitas… Ocho años después, aquí estamos. Lamentando una muerte y celebrando un regreso. Deseando saber cuáles serán las consecuencias reales de todo lo acontecido y cómo harán frente los personajes a las nuevas circunstancias. Objetivo cumplido.

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4
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