Review American Crime Story: A Random Killing

Damos otro paso atrás en la escalada de asesinatos de Cunanan para constatar que American Crime Story no es tanto sobre lo que cuenta, sino sobre como lo cuenta. Porque qué capitulo. Además de ser capaz de transmitir suspense como pocos, el episodio ahonda en las emociones y motivaciones de personas que se vieron afectados por los crímenes de Cunanan; centrándose en el asesino, si, pero sobretodo en las víctimas. Y esta semana el papel de Versace lo ocupa Lee Miglin, un magnate inmobiliario miembro de la alta sociedad de Chicago, otra de las víctimas de Andrew antes de su llegada a Miami. Pero habrá otros agraviados, y no solo hablo de aquel asesinato fortuito en Nueva York, sino también de su mujer Marilyn Miglin. Si Lee es el Gianni de esta semana, Marilyn ha sido una Donatella de lujo, también obsesionada con las apariencias. Vamos a comentarlo.

“What frightens you more? Death or disgrace?”
(¿Qué te asusta más?, ¿la muerte o el deshonor?)
Andrew Cunanan

Una casa vacía, con helado derritiéndose en la cocina y un jamón apuñalado. El solemne silencio que retumba en esa lujosa casa de Chicago. La capilla subterránea con restos de ceniza. Que algo no anda bien en la residencia de los Miglin es obvio para cuando dan con el cuerpo de Lee (Mike Farrell). “¡Lo sabía!” exclama su mujer, que ya sospechó cuando no fue a recogerle al aeropuerto tras su vuelta de Canadá. Ambos representaban el sueño americano, una pareja perfecta. Pero el cuento de hadas se había transformado en una novela de terror. Marilyn Miglin (Judith Light, Transparent), una bailarina que viniendo de la nada había conseguido poseer una exitosa línea de cosméticos con ayuda de su marido, comienza el capítulo anunciando en la teletienda su fragancia “Pheromone”. Resulta irónico que su compañero fuera precisamente inmune a sus encantos, siendo un gay dentro del armario. Lee se santiguaba días antes, mortificado porque a pesar de intentarlo, acababa por sucumbir a sus bajas pasiones ante la inesperada llamada de Andrew Cunanan.

“I’m not like most escorts. I’m not like most anybody. I could almost be a husband. Or a partner. I could almost be. I really could…almost.”
(No soy como la mayoria de chicos de compañía. No soy como la mayoría de la gente. Casi podría ser un marido. O un compañero. Casi podría serlo… casi)
Andrew Cunanan

Aprovechando la ausencia de su mujer, Lee se prepara para recibir a un viejo conocido. Al igual que como pasaba con Versace, la familia Miglin niega que se conocieran de antes. Pero ACS insinúa que había contratado sus servicios en más de una ocasión. Aquí, Andrew iba de paso en su huida a ninguna parte, aprovechándose para lograr comida y cobijo… y saciar su sed de sangre. Los objetos de valor, como esas monedas que luego revenderá en Miami, eran un extra. Vemos como el sociópata vacila con disparar al magnate a sangre fría mientras este le cuenta sus planes de erigir el rascacielos más alto del mundo. Uno que no llevaría su nombre. Andrew se lo piensa mejor y su desdén pasivo-agresivo se torna aún más incisivo ante la idea de desaprovechar una oportunidad para obtener reconocimiento. Recordemos su obsesión con dejar su marca en el mundo. Si tan solo él pudiera hacer algo parecido, llevaría su firma.

Pero el nombre de Andrew Cunanan no iba a pasar a la historia con letras de oro, sino ensangrentadas. De alguna manera parece recriminar a Lee no poder entrar en esa alta sociedad, ese doble rasero en que unos consigan sus metas mientras que a él solo le queda el desprecio. “You’re so dominant out there and so pathetic in here. But you like being pathetic, don’t you?” (Eres tan dominante ahi fuera y tan patético aquí dentro. Pero te gusta ser patético, ¿verdad?). Y el denigrar en privado ya no le parece bastante. Tras amordazarle con cinta la cabeza, en una imagen ya familiar, y propinarle un buen puñetazo; le confiesa algo más que su sociopatía:

“I’ve killed two people, Lee. Two people that were very close to me. I know it’s hard to believe. Well-read, well-spoken Andrew. Well-dressed. But here i am. This is me.”
(He matado a dos personas, Lee. Dos personas que me eran cercanas. Se que es difícil de creer. El educado, refinado Andrew. El bien vestido. Pero aquí estoy. Este soy yo de verdad)
Andrew Cunanan

