Review AHS: The Origins of Monstrosity

No me cansaré de decirlo: estoy muy satisfecha con esta segunda temporada de American Horror Story. Cada vez que veo un episodio nuevo no puedo evitar sentirme contrariada: me siento horrorizada ante las atrocidades que presenta la serie semana a semana, pero a la vez disfruto muchísimo con ella. Y esa sensación tan compleja me encanta. El episodio de esta semana quizás no haya sido tan impactante como algunos de los anteriores, pero está claro que nos ha servido para entender muchísimas cosas. ¿Analizamos dónde se encuentran los orígenes de nuestros monstruos?

“El origen de la monstruosidad”. Dicho así, parecía claro que nos íbamos a centrar en Thredson (o, mejor dicho, en Bloody Face) para comprender, por fin a qué se debe su manera de actuar. Y, aunque ha sido así, hay que reconocer que no ha sido el único monstruo cuyos orígenes hemos explorado en el episodio. Aun así, vamos a comenzar por él:

Si tuviéramos que hacer un ranking de los personajes que más están sufriendo en esta temporada, me apostaría algo a que Lana pelearía por uno de los primeros puestos. Y eso es todo un mérito teniendo en cuenta que los personajes de esta serie no lo pasan precisamente bien. Pero la periodista parece ser una de las más desgraciadas.

La última vez que la vimos estaba encerrada a lo Saw en casa de Oliver Thredson. Y, lo prometo, entonces habría jurado que estábamos a punto de presenciar una de sus últimas escenas. Ya sabemos que Bloody Face no se anda con chiquitas, y que las mujeres que pululan a su alrededor tardan poco en perder la piel…

Sin embargo, la tortura de Lana va a prolongarse algo más de lo que esperábamos. Y es que el asesino es más complejo de lo que podría parecer en un primer momento: no mata de manera inmediata por el simple placer de matar; mata cuando se da cuenta de que sus víctimas no van a servir a sus propósitos.

Y es que gracias a este episodio hemos podido explorar la complejidad de la mente del doctor. Grosso modo, la explicación se reduce al trauma infantil que le supuso ser abandonado de pequeño y tener que crecer sin el cariño de una madre. Por desgracia, no es una situación extraña, y ni siquiera resulta demasiado sorprendente. Sin embargo, el descubrimiento de ese oscuro pasajero que es Bloody Face sí que resulta mucho más atractivo.

Lo reconozco: me ha gustado mucho la manera en la que nos han contado cómo Oliver descubre, por primera vez, cuánto ansía en su locura el tacto y el calor de una madre. La escena en la que se abraza en la facultad al frío cadáver es un ejemplo prefecto de lo que comentaba al principio: uno de esos momentos que enganchan y horrorizan a la vez. Y es que, para Thredson, la chica que había sobre la mesa no era una mujer cualquiera: era su madre. A pesar de saber en lo más profundo que aquella idea era, simplemente, algo imposible. Aunque era consciente de que aquello era una locura. Oliver comienza ahí su particular cruzada en busca de aquella sensación que jamás logró conseguir cuando le correspondía. Así es como surge Bloody Face: como una especie de Grenouille que, en lugar de regirse por el sentido del olfato, lo hace por el del tacto.

Obviamente, las mujeres a las que secuestra no se comportan como a él le gustaría. Y ahí es donde, al darse cuenta de que le van a volver a abandonar, Oliver decide asesinarlas. Hemos descubierto, además, un patrón del que no habíamos oído hablar antes: Oliver busca a mujeres de 33 años, la edad que tenía su madre cuando le abandonó (no olvidemos, además, la simbología religiosa que se esconde tras esa cifra). Y, aunque no venga demasiado a cuento, creo que es un dato que podría ser importante para sustentar las declaraciones de Kit: según lo que hemos visto, Alma es bastante más joven que las mujeres a las que busca Oliver, con lo que es posible, al final, la chica siga viva y en manos de los extraterrestres como juraba Grace.

En cualquier caso, Lana parece ser, hasta el momento, la “madre” más astuta de todas. Al menos ha conseguido engañar temporalmente a Oliver haciéndole creer que es todo lo que él busca. Y eso que ha estado a punto de correr la misma suerte que sus antecesoras por culpa de un intento frustrado de huida. Veremos si ahora la periodista es capaz de manipular al asesino para poder salir de este embrollo de una vez por todas…

Sin embargo, el origen de Bloody Face no es el único que hemos explorado en este episodio. Hemos visto, también, cómo y por qué comienzan los terribles experimento del doctor Arden en Briarcliff bajo el beneplácito de monseñor Howard. Si bien ya sabíamos que el cura hacía la vista gorda a los crímenes del médico, hoy hemos podido ver cómo comenzó todo.

Y es que, antes de que Briarcliff fuera lo que es hoy en día, era un hospital de otro tipo: un centro para tuberculosos en el que Arden continuaba con las investigaciones que ya había comenzado en los campos de concentración. Por tanto, el cierre del hospital suponía el fin de sus experimentos y prácticamente de toda su carrera. Así es como consigue convencer a Howard para que le permita seguir experimentando en el nuevo hospital. Y no le resulta demasiado difícil: el cura es un hombre joven, lleno de ilusión y también de ambición, fácilmente manipulable con falsas esperanzas.

