Review AHS: Welcome To Briarcliff Manor

Con algo más de retraso de lo que me hubiera gustado (he tenido una semana ajetreada), llega por fin la review del primer episodio de Asylum. Un episodio en el que encontramos muchas caras conocidas, pero que a la vez supone volver a partir de cero, tal y como ya sabíamos. Nuevos personajes, nuevos lugares, nuevas obsesiones… Welcome to Briarcliff Manor es, en definitiva, el “piloto” de una nueva miniserie, si me permitís la denominación. Y como tal ha funcionado. ¿Comentamos un poco cómo se ha presentado? Eso sí, tened cuidado: el que entra en Briarcliff no consigue salir… jamás. 

Unos días antes del estreno de esta segunda temporada ya pudimos disfrutar de sus primeros cinco minutos. Y, aunque en ese momento ya comentamos qué nos parecía, no está de más volver a hablar un poco de ellos. Como hilo conductor del episodio tenemos a una pareja de recién casados que, guiados por el morbo, deciden visitar Briarcliff Manor. No dejan de ser, en realidad, una metáfora del público que sigue (o seguimos) esta serie: freaks del terror que van explorando poco a poco diferentes temores de América (de ahí el título) sin saber muy bien con qué se van a encontrar.

Y lo que hemos descubierto, por ahora, no nos ha decepcionado en absoluto. Con Asylum han cambiado muchas cosas, pero la serie sigue manteniendo todos los elementos que nos engancharon el año pasado: esa sensación de desconcierto, los personajes complejos y ambiguos, los guiños a otras obras del género (X-Files, Minority Report, La naranja mecánica...), el pseudo-terror (más bien tensión) que transmite… y el sexo. Si no me equivoco, bastante más presente que el año pasado. Y eso que sólo hemos visto la primera entrega.

Entrando un poco más en materia, uno de los primeros nombres propios que hemos oído en este episodio ha sido el de “Bloody Face”, el más famoso habitante del manicomio, que aún parece seguir haciendo de las suyas en el presente. De hecho, según parece, se ha cobrado sus últimas víctimas en la pareja del inicio, que necesitaría un milagro (y un brazo extra) para salir con vida de ahí…

Antes de avanzar más, me gustaría detenerme un instante en los títulos de crédito. Como ya vimos, aunque se ha mantenido la música, las imágenes han cambiado por completo. Hay quien opina que su nivel está por debajo de la cabecera del año pasado, pero, sinceramente, no creo que haya demasiada diferencia. Sí que hay algo, sin embargo, que me ha llamado la atención: si bien el año pasado la mayor parte de las imágenes representaban objetos de la casa, este año encontramos un mayor número de figuras humanas. Quizás quieran darnos a entender que esta temporada el enfoque no estará tanto en el edificio en sí como en la variedad de personajes que lo habitan. Y ahí hay mucha tela que cortar…

Porque los habitantes de Briarcliff no son precisamente de lo más normales. Hay que tener en cuenta, claro está, la finalidad del edificio: allá por los años sesenta (concretamente, 1964, el año en el que hemos estado en este episodio), el edificio era una institución mental que acogía a los dementes más peligrosos de América. Da la impresión de que, al contrario que el año pasado, en Asylum no iremos saltando en el tiempo, sino que nos centraremos en la época mencionada. Aunque aún es pronto para decirlo. Lo que sí podemos hacer es ir introduciendo un poco a los personajes que hemos conocido en este episodio:

Comenzamos con Kit Walker (Evan Peters), un joven empleado en un taller que no parece tener demasiada suerte en su vida: recién casado en secreto con una muchacha de color, es víctima de un extraño incidente que resulta, según sabemos después, en la muerte de su esposa. Por un lado (la parte de la que hemos sido testigos), el joven es inocente, y probablemente haya sido atacado por una especie alienígena. Aunque contado así chirría un poco, lo cierto es que hay pruebas que parecen sustentar su inocencia: desde las extrañas visiones de Kit al chip con forma de araña que el médico extrae de su cuello, todo parece indicar que el chico ha sido abducido de algún modo.

Sin embargo, la teoría oficial es bien distinta: según esto, Kit no sería sino Bloody Face (al que ya hemos mencionado), un asesino en serie que lleva una máscara fabricada con sangre y carne humana. Que Kit haya sido acusado como tal indica que, como mínimo, el cuerpo de su mujer fue hallado duramente torturado. Y no es el primero…

El personaje de Kit encarna el que, sin lugar a dudas, será uno de los aspectos más interesantes de la temporada: las dudas acerca de la separación entre la realidad y la locura. ¿Podremos creer a los personajes? ¿Son simples perturbados, o dicen la verdad? ¿Quiénes son los locos, los pacientes o sus vigilantes? Quizás nunca lleguemos a saberlo con seguridad…

Precisamente, como representante de la doble moral, encontramos a la hermana Jude, encarnada por Jessica Lange. Aunque no pretendo hacer muchas comparaciones con la primera temporada, lo cierto es que la religiosa recuerda en algunos aspectos a Constance Langdon, tan llena de contradicciones y con una personalidad tan fuerte. La hermana Jude es la responsable del funcionamiento del hospital, y se vanagloria en seguir un comportamiento estricto y ejemplar, que bien podría resumirse en las tres reglas que ella misma menciona: productividad, oración, purificación.

Es un personaje temible, pero no es tan recta como pretende aparentar: en secreto, y torturada por sí misma, no puede evitar amar (o, más bien, desear) a  Timothy Howard, su superior en la orden religiosa, un hombre que a primera vista parece bastante insulso (algo poco sorprendente teniendo en cuenta que lo interpreta Joseph Fiennes), pero que también esconde unos increíbles aires de grandeza bajo una falsa capa de humildad: desea, en lo más profundo, adquirir fama y llegar a ser papa de Roma.

Como contrapeso a estos dos personajes encontramos a la hermana Mary (Lily Rabe), un poco atolondrada y mucho más inocente que su superiora. Sin embargo, hay algo interesante en ella: está al tanto del secreto del Doctor Arden y parece colaborar con él. Además, también conoce el edificio mucho mejor que cualquiera, lo que puede ser una gran baza a su favor.

El Doctor Arden, como decíamos, oculta un secreto: es un científico frustrado que utiliza a los enfermos para experimentar con ellos. Aunque es aún pronto para decirlo, es posible que él sea el creador de “Bloody Face”, que se convertiría en una especia de criatura de Frankenstein. Por lo pronto sabemos que hay “algo” en el exterior del edificio que se alimenta de carne humana, y no parece una locura pensar que sea en realidad el auténtico asesino.

Siguiendo por nuestra galería de personajes, hace falta mencionar a Lana Winters (Sarah Paulson), una periodista lesbiana que trata de entrometerse un poco más de lo debido en los asuntos de Briarcliff. Su curiosidad será, a la vez, su perdición, ya que la hermana Jude hará lo imposible para que pase a engrosar las listas de residentes del centro. Y lo cierto es que no le cuesta demasiado esfuerzo. Ni encerrar a Lana ni sobornar a su amante, Wendy, para que no denuncie los hechos. Nada parece interponerse en el camino de esta mujer…

También hemos tenido la oportunidad de conocer a algunos de los pacientes del hospital. Como nombres principales tenemos a Selly (la ninfómana a la que la hermana Jude estaba afeitando al inicio) y a Grace, que sirve a Kit (y al resto de la audiencia) de guía. Aparentemente, Grace es el personaje más cuerdo y sensato de la serie. Pero, como ya decíamos, nunca se sabe si podemos fiarnos de las apariencias.

Pasando a hablar de forma general, lo cierto es que estoy bastante contenta con lo que hemos visto: vuelven a presentarse temas muy complejos e interesantes (las abducciones alienígenas, la xenofobia, el rechazo a la homosexualidad, el tratamiento de la locura como una enfermedad física…) que, si siguen siendo controvertidos en la actualidad, lo eran mucho más en la época en la que se sitúa el episodio. A priori lo cierto es que esta segunda temporada se presenta llena de posibilidades, y con muchísimo potencial.

Por otro lado, el aspecto visual (y sonoro) sigue estando muy bien cuidado. Como ejemplos, cabría destacar escenas como la entrada de Kit en la sala común del manicomio o la visión erótica de Jude mientras conversa con el cura.

Finalmente, y como apreciación personal, también me gustaría comentar que (al contrario de lo que temía), no se me ha hecho extraño ver a los actores interpretando papeles distintos con respecto a los del año pasado. Supongo que eso habla en favor del cast, que una vez más ha demostrado que está muy bien elegido. Y eso que aún tenemos más personajes que conocer…

Una última pregunta: ¿se convertirá Bloody Face (el que hemos visto en la última imagen) en el nuevo “Rubber Man” de esta temporada? Personalmente, estoy deseando saber quién se oculta debajo de esa máscara.

En definitiva, estoy contenta con el regreso de American Horror Story, y creo que, si lo llevan bien, Asylum puede darnos muy buenos ratos (o malos, según se mire). Pero claro, todo esto es solamente mi opinión. ¿Qué os ha parecido a vosotros?

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