Review AHS: The Coat Hanger

Por primera vez desde que comenzó Asylum, me siento muy decepcionada con la serie. Y es que, a mi parecer, con The Coat Hanger se han cargado la esencia de Briarcliff, el hilo conductor que sustentaba las relaciones interpersonales en el manicomio, la base de la convivencia en el hospital: no tendremos más Dominque. Y eso, amigos, es algo que tardaré mucho tiempo en superar. Al margen de este fatídico hecho (que no es poca cosa), el resto del episodio ha sido, como viene siendo habitual, excepcional. Una gran forma de despedirse hasta enero…

Comencemos por el presente. Dylan McDermott ha vuelto a la serie y lo ha hecho a lo grande: nada más y nada menos que metiéndose en la piel del Bloody Face actual (qué apropiada esa expresión de “meterse en la piel” ¿eh?). Todas las teorías que nos habíamos planteado se han cumplido: el asesino es, en realidad, el hijo de Lana y Oliver Thredson (al menos, hasta que se demuestre lo contrario), que se convierte, así, en el segundo eslabón de una saga familiar de asesinos.

Como dato curioso, llama la atención que el apellido falso que elige sea, precisamente, Morgan (el de Dexter, nuestro asesino favorito de la tele). Da la impresión de que, sea como sea, su personaje está destinado a ser un asesino.

Su presentación ha sido muy interesante: le hemos conocido en una clínica, frente a una doctora que, en principio, se parecía mucho al papel que el propio McDermott interpretó en la temporada anterior. El motivo por el que la visita es muy simple: desea cambiar su comportamiento compulsivo. La doctora, acostumbrada a lidiar con desórdenes alimenticios, duda en un principio de si el paciente que tiene delante es el más apropiado. Pero, ante su insistencia, termina cediendo para tratarle.

El caso del falso Morgan es muy sencillo: movido por una serie de instintos que no es capaz de reprimir, siente la necesidad de despellejar a seres vivos. Si en un principio eran animales, ahora su objetivo preferido son las mujeres. Sin embargo, la cosa no queda ahí: tras haber descubierto la verdadera identidad de su padre, ha decidido que debe mejorar. Y es que, al parecer, su “trabajo” con la joven recién casada a la que conocimos en episodios anteriores fue más bien una chapuza. De ahí que haya decidido complementar su destreza adquiriendo conocimientos médicos… Sin duda, es lo que se dice un muchacho perfeccionista. Lástima que la doctora no llegue nunca a comprobar sus progresos…

Regresando a 1964, tenemos la suerte de ser testigos de la manera en la que Lana descubre que está embarazada. No quiero ni imaginar lo que la noticia puede suponer para la periodista. Y es que si recordar a Thredson con terror el resto de su vida no fuera suficiente tortura, llevar en su vientre a una criatura fruto de sus abusos debe ser muchísimo peor. Sin embargo, son varios los interesados en que el bebé nazca sin ninguna complicación: la primera, Mary Eunice. El segundo, por supuesto, el padre de la criatura, que, tras descubrir que Lana está embarazada, hace propósito de enmienda con la intención de proporcionarle a su bebé la familia y la infancia que él no pudo tener.

Por supuesto, Lana no tiene el menor interés en escuchar estas razones, y trata de librarse del bebé lo antes posible. Para ello utiliza una percha, la misma que da nombre al episodio, y que tiene un papel bastante importante. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, el aborto no llega a darse, tal y como la propia Mary Eunice confirma: el bebé es un varón, y nada impedirá que nazca sano y salvo.

En esta trama se ha producido otro avance importante: Kit ya tiene una confesión grabada de los crímenes de Thredson. Aunque, por ahora, la cinta se encuentra oculta bajo una bañera del hospital, suponemos que será importante a la hora de sacar a la luz la verdadera identidad del asesino. Y es que, no lo olvidemos, en el presente todo el mundo es consciente de que Bloody Face se apellidaba Thredson.

Lograda la confesión, Lana ya no tiene ningún motivo para mantener a Oliver con vida. Por eso, y de nuevo, con la percha (que, suponemos, usa también para abrir la cerradura de su puerta en varias ocasiones) intenta asesinarle. Pero, para su desgracia, Oliver ya ha sido liberado por Mary Eunice. De su paradero aún no sabemos nada, pero no hay duda de que pronto volveremos a verle…

En cuanto a Kit, la trama de Lana no es la única en la que se ha visto envuelto: Arden, el que hasta ahora había sido su peor enemigo en Briarcliff, le propone un trato de lo más peculiar. Convencido, tras la desaparición de Grace, de que la historia de los extraterrestres es cierta, decide atraer a los hombrecillos verdes para poder averiguar qué son y qué pretenden. Y, puesto que Kit parece importante para ellos, llega a la conclusión de que la mejor manera de llamar su atención es matando al muchacho… o estando a punto de hacerlo.

La verdad, parece un poco extraño que Kit acceda a participar en el plan de buen grado. Quizás movido por el deseo de volver a ver a Alma, o quizás siendo consciente de que la resistencia no le serviría de nada, el joven decide colaborar con el descabellado plan de Arden. Y la cosa, por ahora, parece que ha funcionado.

