Review Anatomía: Can’t Fight Biology

Review Anatomía: Can't Fight Biology

Can't Fight Biology suma uno más a la lista de buenos capítulos consecutivos de Anatomía. Volvemos a tener un episodio coral, con ritmo, buenas tramas y alguna que otra gran escena. Un capítulo completito: con un hombre que come gusanos, un adolescente bailarín, una hermana celosa, una casa con una barra de bomberos, un baño atestado de gente, el torso de Jackson Avery y hasta una estrella invitada y no una cualquiera, una de auténtico lujo, ¿o no es siempre un placer ver a la magnífica Frances Conroy? ¡Vamos a comentarlo!

Empezamos con una imagen de esas que te ponen una sonrisa en la cara: La de la casa de Meredith ocupada hasta la bandera con nuevos inquilinos. La semana pasada decíamos que había un nuevo grupo protagonista en Anatomía y esta lo confirmamos. Aún no me atrevo a decir que los nuevos han suplido satisfactoriamente las ausencias de Izzie y George, pero dadme un par de capítulos como este y no tendré ningún reparo en afirmarlo.

El 7×04 tiene algo especial, aire fresco, nuevas tramas y otras que nos devuelven viejas historias. La primera de ellas es la de Meredith. La Dra. Grey tiene una paciente espejo, Lila, que le hace ser consciente de que, además de tener un útero hostil, puede que tenga el gen del alzheimer latente. En esta historia vemos una doble cara de la Dra. Grey: pesimista con ella misma pero tremendamente optimista con su paciente, a la que invita a seguir viviendo intensamente mientras pueda y a mantener un control médico.

Me está gustando Meredith esta temporada pero aún me está gustando más Derek: mientras su esposa se centra en las enormes dificultades que van a tener para concebir él piensa en los buenos momentos que van a pasar intentándolo ¡Ese es el espíritu Derek Shepherd! Dejando a un lado la parte cómica, la escena final de la pareja, en la que Derek le dice a Meredith que no hay úteros hostiles, ni alzheimers que valgan, que lo único que quiere hacer es vivir junto a ella, es deliciosa y tan dulce que casi, casi empalaga. Me ha pillado sensible y doy por buena la declaración de amor de McDreamy.

Hablando de declaraciones de amor, vamos con Owen y Cristina, en concreto, con la escena que cierra el capítulo, la de la nueva casa, la de la nueva vida. Una secuencia realmente emocionante, uno de esos gestos de amor tan frecuentes en esta pareja, sin duda, los más tiernos de la serie, de los que te sorprenden. Parece que Cristina ya no da pasitos de bebé en lo que a su matrimonio se refiere. En el hospital, las cosas van algo más lentas.

Al menos no hay que bajar escalerasAl menos no hay que bajar escaleras

Lo bueno de la trama hospitalaria de la Dra. Yang es que, al fin en esta temporada, la vemos interesarse por un paciente. Aún no hablamos de cirugía pero, al menos, el peculiar biólogo, hace que centre su atención en un caso. Lo curioso es que la implicación de la doctora en el caso es mucho más personal que profesional y eso sería más propio de Izzie Stevens que de (¿la antigua?) Cristina Yang. Me ha sorprendido verla tan preocupada por salvar a los gusanos. Por primera vez casi en toda la historia de Anatomía, Yang empatiza, siente y se emociona al ver la fuerza con la que el biólogo se aferra a su investigación, aún a riesgo de perder su vida. La misma fuerza con la que ella se aferraba a la cirugía antes del tiroteo.

Un giro interesante, sin duda, pero que, de seguir en esta linea, quitaría parte del encanto al personaje. Cristina siempre ha sido fría con los pacientes, donde otros veían personas ella siempre veía una potencial operación. A pesar de todo parece que algo ha hecho click en la mente de Cristina en la última escena que comparte con su paciente. Lo que está claro es que Yang debe volver a operar y, sin duda, será uno de los grandes momentos de esta temporada.

