Review Anatomía: Heart-Shaped Box


Heart-Shaped Box es el octavo episodio de esta temporada. Una que no está brillando demasiado, que nos está dejando la sensación de que algo falla en Anatomía de Grey. Falta intensidad y sobran capítulos ligeros. Pese a todo, este episodio cumple con su objetivo, es decir, entretiene pero nada más. La mayoría de vosotros ya sabréis que todo cambia en el siguiente y su correspondiente review llegará en breves instantes –esta vez de verdad– pero antes repasemos Heart-Shaped Box.

Un capítulo ligero, sí, con poca chicha pero que, a su manera, nos trae recuerdos de tiempos mejores. La nostalgia se apodera de los residentes con la visita de la madre de George O’Malley. Eran otros tiempos, los del equipo original, aquellos en los que los capítulos livianos de Anatomía de Grey escaseaban y, de vez en cuando, se agradecían. La época dorada de la serie.

No puedo negar que la nostalgia se ha apoderado de mí también durante Heart-Shaped Box y eso que O’Malley no era, precisamente, mi personaje preferido. Tengo la sensación de que los guionistas necesitan, igual que Cristina un corazón en una caja, algo que les indique que es pasable y qué es extraordinario.

Pasable es, por ejemplo, la trama de Derek, Meredith y Zola. Una historia que está eternizándose y que no les hace ningún favor a los personajes. Meredith se ha convertido en un personaje autocompasivo que no es capaz de ver más allá de sus errores. Tampoco en lo profesional le van mejor las cosas a Dra. Grey, sobre todo, porque ahora tiene que lidiar con una – jamás pensé que diría esto – insoportable Miranda Bailey.

Sí, Miranda se está comportando de forma odiosa, especialmente en este episodio. Afortunadamente, al final vemos la luz al final de túnel, una señal de que nuestra Miranda Bailey sigue ahí. Ella no está sólo enfadada por la irresponsabilidad de Meredith, en cierta manera, se siente responsable de ella. Miranda crió a la Dra. Grey y lo hizo lo mejor que pudo y, aun así, no ha podido conseguir que su niña tomara la decisión correcta. Esta conversación refleja, también, el dolor que Bailey debió sentir cuando George decidió lanzarse ante aquel autobús. Un dolor del que, al menos yo, no había sido tan consciente como ahora.

Volviendo a la trama de Zola, el hecho de que su adopción siga en el aire, hace que Meredith y Derek se encuentren también en una especie de stand by. No brillan, no enganchan y no sobresalen.

Las otras opciones tampoco son demasiado atractivas. La trama de Arizona y Karev, con ella tratando de hacer qué Alex se ponga las pilas para conseguir la beca de pediatría, no es para tirar cohetes. Es la ancestral técnica de poner celosa a tu pareja para que te preste más atención. Al final, como era de esperar, Alex se entera de que Robbins no tiene ningún interés en el currículum de Polly Preston, Arizona ya tiene a su candidato, a su favorito, y ese es Karev. Esperemos que a partir de ahora Alex ponga más de su parte para conseguir la beca.

La trama médica de Derek es algo más interesante pero no por él sino por Lexie. Mucho hemos echado de menos a la pequeña Grey durante estas semanas, Lexie siempre aporta un punto extra a los episodios. En este caso, una famosa escritora y su conocida saga de libros, sirven para clarificar la mente de la pequeña Grey.

Mark y Lexie no rompieron porque dejaran de quererse, eso lo sabemos todos y ahora también Jackson. Quizá era demasiado predecible, Grey y Avery nunca han acabado de conectar como lo hacían ella y Sloan pero sí me ha sorprendido que haya sido él quien haya puesto punto y final a la relación, escogiendo a la pandilla de plástica en vez de un romance que, por otro lado, no iba a ninguna parte. Siempre he sido una gran defensora de la pareja Lexie-Mark pero la verdad es que me da algo de pereza volver a vivir un tira y afloja entre ellos.

A pesar de todo, la escena final que Lexie protagoniza con su paciente escritora me ha robado el corazón. En los libros la protagonista, Kate, debe elegir entre Nathan, el buen chico que la quiere o Alexander, un delincuente poco conveniente para ella pero de quién está locamente enamorada. Siempre ha sido Alexander, es decir Mark. Kate no ama a Nathan aunque debería, del mismo modo que Lexie no no ama a Jackson. Por mucho sepa que Avery es mejor para ella, él nunca será Mark.

Volvamos a la Louise O’Malley. Su historia con Callie es conmovedora. Los tiempos en los que Torres era la señora de George O’Malley quedan tan lejos que casi había olvidado que estas dos mujeres fueron familia durante un tiempo y, quizá, aún lo son. Callie tiene miedo de contarle a su ex suegra lo mucho que le ha cambiado la vida: una hija, una esposa… Tiene miedo al rechazo, el mismo que recibió de sus propios padres. Por suerte, Callie encuentra en mamá O’Malley la comprensión y el cariño que necesita. Una escena emocionante y, en cierta manera, liberadora. Ojalá veamos algo más de esta relación en el futuro.

Vamos con la protagonista del episodio, el corazón en la caja, una de las tramas más originales de la temporada. Como decía, un corazón en una caja marca la diferencia entre lo pasable y lo extraordinario, entre aquello por lo que vale la pena luchar y lo que no. El corazón en la caja me dice que Richard Webber es la gran revelación de esta temporada. El corazón en la caja me dice que Cristina Yang debe recuperar su pasión desmedida e inconveniente por la cirugía. El mismo entusiasmo que Richard demuestra en todas y cada una de las cosas que hace a lo largo del día.

Sí, sé que estoy un pelín pesadita con el ex jefe pero ¿soy yo o todos excepto él parecen apáticos y cansados todo el tiempo? Richard, en cambio, se emociona con un corazón que late dentro de una caja, habla de él como un creyente habla de su dios y nadie a su alrededor parece captar el mensaje. Por cierto, impagable el momento: “Estás perdido, Avery, a la deriva, ¿sabes lo que necesitas? Necesitas ver al corazón en la caja” ¡Genial!

Por suerte, Cristina finalmente lo comprende, reduce su lista y recuerda los motivos por los que quiere ser cardiocirujana. El corazón en la caja es sabio, es excepcional, es brillante.

Acabamos con Teddy Altman y Henry Burton, un matrimonio para el que todo parece ir sobre ruedas hasta que Henry decide que él también quiere ser médico. La idea de tener un marido estudiante no entusiasma a Altman y así llega la primera gran discusión de la pareja. Una discusión inacabada porque, de vuelta a casa, Henry empieza a vomitar sangre.

Acaba así Heart-Shaped Box, con un pequeño cliffhanger que nos anuncia que el próximo episodio será movidito pero eso, amigos, es otra review, una que llegará muy pronto, lo prometo.

Antes de despedirme quiero reproducir una frase de Alex Karev al final del episodio, cuando recuerda cómo era O’Malley y que una vez estuvo casado con alguien llamado Isobel Stevens: “O’Malley está muerto, Izzie se ha ido y todos somos diferentes, somos diferentes”. Y que lo digas, Karev.

Ahora sí, ¿qué os ha parecido Heart-Shaped Box?


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