En el momento en el que el sistema de Kit comienza a fallar, los extraterrestres hacen su aparición. Y lo hacen de la manera más extraña, mostrando a Grace en un estado muy avanzado de embarazo, y a Pepper como su cuidadora. Justo en la review de la semana pasada comentaba las ganas que tenía de ver a Pepper de nuevo. Sabíamos que había desaparecido tras la tormenta, pero no imaginábamos que estuviera con los extraterrestres. Más extraño todavía resulta el hecho de que la Pepper que hemos visto poco tiene que ver con la que conocimos en Briarcliff: más allá del aspecto físico, su comportamiento y su forma de hablar son completamente diferentes.

No sabemos a dónde llegará Arden con este experimento, ni si será capaz de descubrir algo importante. Eso sí, esperemos que no olvide que la vida de Kit depende de ello, porque, hasta donde sabemos, el muchacho se debate entre la vida y la muerte…

Otro personaje cuyo destino parece haber sufrido un grave traspié es la hermana Jude. O, mejor, Jude a secas, como es ahora, al ser una paciente más de Briarcliff. Tengo que reconocer que verla ahí, atada a la cama, ha sido una gran sorpresa. Pero más aún ha sido conocer el motivo: no es más que el resultado de una trama falsa bien urdida por Mary Eunice y el propio Leigh Emerson, al que, sinceramente, creía que habíamos visto por última vez la semana pasada.

La joven monja y el asesino se ha puesto de acuerdo para tergiversar los hechos que tuvieron lugar en el episodio anterior, culpando a Jude del asesinato de Frank (que, recordemos, llevó a cabo la propia Mary Eunice ante los ojos de Emerson), y el ataque al falso Papá Noel. Esto, sumado a las acusaciones más o menos verídicas de Arden, la superiora y Timothy Howard, han sido los motivos que han dado con los huesos de Jude en una de las celdas de su propio hospital.

Sin duda, ha sido un duro golpe para la antigua religiosa. Sin embargo, lejos de hundirse, su personalidad parece seguir tan fuerte como siempre. De hecho, una de sus primeras acciones en Briarcliff ha sido dirigirse a Lana para pedirle perdón y prometerle que tratará de enmendar su error. Es lógico que, tras lo vivido, Lana no tenga mucha fe en las palabras de Jude. Pero no me cabe la menor duda de que antigua monja tratará de cumplir su palabra. Por lo pronto, ya ha comenzado su propia revolución contra el orden del hospital rompiendo, literalmente, una tradición que ella misma impuso: la dichosa cancioncita de Dominique, que, probablemente, no volveremos a escuchar. Un símbolo poderoso para la serie, pero una gran pérdida para nosotros…

Sin embargo, no nos engañemos: aunque Jude esté encerrada en Briarcliff, no son pocos los personajes que saben que la monja no era culpable. De hecho, diría que la única que realmente vive en la oscuridad es la hermana superiora. Los demás, en mayor o menor grado, han sido partícipes del engaño. Uno de ellos, que está viviendo su propia condena, es Timothy Howard. El cura sabe que, en el fondo, la caza de brujas emprendida contra Jude no es justa. Pero no puede arriesgarse a que se descubra su colaboración con los crímenes de Arden. Al menos, no si quiere, algún día, llegar a ser Papa de Roma, su mayor aspiración. Mary Eunice es muy consciente de ello, y le promete todo su apoyo y su lealtad. Una manera genial de contribuir a aumentar la soberbia del cura y, con ello, asegurar su caída.

Aunque, sin duda, el gran farsante de toda la trama de Jude ha sido Leigh Emerson. Si la semana pasada le dábamos por muerto, hoy nos ha sorprendido con una actitud completamente nueva. En la anterior review comenté que su personaje, ligado a la actitud de “falso Santa Claus” no tenía cabida en el resto de las tramas. Sin embargo, el cambio que ha dado esta semana ha supuesto una mejora considerable, y eso se ha notado. Emerson se ha presentado como el convicto arrepentido por sus crímenes que, tras haber recapacitado, está dispuesto a iniciar una nueva vida.

Y esa vida comienza, como la de todo buen cristiano, con el bautizo. Un bautizo que lleva a la conversión y a la rehabilitación de Emerson en un buen hombre… ¿alguien se había creído esta historia? Sinceramente, lo dudo mucho. No creo que nadie hubiera puesto la mano en el fuego por el “nuevo” Emerson. Nadie, excepto Howard, quien llevado en parte por su fe y en parte por su soberbia (al creer que podía lograr lo que nadie había conseguido), encuentra en él su perdición.

Si la escena del bautizo ha sido buena, la de la crucifixión ha sido perfecta. ¡Qué imagen tan poderosa, ver a Timothy sufriendo la misma tortura que Jesucristo! Sinceramente, me ha recordado a algunas de las escenas de la sexta temporada de Dexter, que tan bien funcionaron en el aspecto visual (hay que reconocer que la temporada tuvo sus cosas buenas). Ha sido, sin duda, muy valiente por parte de la serie atreverse a hacer algo así, teniendo en cuenta las críticas que puede originar. Pero qué bien ha funcionado dentro del episodio. Sin duda, nos ha dejado una de las imágenes más impactantes de la temporada.

No sabemos si Timothy vivirá para contarlo, aunque parece que todo juega en su contra: ha recibido la piadosa visita de nuestro ángel negro, aquel que nos conquistó hace ya un par de semanas, y que nos deja sin aliento, al menos, hasta enero. Qué bien lo estamos pasando con Asylum, y cómo la vamos a echar de menos cuando termine…

 


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