Vayamos a Jackson Avery que, por fin, tiene una trama para el solito. Ya sabéis, la Dra. Altman no se acaba de fiar de él después del incidente de la bandeja y él decide jugar su mejor baza: una miradita por aquí, una sonrisita por allá y ¡al quirófano de nuevo! No voy a negar que ha sido divertido pero mi parte crítica debe decir que esta trama hace aguas por todas partes, me explico: En la temporada anterior, en concreto, en Perfect Little Accident, Avery confiesa que la etiqueta de 'chico guapo' le ha acompañado toda su vida y que siempre ha tenido que luchar contra ella y demostrar que era algo más que una cara bonita. El hecho de que se aproveche tanto de su físico no me acaba de cuadrar. Además Avery siempre ha sido un alumno aventajado, un rival a la altura de la mejor versión de Cristina Yang, por eso me sorprende que, de repente, no pare de cometer errores y tenga tan enfadada a Teddy, claro que todo podría deberse al trauma. Como decía, a mi parte crítica no le gusta demasiado esta trama. Me da la sensación de que no ha sido más que una excusa para ver el musculado y definido torso del Dr. Avery. Aunque por otra parte…

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Es una imagen que impacta, no lo vamos a negar. Tampoco vamos a negar que Anatomía, como ha dicho Patrick Dempsey en alguna ocasión, tiene una parte de culebrón en la que esta trama encaja a la perfección, ¿qué pensáis vosotros?

Vayamos a una guerra, la de Lexie y April. La pequeña Grey está verde de envidia y no es para menos ¡April se está convirtiendo en ella! Le quita la habitación en casa, se hace confidencias con Meredith, ¡incluso se atreve a hacer de Aprilpedia con Alex a la hora de la comida! Con este panorama, la pequeña Grey pierde los nervios, tanto que llega a preocuparse. Suerte que Meredith estaba allí para aclararle que no le pasa nada, simplemente, es una Grey. Tres puntos Mer, esa ha sido buena.

Precisamente Lexie y April llevan el caso de Eleanor, una mujer cegada por los celos que estampa su coche en una lavandería. Un personaje interpretado por la magnífica Frances Conroy, una actriz que siempre tendrá un hueco en mi corazón por haber dado vida de forma espléndida a Ruth Fisher en Six Feet Under, un personaje que, en mi opinión, es uno de los mejor construidos de la historia de la televisión (al menos de la que yo he visto). Dicho esto, mucha cancha no le dan, la actriz está algo desaprovechada, ya que apenas aparece, pero el momento de la confesión ante Kepner y Grey ha sido, sencillamente, genial y, sólo por esa escena, merece el más sonoro aplauso.

¡Bravo!¡Bravo!

Hablemos de cosas menos agradables, de Callie y Arizona que siguen sin convencer. Hay que reconocer que en este capítulo están algo mejor pero la historia de Mark y Arizona me ha dado bastante pereza, en parte, porque es un poco forzada. Me cuesta creer que, siendo Callie la mejor amiga de Mark, Arizona sólo conociera su lado superficial. Aún así, el final no está mal y que sea, precisamente, Alex Karev el que defienda ha McSteamy ha sido un buen punto pero sigo diciendo lo mismo, ambas están muy flojas esta temporada.

Terminamos, no sin antes mencionar que el Jefe Webber ha vuelto a las andadas. Para él, lo importante es, de nuevo, el dinero y está dispuesto a todo, desde suprimir la clínica en memoria de Denny Duquette hasta a hacer carteles con McDreamy como reclamo publicitario…

Marketing hospitalarioMarketing hospitalario

Y hasta aquí el 7×04, como ya he dicho, uno más en la lista de buenos capítulos. La séptima temporada se consolida y parece que Anatomía ha vuelto a los buenos tiempos. No obstante, recordemos que la sexta también empezó muy bien y, aunque luego recuperó su esplendor, el centro de la temporada fue más bien oscuro.

De momento, me quedo con la interesantísima evolución de Cristina y con la buena adaptación de los nuevos y, una semana más, Callie, Teddy y Arizona deben ponerse las pilas. ¿Qué opináis vosotros de Can't Fight Biology? ¡A comentar!


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