Review AHS: Tricks and Treats

Si el episodio de la semana pasada sirvió como un reinicio, un nuevo piloto para la serie, esta semana ya sabíamos perfectamente en qué contexto nos íbamos a situar. Como ya comenté, el manicomio me parece un lugar lleno de posibilidades, además de ser idóneo para ofrecer ese ambiente escalofriante que tan bien encaja con AHS. Tricks and Treats se presenta, por tanto, como la primera prueba de esta nueva localización. ¿Han sabido cumplir con la expectativas que nos dejó Welcome to Briarcliff Manor? Vamos a analizarlo…

Al igual que en el episodio anterior, hemos comenzado en el presente, con la pareja de recién casados que estaba visitando el edificio abandonado de Briarcliff. Sin embargo, y como ya preveíamos, su futuro es muy oscuro: al menos el de él, que ya ha caído víctima del Bloody Face del presente. Y da la impresión de que a la chica no le falta mucho para seguir sus pasos… Aunque, a decir verdad, el interés de esta temporada no se sitúa (al menos por ahora) en el 2012, sino en 1964, año en el que se desarrollan las tramas más interesantes y encontramos a los actores y personajes principales.

A este respecto, tengo que decir que me gustaba más la manera en la que se construía la historia de la casa en la primera temporada: visitando los diferentes episodios de su pasado íbamos comprendiendo poco a poco la realidad y el porqué del presente. Este año la única relación entre ambas épocas parece ser Bloody Face, aunque aún tenemos que ver si es el mismo asesino o si son dos personas diferentes bajo el mismo disfraz. Por lo demás, la historia del presente no me produce el más mínimo interés. Al menos, por ahora.

De modo que vamos a ocuparnos de los acontecimientos de 1964. Como ya ocurría la temporada pasada, parece que cada episodio se centrará en un acontecimiento (o quizás en un “paciente”) diferente. Esta semana le ha tocado a la familia Potter, un humilde matrimonio que lleva a su hijo adolescente al hospital para que se le realice un exorcismo. Este hecho, que ya hemos visto cientos de veces en diferentes películas, sirve aquí para dos finalidades principales: enfrentar a la ciencia y a la religión, por un lado, y ayudarnos a revelar un importante secreto, por el otro. Vamos a verlo:

Esta semana hemos conocido a otro de los personajes principales: el doctor Oliver Thredson, un psiquiatra enviado para evaluar la salud mental de Kit. De su veredicto dependerá el sino del muchacho: si es declarado demente, pasará el resto de sus días en Briarcliff; si se considera que está cuerdo, será condenado a muerte por asesinato. Por ahora parece que le veremos algún tiempo más en el hospital. Y es que, por razonable que sea el médico, lo de los hombrecillos verdes no es algo fácil de asimilar…

El caso es que el doctor Thredson me ha gustado mucho desde el primer momento. Parece un hombre sensato, que no ve con buenos ojos la manera en la que la hermana Jude capitanea el manicomio. Y eso, en esta época, no parece ser algo muy común.

De manera “casual” Thredson se ve envuelto en el exorcismo que comentábamos antes. Aquí es donde el enfrentamiento más claro entre ciencia y religión se hace patente: Thredson, incrédulo, se ve obligado a presenciar un hecho que no es capaz de entender ni de explicar a pesar de sus convicciones y sus conocimientos.

La escena del exorcismo en sí, aunque bien hecha (el chico realiza una interpretación muy convincente), no es nada que sorprenda demasiado. Eso sí, sirve como excusa para que conozcamos el oscuro pasado de la hermana Jude. La monja, a la que en un principio se le prohíbe participar en el exorcismo por ser mujer, tiene un interesante cara a cara en el que el chico (¿o deberíamos decir el diablo?) le suelta unas cuantas verdades a la cara. La primera, como ya sabíamos, que tiene un interés algo más que religioso por Monseñor Timothy Howard. La segunda, y más impactante, es su oscuro pasado…

Y es que, antes de tomar los hábitos, la monja era el tipo de mujer que ella misma rechazaría. El hecho en sí no me parece extraño (ya lo dice el refrán: “Dime de lo que presumes…”), pero reconozco que el flashback de Jude me chirría un poco. Y es que en el supuesto “pasado” la mujer aparenta la misma edad que en 1964, siendo bastante mayor que sus supuestos clientes. Y no quiero ser demasiado tiquismiquis, pero esto me resulta, cuanto menos, raro a la vista.

Otra pregunta: ¿tuvo Jude un bebé en el pasado? El chico con el que coquetea en el club le dice que “el bebé está durmiendo”, aunque no queda demasiado claro si ella es la madre. De ser así, las teorías que ya formulaban algunos de que la hermana Mary podría ser su hija (de ahí que la proteja tanto) cobrarían más fuerza.

Pero, elucubraciones aparte, lo que está claro es que Jude es culpable de asesinato (puede que más que Kit), y esa es una carga que no la ha abandonado jamás. ¿Se hará público alguna vez este secreto? Sería muy interesante, teniendo en cuenta lo implacable que se muestra la monja a la hora de hablar de moral.

