Review Anatomía: Hope for the Hopeless

Tarde, una semana más, llega el momento de comentar Hope for the Hopeless, un episodio que he saboreado especialmente, lleno de ese aire melancólico que parece haberse apoderado de la serie en las últimas semanas. Un capítulo que abre acertadamente algunas tramas y trae de vuelta historias ya conocidas. Unas celebradas, como el sobrecogedor regreso de Adele Webber y otras un tanto gratuitas saliendo de las entrañas de Owen Hunt. ¿Lo comentamos?

En ocasiones es complicado definir un episodio. En el caso de Hope for the Hopeless las virtudes están muy claras. Combina las tramas perfectamente y en su justa medida. Todas son necesarias y encuentran su lugar sin estorbarse. Todas menos una, la que se inicia al final del episodio: Owen castigando a Cristina por haber abortado. Una discusión que ha conseguido amargarme el que estaba siendo un gran episodio.

Owen no parece entender que ser jefe de cirugía tiene sus pros y sus contras y que cada decisión que toma tiene sus consecuencias. En este caso las consecuencias de Owen son, por un lado, una amiga – Teddy – que no quiere tenerlo cerca de ninguna de las maneras y, por otro, una cirujana insubordinada – la Dra. Altman – que piensa hacer caso omiso de todas y cada una de las instrucciones del Dr. Hunt. Y en medio, Cristina.

Como viene siendo habitual, es la Dra. Yang la que se lleva la peor parte. Tiene que lidiar con un sentimiento de culpa que, como bien dice al final del episodio, la obliga a hacer todo lo que Teddy desee. Y eso supone tener que enfrentarse al Jefe de Cirugía que da la casualidad que es su marido. Cierto es que Cristina está un tanto satisfecha con la situación: hace buenas cirugías y se pasa el día en el hospital. El problema es la vuelta a casa porque allí lo que hay es un Owen herido en su orgullo que no duda en culpar a Yang de todos sus problemas personales y profesionales.

Llegamos así al momento más carente de sentido que hemos vivido en los últimos tiempos o cómo una discusión de trabajo se convierte en un “tú asesinaste a nuestro bebé”. Es paradójico que Owen siempre acuse a Cristina de querer hacer todo a su manera cuando es él el que se pone como un energúmeno cuando las cosas no van como él quiere. No me gusta nada que vuelvan a sacar el tema del bebé, es volver sobre una trama iniciada, explotada y cerrada debida y acertadamente.

Vamos con el resto de tramas que, como decía, han encajado de una forma maravillosa. Aunque hay dos tramas médicas, me quedo con la de Wes, un niño de 11 años con un neuroblastoma inoperable. Una historia bonita e injusta a la vez, tratada con una delicadeza asombrosa. El caso de Wes hace mella en Lexie que es incapaz de asumir que, a veces, realmente no se puede hacer nada más. El temple del pequeño Wes que sabe que va a morir y, aún así, le dice a su madre que no tiene que preocuparse, que estará bien con su padre, me ha puesto la piel de gallina y, aunque parezca contradictorio, ha hecho que acabara esta historia con una media sonrisa en la cara.

En cuanto a Lexie y Derek, esta historia nos muestra como empiezan a acoplarse. Lexie comienza a entender que hay cosas injustas e inevitables y Derek sabe bien cómo enseñarle el camino. No apostaba mucho por ellos al principio pero parece que, finalmente, formarán un buen equipo.

Vamos con dos tramas que aportan ligereza al episodio. Por un lado, Avery, April y Álex que han decidido independizarse de Meredith y compartir piso. Su nuevo hogar nos dará grandes momentos. Por otro lado, los intentos de Callie y Arizona por hacer que Mark verbalice sus sentimientos hacia Julia. Debo admitir que, en un principio, pensé que esta historia nos llevaría de nuevo a Mark y Lexie juntos. Celebro que no haya sido así. Igual que Callie y Arizona, estaba equivocada, esta vez Mark quiere hacer las cosas despacio y con buena letra, asegurarse el tiro y hacer que las cosas funcionen con Julia. La trama en sí no tiene más pero es muy acertada en tanto que rebaja la intensidad del episodio de una forma muy natural. Además, esta historia merece la pena aunque sólo sea por ver la enorme imitación que Callie hace de Mark, ¡genial!

Vayamos ahora con las tramas de Meredith y Richard. Dos historias que discurren cada una por su lado pero que conectan de forma magistral en un momento del episodio creando una historia redonda.

Empecemos con Meredith. La Dra. Grey aún no ha escogido especialidad y cirugía general parece la opción más natural y sensata para ella. Sólo hay un problema: Su madre. Una de las mejores cirujanas generales de la historia, una profesional brillante que fue un auténtico desastre en sus relaciones personales y, especialmente, como madre. La Dra. Grey se pregunta si elegir como Ellis, la convertirá en Ellis. La aparición de Adele no podía ser más oportuna para disipar sus dudas.

La Sra. Webber aparece en medio de la cirugía número 10.000 de Richard, que tiene a Meredith como asistente. Nada más verla aparecer en el hospital se evidencia de qué forma el Alzheimer ha evolucionado. Así, lo que tenía que ser un procedimiento alegre y sencillo, acaba por convertirse en una escena de las que quitan el aliento. La imagen de Adele llorando desconsoladamente mientras observa como quien ella cree que es Ellis Grey asiste a su marido en una operación, Adele gritando “¡Déjale ir, Ellis!” ante una April conmovida, un Richard resignado y paciente y una Meredith extremadamente generosa… Sin palabras.

El guión es magnífico, casi tanto como la interpretación de Loretta Devine que nos deja con la boca abierta cada vez que asoma la cabeza por el Seattle Grace. La escena culmina con ese recuerdo feliz que traerá a Adele de vuelta a la realidad, un dueto de My Funny Valentine, que es amor en estado puro. Un 10 para esta escena.

Volviendo a Meredith, verse reflejada como su madre a los ojos de Adele le da la respuesta que necesita: Un no rotundo a la cirugía general. Pero al final, dos gestos de agradecimiento en la fiesta de Zola ponen la guinda a esta trama. El primero de Richard hacia Meredith recordándole que, escoja la especialidad que escoja, jamás será como su madre. Ella jamás habría preparado una fiesta así para Zola y, desde luego, no habría sido tan generosa con Richard en el quirófano. El segundo de Meredith hacia Richard, sacrificando la tarta de cumpleaños de su pequeña para brindarle un pequeño homenaje al Jefe por su intervención 10.000. La relación que han desarrollado estos dos personajes, casi de padre e hija, es sólida y sincera y evidencia cómo ha evolucionado Meredith desde que la conocimos.

Apuesto a que, al final, veremos a Meredith especializándose en cirugía general y sabiendo que, si no quiere seguir los pasos de su madre, siempre tendrá dos excelentes cirujanos generales en los que inspirarse: Miranda Bailey y, sobre todo, Richard Webber.

Acabamos aquí el repaso a un episodio más que correcto que patina al final con la discusión de Owen y Cristina. Como decía más arriba, no me gusta que resuciten esta trama, es innecesario y me da hasta un poco de pereza. Me quedo, sin duda, con Adele, Richard y Meredith, el tridente dorado de Hope for the Hopeless.

Es vuestro turno, ¿qué os ha parecido el 8×12?

Nota del autor
3.5
Vuestra nota
Review Anatomía: Hope for the Hopeless
Valoración
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »