Review Alcatraz: Pilot/Ernest Cobb


Lluvia sobre mojado. Así es esta review del piloto de Alcatraz, que viene para completar (o al menos intentarlo) el trabajo que ya hicieron Javier Riestra, primer hispanohablante en ver el capítulo después de Jorge García, e Irene B. Trenas, que se salió temporalmente del cuento para visitar la famosa prisióny fugarse de nuevo. En sus análisis encontraréis la esencia de la serie, así que os adelanto que después del salto sólo daréis con mi opinión, que últimamente parece que ve la luz para confesar desilusión o decepción, cual viejo cascarrabias. Porque… no es cosa mía, ¿verdad? Lo de que Alcatraz no es nada del otro mundo…

  • Episodio 1×01 y 1×02: Pilot / Ernest Cobb
  • Fecha de emisión: 16 de enero

J.J. Abrams, una isla y Jorge García. Digámoslo ya y saquémonoslo de encima: Alcatraz recuerda a Lost. Ambas suceden a caballo entre una isla y una ciudad (o varias), las dos juegan con los flashbacks, una y otra se centran en un grupo numeroso de personas desaparecidas y tanto Lost como Alcatraz tienen a Jorge García para aportar el toque inocente, friki y divertido. Allí era millonario y aquí dirige una tienda de cómics, pero en uno y en otro lado hace las preguntas que se hace la audiencia. Es nuestro interlocutor. Además, hacía falta ser sordo para no darse cuenta que la música del piloto también la pone Michael Giacchino, el tipo que más veces nos puso los pelos de punta en la serie de ABC. De hecho, viendo Alcatraz he tenido la sensación de que en cualquier momento podía aparecer John Locke para lanzarle un cuchillo a Emerson Hauser o Benjamin Linus para ponerle las pilas a Rebecca Madsen. No han aparecido, claro, aunque no me hubiera importado.

No, no me ha convencido el piloto de Alcatraz. No es un problema técnico, porque la serie está muy bien hecha. No es un problema argumental, porque unir prisiones, misterios y viajes en el tiempo siempre es una buena receta y no es un problema de reparto, aunque Sarah Jones me haya gustado mucho menos de lo que hicieron otras “chicas Abrams” como Evangeline Lily o Anna Torv. Y tampoco es una cuestión de género, porque tal y como está el patio televisivo, ya nos hemos hecho a la idea de que nos tienen que empezar a gustar las series autoconclusivas. Es un problema de personajes. Aunque teniendo en cuenta que sólo hemos visto los dos primeros capítulos, es más acertado decir que es un problema de puesta en escena de esos personajes.

Quién sabe si cautivados por la habilidad de CBS para hacer series autoconclusivas exitosas y rentables, en Fox han decidido calcar esa fórmula. Y se lo han tomado tan al pie de la letra, que se han olvidado de presentarnos como es debido a los personajes en el episodio piloto. Esa primera impresión que dura 42 minutos no sólo ha de servir para darnos a conocer a los nuevos, sino que ha de despertarnos algo (empatía, cariño, odio) para que volvamos la semana que viene a ver qué ha sido de ellos. La puesta en escena no hace falta que sea un detallado análisis de la personalidad y la vida de cada uno de los protagonistas, pero sí algo más que lo estrictamente necesario para contarnos la historia. Ya sé que la Isla acabará siendo un personaje más, pero eso no significa que tengamos que olvidarnos de los otros. Alcatraz no se ha esforzado nada en este aspecto y el resultado son unas presentaciones más bien torpes y llenas de tópicos.

Repasémoslas. La de Rebecca Madsen… Mujer policía persigue a sospechoso y pierde a su compañero por el camino, que se cae de un precipicio previo pisotón del villano de turno. Brillante. No tiene padres y se crió con un amigo de su abuelo que, oh demonios, resulta que estuvo en Alcatraz y ahora es una de las piezas del juego. Además, forma parte de ese tan extendido como odioso grupo de personajes que no se cuestionan las reglas del juego: los sueltan allí, corren, disparan, apenas sufren (de esto tiene parte de culpa Sarah Jones) y se van a casa a dormir como si hubieran ido a recoger fresas al campo. A ver, señora Madsen, antes de ponerse a correr detrás de Jack Sylvane y de jugarse la vida, ¿por qué no coge del pecho a Emerson Hauser y le pregunta qué demonios sabe de lo que pasó en Alcatraz en los años 60? Antes de ponerse a tiro de un francotirador, ¿por qué no se pregunta cómo es posible que Hauser supiera que los Alcatraz boys estaban vivos y volverían a aparecer? Nada. No cuestiona nada. Y eso, que podría ser una consecuencia del alma aventurera de Rebecca o del espíritu policial que lleva dentro, acaba por restar credibilidad a la historia.