Por último, y con respecto al exorcismo, sólo queda destacar el hecho de que el demonio ahora esté dentro de la hermana Mary. A priori la idea no me vuelve loca (metafóricamente hablando), pero espero que sirva para sentar las bases para algo interesante. Ya ve siendo hora de que alguien dé dolores de cabeza a los encargados de Briarcliff…

Pasemos ahora a hablar de otra de las víctimas de toda esta locura: Lana. Como cabría esperar (no podía ser de otra manera), su novia siente remordimientos por haberla traicionado de manera tan cobarde. De modo que, arrepentida, decide regresar a Briarcliff para cambiar su declaración y liberarla. Sin embargo, jamás llegará a hacerlo, por culpa del temido Bloody Face.

Lana, por supuesto, no llega a descubrir que Wendy ha cambiado de opinión, y sigue creyendo que se encuentra sola (de hecho, no deja de estarlo). Por eso decide escapar por sí misma y, gracias a sus contactos con su editor, poder sacar a la luz las atrocidades que tienen lugar en el manicomio. Está claro que la hermana Jude hará todo lo posible por evitarlo, y la primera prueba la hemos visto hoy en la terapia de electroshock: una brutalidad que, por desgracia, no forma parte de la ficción.

Desesperada, Lana trata de convertir a Grace en su aliada. Por cierto, la escena de las bañeras me ha gustado mucho, además de darle sentido a una de las intrigantes promos que salieron a la luz antes de que se estrenase la temporada.

Pero no nos desviemos: Grace accede a participar en la huida siempre y cuando Kit las acompañe. Y ahí es donde Lana y ella no consiguen llegar a un acuerdo: la periodista no está dispuesta a permitir que un asesino de mujeres queda libre por su culpa. Nosotros sabemos que Kit no es Bloody Face, pero lo cierto es que no podemos culpar a Lana por pensar de este modo.

En el episodio de hoy, durante el exorcismo, nuestros pacientes han tenido la ocasión ideal para escapar gracias a un golpe de suerte y al hecho de que Lana sepa dónde están los pasillos que acceden al exterior. A todo esto, la imagen de las celdas abriéndose a la vez y los pasillos bañados en luz roja me ha encantado.

Por desgracia, el desconocimiento de Lana (o su miedo) la han llevado a frustrar sus propios planes de huida. Y no sólo eso: por su culpa sus antiguos aliados han sido castigados. Sin merecerlo del todo, Lana se ha buscado dos enemigos dentro de Briarcliff. Y, dada la situación, lo último que necesita es tener a nadie en contra…

Solamente queda por comentar la trama del doctor Arthur Arden, nuestro Frankenstein particular. La semana pasada ya vimos que el médico es poco menos que un psicópata que, obsesionado con sus investigaciones, no duda en torturar y asesinar a los enfermos. De hecho, da la impresión de que aún nos queda por ver mucho acerca de este personaje. Prueba de ello son las misteriosas criaturas que se ocultan en el bosque y a las que la hermana Mary acude a alimentar religiosamente (nunca mejor dicho).

Pero esta semana le hemos dado otra vuelta de tuerca a este macabro personaje: obsesionado con las monjas (¿o sólo con Mary?), Arden contrata a prostitutas para que le hagan compañía. Las muchachas deben, además, comportarse con elegancia y recato, no como mujeres vulgares. De ahí el desprecio que el médico muestra hacia Shelley, la ninfómana del hospital.

Lo que no esperaba, la verdad, es que Arthur obligara a las chicas a vestirse como monjas. Y mucho menos que guardara en su casa fotos de las chicas torturadas. Si la semana pasada ya comenzamos a sospechar que Arthur podría ser el “creador” de Bloody Face, esta semana parece haberse confirmado que no es otro sino él mismo. Y digo “parece” porque, aunque está bastante claro, en esta serie nunca se sabe por dónde pueden salir las cosas.

En cualquier caso, está bastante claro que Arthur es un perturbado tan peligroso como cualquiera de sus pacientes. Puede que incluso más. Es curioso ver lo relativo que resulta que algunos personajes se encuentren encerrados dentro de Briarcliff sin merecerlo y otros, como él, se encuentren libres aun representando una amenaza mucho más real. No estaría mal que al final de temporada la situación diera la vuelta y los opresores terminaran siendo condenados a pasar el resto de sus días junto a sus antiguas víctimas. Pero eso ya es hilar demasiado fino…

Por ahora, basta con que nos quedemos con lo que ya hemos comentado. Asylum está demostrando que sus creadores siguen siendo tan retorcidos como el año pasado, y eso que la cosa no ha hecho más que empezar. Aunque este segundo episodio me ha parecido estar un escalón por debajo del anterior, reconozco que he disfrutado con algunos detalles. Se ve que me estoy acostumbrando a esta locura. Espero no tener que acabar en un lugar como Briarcliff por pasármelo bien con algo tan enfermizo…

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