En su defensa, hay que decir que Howard no es del todo culpable. Supongo que, sin quererlo, se vio envuelto en un embrollo cuyas dimensiones no fue capaz de comprender en un primer momento, y del que ahora le resulta imposible escapar. No justifico, por supuesto, sus actos (el asesinar a sangre fría a la pobre Shelley no tiene perdón, aunque en el fondo haya puesto por fin punto y final a su sufrimiento), pero entiendo que en el fondo no es más que una víctima de las artimañas del antiguo nazi.

Por eso, ahora que le resulta imposible denunciarle sin verse envuelto en el mismo escándalo, decide aliarse con Arden en contra de un enemigo común: la hermana Jude. La monja puede no ser santo de nuestra devoción debido a su manera de pensar y actuar, pero está claro que, en este caso, es la única que lleva la razón. Así que su traslado a otro centro no es más que un castigo injusto justificado por las ansias de Howard de salir impune.

Pero Jude, luchadora por naturaleza, no se da por vencida con tanta facilidad: antes de marcharse decide arrastrar a Arden consigo, tomando sus huellas dactilares para llevárselas a Sam Goodman, el judío que investigaba los crímenes nazis y que ya había descubierto la verdadera identidad del médico. Por desgracia, Jude vuelve a ir un paso por detrás en este aspecto: no sabe que la hermana Mary Eunice se le ha adelantado, asesinando al judío y retirando todas las pruebas que pudieran inculpar a Hans Grouper. Al menos, el investigador ha vivido lo suficiente como para explicarla a Jude que una de sus monjas era la culpable. No creo que Jude tarde mucho en atar los cabos que necesita…

En cuanto a Mary, no sé con certeza qué es lo que pretendo sobornando a Arden de este modo, aunque da la impresión de que quiere quedarse a la cabeza del hospital ahora que Jude tiene un pie prácticamente fuera del centro.

La joven monja, por cierto, nos  ha dado también otra escena interesante esta semana, de la mano de Jenny, otro personaje episódico que ha logrado ponernos la piel de gallina.

Jenny es un prototipo perfecto de los típicos niños diabólicos de las películas de terror: esos pequeños fríos con un tono de voz monótono e inquebrantable que son capaces de cometer los crímenes más horribles y seguir sonriendo impasibles. Su madre es consciente de ello, y asustada (cree que ha matado a una amiga) decide llevarla al hospital. La hermana Jude en un principio se niega a acoger a la niña, pero al final no tiene más remedio que aceptarla después de que su madre la abandone allí.

En realidad el personaje de Jenny no ha aportado demasiado al episodio, más allá de la curiosa conversación que ha tenido con Mary Eunice, en la que hemos visto algún retazo del pasado de la joven monja, cuando aún era una chica crédula e inocente. Ver hablar a las dos mujeres ha sido interesante, sabiendo que ambas están poseídas por el mismo tipo de espíritu. De hecho, Mary le ha aconsejado a la niña que no oculte jamás sus instintos… y la pequeña ha obedecido asesinando a su madre y a sus hermanos a la primera de cambio. Menuda criatura…

Viajemos, por último, al presente. Tras un par de episodios sin saber nada de la época actual, esta trama secundaria ha vuelto a ganar interés. Como ya vimos, el Bloody Face actual no lleva muy bien lo de tener imitadores rondando por ahí. Y su mensaje es muy, muy claro. Al menos, los policías que han encontrado a los tres chavales colgando del techo no han tenido demasiados problemas para comprenderlo.

No contento con la sangría que ha dejado a su paso, Bloody Face ha aprovechado para hacer de las suyas con la recién-casada-enviudada señora Morrison. Ya sabemos que la especialidad de nuestro asesino son las mujeres jóvenes, y que una de ellas llame a su puerta no es una ocasión que se deba desperdiciar. Personalmente, yo ya daba por muerta a la chica, aunque da la impresión de que no va a tardar demasiado en ser así.

Lo que más nos interesa, sin embargo, es conocer la identidad de la persona que se oculta detrás de la máscara. Por un lado, tenemos la opción de que sea Oliver Thredson. Su voz al teléfono se parece, y sabemos que es el asesino original. Los brazos que se ven en la última escena son delgados pero musculosos, lo que indica que, o bien se trata de una mujer fuerte, o de un hombre joven. Pero, seamos realistas, Oliver no encaja en ninguno de los dos perfiles en la época actual. La única opción que nos quedaría, entonces, sería que, de algún modo hubiera conseguido mantenerse joven… y ahí entrarían en juego dos de los factores que hemos explorado esta temporada: los aliens, por un lado, y los experimentos de la “eterna juventud” de Arden, por el otro. ¿Será alguna de estas dos la clave?

La otra opción que se me ocurre, mucho más coherente, es que Bloody Face sea, en realidad, parte de una saga de asesinos que comenzó con Thredson. No sería la primera vez que vemos algo así en el género (Scream y Saw son dos ejemplo archiconocidos). Y, de hecho, hay quien afirma que la voz que se oye al otro lado de la línea telefónica es, en realidad, la de Dylan McDermott (protagonista de la primera temporada de la serie). De ser así, sólo tendríamos que averiguar qué relación existe entre su personaje y Oliver Thredson.

¿Os convence alguna de estas dos opciones? ¿Se os ocurre alguna más? Si queréis, podemos ir dándole vueltas mientras esperamos a que llegue el próximo episodio… ¡Qué bien lo estoy pasando en Briarcliff este año!


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