El material fruto de la fortuna del magnate, el cemento, será su caída. Lo que Lee utilizaba para construir, es el arma de destrucción de Andrew. Rematado con un apuñalamiento casi ritual, cómo lo es la quema de sus bocetos en esa desproporcionada capilla fruto de la culpa. Aquí los actos de Cunanan puede que fueran compulsivos y no deliberados, pero no fueron al azar. Como tampoco lo fue que le vistiera con ropa interior de mujer y dispusiera pornografia gay alrededor de su cuerpo. A pesar de que Cunanan no tuviera sentido de la empatía o el miedo, no le faltaba intelecto para maquinar tal venganza. Sin embargo, la influencia de los Miglin en la policía era suficiente para que Marilyn impusiera que pasaran esos detalles por alto. El asesinato se produjo para robar un Lexus, nada más. Un crimen oportunista. El teléfono que llevaba el coche marcaba la huida del prófugo sin su conocimiento, hasta que alguien dio el chivatazo por radio… ¿pudo la propia Marilyn tener algo que ver, ahora que el caso era federal?

“He won’t steal my good name. We worked too hard to make that good name, and we made it together.”
(No va a robar nuestra buena fama. Hemos trabajado demasiado duro para hacernos un nombre, y es algo que hicimos juntos)
Marilyn Miglin

De nuevo intentando exponerse, Cunanan consigue que esa sociedad homófoba le salve de ser cazado. Parece que la serie quisiera mostrar que en el pecado estuvo la penitencia, si no fuera por ese asesinato realmente fortuito que se produce poco después. Para lograr un nuevo coche que no deje rastro, Andrew asaltará a un completo desconocido. No le valdrá con robarle, sino que lo sigue hasta su casa con la intención de encerrarle. O al menos hasta que pide compasión, ya no por él, por su mujer e hijos. Ese será el detonante para que apriete el gatillo. Dicen que los psicópatas nacen y los sociópatas se hacen. Ante este hombre cabe preguntarse cual será el caso, y quizás lo descubramos en la huida hacia atrás; alcanzando dentro de poco el comienzo de esta espiral de violencia.

A destacar de esta tercera entrega, que se desmarca de las dos anteriores en gran medida, está esa lograda atmósfera de inquietud que salpica todo el metraje. Pero ante todo brillan sus actuaciones. Mike Farrell consigue un convincente papel que transmite todo lo que se le pide (que es mucho), pero será Judith Light quien robe por completo el episodio. Ni siquiera el cada vez más convincente Darren Criss supera el sublime retrato de Light sobre esta mujer fría pero fiera, orgullosa pero resignada. Una mujer que a pesar de todo amaba a su marido, que le respetsaba y trataba como una verdadera compañera. Murphy es conocido por sacar lo mejor de sus actores, y esperemos que la temporada nos traiga más pequeñas joyas como la que esta semana representa a Marilyn Miglin, que sino una montaña de premios, si se merece nuestro más sincero aplauso.

“Imagine that little red light is the man you love”
(Imagina que el piloto rojo es el hombre al que amas)
Marilyn Miglin

Nota del autor
4.6
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Review American Crime Story: A Random Killing
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4 comentarios

  1. Sofi

    Muy buen capítulo y la serie se torna cada vez más interesante.
    Concuerdo contigo Antonio, en que Judith Light fue la estrella indiscutible de esta tercera entrega. Si mal no recuerdo era ella la que trabajaba en “Whose the Boss” esa serie ochentera, que hace unos años la estaban repitiendo en mi país.
    Por otra parte es una pena ver que la sociedad marginaba tanto a los gays, al punto de tener que llevar una vida oculta. Y más pena da, que a pesar de haber transcurrido varios años, desde estos acontecimientos, hemos avanzado muy poco o casi nada con respecto a la tolerancia e igualdad hacia los homosexuales.

    • Gracias por comentar Sofi! No conozco esa serie, pero esta claro que la actiz tiene una gran experiencia y talento. Al igual que en la primera temporada, la crítica social esta en la esencia de cada capítulo. Nos leemos! 😉

      • Sofi

        Tal vez la conoces con otro nombre a la serie que te menciono Antonio, pues era muy popular en los años ochenta. En mi país se llamaba “Quien manda a quien” y trabajaba con Tony Danza y Alyssa Milano, cuando aún era chica.
        Hace poco pasaban la repetición, por eso me acordé de ella.

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