No nos ha ido mejor con las presentaciones de Hauser y del doctor… Hurley. Ya, ya sé que se llama Diego Soto y que está feo esto de comparar, pero si me dicen que al salir de la Isla se cambió de nombre, se puso una chaqueta gigante y una corbata y se licenció en filosofía, me lo creo. Es un enfermo de Alcatraz, pero necesito algo más para entender que quiera salir a jugarse la vida al lado de una mujer que no conoce, por muy buena que esté (eso dicen). Y más teniendo una tienda de cómics, ¿no es ese el sueño americano? Denfenderé, como hice en Lost, el trabajo de Jorge García, pero de donde no hay no se puede sacar. Y su papel en el piloto se ha limitado a unir las escasas pistas que le ha aportado Rebecca. Claro que la peor impresión me la he llevado con Emerson Hauser, el tipo molón de Jurassic Park, que encarna al típico policía inexpresivo, oscuro y misterioso, posiblemente malo, que explica mucho menos de lo que sabe. Cuenta con un equipo que conoce lo sucedido y con unas instalaciones de última generación, así que es de suponer que recibe fondos gubernamentales, y sabemos que estuvo en Alcatraz el día D a la hora H, pero ahí se acaba la información del tipo que nos ha de dirigir en el caso semanal.

En cuanto a estructura, la serie bebe más de Fringe que de Lost, ya que el foco en cada episodio será la persecución del fugado de turno (en Fringe es el fenómenop paranormal), con una trama de fondo (por qué sucedió, quién está detrás) sobre la que pasaremos más o menos de puntillas, aún está por ver. Como suele suceder en estas series, la calidad de las mismas variará en función del personaje invitado que haga de preso en cada episodio o de la lucidez de los guionistas el día que lo escribieron. Para su puesta en marcha, creo que el piloto es un capítulo demasiado previsible, atropellado y simple. Se dejan cabos sueltos (la llave), pero nada especialmente sugerente como para correr a comentarlo con tus amigos, que era esa magia que tenía Lost. Al menos, por ahora. La cosa se complica en Ernest Cobb (1×02) con ese final que da un pequeño giro de tuerca a la historia y que hará que nos planteemos constantemente quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

No comento nada de los presos, que un día se duermen en 1963 y al otro se levantan en 2012. Imagino que forma parte de un pacto entre ellos y ese hombre que, curiosamente, está detrás de la cortina (¡Jacob!) del hospital en el primer episodio. Esta situación da lugar a un montón de incógnitas que son la salsa de la serie: ¿cómo viajan en el tiempo? ¿Qué órdenes han de seguir? ¿Quién las da? ¿Qué pasa si un preso decide no seguir las órdenes y hacer vida normal en 2012? ¿Hay alguna manera de volver atrás? Y es que Alcatraz también tiene puntos a favor, que paso a detallar para así borrar esta imagen de viejo cascarrabias que arrastro desde que vimos la sexta temporada de Dexter:

  • La premisa de la serie es fascinante (a mi me lo parece), así que de ellos depende que la historia crezca o se quede en eso, en un prometedor punto de partida.
  • Los personajes no se han trabajado bien en las dos primeras horas, pero no es algo definitivo: Fringe no se lució en este aspecto en la primera mitad de la primera temporada y ahora adoramos a Walter, Peter y Olivia. Incluso a Asteroid, de la que casi no nos sabemos ni el nombre.
  • Celebro que la serie tenga lugar en San Francisco, aunque sea para cambiar el grito de guerra policial: “LAPD!” por “SFPD!”
  • Un detalle tonto que me ha gustado: la conexión entre la escena de Jack Sylvane tirando la silla (1×01) con la de Ernest Cobb viendo el espectáculo (1×02) desde su celda. Invita a pensar que esas conexiones se seguirán produciendo en cada capítulo y que lo que un día pasa desapercibido, al siguiente se convierte en la clave del episodio.
  • Emerson Hauser en versión juvenil es terrorífico. En general, me gusta el tono oscuro que coge la serie cuando nos lleva a los años 60.
  • No se ha dado el caso porque tenemos muy poca información, pero tengo la impresión de que cuando noss den alguna pista más, después de cada capítulo se formarán debates sobre cómo han llegado los presos a 2012. Las pruebas en el hospital a Jack Sylvane… ¿acaso los están clonando? ¿Qué papel ha jugado Lucy en ese aspecto? ¿Son otra vez viajes en el tiempo, la gran pasión de Abrams?

Y como esta review llega en el tiempo de descuento, cierro con un adelanto del próximo capítulo, que se emite esta noche. Mañana tocará (otra vez) buscar alternativas al añorado Megaupload…


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